El investigador recopila la información, la sistematiza e intenta formular una hipótesis que, una vez confirmada, utiliza para avanzar en el conocimiento. De igual modo, Jean Prieur recibe misivas en las que le exponen hechos, experiencias personales. Todo un conjunto de testimonios valiosos siempre y de los cuales podemos extraer un mayor conocimiento sobre el Más allá.

Merecen un alto grado de confianza las manifestaciones privadas venidas sobre todo de familiares fallecidos que, en general, nos hablan de su felicidad. Otra característica de esos mensajeros del bien es que siempre recomiendan una tranquila espera para reunirnos con ellos. Cada cosa a su tiempo. que todo llega. No es preciso anticipar los acontecimientos, ellos solos se presentarán.

Es posible que muchos duden cuando se informan sobre apariciones de fallecidos que, mediante un aviso, evitan a un familiar o amigo un accidente. Seguro que quien obtiene ese beneficio directo no lo pone en duda y tampoco le inquietan las opiniones contrarias: él sigue aquí para contarlo como testigo directo.

¿Puede tener el cuerpo sutil una consistencia física similar al cuerpo físico? ¿Alguien lo ha comprobado?¿Qué decir cuando desde el Más allá nos recomiendan: “cada uno debe permanecer en su realidad”? ¿En que realidad viven nuestros difuntos? Paciencia, este capítulo contiene 17 cartas con sorpresas garantizadas. Todas tienen premio.

¡Buen día!

CAPÍTULO X – SUS TESTIMONIOS

X.1 Las fuentes del conocimiento esotérico son de tres clases: Observación, experiencia vivida[1] y testimonial. No es suficiente con recoger los hechos, se necesita clasificar, analizar, comparar. Ese trabajo tiene como finalidad poner orden en la multiplicidad de fenómenos y extraer grandes leyes. El método científico se puede aplicar en el dominio de los espíritus y añadir a las ciencias químicas, matemáticas, naturales y físicas, las ciencias sobrenaturales y metafísicas.

Este capítulo reúne los testimonios de numerosos lectores que no proponen ninguna pregunta, pero relatan los hechos que han constatado. Estos documentos son por lo tanto aberturas por las cuales podemos entrever la riqueza y la complejidad del mundo paralelo.

Como regla general, dichas experiencias son interiores y subjetivas; no visibles, no reproducibles, no tangibles, no mensurables, no fotografiables; eso no significa que estén desprovistas de realidad. Los siete adjetivos precedentes podrían también aplicarse a nuestro pensamiento que está en nuestro interior y es más real.

Jeanne: «Mi carta no es una petición, sino un testimonio. No me nombre, llámeme simplemente Jeanne para rendirle homenaje.

Al acabar la última guerra y el penoso período que le siguió, conocí a una refugiada, Jeanne Ollinger. Era una mujer ya entrada en años, buena y servicial, que me prestó grandes servicios en una época donde la vida, ya difícil, se me complicaba por la presencia de mi madre, gran inválida a la que no podía dejar nunca sola.

Jeanne se mostró perfecta; nos hicimos verdaderas amigas y estoy segura de que era incapaz de mentir. Esto es lo que me contó:

Víctima de la maldad y de los celos de su suegra, Jeanne fue abandonada por su marido y, sola, debió ganarse la vida y la de su pequeña hija colocándose como criada. Después, ambas mujeres no vivieron ya en la misma ciudad.

Una noche, Jeanne tuvo una pesadilla que se reanudaba tan pronto como se dormía de nuevo. Escuchaba a su suegra que le suplicaba: “Jeanne, voy a morir; ¡dime que me perdonas!”.

“No”, decía Jeanne, “usted me ha hecho sufrir mucho”, y se despertaba angustiada. Tan pronto como se dormía, la misma pesadilla comenzaba: “Jeanne, ¡sé mejor que yo! Yo era muy mala, lo sé; pero te pido que me perdones”.

“No, ¡jamás! Es superior a mis fuerzas. No me pida lo imposible. Usted me lo demostró demasiado”.

“Jeanne, voy a morir, ¡ten piedad!”.

Al final, Jeanne respondió: “Bien, sí, le perdono”.

“Gracias” dijo la agonizante, y la pesadillo terminó.

Al día siguiente, Jeanne vio llegar a su cuñado muy conmovido. “Nuestra madre acaba de morir” dijo él “y ¡qué noche nos ha hecho pasar! Se debatía y repetía: “¡Jeanne, perdóname!” y después, por fin, murmuró: “Gracias” y se apagó tranquilamente”»

Yo no añadiría nada a esta historia tan hermosa, tan dramática. Según su deseo, nombraré sólo a Jeanne, un gran alma que supo practicar el tan difícil arte del perdón.

X.2 Patrick: «Le interesarán algunos de los extractos del Le Figaro magazine del 15 de septiembre de 1984, donde Salvador Dalí hace unas declaraciones sorprendentes:

“Exijo una vida en el Más allá con persistencia de la memoria. ¡Prefiero antes renunciar a la beatitud con tal que en la eternidad me acuerde de todo!

En cuanto a la resurrección del cuerpo, ¡es indiscutiblemente el mayor de los misterios y el más potente motor de la religión! Es lo que nos hace adherirnos, lo queramos o no, y yo el primero.

Probablemente la formulación del dogma es simbólica y los corpúsculos gloriosos que nos recomponen después de la muerte no tienen nada de común con la carne. Inmortalidad sin duda, como deslumbramiento, dilatación, magnificencia abstracta. Sin embargo la idea de que pueda cambiar de forma, aun muy gloriosa, me es francamente desagradable.” »

Si yo hubiera estado encargado de esa entrevista, habría podido responder a Dalí: “Sí, la memoria subsiste íntegramente, pues una inmortalidad sin recuerdo sería un engaño. Sí, la forma humana se conserva y los átomos de luz la reconstruyen. Sí, se trata de la resurrección inmediata de los cuerpos metafísicos y no de la resurrección de la carne al fin de los tiempos.”

Tras la muerte de Gala, su esposa y musa, Dalí renunció a sus chistes, logrando una notable evolución espiritual.

X.3 Véronique: «Había leído en un libro de parapsicología que era posible tener una ensoñación coherente, precisa, sabiendo perfectamente que se sueña. Sin embargo, esa cosa me ocurrió el mes pasado. Estas son las circunstancias: Paseo por mi jardín, cuando percibo a Hervé, mi marido, fallecido el año pasado, a la edad de treinta años. Se pasea arriba y abajo en el jardín de nuestros vecinos, con los cuales no tengo ninguna relación. Está erguido, con aspecto saludable, mientras que su enfermedad había sido larga y dolorosa. Le grito: “¿Pero qué haces tú en casa de los B.? ¡Vente conmigo!”

En seguida salta, o más bien vuela, por encima de la pared medianera y me toma en sus brazos. Le devuelvo su beso y cobijo mi cara en su hombro. Quedamos así mucho rato. Luego murmuro: “¡Ah! Sé bien que es un sueño, un juego de mi imaginación. Voy a despertarme y te perderé por segunda vez”. Él me responde: “No, no es una ilusión. Ven, vamos a dar una vuelta a lo largo del canal”. Me echa el brazo por el talle y me lleva allá, como en el pasado. Le pregunto si es feliz allí donde está. “Sí, muy feliz. No tengo nada enfermo, tú verás lo bueno que es no sufrir por el cuerpo. Pero te extraño mucho. Sin embargo no trates de reunirte conmigo. ¡Nada de tonterías! ¿Me lo prometes?”.

Y de nuevo me toma en sus brazos. Y yo le repito: “Sé que es un sueño y que te voy a perder. Todo esto es el resultado de un deseo mío. Necesito que me des una prueba material de tu tránsito. Coge, por ejemplo, y cambia de sitio alguna cosa en tu despacho. Dame una señal concreta, bien evidente”.

“¡De acuerdo!” me dijo. Dimos todavía algunos pasos y desapareció no sé cómo. Me quedo sola en el camino de sirga[2]»

Cuando me despierto, estoy llorando. Ya es de día y me digo que sería el momento de ir a ver si algo ha sido desplazado en su despacho. Pero tengo tanto miedo de ser decepcionada que no me apresuro. No es posible, eso sería verdaderamente demasiado hermoso.

Al fin me decido, subo al piso, entro y la primera cosa insólita que percibo es la mesita sobre la que él tenía la costumbre de escribir. En lugar de estar, como de costumbre, junto a la ventana, se encuentra desplazada a unos tres metros, directamente en medio de la sala. Un gran escalofrío me invade y murmuro: “¡Gracias!”

Mi carta es más un testimonio que una serie de preguntas. Sin embargo, hay una cosa que me intriga: ¿Por qué Hervé se paseaba en el jardín de al lado y no en el nuestro?»

Es una bonita aventura psíquica la que usted ha vivido y todos los elementos se explican por sí mismos. Tuvo un verdadero reencuentro. El jardín de los vecinos, con los cuales usted no tiene ninguna relación, es el mundo de los espíritus con el que no buscó especialmente contactar. La pared medianera entre nuestro mundo y el suyo no es un obstáculo para su marido, que sabe cómo hacer para comunicar. La mesa desplazada forma parte de las señales materiales tan difíciles de obtener. Ha sido realmente favorecida. Con seguridad él la visitó.

X.4 Nathalie: «Él es drogadicto, pero le quiero. Tiene el sida y no le quedan más que tres años de vida, lo sé. También soy víctima del sida. Estaba encinta y me hice abortar. Mi preocupación es la siguiente: Puesto que sé que la muerte está próxima, ¿existe otro mundo? Si eso es verdad, entonces desearíamos todos ir al Más allá.»

Sí, el otro mundo tiene una existencia de lo más real y poco a poco se está edificando una verdadera ciencia del Más allá. Desde hace dos siglos, las pruebas y las experiencias se están acumulando. Se han constituido sociedades psíquicas (sobre todo en los países anglosajones) para el estudio de los fenómenos paranormales y sabios como Crookes en Gran Bretaña, Flammarion y Richet en Francia, le han consagrado sus investigaciones y sus experiencias.

En el Más allá, las enfermedades, los problemas del envejecimiento han desaparecido con el cuerpo físico: El cuerpo espiritual no está nunca aquejado. Si alguna vez los fallecidos se aparecen a los videntes auténticos y a los videntes ocasionales, cuando estamos en el sueño, con sus deficiencias de antes es simplemente para hacerse reconocer.

Así es como una vieja parienta, fallecida hace mucho tiempo, se mostró ante mí caminando con dificultad y apoyándose sobre una garrota, simplemente para darme una prueba de identidad. Ella no necesita una garrota en un mundo donde el sufrimiento físico y la discapacidad están definitivamente eliminados. Allí, o mejor Allí arriba, toda deficiencia está reparada, los lazos de amor provisionalmente desatados se reconstituyen más fuertes y duraderos.

Cierto es que, en ese mundo más feliz, hay que rendir cuentas, pero se encuentra en presencia de una justicia con seguridad justa, que conoce los verdaderos móviles y juzga los actos a la luz de la verdad. Sí, el otro mundo es infinitamente más armonioso y más equitativo que la Tierra, pero ello no es razón para adelantar la llamada. La convocatoria llegará de todos modos, es la única cosa segura al 100%.

X.5 Fabrice: «Este es mi problema: Perdí a mi madre hace ya diez años y no logro superar mi pena. ¡Voy varias veces por semana al cementerio y todavía regreso abrumado!

He probado a contactar con ella por medio de videntes, de pedirle sus consejos, pero no estoy seguro de que sea ella quien me responde. Aunque he pasado la treintena, tengo más y más necesidad de mamá.»

Voy sin duda a parecerle un poco duro, pero lo necesita. Su actitud me parece demasiado desesperada, después de diez años de la ausencia de su mamá. Con seguridad, usted continúa amándola profundamente, es normal. Pero, tanto como comprendo que una madre no pueda recuperarse de la muerte de un hijo, porque es contrario al orden de las cosas, tanto me parece exagerada la actitud inversa y podría convertirse en obsesión.

Como digo a menudo en el diálogo con mis lectores, se debe vivir la vida presente y lo mejor posible.

Por supuesto, es bueno pensar en nuestros seres queridos, está bien rodear de flores su foto, pero es malo acosarles por intervención de médiums, de preguntarles sin cesar y hacerles volver su pensamiento hacia un lugar que deben olvidar: la tumba. Los cementerios están vacíos y no lo repetiré nunca bastante.

Ya sea aquí o en el Más allá, nuestro amor no tiene el derecho de ser posesivo. No debemos nunca pesar sobre nuestros desaparecidos.

X.6 Blanche: «En el día de la Fiesta de la Madre, siento más que nunca la soledad. Mi marido y mis dos hijos han pasado al otro lado. De manera general, temo las fiestas, sobre todo Navidad, cuya noche ve aumentar la tasa de suicidios.

Cuando llegan esas fiestas siniestras, no tengo más que una idea: levantarme lo más tarde posible, dormirme lo más pronto posible. Me llevo bien con la familia (colateral) y algunos amigos, pero en esos días la familia recibe a sus amigos y los amigos reciben a su familia…»

El siguiente mensaje de Roland, pues la madre siguió el mismo camino de neblina, parece haber sido escrito para usted:

Las fiestas son pruebas para ti, ellas forman perlas sobre el mantel blanco de tu alma, como gotitas de sangre. No creas que eso se pierde a los ojos de Dios. Tu vestido para entrar será bordado aquí con todas tus lágrimas, millones de pequeñas bolas transparentes en las que vibrarán los siete colores del arco iris. ¡Estarás guapísima el día que entres en el reino de Dios!…

Para ser recibido en la corte de un soberano hay que vestirse con el traje adecuado; para entrar en la casa de Dios ha de tejer uno mismo su vestido celeste.»

X.7 Phillippe: «En diciembre de 1990, durante una sesión en la que estábamos mis amigos y yo, planteé una pregunta a los Espíritus: “¿La guerra del Golfo se iniciará en 1991?” Respuesta: “No, Saddam Hussein acabará por ceder y se retirará de Kuwait en los últimos días de este año 1990”.

Ya se sabe lo que ocurrió. Concluyo que los Espíritus no conocen el futuro y que es imposible confiar en ellos.»

Los Espíritus están lejos de saberlo todo. Están lejos de ser todos ilustrados y benéficos. Es siempre imprudente preguntarles sobre el futuro. Como no quieren reconocer su ignorancia y sus faltas, cuentan no importa qué. Dicen lo que nosotros esperamos, lo que nos gusta oír.

Solamente los espíritus superiores, los que llevaron a cabo su regeneración, ven mejor que nosotros el futuro. Lo abarcan de un vistazo. Lo ven en su conjunto, los detalles se les escapan. Están en la situación de un hombre que descubre un vasto panorama desde una alta montaña. Percibe las cimas más lejanas, pero no observa una mata de genciana muy próxima.

X.8 Liliana: «Durante mi sueño, sentí una violenta descarga eléctrica en la columna vertebral, mi cuerpo se tensó, se revolvió en mi cama, noté que salía de mi cuerpo. Después, en otro cuerpo, suspendida en el aire, en mi habitación, me vi en el lecho, totalmente rígida en la cama. Enseguida fui propulsada, pero esta vez más dulcemente, a ese “otro mundo”, universo de calma, paz y dulzor… Al principio de color negro, rojo oscuro, luego rojo claro. A pesar del silencio, sentía que no estaba sola, pues todo era vibraciones a mi alrededor. Había pequeños torbellinos de luz, y después la luz se volvió azul claro, amarilla, malva, naranja, verde. Percibí, a lo lejos, un personaje centelleante, me pareció que era del tamaño de un niño, deslumbrante de luz blanca, elevaba su mano por encima de una muchedumbre invisible. Pregunté: ¿qué hace? Y alguien me respondió: ¡magnetiza a la gente! De nuevo me encontré en mi cama, acostada y feliz.»

Tuvo un verdadero baño de luz y de paz, porque el desdoblamiento era espontáneo. Usted alcanzó las zonas claras de Astral superior.

X.9 Valentine: «Después de varios años difíciles, de sufrimientos físicos y demás, pensaba que había terminado mi calvario. Desgraciadamente, el 16 de diciembre pasado, mi hijo Christophe fallecía en un accidente de moto. Vivo como si estuviera a mi lado. Es mi fuerza, rezo por él. Desde entonces oigo crujidos en su silla, en su marco. Cuando le hablo, la casa me responde. Un médium le contactó y dijo que es feliz, pero triste de ver mi pena. ¿Nuestros desaparecidos escuchan nuestras oraciones? Y nosotros, los vivos, ¿les hemos perdido mientras quedamos sobre la Tierra? Cuando estoy sola, está siempre en mi espíritu y hago decir misas por él. Un mes después de su muerte, mi hermano, mi madre y yo, que no vivimos juntos, hemos tenido el mismo sueño, la misma noche. Christophe decía: “Estoy resucitado, no os olvidaré nunca”.»

Le dio señales de vida mediante los crujidos en su silla y en el marco que rodea su retrato, pues son objetos en relación directa con él. Pierre, un amigo hoy fallecido, me decía que los crujidos que escuchaba después de la muerte de su mujer no se producían más que en un cuadro que le había regalado. Así que, que no vengan a hablarnos de variaciones de temperatura que hacen crujir la madera. El fenómeno es inteligente y selectivo. ¿Qué ocurre? El pensamiento amoroso del desaparecido es una onda que viene a golpear una materia viva, la madera, para darnos una prueba de su presencia. Deduzco también que el mismo sueño lo han tenido la misma noche tres personas distintas, en lugares diferentes. Si lo hubiera conocido lo habría citado en mi libro “La premonición y nuestro destino”. No menciono en esa obra más que un solo sueño ocurrido simultáneamente por el marido y la esposa durmiendo uno al lado del otro.

Concluyo que Christophe vino realmente en su cuerpo espiritual para comunicar un mensaje esencial: «He resucitado, no os olvidaré nunca». Hay de todo en esa frase: la resurrección inmediata, la felicidad de los seres puros, el amor indestructible y más fuerte que la muerte.

Sobre las misas… si usted quiere, a condición de que sean meditadas, rezadas, y no farfulladas mecánicamente. Estoy persuadido de que Christophe, que había comenzado su evolución en esta Tierra, ascenderá rápidamente a las esferas elevadas de la otra vida, donde sus oraciones le acompañan.

X.10 Béatrice: «Desde hace muchos años, experimento sucesos poco comunes. Todo comenzó cuando tenía 15 años; ahora tengo 32. Eso se produce únicamente durante mi sueño. Me duermo y, en cierto momento, siento mi cuerpo volverse duro y rígido, como de madera. Mi ritmo respiratorio se acelera y oigo voces que me hablan, gentes que me tocan. Sus actitudes pueden ser dulces u hostiles. Lucho contra esos desconocidos, me siento salir de mi cuerpo físico y puedo, así, pasear en ingravidez, recorrer mi apartamento, ir al exterior y viajar a donde yo quiero. Esas experiencias han demostrado ser exactas. Por ejemplo, durante un viaje en el astral me encontré en la propiedad de un amigo. Me hice daño al abrir el gran portón de hierro que estaba roto. Visité el lugar. Más tarde, encontré a ese amigo y le aconsejé reparar su portón. Se sorprendió, pues yo no había visitado nunca su casa y no conocía ni la existencia del portón roto, ni la distribución de la casa, que sin embargo le describí.

No he buscado una explicación, pero se produjeron otros hechos similares y no creo tener los dones de mediumnidad. Sería feliz si usted pudiese ayudarme a comprender lo que me ocurre. Me aseguraron que ese género de fenómenos eran peligrosos.»

Las experiencias de desdoblamiento que usted relata no son peligrosas cuando son espontáneas. Todo se produce al margen de su voluntad, en el curso del sueño. Es una aventura que le puede ocurrir a cualquiera de nosotros. Durante el sueño, el espíritu se escapa provisionalmente del cuerpo y puede ir ya sea al mundo intermedio, donde reencontrará amigos y familiares desaparecidos; sea a un lugar terrestre donde percibirá un detalle preciso destinado a probarle que se trata de un desdoblamiento y no de un simple sueño. Es lo que le ocurrió con el portón de su amigo. Si eso hubiese sido en presencia de un gato o de un perro en el momento de su visita, esos animales le habrían visto y habrían dado señales de inquietud o cuando menos de sorpresa. A este propósito, quisiera que a todos los lugares de aparición, llevemos animales para observar sus reacciones, pues son médiums auténticos y sinceros. Su experiencia es interesante, dado que notó que a veces hay presencias hostiles, en esa zona entre vigilia y sueño. Para protegerse es necesario rezar antes de dormirse. Así, usted no contactará más que con seres benéficos.

X.11 Laure: «Tengo una amiga que acaba de perder recientemente a su hija. Esta amiga me había regalado el año pasado un centro de mesa en cerámica que pongo habitualmente sobre una mesa redonda y sobre la cual tengo puestos cuatro volúmenes gruesos y pesados. Poco tiempo después del deceso, escucho un ruido al cual no presto atención de manera especial. A la mañana siguiente percibo que sobre la mesa redonda uno de los grandes libros se había deslizado y hecho bascular el pesado centro de mesa que se mantenía en equilibrio inestable, en el canto, en posición vertical. Pensé inmediatamente que eso podía ser un mensaje. Tomé un juego de tarot[3] que comprende 54 cartas con las letras del alfabeto y pregunté mentalmente si la persona fallecida quería comunicar. Tiré al azar 25 cartas y recibí esta respuestas: “Si, decir a mamá que vivo”.»

Es un mensaje impresionante. Usted ha recibido, con seguridad, una manifestación de esa joven. Aunque el mensaje parecía breve, era espontáneo, concreto, y contenía lo esencial. Tiene la evidencia, la vida continúa para ella en el País de Después. El centro de mesa en vertical, la combinación de letras y cartas, todo eso puede parecer extraño, pero se debe comprender que los fallecidos utilizan para comunicar los medios que les parecen más capaces de llamar la atención: ruidos de vasos que se mueven, golpes repetidos. Podemos considerar esos incidentes, si se presentan en un contexto inusual, como intervenciones de nuestros desaparecidos. Tales manifestaciones sobre un objeto preciso, en general un regalo, como ese centro de mesa de cerámica, son, por otra parte, mucho más frecuentes de lo que se dice, pero pocos beneficiarios tienen su presencia de ánimo para ponerse a su escucha.

X.12 Marie-Pia: «Imperturbable, ¡la palabra “eterno” unida al infierno continúa su carrera en el Catecismo Romano! Igual que en el pasado… Como si la fe no se hubiera hecho en nuestros días algo muy difícil, particularmente para las nuevas generaciones. Porque los jóvenes viven en un tiempo en el que incluso la justicia humana ha sabido abolir la pena capital para los peores criminales. Con mayor razón, se les hace imposible imaginar un Dios que continúa manteniendo ese suplicio mayor que es el infierno eterno.»

El simple hecho de llamar al infierno “eterno” ¿no le pone en sucia rivalidad con Dios, que debería ser el único portador de ese atributo? Él, que posee por esencia la exclusividad… El infierno es así portador de una trascendencia cuasi en concurrencia muy cercana a la de un contrapoder. Está entronizado a un estatus exorbitante.

Por otro lado, la dificultad resultante de esta competición contra natura se acompaña de otra dificultad propia de nuestra época. ¿No vemos con cierta frecuencia a nuestros predicadores y autores religiosos complacerse en evocar al “Dios de ternura”, al “Dios del perdón”? De esta forma, una inquietante brecha se abre en los espíritus en cuanto a este Todopoderoso tan bueno, pero que no deja de abandonar a su criatura al engranaje de la condenación eterna sin apelación.»

Su análisis es destacadamente perspicaz y debería incitar a los autores del Catecismo de la Iglesia católica a revisarlo. A Dios solo, en efecto, debería estar reservada la palabra eterno que significa no solamente que no tiene fin sino también que no tuvo nunca comienzo. Sin embargo, es de sobra conocido que el infierno comenzó un buen día (si me atrevo a decir) para meter al primer criminal. Por otra parte, la palabra griega aiôn significa larga duración y no duración ilimitada.

X.13 Un testimonio venido de Toscana:

Lucia: «Era una ensoñación a mitad de la noche. Yo avanzaba por una carretera recta bordeada de pequeños árboles y que se prolongaba hasta el infinito. Bancos públicos en ambos lados, una muchedumbre de gentes que charlaban y cantaban, despreocupados, felices. Todo el lugar bañado en la luz; sin embargo, no se veía el sol. Yo continuaba marchando en un paseo sin objeto…

De repente percibo a Giovanni, mi hermano, fallecido unos meses antes. Está solo en uno de los bancos. Me sonríe y también parece feliz. Le miro durante un rato. Sé que no está en nuestro mundo, pero que él puede a veces visitarnos. Me voy hacia él, quisiera preguntarle sobre su nueva vida, sobre sus compañeros, sobre el Más allá en general. Habiendo leído mi pensamiento, él me respondió rápidamente:

“No puedo explicarte lo que concierne a nuestro mundo. Por otra parte, no estás autorizada a saber”.

Me aproximo a él todavía más. Quiero abrazarle pero no agarro nada, su cuerpo es tan impalpable como el aire. Estoy terriblemente decepcionada, pues soy muy realista, muy física, muy carnal. Me encantaría que se materializase.

Le digo: “Giovanni, necesito tocarte, estar contigo carne contra carne. Él me responde: “¡Espera que pida esta gracia a Dios!”

Cosa extraña: habla con claridad, pero sus labios no se mueven. Junta las manos, concentra todas las fuerzas psíquicas, mira hacia lo alto y su cabeza está rodeada de luz.

Algunos instantes después, me tiende las manos y yo hago lo mismo. Las coge con fuerza y ternura. Inmediatamente, siento en mí como fuego, mi corazón explota de alegría. Me acerco a su cara, veo todos los detalles: los poros de su piel, los minúsculos pelos de su barba afeitada. Nos abrazamos, muy, muy fuerte. Esta vez estoy segura de haberle encontrado. Afloja el vigor de su abrazo y me dice:

“Ahora, debo dejarte”.

“Si te vas yo también me voy, para compartir tu felicidad”.

Y él, con una sonrisa muy dulce, se sonríe como le veo en todas las fotos.

“Hay un momento para cada uno de nosotros. Cada uno debe permanecer en su realidad. Tú no puedes, no debes venir ahora. Aún no es tu hora…”

En ese instante me despierto. Estoy inmersa en alegría y paz, pero también en la tristeza de que él haya partido. Es entonces cuando siento nítidamente sobre mi mejilla las pequeñas picaduras causadas por la barba no muy bien afeitada. Era más, mucho más que un ensueño. Yo no sabía que el cuerpo espiritual era hasta ese punto substancial y semejante al cuerpo físico.»

Lucia, yo quisiera dirigir la atención del lector sobre la frase más importante de su precioso testimonio: «Cada uno debe permanecer en su realidad.»

X.14 Robert: «Hace diez meses, yo circulaba a 160 Km/hora, me volteé y fui a aterrizar en un campo por debajo de la carretera. En el momento del accidente escuché una voz que me ordenaba agarrarme a mi volante. Es lo que hice. Quedé tirado con dos vértebras rotas, fue necesario hacerme un injerto y ponerme una placa. Hablé de esa voz al capellán del hospital, que me animó a contar este hecho. Hablé también a mi psicoanalista, que me respondió: “Es su subconsciente quien intervino”. Yo quisiera tener su opinión sobre este problema que me  preocupa mucho.»

Mi opinión es que usted tuvo mucha suerte al haber atendido a esa voz que, en el momento adecuado, le salvó la vida. Una persona del mundo paralelo, que le conocía y le quiere, se manifestó ante la catástrofe y usted tuvo la serenidad de hacer lo que ella le recomendaba. Espero que en adelante renuncie a los 160 Km/hora, pues tales prodigios no ocurren en todos los golpes.

Los psicoanalistas atribuyen todo al inconsciente, pero el inconsciente no es una persona pequeñita que se aloja en un rincón nuestro y ve con anticipación los peligros que nos amenazan.

El inconsciente contiene pensamientos, imágenes, conceptos y afectos relativos al pasado. Sin embargo, en su caso, era cosa del presente más inmediato. Por lo tanto, alguien del exterior a usted mismo le protegió sin que le hubiera invocado. Agradézcaselo a ese desconocido. Atribuir ese milagro al inconsciente, por tanto a usted mismo, sería un insulto con respecto a quien desempeñó el papel del ángel de la guarda.

A menudo se sirven del inconsciente para negar las acciones del Más allá, sobre todo los mensajes. Yo no niego el inconsciente, digo solamente: es un medio, es un canal por el cual los espíritus pueden ayudarnos. El inconsciente es la parte de nosotros mismos que está en relación con el Más allá.

Su capellán que, contrariamente al Catecismo de 1992, cree en la resurrección inmediata es un hombre de la verdad.

X.15 Janine: «Aquel día, acababa de tocar al piano el concierto en re menor de Bach. Siempre que lo escucho me transpongo, estoy como extasiada, siento vibrar mi cuerpo sutil. Cerrando mi piano, digo en voz alta: “¡Es magnífico!”; pero en el momento en que cesa la música mi pena vuelve: “¡Ah! mamá y papá, ¡cómo me desespera este gran vacío!” Y luego reacciono, me levanto, debo responder a una carta. Abro el cajón de una cómoda para buscar una tarjeta postal y la primera cosa que percibo es este mensaje: “Nos gustaría tenerte entre nosotros, pero debemos abrazarte desde lejos. Tus padres”.

Cada día, abro ese cajón en el que pongo mis cartas, papel para escribir y sellos y no he visto nunca este final de carta, escrita en julio de 1969, en Lugano. ¿Cómo es posible que ese papel me haya desaparecido? »

Se trata de un aporte destinado a responder a su planteamiento sobre el vacío que le desesperaba. En general, cuando hablamos de aporte, se piensa en un objeto que llega del exterior. En su caso, ese final de carta se encontraba en alguna parte en el apartamento y no en el cajón que usted abre cada día. Sus padres lo percibieron, lo desmaterializaron, lo rematerializaron en seguida y lo colocaron en lugar destacado en la cómoda.

Parecida aventura me ocurrió a mí y por eso puedo explicar la suya. Acababa de declarar a un periodista: “Yo mismo constaté todos los fenómenos psíquicos de los que hablo en mis libros, todos salvo uno: los aportes.”

Esa misma tarde, sobre un montón de libros que hay en el recibidor percibo, de modo evidente  y a la altura de mi mirada, una obra que había buscado inútilmente desde hacía tiempo por todo el estudio.

En su caso, como en el mío, se debería hablar de transporte más que de aporte, al haber sido misteriosamente desplazado el objeto en el interior del mismo apartamento.

X.16 Salomé: «Soy una mujer mayor y conocí mucho, a finales de los años 40, a Sr. André Richard, fundador del “Foyer de Spiritualisme” de Douai. En su folleto sobre los fenómenos mediúmnicos relata un hecho extraordinario sobre el cual él había investigado personalmente. Es este:

El señor G…., jefe de equipo en las minas de Aniche, vio una noche en el  sueño la imagen de un amigo, fallecido durante la guerra de 1914-1918, que le decía: “¿Quieres venirte conmigo?”

Al despertar, el Señor G. contó el sueño a su familia y luego se fue a la mina.

Mientras estaba trabajando, un bloque de carbón de alrededor de 2000 kg se desprendió y cayó.

En ese mismo momento, vio una gran forma blanca parecida a su amigo que le empujó enérgicamente hacia atrás. Ese gesto salvó del aplastamiento al Señor G., que no tuvo más que fuertes contusiones”.

Estoy segura de que este relato interesará a sus lectores.»

Estoy igualmente seguro y le agradezco habérmelo transmitido. Lo que me impresiona en esta historia es la fuerza con la que el difunto de la guerra del 14-18 empujó hacia atrás a su amigo, el jefe de equipo. Una vez más, constatamos que el cuerpo espiritual es un organismo substancial y vigoroso y no un vapor, una espuma. Este organismo sutil puede, llegado el caso, ejercer una acción sobre la materia.

Por otra parte, con relación a la pregunta hecha en el sueño: “¿Quieres venirte conmigo?” , el superviviente del accidente respondió con una negativa; si no, su protector del otro mundo habría dejado que el enorme bloque de carbón cumpliese su obra de muerte.

X.17 Lucrèce: «He leído que nuestros desaparecidos pueden ejercer a nuestro alrededor misiones de protección y que, en general, nos advierten durante el sueño. Quiero aportar mi testimonio sobre este asunto.

La semana pasada, en plena noche, fui bruscamente sacada de mi sueño y obligada a ir hacia la chimenea del salón. Constato que el fuego proyectaba chispas y carbonilla sobre la cuna donde dormía mi hijo. La manta comenzaba ya a humear…Creo que es una manifestación de mi madre.»

Yo también lo creo. Sin embargo «ellos» pueden también advertirnos aunque estemos en plena lucidez. Llamo a eso moniciones. Describí en “La Premonición y nuestro destino” la historia del motociclista fantasma que llega para hacer señales a su amigo, el cual circula a toda velocidad, y le obliga a pararse. Eso hace que el automovilista descienda del coche y descubra que la carretera está cortada, que tras un obstáculo hay una excavación enorme y que la señalización luminosa no funcionaba.


[1] Por el investigador, como le sucede al autor.

[2] Camino publico a lo largo de un cauce (NdT)

[3] La interlocutora utilizó unas cartas de Tarot llamadas de Lenormand (NdT)

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