You are currently browsing the category archive for the ‘El universo es un campo de fuerzas’ category.

La primera vez que leí este capítulo me quedé un poco desconcertado. No comprendí, a bote pronto, por qué trataba Brune de temas tan peregrinos como los que se leen aquí: extraterrestres, ticoscopio, holograma, etc.

De algunos de estos temas ni siquiera había oído hablar antes, así que, por si a alguno le ocurre lo mismo, permitidme una sencilla aclaración: lo que el padre François quiere demostrarnos a través de estos temas tan peregrinos es que en todos y cada uno de ellos se demuestra lo que dice el título del capítulo: el Universo es un campo de fuerzas. Unas fuerzas que se manifiestan de mil formas y que ni nuestros más sofisticados aparatos pueden, a veces, detectar, pero que forman parte de una sola Unidad, un solo Todo en el que nosotros también estamos implicados.

Lo que más me llama la atención del capítulo es el tema que se trata al final: el holograma. A mí, me parece interesantísima la coincidencia que descubre el P. Brune entre lo que decía Pierre Monnier en 1920 y lo que enseñan científicos actuales como Karl Pribram y David Bohm. Es increíble.

En su libro “Versos del Pluriverso“, dice Ernesto Cardenal:

“Los cuerpos son partículas elementales y campos de energía,
pero las almas no existen solas
sino sólo como partes de una cosa mayor.
Toda la materia está unida, según Bohm.
¿Y las almas no lo estarán más?
… … …
Todas las cosas se tocan,
todo está conectado con todo
y es instantáneo todo.
La separación es aparente.”

¡Poesía, teología y ciencia! ¿Aún no vemos el Todo?

¡Buena lectura y buen día!

 

4. El universo es un campo de fuerzas (2ª parte)

EXTRAIDO DE  FRANÇOIS BRUNE: “LE CHRIST AUTREMENT” ÉD. LE TEMPS PRÉSENT. 2010

Traducción: Alfredo Camarero

4.5 Los extraterrestres

Voy a citar a continuación algunos autores cuyas teorías estoy lejos de aceptar, pero os diré luego por qué me interesan sin embargo. No saltéis enseguida de alegría. Esperad un poco.

Pues bien, algunos ufólogos, partiendo también de esta constatación, han llegado a una teoría extraña que yo no comparto, pero que demuestra que ellos han presentido también a qué nivel se sitúan las grandes luchas de la humanidad. Para ellos, estaríamos dominados por una especie de extraterrestres que solo podrían sobrevivir alimentándose de nuestros sentimientos. Para ello, necesitarían sentimientos fuertes, violentos, y ellos serían los que están en el origen de nuestras divisiones en lenguas, en religiones, en razas, en clases sociales incluso, con el fin de que nos lancemos, lo más frecuentemente posible, unos contra otros. Esto recuerda un poco a los dioses del Olimpo que, menos peligrosos, vienen a meter su nariz por encima de nuestros altares para absorber el humo de nuestros sacrificios. Se tiene también un poco de esto a propósito de Yahweh en el Antiguo Testamento.

Así, Jean Sinder denuncia a la inteligencia superior que nos manipularía: «Ella suscitó también todas nuestras grandes religiones por la manipulación de diversos profetas e iniciados. Esto tuvo como primer resultado someter a los humanos, y en segundo lugar suscitar ciertas corrientes espirituales, unas contra otras, en conflictos especialmente asesinos que duran todavía en nuestros días. ¿Quién sabe si las ideologías de los tiempos modernos no han seguido el mismo camino?…

«Ella parece activarse para asegurar sus propias necesidades. En esta perspectiva, ella podría sustentarse a partir de la energía proporcionada por las emociones humanas más fuertes. Estas emociones procederían sobre todo de la sexualidad, del espanto, del dolor, de la ira, etc.»[1] Jean Sinder no es el único que ha llegado a esta conclusión. Cita a numerosos autores ufólogos. Así, Barbara Bartholic: «Pienso que los extraterrestres se han nutrido siempre a costa nuestra y que se han alimentado de descargas emocionales intensas que emitimos en ciertos momentos críticos. Estas entidades invisibles pero reales extraen su alimento del espectro completo de las emociones humanas, desde el martirio hasta el éxtasis.»[2] Lee el resto de esta entrada »

Anuncios

El contenido de la “Introducción” que el día dos de julio pasado se hizo en este blog del tercer tomo de “Hacia el sol de Dios”  -las comunicaciones de Arnaud de Gourvennec- parece haber planteado cierta polémica. A estas alturas de la historia de la humanidad, ¿no es insensato intentar de nuevo compaginar el mensaje de la ciencia y el mensaje religioso? ¿es realmente posible relacionar conceptos como “unidad del Universo” y “comunicaciones de los muertos”? ¿Y “holograma” y “eucaristía”? ¿De verdad puede tener algo que ver el “todo” de la Física Cuántica con el “todo” del mensaje cristiano?

No es extraño que, ante tal empeño, algunos se rasguen las vestiduras, mientras que otros dejan escapar una sonrisa sarcástica.

Por esto, traemos hoy aquí -como un intermedio- el texto de un capítulo del libro Cristo de otra manera, no incorporado a este blogde nuestro buen amigo  y gran teólogo francés François Brune. Este capítulo lleva por título “El universo es un campo de fuerzas” y revisa muchos de los temas que nos son tan conocidos, pero abordando, a la vez, su significado científico y su significado religioso. Con solo ver sus apartados es fácil imaginar por qué viene como agua de mayo para esta polémica:

Capítulo 4 – El universo es un campo de fuerzas

– Las partículas no separables
– Los campos mórficos
– La mediumnidad en todas sus formas (visión a distancia, TCI)
– Nuestros pensamientos son energía (Pierre Monnier, Roland de Jouvenel)
– Los extraterrestres
– El ticoscopio (aparato utilizado en los estudios de telequinesis)
– Las cucharas retorcidas
– Las curaciones a distancia
– Los fenómenos transgeneracionales
– El holograma

¿Física y Teología juntas? Extraña pareja para ir de la mano. Salvo que sean nuestros prejuicios los que así nos lo hagan parecer.

¡Buena lectura y buen día!

 

4. El universo es un campo de fuerzas (1ª parte)

Extraido de  François Brune: “Le Christ autrement” Éd. Le Temps Présent. 2010

Traducción: Alfredo Camarero

Es hora de avanzar un poco más en el misterio de nuestras vidas y en el misterio del mundo. Esto nos evitará volver a caer en la mitología bíblica a la que parecen volver los teólogos neoconservadores. Veréis más tarde que yo creo también, con toda la tradición, en la importancia de esta “solidaridad” entre todos los hombres. Pero me parece que se puede explicar de forma mucho más aceptable para el hombre de hoy, en pleno acuerdo con la ciencia contemporánea. Ésta ha evolucionado considerablemente durante el siglo XX, abriendo nuevas perspectivas convergentes. Surge así una visión del mundo totalmente nueva que se comienza a vislumbrar y se descubre que parece coincidir con muchas intuiciones místicas. Comenzamos por tanto un largo rodeo que nos va a llevar a través de investigaciones muy diferentes, pero que nos ayudarán a comprender, mejor que las categorías de Aristóteles, el misterio de la Pasión de Cristo. Vamos a tratar de penetrar en el reverso del mundo, en la parte que no se ve pero que es, en realidad, la más importante, esa en que se juega todo lo que es esencial, el reverso del tapizado del que solo vemos el derecho.

4.1 – Las partículas no separables

La ciencia descubre poco a poco fenómenos que suponen fuerzas desconocidas, todavía indetectables por nuestros aparatos y que sin embargo están actuando realmente en nuestro mundo material.

Comenzaremos por evocar el caso de las partículas no-separables, llamadas “imbricadas” o “correlacionadas”. El fenómeno había sido previsto por Einstein en 1927 y había sido tema, unos años después, de un artículo en la revista Physical Review, firmado por Einstein, Podolsky y Rosen. Este fenómeno se conoce con el nombre de “paradoja EPR”. Esta posibilidad teórica fue confirmada por primera vez experimentalmente, de manera irrebatible, por el equipo de Alain Aspect, en el Instituto de Óptica de Orsay, en 1982.

Según la teoría de la relatividad de Einstein, «ninguna señal puede propagarse a mayor velocidad que la luz. Por tanto, pensaba él, hay casos en los que uno puede estar completamente seguro de que de dos acontecimientos ninguno influye en el otro. Son los casos en los que esos dos acontecimientos están lejos en el espacio y tan cercanos en el tiempo que la luz no tiene tiempo para relacionarlos.» Pues bien, es precisamente la existencia de casos contrarios lo que demostró la experiencia de Aspect. Étienne Klein lo resume así: «Tenemos que admitir la idea ―a la postre muy romántica― de que dos fotones que han interactuado en el pasado constituyen un todo inseparable, ¡incluso cuando están muy alejados el uno del otro!»[1] Hay por tanto entre ellos una influencia a distancia y esto, cualquiera que sea la distancia que los separa, se podría medir en años luz. Lee el resto de esta entrada »

septiembre 2017
L M X J V S D
« Ago    
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
252627282930  

Archivo de entradas

EStadistica del blog

  • 130,371 hits