A lo largo de este libro Jean Prieur ha ido abordando una serie de temas definidos por afinidades entre las cartas que los forman. Pero, como cualquier sistema de clasificación, esta división tropieza con enormes dificultades a la hora de abarcar tan enorme casuística como la que supone tratar de un mundo tan extenso e inmenso como es el Otro lado. Por esto, en este capítulo  da cabida a muchos otros temas que, aun siendo de gran interés, no tuvieron acogida con anterioridad. Y también aquí lo importante está en conocer el interrogante y la contestación. Por ejemplo:

¿Suceden las desgracias como resultado de un castigo divino?

¿Dios necesita castigar nuestras conductas?

Si soy homosexual, si nací hombre pero me gusta ser mujer, o al revés, ¿qué sexo tendré en el Más allá?.

En cuanto a la criogénesis, ¿qué ocurre mientras permanezco congelado? ¿mi cuerpo espiritual y mi alma se quedan en el frigorífico a la espera? Si me reaniman pasados los años ¿mi alma tendrá que regresar a mi cuerpo de modo forzoso?,

Los que se fueron, ¿tienen celos de su pareja, que permanece en la Tierra, si ésta inicia una nueva relación? ¿es posible que se alegren de que esa relación avance?

Este capítulo viene muy bien aderezado con planteamientos de este género y otros no menos interesantes.

¡Buen día!

CAPÍTULO XV – CASOS PARTICULARES

El mundo espiritual se extiende hasta el infinito; es tan ilimitado como el espacio galáctico. Infinitas son también las situaciones en las que se debaten los seres de este mundo y del otro. Nunca abarcaremos la totalidad de los problemas que se les plantean a quienes permanecen sobre la Tierra ni a los que salen de ella.

Si muchos de estos casos presentan analogías sorprendentes y pueden ser reagrupados bajo títulos, como hemos hecho hasta ahora, son más numerosos los que no entran en ningúna categoría y son rebeldes a toda clasificación.

Son rebeldes que me han obligado a enrolarlos en el gran batallón de casos particulares.

XV.1 Florence: «La expansión del sida preocupa al mundo entero. ¿Cómo podemos explicar este fenómeno?¿Es un castigo divino?»

Definitivamente no”, responde Georges. “Hay que dejar de ver en Dios un justiciero implacable. Dejar de imaginarle como patriarca, recompensando a los buenos, castigando a los malos. Cada uno de nosotros tendrá la tarea de corregir sus errores personales sin que Dios haya de intervenir. El contragolpe, la justicia inmanente o la reencarnación se encargarán con naturalidad de eso. Dios no es un ser cruel vengativo. Es una gigantesca energía cósmica, un campo divino de amor y de bienaventuranza que pide a cada uno de nosotros que se perfeccione.

No estamos ya en el siglo XVIII, cuando un papa se oponía a la vacuna contra la viruela bajo el pretexto de que era contraria a los designios de Dios; toda epidemia estaba considerada como un castigo divino.”

Añado que, en la misma época, Benjamín Franklin anduvo en dimes y diretes con los pastores de su entorno, cuando inventó el pararrayos. “Es sacrílego desviar la cólera del Eterno”, decían.

XV.2 Alexandre: «Mi madre permaneció tres semanas en reanimación con la cara cubierta de tubos. Eso me hacía sufrir, al ver que removía los labios para decirme algo que yo no comprendía. Me siento culpable por la muerte de mi querida mamá. Habría debido decir a “S.O.S. Médecins” que la llevasen a una clínica de Marsella.

Desde entonces, me agrada rezar delante de su retrato, poner velas y que nada falte. Creo soñar con ella, pero no recuerdo mis ensueños al despertar.

¿Por qué no me da una señal? Estoy muy depresivo porque soy homosexual. Sólo mi madre sabía que yo era así. Tengo ganas de suicidarme. ¿En qué me convertiré en el Más allá?»

No debe tener remordimientos. No una a su prueba el autocastigo. Dígase que otra clínica no habría podido hacer milagros. Para su madre la vida no era más que sufrimiento y su muerte fue una liberación. Si no la encuentra en sus sueños es porque toma somníferos; regrese al sueño natural y entonces su madre podrá pasar a sus sueños, a menos que ella esté aún en el período de reposo y de inconsciencia que espera a los que estuvieron traumatizados en la vida terrestre.

En cuanto a su homosexualidad, valdría más asumirla pura y simplemente y encontrar la felicidad a su medida. Pero deje de hablar de suicidio, ese sería el medio de perder a su madre de nuevo y por mucho tiempo. Si quiere que ella sea feliz en su otra vida, sea usted feliz en esta, de la manera que corresponde a su verdadera naturaleza.

XV.3 Zita: «¿Es verdad que los espiritas, en el curso de una sesión, han captado espíritus de vivientes?»

Es completamente exacto. El escritor Léon Denis, discípulo y sucesor de Allan Kardec, relata el hecho siguiente, que sucedió en los primeros años del siglo XX. Sus amigos y él invocaban al Más allá entre las 7 y las 9 de la tarde. Cada tarde surgía una entidad maligna que les llenaba de injurias y de groserías. El desconocido, que rehusaba revelar su nombre, se decía sacristán y se jactaba de que se las hacía pasar morada a su cura. En otra, el designado mal hablado perturbaba los trabajos del grupo e impedía a los espíritus adecuados hacerse oír. Léon Denis estaba perplejo y se apresuró a renunciar a esos encuentros de cada tarde ya sin objeto, cuando supo que a algunos kilómetros de allí existía físicamente un sacristán borracho que efectivamente «se las hacía pasar moradas a su cura». El buen hombre cogía su cogorza hacia las 17 horas, se adormecía como una marmota, y era su espíritu el que, involuntariamente, el pequeño grupo captaba.

Conozco otro caso: en una sesión se manifiesta un espíritu que se identifica como Edouard y da el apellido de su familia. Los participantes están atónitos: el nombre y apellido son exactamente los de su presidente, ausente ese día. Piensan que es un impostor, le hacen algunas preguntas para controlar la identidad de la persona. Todas las respuestas son exactas. Es entonces cuando suponen que Edouard ha fallecido súbitamente y que ha venido a decirles adiós. En realidad, aquella tarde, su presidente dormía un sueño profundo, no debido al alcohol, sino a una fiebre tan fuerte como repentina. Su espíritu se había liberado espontáneamente y había aprovechado para darse una vuelta junto a sus amigos.

En uno y otro caso, la persona que duerme muy profundamente no tiene consciencia de su salida del cuerpo y no conserva ningún recuerdo. Las dos experiencias muestran con claridad lo que pasa en el instante de la muerte, con la diferencia de que esa vez la salida del cuerpo es definitiva.

XV.4 Gabriel: «¿Desde cuándo existen los médiums?»

Desde siempre. Entre los griegos se les llamaba pitias, entre los latinos sibilas; siempre mujeres.

La palabra médium no aparece hasta el siglo XIX, pero está presente, en las epístolas de san Pablo, profetas, inspirados y gentes que hablan en lenguas, en general incomprensibles, que necesitan la intervención de un intérprete. Este carisma existe aúnen algunas sectas pentecostales[1].

Pablo sostiene que los espíritus de «profetas» se sometan a los «profetas». Quiere que la entidad invisible no domine la razón humana. Los profetas del Nuevo Testamento se comportan como médiums. Los primeros cristianos estuvieron en constante relación con el Más allá, aunque sus representaciones de ese mundo fueron bastante vagas. Parecen no haber distinguido con claridad lo que pertenece al Cielo y lo que pertenece al mundo intermedio. En su época ya aparecían las exageraciones y las desviaciones. Pablo se ve obligado a poner orden en las asambleas y, en particular, a frenar los excesos de la glosolalia. Pide que los «profetas» no hablen todos a la vez, que cada uno espere su turno. No quiere que las reuniones parezcan corrales de ganado.

Multiplica las puestas en guardia, los consejos de prudencia. En la jerarquía de los carismas coloca la glosolalia en el grado más bajo. Comprende que los mensajes de esa clase emanan del astral. No pretende prohibir el contacto con el Más allá, pero desconfía, con razón, de sus excesos: «¡Aspirad al don de la profecía y no impidáis en absoluto hablar en lenguas, pero que todo se haga convenientemente y con orden!.»

XV.5 Paquita: «¿Las fiestas cristianas como la de Todos los Santos se celebrans en el otro mundo?»

Las fiestas cristianas se celebran en las esferas cristianas, las fiestas del Islam en las esferas musulmanas, las fiestas israelitas en las esferas judías. Como dije en mi carta a Lahcen, una joven bereber (ver mi último capítulo), el Más allá no es una proyección del cristianismo sobre una pantalla celeste. Hay incontables moradas en la casa del Padre universal.

He aquí lo que dijo sobre la fiesta de Todos los Santos Paqui (abreviatura de Paquita), que fue católica durante su estancia terrestre:

Ese día es una gran fiesta en el Más allá. Las almas se alegran por la unión que se realiza entre la Tierra y el Cielo, en un impulso de oraciones y de amor. Vuestros pensamientos llegan a los desaparecidos como rayos benéficos, como perfumes preciosos, que les elevan y alivian.

Pensad mucho en los que se fueron y que se llevaron consigo todas las alegrías de vuestra vida; pero no les dirijáis vuestros mensajes, vuestros pensamientos, en forma de flores estériles, es decir, desesperanzados, quejas egoístas que, lejos de aliviarlos y elevarlos hacia la luz, les retienen y les inmovilizan. Llorad sobre vuestro dolor, sí pero tened hacia ellos impulsos de ternura y de aceptación total de la voluntad del Maestro.

No os rebeléis cuando jóvenes cuerpos son arrebatados a vuestro afecto. No os planteéis cuestiones angustiosas; estad seguros de que lo que Dios hizo está bien hecho para el futuro del alma que vosotros lloráis, sin comprender las alegrías espirituales que goza ya.”

XV.6 Christiane: «Se dice que no es bueno comunicar con los difuntos porque eso tiene el riesgo de retrasar su evolución. ¿Qué piensa usted?»

Exactamente lo que piensa Georges Morrannier :

Nuestros desaparecidos se alegran de que queramos tener noticias suyas, en primer lugar porque es la prueba para ellos de que nosotros les sabemos vivos. Pero no se les debe molestar a cada momento, y, sobre todo, no agobiarlos con preguntas sobre predicciones. Nos ayudan en las dificultades, pero no son videntes. Lo que les retrasa en su evolución es constatar en nosotros una pena demasiado profunda que no sepamos dominar. La pena debe mitigarse con el tiempo, poco a poco y a medida que comprendemos que están vivos y que cuando tenemos necesidad de su ayuda están cerca de nosotros, Nuestra desesperanza, si es excesiva, les perturba, les retiene demasiado a menudo cerca de nosotros, y les impide consagrarse a su evolución. Debemos, por ellos, aceptar su nueva vida.”

XV.7 Camille: «Este nombre andrógino no es el mío verdadero, debo esconderme para reconocer que habría querido nacer mujer. ¿En el Más allá, de qué sexo seré? ¿Veré mi sueño realizado?»

No tengo luces sobre esta cuestión, pero me acuerdo de que Claudette Combes había hecho esta pregunta a su hijo Abel, quien, mientras vivía, había afrontado el mismo drama: “¿ Tú, que sobre la Tierra te lamentabas tanto de no ser una chica, ¿te sientes ahora en el mundo espiritual como un chico?»

El muchacho respondió categóricamente: «No me siento una chica. En nuestro mundo, yo soy un chico.»

Así pues, solamente en el Otro lado encontró su equilibrio.

XV.8 «Algunas personas del entorno de Vanessa la acosan y repiten que el amor que muestra por su hijo, que partió demasiado pronto, le retrasa y le obstaculiza. Ella tiene miedo de perjudicarle y eso le preocupa.»

No pienso que el amor pueda perjudicar de esa manera: Deje de culpabilizarse. Una amiga de Claudette Combes, Ludivine, conoció el mismo problema. Ella se abrió a su hijo Rémi que, allende el velo, le dictó este mensaje:

“El amor que tú me envías, lejos de obstaculizarme, de retenerme, me impulsa hacia adelante, pues es propio del amor hacer brotar lo mejor de nosotros mismos. La unión entre dos almas, cuando resiste a la muerte, es más fuerte que todo, es inquebrantable. El amor en nuestro plano, por inmenso y radiante que sea, no será completo sin el que recibimos de la Tierra.

El amor penetra la materia, atraviesa las esferas y acaba un día por alcanzar la Luz de las luces.

Aquí no existe ningún sectarismo, pues cada uno tiene la consciencia, profunda y maravillosa, de la unidad. Lo que separa, lo que se opone, no es posible en nuestras esferas.

Demasiados seres – vivos o desencarnados – segregan su propia oscuridad y crean su propio infierno. Dios, que no es más que Bondad y Belleza, no es el responsable, y, por tanto, a menudo es acusado sin razón del mal de la Tierra. Eso es un grave contrasentido, un espantoso sacrilegio. Los que reprochan a Dios el mal olvidan que el mal se disuelve en su luz como la sombra en el sol.”

XV.9 Arielle: «Muy pocas personas recuerdan haber estado desdobladas durante la noche, durante el sueño. ¿Para qué sirve ir a los planos espirituales mientras el cuerpo físico duerme?»

El alma y su cuerpo espiritual -responde Georges Morrannier- no dejan nunca pasar una ocasión de regresar al plano espiritual del que partieron. El alma se libera con alegría de su prisión material. Va a reencontrar a los seres del Más allá que conocía, los que sobre todo le son queridos. Nos reunimos con nuestros desaparecidos casi cada noche y eso puede traducirse por un sueño coherente al nivel del cuerpo físico. El alma puede ir a visitar a seres terrestres que la ven o no la ven, pero también al “doble” de esos seres terrestres. Puede viajar muy lejos, siempre conectada a su envoltura material, la distancia depende de su nivel de evolución.

Puede estudiar, pasar las preguntas a su guía, buscar la solución de un problema que le preocupa. En fin, y esto es muy importante, puede recargar sus ondas pránicas[2] mientras el cuerpo físico descansa. Al mismo tiempo, se beneficia del cálido ambiente de amor que reina en las zonas puras del Más allá.

Esta descorporación no presenta ningún peligro, al contrario del desdoblamiento voluntario. Es natural, prevista para cada uno de nosotros para la estructura ternaria del ser humano. La envoltura física duerme, el alma y su cuerpo espiritual llegan a la otra vida durante un tiempo, siempre demasiado corto para su gusto. El viaje en la otra dimensión es siempre benéfico, aunque no se recuerde nada al despertar.

XV.10 Marcella: «Entro en contacto regularmente con mi marido gracias a la «ouija», pero no siempre comprendo lo que me quiere decir, pues en medio de una conversación llega a utilizar las letras X, Y, Z sin que haya la menor relación.»

Su marido acaso no sea aún bastante hábil para contestar por medio de la tablilla. Además, a veces ocurre que las comunicaciones con los desaparecidos son interferidas por «espíritus» molestos que se divierten enredando los mensajes. Debe comprender que el Más allá no está poblado únicamente de buenos espíritus. Hay también maléficos. Por esa razón, la «ouija» o las «mesas giratorias» se muestran como un ejercicio peligroso. Conviene no hacer de ello una forma de diversión superficial u objeto de curiosidad malsana.

XV.11 Jean-Louis: «¿La congelación del cuerpo humano tiene alguna utilidad? ¿Qué le ocurre al alma durante la estancia del cuerpo en el frío?»

Admitiendo que la criogénesis pueda mantener en vida ralentizada el cuerpo físico, impediría la liberación del espíritu e impondría al ser un estado extremadamente doloroso en el que no estaría ni muerto ni vivo.

Tal es la conclusión de George Morrannier:

La criogenización es una de las muchas aberraciones humanas. No presenta ninguna utilidad. Es necesarioo ignorar por completo la supervivencia del alma en el mundo espiritual para querer hacerse congelar. La mayor parte de los candidatos a la congelación no volverán nunca a la Tierra, y eso será lo mejor para ellos. Para que pudieran despertarse en el mundo físico es necesario que el corazón continúe latiendo, al menos al ralentí, para que el alma les quede unida. Si el corazón se para (lo que ocurrirá si la criogenización fracasa), el alma y el cuerpo espiritual irán a reencontrar el mundo espiritual al cual pertenecen. El ser congelado está bien muerto. Si la congelación tuviera éxito, suponiendo que pueda tenerlo, el alma deberá quedar atada al cuerpo sin vida aparente para esperar un muy problemático despertar. La criogénesis no tiene ningún sentido cuando se sabe que existe otro mundo.”

XV.12 Jack: «Desde finales de 1993 practico la transcomunicación, con el propósito de contactar con una amiga muy querida. He tenido la dicha de escucharla dos veces con nitidez, transmitiéndome dos mensajes personales. Pero la semana pasada, de repente, registré una voz femenina desconocida insultándome… me da vergüenza repetirle a usted esas palabras. ¿Quién puede esta entidad vulgar y maléfica?.»

Esto es competencia de Monique Simonet: “¡Oh!, lo repito incansablemente en todos mis escritos, nuestros difuntos están ahí, cerca de nosotros, sobre todo si nos aman; pero no están solos. Pues después del tránsito vivimos todos en el universo paralelo. Los nuestros, que nos quieren, acuden junto a nosotros en cuanto pensamos en ellos; pero otros también están listos para manifestarse y algunos son malignos, vulgares, tal y como eran en la Tierra. Deben evolucionar, pero eso va para largo. Mientras tanto, pueden inquietarnos, debilitarnos, hacernos creer cosas falsas o, este es su caso, insultarnos. Por esto, si nuestro espíritu no está fortalecido por la oración y el pensamiento positivo, podamos vernos afectados,; existe un peligro evidente. Las personas con un alma buena están más protegidas que otras, pues los malos espíritus no son atraídos por la rectitud y la pureza. Sin embargo, son susceptibles de ser importunados. ¿Qué debemos hacer? Cesar de grabar durante algún tiempo, y decir así a esa mujer “perdida” del Más allá, de una vez por todas, que no os interesa. Pero, principalmente, no tenga miedo, es lo que ella busca; ¡ella se alegraría! Rece, si tiene la costumbre, y cúbrase con las armas del Espíritu.”

XV.13 Jocelyne: «Señor Jean Prieur, ¿Es usted médium? ¿De dónde obtiene sus conocimientos sobre la vida de después?»

Los obtengo, principalmente, de mis experiencias personales, debido a que soy médium ocasional, episódico y espontáneo. Así pude experimentar los fenómenos del Más allá y asegurarme de su realidad, pero no busco frecuentar los espíritus. Mis conocimientos los obtengo, también, del estudio de las filosofías y religiones. Los obtengo sobre todo de los mensajes enviados por los jóvenes del Más allá: Pierre Monnier, Roland de Jouvenel, Michel Belline, Paqui, Simone, Georges Morrannier, que no dictan ya, y por Abel, que dicta todavía. A propósito de los conocimientos, experiencias y pruebas, quisiera citar la carta que Evelyne dirigía desde Strasbourg a la madre de Georges:

“Todas las religiones hablan de la supervivencia, aunque sin dar pruebas. Pero usted, Madame Morrannier, es médium y con la suerte inmensa de entrar en comunicación con su hijo muerto. Usted, que por medio de él fue la confidente de tantas esperanzas y dolores, también debe poseer, con seguridad, esas pruebas. Respóndame por favor.”

“ Así es, mi hijo me dio todas las confirmaciones posibles de su supervivencia. Yo era atea y no creía en una vida después de la muerte. Me convertí en médium bajo el efecto del sufrimiento, pero quedaba, a pesar de todo, convencerme de la existencia efectiva de mi hijo. Él debió manifestar su presencia pacientemente, desplazando objetos o menudencias. Eso ocurría durante mis ausencias; al entrar en mi casa, los encontraba situados en lugares desacostumbrados. Me hizo comprender los “toques”, es decir golpes sobre los muebles o sobre los tabiques, pues fue a provocar los mismos fenómenos en casa de sus dos hermanas, para que comprendiéramos bien que todo venía de él y no de mí. A la larga, se está obligado a admitir que existe una vida espiritual. Para mí, ahora es una certeza absoluta.»

XV.14 Alfredo: «Señor Jean Prieur, ¿ha visto ya eso que llaman fantasmas humanos? Otra pregunta: ¿Practica la transcomunicación?»

¿Visto? Sí, pero solamente cuatro veces; ¿Escuchado? Repetidamente, no las he contado. Pero dejemos la clariaudiencia y hablemos solamente de visiones. Esto ocurrió en una vieja casa en los alrededores de Laval, en casa de un amigo mío. Hacia las 4 de la mañana, me despierto espontáneamente y veo pasar una silueta de hombre que atraviesa la sala en diagonal y parece no percibirme. Lleva una especie de capa y un gran sombrero, como el siniestro cochero de la carroza fantasma, como el Ankou de las leyendas bretonas. Parece borroso y negro. Le veo perfectamente y me abstengo de encender la luz. Penetra en la pared y se volatiliza.

A la mañana siguiente, hablo con mi anfitrión, que no parece extrañado: «Si, eso debe ser un antiguo propietario. ¡De ninguna manera se lo diga a mi mujer! Ella no sabe nada… y debe seguir así. Si se entera, querría irse.»

Respondo a su segunda pregunta: carente de paciencia y conocimientos técnicos, no he practicado la transcomunicación; pero, desde 1973, he asistido a las experiencias de Roseline Ruther, que fue una pionera en Francia, y las he reseñado inmediatamente en “L’Aura et le Corps immortel”.

Era la primera vez que yo escuchaba directamente voces venidas del país de Después. Me acuerdo en particular de un niño que llamaba: «¡Greta, Maya, Maya!» Y esa voz resonaba muy alta, muy alegre, muy pura en el espacio infinito del mundo paralelo.

XV.15 Mauricette: «Mi hijo, gravemente incapacitado y muy dependiente de mi, murió de repente. Estoy desesperada, pues era muy cariñoso. Hablaba con dificultad y no era capaz de expresar sus ideas y su dolor. En cuanto a mí, ahora me siento inútil.

Según usted, existe otra vida. En ese caso, ¿puede él conocer mi pena y mis pensamientos? ¿Acaso debo reprimir mis crisis de llanto?»

A la muerte de su hija Anne, con síndrome de Down, el General dijo a la Señora De Gaulle: “¿Por qué lloras? En este momento, tu hija es una niña como las demás.”

En la otra vida, su hijo se volvió normal. Su incapacidad no concernía más que a su cuerpo de carne. Si no podía expresarse, podía al menos testimoniar su amor. En este momento, vive en un cuerpo libre de toda enfermedad física o mental. En este momento, puede expresar su pensamiento y sus sentimientos. Conoce a los suyos y aprecia el afecto que le llega.

Si hubiera vivido, habría llevado una vida muy dura, sobre todo después de que usted hubiera murto: ¿quién se habría ocupado de él? En este momento, es él quien, en plena posesión de sus medios intelectuales, puede protegerla y rodearla de su amor, aunque usted no sea consciente de ello. Tiene usted razón: debe reprimir sus crisis de llanto y no entristecerle más. Él es feliz allí donde está.

XV.16 Franz: «Mi hermana ha leído tantos libros recientes en los que la muerte se presenta como una salida placentera, que no reacciona contra su enfermedad. Sin embargo, como ha sido atendida a tiempo y está admirablemente cuidada, podría muy bien sanar. En lugar de eso, se deja morir. Todos mis esfuerzos para volverla a la vida son vanos. No sé qué hacer ni qué decir.»

Su hermana está a punto de cometer un suicidio deliberado. Cuando a comienzo de los años 60 comencé a ocuparme activamente de estas cuestiones, que me habían interesado desde siempre, no había previsto el efecto perverso: el deseo mórbido por el Más allá.

En aquella época, la muerte era un suceso espantoso, un misterioso tabú del cual no era necesario hablar nunca. La muerte era el esqueleto armado con la guadaña y la bandera negra; era el horror.

Hoy, todo ha cambiado y, bien mirado, se ha caído en el exceso contrario. Hoy todo el mundo quiere hacer su ECM (Experiencia Cercana a la Muerte) como han «hecho», el último verano, en Sicilia y Baleares. Y la subida hacia la luz, la ascensión gloriosa parece reservada para cada uno.

¡Oh! ¡no es así ! Los lamentos y el rechinar de dientes, de los que habla el Evangelio, son una trágica realidad, sería deshonesto ocultarlo. Aún esta mañana, una lectora de Marsella me citaba el caso de una cantante franco-egipcia[3] que se suicidó hace varios años. Se manifiesta espontáneamente ante un grupo espiritista de esta ciudad. Llora y solamente dice: «¡No hagáis nunca como yo!»

Añado que las personas que, como Monique Simonet, practican las transcomunicación con magnetófono captan a veces quejas y sollozos.

XV.17 Loïc: «Acabo de perder a mi único hijo en un accidente de moto. Siempre fue un cabeza dura y nada ni nadie podía detenerle en sus decisiones. No era educado (es lo menos que puedo decir) con su entorno. Por esta razón estoy preocupado por él, pues supongo que, en el otro mundo, asumimos las consecuencias de nuestros actos cometidos en la Tierra.»

Efectivamente, en el otro lado debemos asumir las repercusiones de nuestros actos. Sin embargo, si ese joven muchacho no ha hecho el mal con todo el conocimiento de causa, si no perjudicó deliberadamente a otro y si, a pesar de su mal carácter, era franco y servicial, pienso que su balance no es negativo y que no tiene gran cosa que temer.

Acaso, al principio, quede simplemente en las zonas oscuras. Pero si consiente en enmendarse, si quiere escuchar a los que llegarán a enseñarle las verdades, nuevas para él, encontrará la felicidad.

A veces, la separación física provoca una aproximación y fortalece los vínculos que la vida terrestre había debilitado. Ya no se riñe por naderías, se es más indulgente el uno para el otro, se comprende cada vez mejor, se renuncia a las palabras ácidas y a los golpes bajos.

XV.18 Odette: «Viví con Antoine diez años de unión perfecta, hasta que en 1990 la muerte nos separó, como dice la fórmula consagrada. Uno de sus amigos, Gilbert, que acaba de ser trasladado a nuestra región, me pide esta semana en matrimonio; me gusta y estoy tentada; pero si acepto, tendría la impresión de traicionar mi primer amor. Por otra parte, me parece, si examino las circunstancias, que es el mismo Antoine quien ha dirigido hacia mí a Gilbert, a quién conocimos al comienzo de nuestro matrimonio y a quién las obligaciones profesionales habían alejado de nosotros.»

Cuando una pareja se separa por la muerte, a veces ocurre que el fallecido expresa el deseo que el condenado o condenada a la soledad rehaga su vida. Tengo además dedicado todo un libro a este problema: “Les visiteurs de l’autre vie”[4]. En un caso parecido al suyo, se trataba de un joven compositor (tuve que cambiar el apellido) prematuramente desaparecido. Se las ingenió para poner en el camino de su mujer un viudo, padre de un niñito, para que esos tres destinos se reencontrasen, fusionasen y crecieran. En el Más allá, los celos y los sentimientos mezquinos no tienen sitio. Los que nos amaron sobre esta Tierra guardan intactos sus sentimientos altruistas y quieren ante todo nuestra felicidad. Es el caso de Antoine; creo, como usted, que él es el autor de esos reencuentros»

XV.19 Stephen: «Leo lo que sigue en Flammarion: “Las almas separadas de los cuerpos conservan mucho tiempo su mentalidad terrestre. Entre los católicos, las peticiones de oraciones son expresadas a menudo. Un hecho de fácil observación que sería importante analizar desde el punto de vista de la psicología humana y transcendente… Y también, éste: las comunicaciones son más frecuentes entre parientes o amigos. ¿Está usted de acuerdo con estos datos?»

Sí, en general. Sí, las almas separadas del cuerpo físico, pero siempre ligadas al cuerpo espiritual que aman, conservan sus conocimientos y recuerdos. Pero no sólo los católicos piden oraciones. Conozco una mujer joven que, mientras vivía, era totalmente atea. Hostil a toda idea de supervivencia y asqueada de la vida, Geneviève acabó por suicidarse. Al cabo de dieciséis años de tinieblas y silencio, pudo manifestarse en el curso de una sesión mediúmnica sobre fotos y joyas, que acompañaba a una de mis conferencias. Después de dar algunos detalles sobre su acto, que rechazaba y condenaba, consiguió pasar y reclamó insistentemente oraciones; lo que, en esa época, me dejó atónito. Tanto más porque yo no había presentado ninguna foto de ella.

En cuanto a la última frase, «las comunicaciones son más frecuentes entre parientes o amigos», todavía se debe revisar el juicio de Flammarion. Conozco varios casos donde el desaparecido no logra comunicar con un miembro de su familia y se vuelve hacia una persona desconocida en la cual percibe dotes de médium. Un solo ejemplo: Paqui, una joven, que accedió prematuramente a la otra vida, puso su vista no sobre su madre, privada de todo don psíquico, sino sobre una señora que vio junto a su tumba y de quien había sentido la emoción. Así fue como la señora Yvonne Godefroy, la dama en cuestión, recibió los mensajes cuyo conjunto acabó por constituir los “Encuentros celestes”. En esos poéticos textos, la joven describe las zonas luminosas del Más allá y dice que viven en un continuo encantamiento, en un océano de felicidad; mientras que Geneviève, la joven suicidada, que cometió su acto con todo conocimiento de causa, languidecía en las zonas dolorosas. Cada espíritu vive su propia experiencia, muy diferente de la de los demás, pero todo conforme a lo que fue su vida. Cada espíritu no puede describir más que su recorrido y su entorno, lo que explica que los mensajes del Más allá sean a menudo tan diferentes.

XV.20 Jenny: «Mi hijo y su mujer me inquietan: han decidido no consultar más al médico (encuentran que la Seguridad Social es demasiado cara) y se cuidan, únicamente, recurriendo a los espíritus. Estos últimos les dan (gratuitamente) los consejos y recetas, llegando hasta dictar los componentes. Todo lo que les digo no sirve de nada.»

Tiene razón para inquietarse; cuidarse a través de los espíritus es el mejor medio para reunirse con ellos en breve plazo. Es sin duda lo que ellos quieren y sus hijos son muy ingenuos e imprudentes al consultarles. La credulidad de nuestros contemporáneos es sorprendente.

Conocí el caso parecido de un matrimonio mayor que no tomaba nunca la menor decisión sin recurrir a los seres del Más allá: ¿Debemos vender esta casa? ¿Hay que comprar bonos del estado? ¿Podemos confiar en la mujer de la limpieza? ¿Debemos pintar el recibidor? En resumen, se habían convertido en enfermos de la voluntad, marionetas del bajo astral, que movía alegremente los hilos. Desde luego, preguntaban a los espíritus sobre su salud y la de su hija… diabética. Una buena tarde, sus comunicantes decretaron que debía dejar de inmediato la insulina. Los padres obedecieron y la joven mujer murió a los tres días.

XV.21 Cora: «Desde hace cuatro meses estoy profundamente deprimida. Si el Más allá es un estado de consciencia, corro mucho peligro de encontrarme un día en tinieblas aún más angustiantes que la Tierra. Los médicos dicen que la depresión no es más que una enfermedad y que se cura siempre. Desde que era pequeña deseo hacer el bien. Soy muy idealista, sin duda demasiado, pero las preocupaciones materiales, la dura y solitaria existencia me hacen sufrir. Voy a tratar de luchar y hacer alrededor de mí ese bien al cual aspiro. La depresión es una prueba terrible, pues nos aleja de Dios. La persona se concentra por completo en su pena y se vuelve incapaz de interesarse por los demás y, de pronto, hasta de amarles. Le suplico que me aconseje. ¿Cree que alguien constantemente melancólico, si ha luchado durante su vida terrestre por el bien y el amor, puede ver algún día a Dios? Usted dice en uno de sus libros que los que sembraron entre lágrimas cosecharán en la alegría. En cuanto a mí, tengo miedo de encontrarme en el otro mundo tan sumida como actualmente en un estado asténico, a pesar del bien que haya podido hacer, a pesar de mi fe en Dios. ¿Cree que estoy alejada definitivamente de Él?»

“Los que sembraron entre lágrimas cosecharán en la alegría”[5] En realidad, esta frase no es mía, sino de una joven niña que citaba el Antiguo Testamento. Enferma de tuberculosis, Simone arrastró su adolescencia de sanatorio en sanatorio, antes de morir a los veinticinco años. A pesar de su enfermedad, que sabía incurable, estaba feliz y radiante, se interesaba por mil cosas, leía, escribía poemas, estaba en correspondencia permanente con personas a las cuales levantaba la moral. Ella, que tenía tantas razones para estar desanimada, daba a su alrededor una extraordinaria lección de optimismo.

Sus médicos tienen razón; la depresión es una enfermedad que se puede curar… volviéndose hacia los otros, hacia Dios y al lado positivo de la existencia. Es cierto que si se complace en la melancolía se arriesga a encontrarse al otro lado en las zonas oscuras. Debe pues hacer, desde ahora mismo, limpieza general. He observado que los que pasan por pruebas verdaderamente terribles: enfermedad incurable, enfermedad definitiva, pérdida de un hijo, reaccionan mejor que los que se concentran sobre su pena; es decir, sobre ellos mismos.

Veo que usted vive en Paría y es cierto que las grandes ciudades, donde es tan difícil establecer relaciones, no tienen nada de estimulante. Para salir de su abatimiento, debería volver al campo o al mar, hacer largas marchas al aire libre, abrazar los árboles con sus brazos, para que le comuniquen su vitalidad. Así, recargada, le será más fácil afrontar las dificultades de la vida y reconciliarse con Dios, al que habrá reencontrado en su obra.

XV.22 Oswald: «¿Reencontraré en el otro lado al que fue mi único amor, mi amigo que acaba de desaparecer en trágicas circunstancias? ¿Nuestro particular vínculo, que no fue roto más que por la muerte, no encontrará en el otro lado su castigo, que consistiría en una separación definitiva?»

Nosotros no estamos ya, gracias a Dios, en la Edad Media, en la que quemaban a todos los que estaban fuera de la norma: homosexuales, mujeres que tenían visiones, como Juana de Arco, genios independientes, como Giordano Bruno. La Inquisición, que había logrado establecer el infierno sobre la Tierra, lo prometía a sus víctimas, con la eternidad como bonificación. Si el autor del Apocalipsis hubiese vivido en su época, le habrían hecho subir a sus hogueras.

Hasta despojado del vínculo carnal después del tránsito, el amor conserva una fuerza invencible que se ríe a la vez de las diferencias de raza, de religión y de nacionalidad, y de la identidad de los sexos.

El amor, el gran unificador, atraviesa todos los planos de la existencia. Usted reencontrará al amigo desaparecido.

XV.23 Fatima: «Nací en Francia y no hablo más que francés, pero soy de origen argelino y musulmana. Deseo casarme con un francés de religión cristiana, pero mi padre obstaculiza nuestro matrimonio. Ya renegó de mi hermana, que se había casado con un francés de religión judía. Como yo soy mayor, estoy decidida a pasar también a su oposición. Él mismo, como muchos, no conoce el Corán, solo practica ritos como el del sacrificio del cordero.

Por otra parte, cuando pienso en la vida futura, estoy confusa y me pregunto si, en el Más allá, reencontraré al que amo.»

Tiene usted un bonito nombre, el de la hija del Profeta, quíén, él mismo, era muy tolerante y no despreciaba a las demás religiones. Siendo un hombre de Dios, era un hombre de diálogo y he aquí algunas de las citas del Corán que podría mostrar a su padre:

«No disputéis con los judíos y los cristianos más que en términos honestos y moderados. Confundid a los que entre ellos son impíos. Decidles: Nosotros creemos en el Libro que nos ha sido enviado y en vuestras Escrituras; nuestro Dios y el vuestro no son más que uno» (Sura 29, versículo 46)

«La vida de este mundo no es más que un juego y una frivolidad; pero la morada del otro mundo es la verdadera vida» (Sura 29, versículo 64)

«La diversidad de los ofrecimientos es conforme a los planes de Allah, el misericordioso: Si Dios lo hubiera querido, no habría establecido más que un solo pueblo profesando la misma religión.» (Sura 42, versículo 8)

No es sino en el mundo celeste donde judíos, cristianos y musulmanes estarán reunidos bajo una misma religión: la religión universal del Dios único.

En los primeros planos del mundo de los espíritus subsisten, durante algún tiempo las diferentes creencias, pero esto no impide, de ninguna manera, los reencuentros.

XV.24 Donato: «¿Qué piensa de la expresión : las ideas están en el aire? ¿Eso corresponde a una realidad?»

Sin duda. Existen corrientes psíquicas que atraviesan la atmósfera en todos los sentidos. Eso explica cómo los grandes inventos nacen simultáneamente en diferentes puntos del globo, en los cerebros de sabios que no tenían ningún contacto entre ellos.

Esto también es válido para los grandes movimientos literarios, filosóficos y políticos, pero en este último caso se debe tener en cuenta la influencia de toda novedad en los medios de masas.

Ahora bien, las corrientes psíquicas emanan también de los espíritus que vienen a influirnos y nos comunican sus pensamientos, sus sugestiones. Desafortunadamente, todos no son positivos y benéficos. Hago alusión a los fenómenos de infestación u obsesión de los cuales pueden ser víctimas las personas de mente frágil.

XV.25 Maximilianne: «Estoy aterrada por la lectura de las profecías de catástrofes, mayormente por la de Stormberger, el vidente bávaro de finales del siglo XVIII, que anunció lo que llamaba “La Gran Limpieza”. Transcribo: “Habrá que esperarla cuando los hombres viajen en carros sin caballos y sobre aves que sobrevuelen los bosques; cuando no puedan soportarse mutuamente porque cada uno tenga otra mentalidad (una opinión diferente); cuando se hagan más y más inteligentes y más y más taciturnos; cuando los hombres se vistan como mujeres y las mujeres como hombres; cuando la fe se haga tan pequeña que se pueda meter bajo un sombrero; cuando los grandes se hagan pequeños y viceversa; cuando haya grandes guerras; y, finalmente, cuando los Hombres rojos atraviesen los montes de Bohême. Entonces tendrá lugar “la Gran Limpieza”.»

¡Tranquilícese! La Gran Limpieza ya se produjo : los autos, los aviones, las guerras civiles, la multiplicación demencial de los partidos políticos, la generalización de la agresividad y del vocabulario grosero, el crecimiento inquietante de personas que ponen mala cara; los hombres con moño y pendientes, y las mujeres que se cortan el pelo al cero, la moda unisex de los jóvenes, los travestis, los transexuales, las lesbianas; la verdadera fe minúscula; la credulidad sin límites; las guerras de prueba, todo eso concierne al pasado reciente y se prolonga en nuestro presente. En cuanto a los Hombres rojos, han atravesado los Montes de Bohême en 1945, en 1948 y en 1968. Ya quedó atrás todo eso.

NOTAS

[1] Grupos pertenecientes al cristianismo evangélico

[2] “Según el ocultismo occidental, el praná no sería el aire inspirado sino una energía universal invisible e inmedible que ingresa en el cuerpo a través de la respiración. Los nadís serían entonces canales akásicos o etéricos (siendo akasha  ‘éter’ en sánscrito). Esos canales estarían distribuidos y entretejidos en todo el cuerpo, y a través de ellos fluiría la energía praná”. (Wikipedia)

[3] La cantante Dalida (nacida en El Cairo, Egipto) se suicidó en 1987 (NdT)

[4] Traducido al español y disponible para el grupo Aquí-allá (NdT)

[5] Salmo 126, 5 (NdT)

Anuncios