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En ésta ya la última parte de este libro tan original del padre François Brune llama la atención el contraste que él establece entre el modelo de evangelización que ofrece la Virgen de Guadalupe y el que aplicó el Vaticano en China. Vale la pena leerlo.

La Virgen se expresa en la lengua del país: el nahuatl. No tiene inconveniente en utilizar términos paganos, sin considerarlos impuros, para expresar la fe en el verdadero Dios. Los enviados papales en China, por sí y ante sí y sin conocer ni una palabra de chino, deciden que las palabras paganas no podían servir para expresar las verdades cristianas y que, sobre todo para el nombre de Dios, había que recurrir al latín. Parece increíble, inaudito, pero así fue, según el P. François.

Otro detalle: la Madre de Dios se presenta con un nombre familiar a los españoles [ya conocían el nombre de Virgen de Guadalupe] que marca la continuidad con la patria que dejaron; pero al mismo tiempo se dirige a Juan Diego en nahuatl, la lengua de los indios.

En la composición de su imagen, la Madre de Dios utiliza a la vez ornamentos simbólicos típicos de la Edad Media española y los símbolos tradicionales de los aztecas. Este P. François resulta verdaderamente original.

¡Buen día!

V – MILAGRO PARA EL NUEVO MUNDO ( y 3)

De México al mundo entero

El milagro de las apariciones de la Madre de Dios en México y de la impresión de su imagen en la capa de Juan Diego juega un papel cada vez más importante en todo el mundo. Su repercusión cada vez mayor hace que resulte muy significativo, a este respecto, el llamativo silencio tanto del mundo científico, como de gran parte del clero, así como de los medios de comunicación, tan aficionados por otra parte a lo sensacional. Resumamos las principales etapas históricas de esta difusión a través del mundo.

En 1570, Montufar, arzobispo de México, mandó hacer una copia fiel, al óleo, de la Virgen de Guadalupe y se la envió al rey Felipe II. Parece que fue esta copia la que fue embarcada en la nave del almirante Doria durante la célebre batalla de Lepanto, en 1571. Más tarde, un cardenal de la familia Doria regalaría esta copia a la iglesia de Santo Stefano, en Aveto, donde todavía se encuentra.

El 25 de abril de 1754, Benedicto XIV proclama a Nuestra Señora de Guadalupe patrona de México y cita a este respecto el salmo 147: «El [Dios] no hizo tanto por ninguna nación.» En 1928, el congreso de México declara el 12 de diciembre fiesta nacional. El 24 de agosto de 1910, Pío X proclama a N.S. de Guadalupe patrona de toda la América latina. El 12 de diciembre de 1933, durante una misa pontifical en la basílica de San Pedro, en Roma, Pío XI renueva esta proclamación. Después, la devoción a la Virgen de Guadalupe se extendió poco a poco a Estados Unidos, a Canadá y a Europa. Fuera de Francia, aparecieron varias obras y no dudo de que se seguirán multiplicando. Juan Diego, reconocido «bienaventurado» el 6 de mayo de 1990 por el papa Juan Pablo II,en la misma basílica de México, será proclamado santo por el mismo papa en enero de 1999, después de un proceso de beatificación, luego de canonización en el que los milagros que se le pueden atribuir fueron cuidadosamente examinados. Lee el resto de esta entrada »

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Curiosa la reflexión que aquí hace el P. François Brune. Cuenta algo de lo que, yo al menos, no tenía ni la más mínima idea. Siempre había pensado que el santuario de la Virgen de Guadalupe de Cáceres era posterior a las apariciones de Tepeyac. Confieso mi ignorancia. Creía que había surgido como homenaje a la Virgen de Guadalupe mexicana. Pues bien, la primera sorpresa de lo que aquí cuenta el P. François es que nada tienen que ver las dos Guadalupes.

Otra agradable sorpresa de lo que aquí se incluye es que la Virgen de Guadalupe se convierte en un puente entre México y España. Ella interviene, dice el P. Brune, para curar milagrosamente no sólo al tío de Juan Diego, sino que hace otros milagros en favor de los indios. Por otra parte, interviene en favor de los españoles que sufrían en soledad, lejos de su patria y atormentados por el miedo en un mundo extraño, hostil y violento. Los relatos de estos milagros en favor de unos y otros se conservan en el «Nican Motecpana».

¡Buen día!

Un puente entre dos naciones

Este aspecto de la misión que ella quería asumir había comenzado a manifestarse por otra parte desde el principio. Se ha visto que la Virgen había curado milagrosamente al tío de Juan Diego, que estaba, como se diría hoy, en «fase terminal». Los documentos cuentan algunos otros milagros en favor de los indios. Después, tiene lugar poco a poco una evolución, y la Madre de Dios comienza a intervenir en favor de los españoles, de «los que, lejos de su patria, sufrían sus propios dramas, desarraigados, de aquellos a quienes la soledad, los grandes interrogantes y los miedos atormentaban en un mundo extraño, hostil y violento. Tiene lugar aquí un segundo tiempo de gran interés, durante el cual la acción taumatúrgica de la Virgen se ejerce a favor del grupo de españoles, de los que, como extranjeros, ya se encontraban aquí sin embargo… Comienza entonces un proceso social muy importante en el que la filosofía de la Virgen establece un puente para reunir a las dos naciones, la de los indios y la de los españoles [1].» Los relatos de estos milagros han sido conservados en el «Nican Motecpana», obra transmitida por Luís Lasso de la Vega, como hemos visto, pero obra de un tal don Fernando, es decir Alba Iztlixóchitl, historiador y lingüista originario de Tezcoco y descendiente de los reyes de Acolhuacan. En este caso también, el manuscrito original fue encontrado por fin en la sección de «Manuscritos Guadalupanos» de la Biblioteca pública Lexnnox de Nueva York [2]. Se han podido encontrar también documentos de la época confirmando la identidad de los personajes citados y la manera como la Madre de Dios los había salvado [3].

Las dos Guadalupe

Desde hacía siglos, había ya en España una «Virgen de Guadalupe». La historia de esta devoción no se pierde totalmente en la noche de los tiempos, pero casi [4]. Esto explica tal vez que los documentos de que disponemos puedan incluir algunas confusiones en las fechas [5]. Pero esto no cambia nada la historia que nos interesa. Lee el resto de esta entrada »

El P. Brune describe brevemente el contexto en que se producen las apariciones de la Virgen de Guadalupe: expectativas de un pueblo en el que tanto contaban las antiguas y las “nuevas” profecías, situación social, religión sangrante, situación sanitaria con la llegada de los españoles; lo que suponía, por parte de la Virgen, la elección del indio Juan Diego, cuando había juristas e incluso sacerdotes que cuestionaban que los indios fueran personas o, al menos, que fueran sujetos de derechos como los españoles.

Y cae uno en la cuenta de lo que el pueblo tuvo que pasar: antes de la llegada de los españoles, sacrificios humanos que exigía una religión atravesada por el pánico a que el sol no saliera o a que la lluvia no regara los campos de los que dependía su subsistencia; con la llegada de los españoles, epidemias: sífilis, sarampión, tal vez tifus. Es muy interesante leer este contexto en que se producen las apariciones, para comprender lo que supuso la Virgen de Guadalupe para el pueblo mejicano.

La misión de la Virgen hacia los hombres de todas clases era de compasión: asistirles, curar todas  sus penas, sus miserias, sus sufrimientos…

¡Buen día!

V – Las dos misiones de la Virgen de Guadalupe (1)

Los españoles aún no eran muy numerosos en México. Había bastado un puñado de ellos para  conquistar territorios inmensos. La mayoría no eran guerreros entrenados sino más bien aventureros, sin disciplina y sin experiencia. Sólo habían podido llevar en sus naves veinte caballos y muchos perecieron en los primeros combates contra los Tlaxcaltecas, mucho antes de llegar a México. En cuanto a las armas de fuego, cañones de pequeño calibre o arcabuces, eran muy lentos y no podían disparar más de tres veces antes de llegar a cuerpo a cuerpo. A decir verdad, esta penetración sólo había sido posible gracias a un cúmulo de circunstancias completamente excepcionales. Este imperio, a pesar de todo su esplendor, se encaminaba lentamente hacia su fin.

Prodigios en el cielo habían dado la impresión de que este final estaba ya cercano. Pero, sobre todo, algunas profecías locales parecían anunciarlo y debieron  influir profundamente en los espíritus de los aztecas y de sus vasallos, llevándolos a admitir que todo combate era ya inútil, por estar ya fijado su destino y haber llegado la hora de su cumplimiento.

Este es el caso de la visión que tuvo en 1509 la propia hermana del emperador Moctezuma, la princesa Papantzin. Tuvo lo que hoy se llamaría una E.F.M. (Experiencia en la frontera de la muerte). La creyeron muerta, pero apenas enterrada se la oyó gritar y pedir ayuda. Ella contó entonces una experiencia extraña: había visto a un ser de luz, que llevaba en la frente una cruz negra, que había llevado a la orilla del océano. Allí, había visto llegar enormes naves con otras cruces en sus velas. Le habían explicado que, de aquellas naves, iban a descender «hombres barbudos y armados, predicadores de una nueva religión». Lee el resto de esta entrada »

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Esta vez incluyo una imagen de la Virgen de Guadalupe. La he agrandado todo lo que me ha sido posible, para que puedan distinguirse, lo mejor posible, los bordados de la túnica y las estrellas del manto.

Yo, como soy bastante torpe para estas cosas, no llego a descubrir todos los detalles de que habla el P. Brune. A ver si alguien tiene más suerte y más vista. Como el P. François me merece todos los respetos, supongo que todo lo que dice tendrá fundamentos serios.

Me parece curiosa la última cuestión que se plantea sobre la formación de la imagen, aunque, a mi juicio, no añade gran cosa al tema de fondo: la aparición de la Virgen, madre de Jesús, en Guadalupe. ¡Esto sí que es fuerte! ¡Y lo mejor es que esta aparición parece estar fundada en serias razones! ¡Esto es lo importante!

¡Buen día! 

Los bordados de la túnica.

Durante mucho tiempo, los occidentales no prestamos atención a los dibujos de la túnica. Sólo veíamos en ellos ornamentos. Ahora bien, desde hace algunos años, el conocimiento de las civilizaciones prehispánicas ha progresado considerablemente. Se han multiplicado las excavaciones arqueológicas así como las publicaciones de textos antiguos. El lenguaje simbólico de los antiguos aztecas se comprende hoy mejor, y algunos investigadores particularmente atentos han comenzado a preguntarse si los dibujos de la túnica de la Imagen de Guadalupe no supondrían todo un mensaje, destinado especialmente a los indios de la época, claro para ellos por estar escrito en sus símbolos habituales. Hay que notar por otra parte que estos dibujos no tienen en cuenta en absoluto los pliegues formados por la tela. Constituyen un conjunto liso que no se ve alterado por ninguna de las líneas que marcan estos pliegues [1].

Uno de los símbolos más sorprendentes se encuentra justo bajo el nódulo de la cintura. Está formado por cuatro pétalos de flor en torno a un pequeño círculo central. Este símbolo lleva un nombre especial, es un «quincunce», que se corresponde con el signo cosmológico y teológico del «Nahui Ollin», o signo de los cuatro movimientos. Es la única flor de este tipo en toda la túnica y se encuentra precisamente en el centro del vientre de la Virgen embarazada. Veremos mejor su importancia un poco más adelante.

Otras flores parecen, a primera vista, bastante parecidas, pero llevan en realidad, entre los pétalos grandes, otros pétalos más pequeños. Estas flores se corresponden para los aztecas con el signo de Venus, tal como se encuentra en numerosos códigos prehispánicos. Lee el resto de esta entrada »

¿Qué es lo que hace que un señor admita que no se hicieron «retoques» en los rayos de oro en torno a la Virgen de Guadalupe, en las estrellas de su manto, etc. y que otro sí lo admita? ¿A qué se debe que unos crean que los ojos de la imagen de la Virgen de Guadalupe se comportan como si estuvieran «vivos» y otros no lo crean ante iguales argumentos?

Ante los hechos extraordinarios que aquí cuenta el P. Brune, me hago muchísimas preguntas. Me parece que no es suficiente decir: «Yo admito una cosa cuando es razonable», pues siempre queda la duda de por qué los mismos hechos a uno le parecen razonables y cree, y a otro no le parecen razonables y no cree. Esto se ve todavía más claro ante algo que parece tabú y conviene tal vez superar: A los votantes del PSOE les parecían mentiras lo del caso FILESA. A los votantes del PP les parecen mentiras lo del caso Gürtel.

Aquí no me interesan las «mentiras» de unos u otros. Lo que me interesa destacar es que hay algo, más allá de la razón y de los hechos, por lo que una cosa nos parece razonable y por eso la creemos. ¿No será que, para creer, además de que la cosa nos parezca razonable, tiene que intervenir otra cosa? ¿Tendrá algo que ver esto con lo que decía Jesús y nunca he entendido del todo: lo de tener limpio el corazón y lo de hacerse como niños»?…

¡Buen día!

IV – La investigación de los científicos (continuación)

Sin retoque

Los trabajos de Jody Brant Smith y de Philip Serna Callahan hacen pensar que muchos detalles no formaban parte de la imagen primitiva. Habrían sido añadidos. Así, los rayos de oro en torno a la Virgen, las estrellas de su manto, los bordados de su vestido y los ribetes dorados de la falda y del manto. Todos estos «añadidos», dicen ellos, han comenzado ya por otra parte a deteriorarse. Incluso el rostro y las manos habrían sido retocados. La luna bajo los pies de la Virgen y su cintura serían también añadidos [1], pero más antiguos que los rayos dorados y las estrellas [2]. Toda la parte inferior de la imagen habría sido retocada.

Ciertos autores, a partir de estos descubrimientos, comenzaron a comentarlos. Algunos de estos «retoques» responderían a un esfuerzo por acercar un poco la imagen a los gustos artísticos de los españoles: así, los rayos dorados que rodean la silueta de la Madre de Dios, la luna bajo sus pies con el ángel, para armonizar la imagen con las visiones del Apocalipsis. Otras modificaciones, por el contrario, habrían tenido como fin acercar un poco  la Virgen a las mujeres del país; así, las manos un poco más cortas y más gruesas y de color más oscuro. La mayoría de las obras publicadas hasta ahora sobre el milagro de Guadalupe se refieren todavía a estos «añadidos» como a una certeza [3].

Philip S. Callahan cree incluso haber encontrado al responsable de estas importantes modificaciones. Se trataría del Padre Miguel Sánchez, hacia 1630, durante una estancia de la Imagen en la catedral de México. El Padre Sánchez, en efecto, dedicó toda una obra, aparecida en 1648, a la Virgen de Guadalupe y en ella hace continuas referencias a la visión de la Virgen en el Apocalipsis de san Juan. Ahora bien, ¿no presume él de haberse constituido en «pintor devoto de  esta santa Imagen»? ¿No sería él quien, por devoción, quisiera acomodar la Virgen de Guadalupe con este ilustre modelo? Sí, reconoce Faustino Cervantes, después de haber traducido el informe del estudio científico realizado por Callahan, el Padre Sánchez se proclama «pintor devoto de esta santa imagen», pero añade en seguida: «describiéndola» y, más adelante, evocando de nuevo la imagen de la Virgen según el Apocalipsis de san Juan, escribe: «Deseo con mi pluma… comparar estas dos imágenes [4].» Por otra parte, el Padre Florencia, en una obra aparecida en 1660, cuando aún vivía el Padre Sánchez, describe con detalle la imagen de Guadalupe, tal como hoy la vemos, sin dar a entender en absoluto que hubiera sido jamás modificada. Lee el resto de esta entrada »

Algunas cosas que destaca el P. François en los textos de hoy:

● El tejido del “ayate” -especie de capa- de Juan Diego:

flor10032– El ayate de Juan Diego está tejido con una fibra natural obtenida de una planta conocida como “agave”, “pita”, “maguey”, “cabuya” o “mezcal”, que se conserva normalmente un máximo de 20 años. Pero el ayate de Juan Diego lleva expuesto, al menos, 116 años y sin ninguna protección.

– Se hicieron dos reproducciones del ayate en dos tejidos, agave e iczotl, y se pintó la imagen de la Virgen sobre ellos. Las dos copias quedaron destruidas muy pronto por el tiempo.

– En 1791, al limpiar el cuadro, se coló ácido en la parte superior de la tela, lo que normalmente la habría destruido. Pero solo se produjeron unas manchas, que desaparecieron con el tiempo.

– El 14 de noviembre de 1921, ponen una bomba al pie del altar. El mármol salta hecho pedazos, pero la tela no se destruye.

La imagen sin apresto:

– La imagen está impresa directamente sobre el tejido, sin ningún fondo o apresto, que evita que la tela absorba la pintura. Este es un fenómeno inexplicable.

– No se puede distinguir, ni siquiera al microscopio, ningún trazo de pincel. El tejido ha funcionado como una película. ¡Fenómeno inexplicable!

Pigmentos desconocidos:

– En 1936 el premio Nobel Richard Kuhn concluye: colorantes de origen desconocido.

– En 1970 Smith y Callahan constatan:

. ausencia de bosquejo debajo de la imagen

. en la imagen no aparece ninguna grieta después de 150 años

. el pigmento azul del manto de la Virgen es de origen desconocido

. el rosa de la túnica tiene un brillo excepcional

No se puede comprender cómo ha podido resistir la imagen con la intensidad de la luz ultravioleta emitida por tantos cirios, ni cómo conservan su frescura y brillo los azules.

¡Buen día!

IV – La investigación de los científicos

El tejido

El vestido que llevaba Juan Diego se llama un poco indiferentemente «tilma» o «ayate» porque los dos tienen la misma forma. Se trata de una especie de capa, manto sin manga, anudado sobre el hombro derecho. Pero la tilma es generalmente de algodón, mientras el ayate está tejido en hilo de pita, con una trama suelta. Se sabe hoy que se trata, más particularmente, de «maguey», una variante del agave, llamado «agave potule zacc». La tela se compone de dos trozos unidos por la mitad, verticalmente, mediante una costura hecha con hilo del mismo origen. El conjunto, en función de su uso, no es perfectamente rectangular; su longitud oscila entre 166 y 168 cm, su ancho entre 103 y 105 cm. La pieza de tejido debió ser ligeramente más larga. Fue acortada, por arriba, hacia 1770, para permitir insertarla en el cuadro actual.

 Según Sodi Pallarés, especialista en metales de la Universidad de México, el ayate presenta la ventaja de ser refractario al polvo, a los insectos y a la humedad. Pero sin embargo es un tejido sumamente frágil. Un ayate en pita se conserva al máximo veinte años [1]. Ahora bien, durante ciento dieciséis años, éste fue expuesto sin ni siquiera un cristal de protección. A partir de 1647 fue protegido por un cristal en dos trozos cuya unión era muy imperfecta. Sólo a partir de 1766 fue protegido el ayate por un cristal de una sola pieza. Ahora bien, se trata de una región de lagos, que implica inundaciones… insectos, sin contar el efecto de las lámparas, de los cirios, de los exvotos que allí se colgaron, de telas, de escapularios que se venían a frotar sobre la imagen, de fieles que venían a besar la imagen, a tocarla, a acariciarla, antes de la colocación de los cristales (e incluso a  veces después).

 En el siglo XVIII, se dudaba aún sobre la naturaleza exacta del tejido. No se sabía si se trataba de agave o de iczotl. Se hicieron por tanto confeccionar dos ayates en cada uno de estos dos tejidos y se hicieron pintar sobre ellos copias del original. Estas dos copias fueron destruidas muy pronto por el tiempo.

En 1791, al limpiar el cuatro de plata, se coló un poco  del producto en el ángulo superior derecho de la tela. El ácido tendría que haberla destruido. Sólo aparecieron algunas manchas amarillentas y, con el tiempo, ¡desparecían poco a poco!

El 14 de noviembre de 1921, tuvo lugar un atentado en la iglesia de Guadalupe para tratar de destruir la tela. Se colocó una bomba en un florero depositado al pie del altar. El mármol voló hecho pedazos. Los cristales de la iglesia se cayeron, lo mismo que los de las casas de alrededor. El pesado crucifijo de bronce que se encontraba sobre el altar se inclinó por la violencia de la deflagración. Pero, encima del altar, el cristal del ayate permaneció intacto, lo mismo que la tela y su imagen. Lee el resto de esta entrada »

Cuando he leído la posición de Eugen Drewermann y de otros teólogos de los que habla F. Brune en este texto, me he acordado de una frase que me dijo un ser muy querido del Más allá ─a quien “entrevisté” a través de Amalia y la Hermana Concha─, cuando le pregunté cómo fue su salida del cuerpo y su entrada en el Otro lado: «Yo era muy ignorante…», me dijo. Hoy comprendo también mejor la petición de Jesús a su Padre por los que lo crucificaron: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen».

Me parece muy instructivo ver desde esta perspectiva los testimonios sobre la Virgen de Guadalupe de Drewermann y de los otros teólogos católicos. A veces pienso que aquí también vale lo de Jesús: Bendito seas, Padre, porque escondiste estas cosas a los sabios y prudentes y las revelaste a los pequeños!

Pero seamos indulgentes. No se trata de cargar contra nadie por su “ignorancia”. Lo que no parece justo es no dudar. Sin embargo, ni siquiera esto debe extrañar a nadie. Se nos ha enseñado desde niños a admitir sólo lo que vemos y tocamos y no nos cabe en la cabeza que pueda existir algo que nuestros sentidos no pueden «controlar». ¿No será que estas cosas de Guadalupe, como tantas otras, no son comprensibles  si no nos hacemos como “niños”?

¡Buen día!

Los extravíos de la razón (2)

La posición de Eugen Drewermann

Pero allí se trataba de la tesis de un autor decididamente agnóstico.

Más extraño, tal vez, al menos para quien no está al tanto del estado de la teología en las Iglesias occidentales de hoy, es la posición adoptada por el teólogo alemán Eugen Drewermann. Como de costumbre, como buen psicoanalista, Drewermann tiene la solución del misterio antes incluso de saber de qué se trata:

«En realidad, viendo las cosas desde el punto de vista del historiador, el catolicismo siempre ha sabido resaltar el valor de sus imágenes dogmáticas relacionándolas con apariciones y debería por tanto, con total honestidad, estar dispuesta a admitir que pueda haber ya, en la historia de las religiones de diferentes pueblos, toda una serie de interpretaciones distintas de esas imágenes arquetípicas.

«El ejemplo más célebre de esta reinterpretación de apariciones que, en el origen, pertenecía al espacio cultural de una religión “pagana”, nos lo ofreció la Iglesia católica en el siglo XVI, en México, con la veneración de la Santa Virgen de Guadalupe. El 9 de diciembre de 1531, un humilde indígena llamado Juan Diego encontró a una hermosísima dama india, vestida con magníficos vestidos. Era en la colina de Tepeyac donde se levanta hoy la basílica de Guadalupe. Ella habló en nahuatl y se presentó como la Madre de Dios. Juan Diego contó su visión al obispo Zumárraga. Los religiosos se opusieron al principio a este nuevo culto, porque, en la colina de Tepeyac, se levantaba en otro tiempo el santuario de la diosa Tonantzin (literalmente: “nuestra madre”). Esta diosa puede ser identificada con Coatlicue, madre de Huitzilopochtlis, con su collar de manos y corazones humanos. Que la Iglesia, finalmente, haya “bautizado” a la Madona india, es una prueba no sólo de audacia sino de profunda humanidad y de amor a la verdad [1]Lee el resto de esta entrada »

Las cosas pueden ser claras como el agua de una fuente. Pero si se ven con gafas oscuras parecerán oscuras. Las apariciones de la Virgen de Guadalupe parecen limpias como un amanecer, luminosas. Pero el P. Brune nos presenta aquí cuatro casos que revelan cegueras de la razón.

El primer caso es el de una parte importante del clero local. Tienen miedo de que la devoción a la Virgen de Guadalupe despierte las antiguas creencias paganas de los indios. Por eso estudian las relaciones entre éstas y la devoción a la Virgen. Era 1556.

El segundo caso se debe, al parecer, al rencor personal del franciscano Francisco Bustamante contra el arzobispo de México, dominico Alonso de Montúfar. Dice François que también se ventilaba, probablemente, el control de las cuantiosas limosnas que se recibían ya entonces en el santuario de Guadalupe. ¡Porca miseria!

Los casos tercero y cuarto van de tesis sobre las apariciones de Guadalupe. Una, presentada en Madrid por D. Juan Bautista Muñoz, muestra tales lagunas que demuestra que no leyó los documentos esenciales que habían llegado a Madrid. La otra, presentada en la Sorbona por Jacques Lafaye, defiende, al parecer sin argumentos, que lo de Guadalupe fue un mito…

¡Buen día!

III – Los extravíos de la razón

En los primeros momentos, una buena parte del clero local se mostró muy reticente ante este prodigio. Antes de la llegada de los españoles, había existido un culto pagano en lo alto de esta colina, y se podía temer su reaparición, bajo una apariencia cristiana. Algunos teólogos argumentaban que esta devoción hacia la Virgen de Guadalupe corría el riesgo de  reducir a la nada todos los esfuerzos llevados acabo desde hacía muchos años, para arrancar a los indios de sus ídolos. En este clima, se decidió una primera investigación eclesiástica, en 1556, pero sólo se centró en las eventuales relaciones del culto rendido a la Virgen de Guadalupe con las antiguas creencias paganas. En este clima de hostilidad, ni el nombre de Juan Diego se citó ni una vez, ni las apariciones fueron mencionadas ni una sola vez.

Pero el punto culminante del debate fue un sermón del hermano Francisco Bustamante, el 8 de septiembre de 1556, unas semanas antes del comienzo de la investigación, en la solemnidad de la Natividad de la Santísima Virgen. El arzobispo de México, hermano Alonso de Montúfar, dominico, sucesor de Juan de Zumárraga, acababa de terminar el año anterior la nueva iglesia de Guadalupe. El padre Bustamante, franciscano, se enfrentó abiertamente con el arzobispo, acusándole de introducir una devoción «nueva» y de hablar de «milagros no demostrados». Le atacó también a propósito de las limosnas de las que «no se sabía en qué se empleaban». Llegó incluso a defender que la imagen era la obra pintada de cierto indio llamado Marcos. ¡Turbia disputa de rivalidades entre distintas órdenes religiosas, agravada por una cuestión de mucho dinero [1]! El sermón fue un verdadero escándalo, cuentan sus contemporáneos, porque la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe estaba ya muy establecida. Como este alegato no se sostuvo en ningún argumento, ni serio ni siquiera fantasioso, sino que procedía únicamente de un rencor personal, no dejó muy pronto ningún recuerdo. Hasta tal punto que durante la investigación de 1666, como hemos visto, los testigos españoles terminaban su declaración añadiendo que jamás habían oído decir que los acontecimientos que acababan de contar hubieran sido impugnados por nadie. Lee el resto de esta entrada »

Final del capítulo En los archivos de la última parte del libro del Padre Brune. Contiene tres referencias documentales más, que amplían la información sobre Guadalupe. La primera es «el códice Saville o Tetlapalco», un manuscrito descubierto en Perú, en Tetlapalco, en 1924. Es una banda vertical que evoca los acontecimientos más importantes de México-Tenochtitlan y que para el año 1531 incluye una evocación en imágenes de las apariciones de la Sma. Virgen en Máxico.

La segunda es «la tira de Tepechpan». Es una tira de papel, parecida a nuestras tiras de dibujos. Representa, entre otras cosas, un águila que habla y dice cosas importantes en 1531. Representa a Juan Diego: «El que habla como un águila», en su nombre azteca.

Y la tercera se refiere a «las informaciones de 1666». Se trata del resultado de una investigación eclesiástica entre veinte testigos, solicitda desde Roma antes de responder a la petición de las autoridades eclesiásticas de México para declarar festivo el día 12 de diciembre, fecha de la última aparición y del milagro de la imagen. Muy interesante…

Por cierto, acabo de recibir del P. François Brune su último libro sobre la Virgen de Guadalupe. Lo ha escrito con otro autor, José Aste Tönsmann. El libro se llama: “El secreto de sus ojos, el milagro de la Virgen de México”, tiene 199 páginas y, por lo poco que he podido hojearlo, me da la impresión de que es totalmente distinto de este que hemos venido leyendo. Le pediré consejo al P. François para ver si vale la pena meternos con él.

¡Buen día!

II – En los archivos (final)

El Códice Saville o Códice Tetlapalco

Se trata de un manuscrito descubierto en Perú, en Tetlapalco, en 1924, por M. H. Saville, de aquí los diferentes nombres con que se conoce. Este manuscrito es un calendario pintado, que se presenta cono una tira vertical, donde se recuerdan los acontecimientos más importantes de la historia de México-Tenochtitlan, desde su fundación, al parecer, hasta 1531. El manuscrito continuaba por supuesto más allá de esta fecha, pero la parte alta de la tira está arrancada. Hay excelentes razones para pensar que la primera parte, relacionada con el período anterior a la conquista española, se comenzó antes de 1454. Este  manuscrito es tal vez el más antiguo que nos ha llegado sobre civilizaciones de México [1]. Debió terminarse hacia 1557. Se conserva actualmente en la Heye Foundation de la ciudad de Nueva York.

Este manuscrito está hecho sobre maguey, la misma variante de pita que el manto de Juan Diego. Mide 145 por 26 cm. No se trata de un texto que cuenta los acontecimientos sino, de acuerdo con la costumbre de los antiguos mejicanos, de dibujos y símbolos que sirven de ayuda a la memoria. Para descifrarlos, hacía falta un experto experimentado. Sólo los acontecimientos sumamente importantes podían así ser evocados. Parece que el manuscrito Saville habla con especial exactitud de las fechas de llegada de los mejicanos al lugar sobre el que fundaron su capital, de la terminación de los trabajos de diques que unían la ciudad con las orillas del lago, de los períodos de los distintos reinados de sus reyes. Ahora bien, si las correspondencias establecidas por el padre Cuevas entre las señales de este manuscrito y nuestro sistema de datación son exactas, se encuentra para el año 1531 una evocación, en imágenes, de las apariciones de la Santísima Virgen en México. Se ve allí la imagen de un santo sobre un pedestal y una imagen de la Virgen, rodeada de un rasgo como en un cuadro, «manos unidas a la altura de su corazón, la cabeza inclinada hacia su hombro derecho, vestida de una túnica rosa-salmón y de un manto azul-verde». Lo más probable es que se trate de las apariciones de la Madre de Dios, consideradas con razón, por el pintor de este calendario, como un acontecimiento digno de notar. Lee el resto de esta entrada »

Terminado ya el libro de Verro “Encuentros celestes”, continuamos con el libro de François Brune “Los milagros y otros prodigios”, en el capítulo II de su quinta y última parte, titulado “En los archivos”, que incluye las investigaciones llevadas a cabo por el P. François en distintos archivos, principalmente de la Universidad de México, sobre el milagro de las apariciones de  la Virgen a Juan Diego, en Guadalupe. Comienza con un análisis bastante minucioso de tres documentos importantes.

El primero que analiza se llama Nican Mophua; está escrito en nahuatl, la lengua de los Aztecas, y, según los especialistas, fue escrito en torno a 1540-1545. Fue traducido al castellano en 1649.

El segundo documento es el «Códice 1548». No es un relato de los acontecimientos, sino más bien un dibujo que incluye algunas inscripciones. Fue descubierto en 1895, año en que se celebraba el primer centenario de la coronación de la Virgen de Guadalupe. Las inscripciones no hacen sino confirmar la identificación de las escenas.

El tercer documento es el «relato primitivo». Es un relato breve que parece haber sido escrito como un testimonio que respondía a unas circunstancias particulares, tal vez con motivo de la querella entre dominicos y franciscanos, para oponerse a los que querían hacer creer que las apariciones tuvieron lugar siendo obispo el hermano Alonso, dominico, y no el hermano Zumárraga, franciscano.

¡Buen día!

II – En los archivos

El Nican Mopohua

El documento más importante es el «Nican Mopohua», así llamado por las primeras palabras del texto que significan simplemente: «Aquí, se cuenta…» El original, en efecto, está en nahuatl, la lengua de los aztecas. Está fechado por la mayoría de los especialistas, alrededor de 1540-1545 o poco después. Se atribuye generalmente a un noble azteca, de la casa real de Tacuba, llamado desde de su bautismo: Antonio Valeriano (1520-1605). Era un hombre culto, que conocía bien el español y el latín que había estudiado en el colegio de la Santa Cruz de Tlatilolco. En él, fue luego profesor y colaborador del Hermano Bernardino de Sahagún que lo tenía en gran estima. Durante más de  treinta y cinco años fue incluso juez para los indios y gobernador de México. Antonio Valeriano tenía once años cuando tuvieron lugar las apariciones y tuvo contactos personales, lo mismo que su padre, con Juan Diego beneficiario de las apariciones, con el obispo Zumárraga y con algunos otros testigos. Antonio Valeriano tenía veinticinco años cuando murió Juan Diego.

Este no es el texto más antiguo que nos ha llegado de la literatura azteca que, pero es, en realidad, el primer texto literario en esta lengua que fue escrito directamente, gracias al uso del alfabeto latino,

El texto del Nican Mopohua fue traducido al castellano por Luís Lasso de la Vega que lo imprimió en 1649, incluyéndolo en un conjunto más amplio, de cinco partes, dedicado a las apariciones. El título general es «Huei Tlamahuizoltica», que quiere decir: «Apareció maravillosamente…»

La primera parte comienza con una invocación solemne: «¡Oh, Gran Reina del Cielo!» Esta introducción incluye una breve biografía de Juan Diego y fue escrita probablemente por el mismo Luís Lasso de la Vega. Lee el resto de esta entrada »

septiembre 2017
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