No deja de ser paradójico que cuando en una conversación surge el asunto del Más allá la duda haga aparición para cerrar cualquier argumento y abandonar pronto el tema . Ahora bien, si se habla de reencarnación el número de defensores aumenta automáticamente.

Lo más curioso es que es frecuente oir decir que en Oriente así se enseña y es verdad. Pero Occidente, como casi siempre que se acerca a la filosofía oriental, coge el rábano por las hojas e interpreta la reencarnación como una gran segunda oportunidad.

Es fácil comprobarlo en algunos programas de televisión, en los que un invitado cualquiera afirma la realidad de la reencarnación y todos los presentes se ilusionan pensando en que regresarán como si ello fuese un premio. Eso sí, ninguno de los contertulios se para a pensar en un posible regreso como niño minero, niño soldado, niña víctima de explotación sexual, o en un cuerpo, físico o psíquico, disminuido, sujeto a una silla de ruedas o trastornado de por vida.

Pero, ¿qué nos dicen los habitantes del Más allá? ¡Alguno de ellos, por lo menos , sabrá algo más del asunto!. ¿Qué ocurre con los lazos de amor entre esposos si cuando uno de ellos llega allí no encuentra al otro porque éste se ha reencarnado?. Otro supuesto podría ser: en esta vida fui buena persona y me reencarno después de muerto, pero ¿y si acabo siendo un asesino? ¿Qué será de mí ante la eternidad? .Y si me reencarno ¿recordaré punto por punto mi vida anterior para mejorar?

Este capítulo incluye una serie de respuestas a estas cuestiones, que Jean Prieur ofrece desde su gran experiencia y sensatez.

¡Buen día!

CAPÍTULO XIV – EL DRAMA DE LA REENCARNACIÓN

Las personas que me escriben suelen ser padres que han perdido a un hijo o a una hija o el superviviente de una pareja muy unida. Todos tienen pánico a la idea de no volver a encontrar al ser amado al llegar al Otro lado. Les afecta profundamente la perspectiva de que hayan cambiado de personalidad, o hasta de sexo. ¿Qué es una inmortalidad donde ya no podrían reconocerse? Y qué es una justicia que hace soportar a la individualidad B el castigo de las faltas cometidas en una existencia precedente por la individualidad A, faltas de las cuales no tiene ningún recuerdo. Los adversarios de Platón habían advertido ya esta incoherencia y, desde entonces, los filósofos no dejan de argumentar sobre este problema insoluble.

Los vivos del otro mundo están aún más divididos sobre la cuestión que los vivos de este:

Existen los «en contra»: Esto es absurdo, esto no existe…Toda vida es única… El eterno retorno es una ilusión. Jamás nada ni nadie se verá dos veces… Yo no regresaré a la Tierra, porque no quiero.

Existen los «a favor»: Si, eso existe, todo el mundo lo pasa… Si, es real, pero es espantoso… Es un aventura… eso da vértigo… Si, lo han constatado, pero no se puede explicar el mecanismo. Es una ley universal, como la de la gravedad terrestre.

Existen también los «acaso»: Para los que tienen ya bastante con vagar en el Más allá, para los que no pueden soportar la vida espiritual. Para los que dejaron su tarea inacabada.

XIV.1 Marthe: «Temo que mi esposo, fallecido hace doce años, no se reencarne. Así que ¿no le reencontraré? Este pensamiento me es extremadamente doloroso. ¡Eso equivale a un adiós definitivo! ¿Cómo saberlo? »

Es Monique Simonet quien le responde:

«Si él la quiere tanto como usted a él, no tenga ningún temor: usted le reencontrará. La muerte no separa más que aparente y provisionalmente a quienes se aman. Usted cree en la reencarnación: es su opinión. Cantidad de investigadores y espiritistas no lo creen en absoluto. De hecho, no hay pruebas irrefutables. Los recuerdos que se comprueban en ciertas personas, y en particular entre los niños, podrían explicarse de otra manera, considerando una relación con el Más allá. Y, suponiendo que la reencarnación sea un hecho – digo bien, «en el supuesto», no teniendo nada resuelto – eso pasaría de tal forma que no hubiese separación real. Siendo el amor la fuerza más grande, es más fuerte que la muerte. Quede tranquila. De todos modos su esposo la espera. No existe un adiós definitivo. Añadiré que tengo contactos grabados con entidades traspasadas desde hace mucho tiempo, desde hace decenas y decenas de años. Ellos no se habían reencarnado.”

XIV.2 Carmela: «Cuando las experiencias de muerte inminente (E.M.I., más conocidas bajo el nombre de N.D.E.) nos hablan de tranquilidad y de luz, insisten en el hecho de que los que fueron reanimados volvieron enfadados, decepcionados de volver a bajar a la encarnación. ¿Por qué?»

Regresar a la Tierra representa para ellos una prueba, una disminución. Afortunadamente, la transmigración de las almas no es general y obligatoria, como nos enseña el Oriente, que, además, ve un castigo en ese proceso. El hinduismo y budismo están de acuerdo en presentar el fin de las reencarnaciones como el Bien supremo hacia el cual es necesario tender. Se podría resumir el problema en estas dos fórmulas:

– reencarnación generalizada: “ROUE[1] (la Reencarnación Obligatoria Universal Eterna); teniendo “eterna” el sentido de muy, muy larga en duración

– reencarnación restringida: “REVE[2]: Reencarnación Excepcional Voluntaria Existencial; teniendo existencial el sentido limitado a algunas existencias.

El principio de la transmigración de las almas es muy difícil de aceptar por los creyentes brahmanes. Cristo hizo una rápida alusión en Mateo XI, 14: “Si vosotros queréis recibirle (si vultis recipere), Juan el Bautista es ese Elías que debía venir.” Y siempre es lícito para nuestra libertad de responder: «¡Oh, no Señor! Yo no quiero, no puedo recibir eso.»

Tranquilícese, los que amamos, y nos aman siempre, viven en el mundo espiritual, continúan interesándose por nosotros y, de vez en cuando, atraviesan el velo para visitarnos.

XIV.3 En general, son los médiums, profesionales o espontáneos, quienes creen en la reencarnación. Es el caso de Gabrielle. Constató un hecho que se repite de vez en cuando y del cual ella querría conocer el significado.

«Cuando me acuesto, después de un momento de espera, comienzo a percibir un punto blanco, luminoso, que aumenta y forma un paisaje en blanco y negro, muy nítido, muy claro. La primera vez fue una escena campestre en la que veía chicas y chicos jóvenes saltando a la cuerda en una gran pradera. Estaban vestidos como los romanos de la Condesa de Ségur y peinados igual. Los chicos llevaban cabellos largos y las chicas rizos a la inglesa. La segunda vez asistía a una misa. Veía muy bien el altar, los cirios, los pilares, las vidrieras y el cura de espaldas, revestido con su alba. Las escenas duran algunos segundos. Estoy consciente y segura de que no sueño. No tengo ningún miedo. A menudo me llegan también grandes flashes de luz blanca. Generalmente me duermo inmediatamente después. ¿Son señales del Más allá? ¿Habré visto esos episodios en otra vida?»

Usted tiene dones ciertos de mediumnidad. No soñó para provocarlos y eso está bien. Se trata de escenas sugeridas por el Más allá, sin que sea necesario recurrir a la reencarnación. A mi parecer, ha percibido remanencias, es decir, imágenes que pueden subsistir durante mucho tiempo después de que las realidades han desaparecido. Esas remanencias son vibraciones irradiadas en los lugares donde vive. Se forman hoy, pero hace 150 años esa zona debía ser plena naturaleza. Por eso ve los niños jugando en una pradera de la época de las “Petites Filles modèles». Es posible que la iglesia exista todavía, así que podrá compararla con otras visiones. Los objetos tienen un alma, los lugares tienen una memoria que usted ha captado. Ha hecho, gracias al Más allá, una psicometría. En un caso así, se piensa casi siempre en un médium que cuenta la historia tocando una joya, una reliquia o un vaso. Pero existe también una memoria de los terrenos y edificios y es así como la recibió durante el desarrollo de una psicometría de ambiente. Habiendo dicho que no tuvo miedo, el fenómeno es con seguridad benéfico.

XIV.4 Este es un ejemplo de remanencia, suministrado por Dominique, que hacia la edad de cinco años se sentaba en su cama antes de dormirse:

«Era entonces cuando yo veía sobre la pared pequeños seres con forma de sombra. Duró mucho tiempo, no puedo estimar cuantos años. Había sobre todo una niñita que, saliendo del grupo, venía a ofrecerme la mano; yo la veía con nitidez. Guardé siempre el secreto para mi, por miedo a no ser tomada en serio. Revelé esta historia hace cuatro años a mi mujer y a mis padres. Soy muy creyente, pero a veces dudo y, en ese momento, la escena me viene a la memoria y me da nuevas esperanzas. ¿Qué mensaje me quisieron dar?»

Con frecuencia los niños son médiums. Cuando van creciendo sus dones se acaban, es el proceso normal. Los que conservan el don son excelentes videntes, pero no podrán hacer comercio con ello. En cuanto a usted, vio una escena que se desarrollaba en el mundo de los espíritus. Es posible que haya captado una remanencia, es decir, un espectáculo que hubo en aquel lugar antes de ser casa, hace mucho tiempo. ¿Los personajes entrevistos parecen de nuestra época o de un siglo anterior? No habla de sus vestidos, que podrían situarlos en el tiempo. Y la casa ¿es antigua? El hecho de que la niñita le llame y tienda la mano me inclina a pensar que es la primera hipótesis (la del mundo de los espíritus) la buena. Se trataría de uno de sus antepasados.

XIV.5 Vladimir: «¿Por qué no recuerdan sus anteriores reencarnaciones?»

“Porque -responde Georges Morrannier- eso es mejor para vivir plenamente la existencia presente. Si Dios lo ha decidido así, es que el olvido es preferible para la mayoría de nosotros.

Ciertas personas tienen algunas reminiscencias, reconocen los lugares o los seres vivos. Es posible que hayan “visitado” los lugares y las personas durante el desdoblamiento producido en el curso del sueño. Todo el mundo se desdobla así. Es posible que se trate de recuerdos reales de vidas anteriores.

Algunos niños recuerdan su vida anterior, que olvidan cuando cumplen los seis o siete años. Para la mayoría de nosotros el olvido es total, porque (no pensamos nunca bastante) los siglos pasados fueron muy agotadores. Se recuerdan epidemias, hambrunas frecuentes, catástrofes naturales, guerras sin descanso, duelos cruelmente sentidos, atroz mortalidad infantil, no podría sino perjudicar nuestra vida presente.

Sin embargo, esta vida actual, la debemos asumir plenamente y lo mejor posible. Es suficiente tener que soportar algunos traumatismos dejados sin saberlo nosotros por nuestras vidas anteriores. El alma está marcada muy a menudo por esos shoks psicológicos; sería peligroso que nuestro consciente fuese perturbado por recuerdos dramáticos.

La regresión a las vidas pasadas no es válida más que cuando es natural, por ejemplo en el sueño. Es útil cuando, bien llevada, puede suprimir rastros inquietantes, tan anclados en el corazón que obstaculizan la vida actual.»

XIV.6 Gilda: «Tuve tres N. D. E. (E.M.I. experiencia de muerte inminente), hice viajes astrales y, además, poseo ciertos poderes. Después de leer muchos libros espirituales, entre ellos los suyos, me hago algunas preguntas: ¿quién rige la vida?, ¿cuándo hemos completado el ciclo infernal de las reencarnaciones y hemos pagado nuestras deudas pasadas?, ¿cuándo evolucionamos lo suficiente?, ¿podemos decidir solos nuestras encarnaciones?, ¿podemos con seguridad elegir una vida, una época, o simplemente decidir no continuar? Yo no comprendo por qué ciertos seres se reencarnan antes que otros. Gracias por aclararme »

Voy a probar. Será algo difícil, pues plantea algunas de las preguntas más terribles y fundamentales… El que rige la vida es Dios, que se ocupa de todo, aún para los que no creen en El. Es a Él a quien se debe pedir que perdone nuestras deudas: «¡Perdónanos nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores!» Es Él quien decidirá si hay o no que reenviarla a esta Tierra. Es Él quien, con su oración suplicante, romperá «el ciclo infernal de las reencarnaciones». Él es el Maestro del Karma.

Si algunos seres se reencarnan es porque lo han querido con todas sus fuerzas, sea aquí, sea en el otro lado. Las motivaciones son muy diferentes: algunos no pueden soportar la vida espiritual, necesitan los goces del alimento, del alcohol, del sexo, del tabaquismo, de la droga. Otros están impacientes de reemprender el servicio, de cumplir, como se dice en el ejército. Habiendo sido Aquí abajo unos malcriados (en ambos sentidos del término), querrían remediarlo.

Para el retorno voluntario hay, también, motivaciones nobles y desinteresadas. Seres, que podrían crecer en las regiones celestes, piden regresar a la Tierra para propagar las ideas de generosidad o para acometer grandes obras caritativas. Seres como la Madre Teresa, Sor Enmanuelle, el Abad Pierre, el doctor Schweitzer, Diane Fosse, y muchas personas desconocidas, que se ofrecen para la salvaguarda del mundo humano y del mundo animal.

XIV.7 Por supuesto, la reencarnación, que está de moda porque hace soñar, continúa preocupando a los lectores. Diana en particular:

«He visto varias veces durante el sueño la cara de Bertrand, mi marido, muerto hace cuatro años en un accidente en carretera; accidente sobre el cual quiero averiguar todo, mediante un procedimiento judicial en curso complicado.

Aunque la intensidad del sueño disminuye: la cara apacible se borra poco a poco para ceder el sitio a la de Laurence, mi hijita, de la cual es el padre. ¿Quiere señalarme con eso que se reencarnó en ella?»

En este caso, usted se convertiría en la madre de su marido, lo que insinuaría un psiquismo masculino en el de su hija, con todas las desviaciones que eso comporta. Esta confusión en los sexos y las relaciones de familia es bastante indecente. Cese de dar vueltas a esa idea anormal e inquietante. Laurence sigue siendo Laurence en la vida presente. Bertrand sigue siendo Bertrand en la vida futura. Él quiso decirle en el sueño que debe dirigir todo su amor a esa pequeña hija que le dio.

Sobre todo no pruebe a saber cómo pasó su accidente. No debe hacer volver a su pensamiento un suceso horrible que él debe olvidar y que usted debe olvidar también, puesto que él lee su mental. Los pensamientos negativos concernientes a esa tragedia no podrían más que perjudicar su felicidad presente.

XIV.8 Rosemay: «¿Puede usted explicarme algo que aún no está claro para mí? Algunos autores dicen que después de la muerte física el alma debe franquear ciertas zonas o planos antes de regresar a la Tierra para una nueva encarnación, aunque Monique Simonet y usted mismo precisan que nuestros amigos, parientes fallecidos viven ahora en el otro mundo y están cerca de nosotros.

¿Cómo puede uno reencarnarse y, al mismo tiempo, permanecer cerca de los seres queridos a los que ha dejado? ¿Cómo, cuando dos esposos están separados por la muerte, pueden persistir los fuertes lazos que les unían? ¿Y si uno de los dos se reencarna para formar una nueva pareja con otra persona?»

En realidad, el amor es más fuerte que la muerte y la reencarnación. Ni lo uno ni lo otro sabrían desunir a los que se aman de verdad. Si un matrimonio es armonioso, es también duradero y se vuelve a formar en el Más allá sin perspectiva de ser disociado.

En el caso contrario, la reencarnación de uno de sus elementos equivaldría a la muerte y provocaría los mismos dolores. Cuando las religiones dicen que Dios es bueno y justo significa que Él no tendría la crueldad de romper el vínculo de afecto que une el marido a la esposa, los padres a los hijos, los hermanos y hermanas a los hermanos y hermanas, los amigos a los amigos.

XIV. 9 Annie: «Tengo que proponerle dos cuestiones. La primera: ¿un discapacitado mental paga por una falta cometida en otra existencia anterior? La segunda: ¿acaso recupera la razón en el otro mundo? Estos dos interrogantes se añaden a nuestra continua pena. Usted no ignora que los padres de esos niños sufren un verdadero calvario.»

Le respondo rápidamente a la segunda cuestión y afirmativamente. La mayor parte del tiempo, él (o ella) encuentra la razón inmediatamente después de la muerte. Y a veces incluso antes. En el capítulo primero cité el caso de una joven, débil profunda, que en su últimos instantes se puso a hablar de modo inteligente. Con gran sorpresa para su entorno, ella se expresó así: “La prueba ha terminado… ¡por fin!

Para ella, y todos los que están en ese caso, la prueba está efectivamente terminada y no se reproducirá más. Tiene razón al decir que los padres de esos niños sufren un verdadero calvario, pero se equivoca al pensar que es una expiación por alguna falta cometida en el curso de una vida anterior. De ninguna manera hay que añadir la noción de castigo a la prueba. Es bastante con sufrir, sin creerse culpable; elimine todas esas ideas que emponzoñan su vida infligiéndole inútiles remordimientos.

En cuanto a las personas mayores que pierden la memoria, y alguna vez la cabeza, recuperan todas sus facultades antes de su entrada en el Más allá.

XIV.10 Herbert: «La reencarnación está muy de moda desde hace una decena de años. La demanda en ese tema es muy fuerte, muncha gente quiere saber sobre lo que han sido ¡y lo que serán!. Sobre todo, lo que serán. Ciertos videntes se han especializado en ese género de respuestas. Pero, los propios desparecidos ¿qué piensan? ¿Están tan empecinados como los Terrenales con la perspectiva del retorno?»

Cuando los espíritus son verdaderamente espirituales (que no es siempre el caso), la perspectiva del retorno les aterra y les angustia. Escuche lo que dice Abel, el hijo de Claudette Combes, que abandonó este mundo a la edad de veintiún años y que, desde el otro lado, supo adquirir grandes conocimientos:

“La idea de revestir de nuevo un cuerpo estrecho y pesado me produce horror.

Cuando se elige entrar en un cuerpo y afrontar la Tierra hace falta mucho, mucho coraje. Cuando un ser que vive en el mundo espiritual retoma un cuerpo para enfrentarse de nuevo con el mundo físico consiente un enorme sacrificio.

Hay una necesidad de descender alguna vez a la carne y, como para el alumno, es una necesidad de pasar un examen. Pero este descenso nos da mucho miedo. Solo algunos seres terrestres, se puede decir, desean encarnarse de nuevo.

No redescendemos más que con nuestro consentimiento. Nosotros mismos elegimos el día y la hora del examen. Nada es impuesto.

Sí, la reencarnación es necesaria, pero tranquilízate, cuando un gran amor une dos seres, el que ha llegado el primero al mundo espiritual espera siempre al otro. Reencarnarse no es una cosa placentera, sino una necesidad dolorosa.

En la nueva era, el hombre sabrá por qué se reencarna y no lo olvidará cuando se meta en un cuerpo de carne. Pedirá venir a la Tierra para una misión elegida por él mismo.”

XIV.11 Elodie: «Desde que se cuestiona la reencarnación, ustedes, los psiquistas, que en lo restante son unánimes, en esto no están ya tan de acuerdo.»

Los espíritus no están de acuerdo entre ellos. Algunos, cuando se les pregunta sobre este aspecto, rehúsan hablar. Por ejemplo: Alain Teissier, muchacho fallecido en accidente de moto, dicta a Julien su transcriptor: “Respuesta prohibida” Otro Alain, que llegó a la segunda vida a los once años, expresa su felicidad mensaje a mensaje y declara no aprobar ninguna nostalgia: «No hay ningún alma que deje la Tierra sin recuerdos; pero no hay ningún alma que desee volver, aunque sea por un solo día.»

La señora Celline, que no se consuela nunca de la partida de su hijo, pregunta mediante la intermediación de su marido: “Michel, si pudieras venir a la Tierra, como antes, ¿volverías?” Y el joven muchacho responde categóricamente: “¡No!

Un joven de esa edad, Philippe Arnault, del que conozco bien su camino terrestre, tuvo una vida plena, en todos los puntos comparable a la de Michel. A la misma pregunta: “Philippe ¿querrías volver a revivir?”, me dió la misma respuesta: “¡Ah! ¡no, eso nunca!

Otro ejemplo: “Irene, ¿querrías regresar?” “¡Oh!, no, estoy demasiado bien aquí

En cuanto a Hervé, en una sola frase resume la verdad sobre el renacer: “No regresaré a la Tierra. No he querido

XIV.12 Lily: «Constato que se habla cada vez más de la reencarnación y que son más numerosas las personas que creen en ella; lo veo entre mis colegas del trabajo. En cuanto a mí, esta perspectiva me inquieta y si fuese probada, me haría dudar de todo.

¿Cómo volver a ver en el Más allá a los que hemos amado si están repartidos por la Tierra o si están a punto de partir? ¿Cómo puede reencontrar una mujer a su marido, una madre a su hijo? ¿En qué se convierten los lazos de amor en el Más allá?»

Su carta aborda las verdaderas cuestiones, las que todo el mundo se plantea. Muchos de mis remitentes piensan como usted y tienen pánico a la idea de perder una segunda vez a los que han amado, los que dan un sentido a su vida. Si sus colegas están embobados por esa perspectiva, es que no han reflexionado, como usted, sobre el problema. Ellos no ven las implicaciones trágicas. ¿Qué sería un Paraíso donde estén excluidos el hombre, la mujer y los hijos amados?

Tranquilícese, la reencarnación, idea muy expandida en el Astral y sobre la Tierra, no es obligatoria ni general, como se enseña en Oriente. Es, al contrario, voluntaria y excepcional, como lo confirman los mensajes llegados de las esferas luminosas.

En su prisión afgana, donde vivió una agonía de nueve meses, el reportero fotógrafo Alain Guillo oyó mediante una voz interior esta frase sorprendente: “Si tú crees en la reencarnación, existe. Si tú no crees, no existe.” Eso recuerda la palabra de Cristo: “¡Que sea hecho según tu fe!”

La misma experiencia en Inglaterra, donde, a finales de los años 60, Franz Liszt, muerto en 1886, declaró a Rosemary Brown: “La reencarnación, tal como se la comprende en general, no existe… Hay una infinidad de posibilidades y ningún principio categórico … No podemos venir a la Tierra más que un número restringido de veces … Posiblemente una sola vez.

Liszt añade: “Todas las encarnaciones son absolutamente voluntarias. Nadie es lanzado contra su agrado. Nadie es obligado a ir, y en eso reside la justicia.

Justicia, se debe tomar la palabra en el sentido de orden divino, de orden cósmico. La libertad humana, que continúa su trayectoria en el otro mundo, forma parte de esa armonía universal.

La misma experiencia en Alemania: la Señora Hiddegarde Schäfer, que captaba, también, voces del Más allá sobre cinta magnética, recibió los avisos más contradictorios. Iban desde: “Es cierto que la reencarnación existe, todo el mundo la pasa” hasta: “Pero eso es absurdo, no existe”, pasando por: “Yo no sé nada.”

Desde Austria nos llega la conclusión. El Padre Andreas Resch, encargado por el Vaticano de estudiar los fenómenos psi[3], declaró: “No podemos prohibir a Dios hacer excepciones.”

[1]El autor hace un juego de palabras formando “ROUE” (en español “rueda”) con la primera letra de cada palabra. Dicho en español indica un círculo del cual no es posible salir (NdT)

[2]El autor advierte que esa palabra no lleva el acento circunflejo, para diferenciarla de la palabra francesa “rêve” = “sueño”.

[3]Reducción de la palabra “psíquicos” (NdT)

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