¡Cuántas veces, ante la muerte de un niño, hemos escuchado expresiones duras contra Dios! La muerte de un niño siempre resulta dolorosa, como si no debiera ocurrir bajo ningún concepto y no tuviera nunca justificación. ¡Eran tantas las esperanzas puestas en esa nueva vida!

Veremos como la gran escritora francesa George Sand, en 1848, sabe transmitir un mensaje cargado de esperanza a una madre en tan angustioso trance.

En la mayor parte de los casos, la persona que pierde ese pequeño ser siente un verdadero dolor muy difícil de superar y que nunca se borrará de su memoria. Da igual que hubiera nacido o estuviera en formación. Se le recuerda siempre y una extraña fuerza de la mente le rememora de vez en cuando, como si siguiera creciendo con el tiempo.

Nos tranquiliza conocer que en el Más allá los pequeños son acogidos con amor y educados y formados por quienes hayan mostrado una especial sensibilidad hacia la infancia y la juventud. Allí, esos infantes crecerán, madurarán y adquirirán un conocimiento progresivo.

Como siempre, Jean Prieur no tiene miedo a ser políticamente incorrecto y aborda el tema del aborto, iluminando con sus respuestas, abriendo puertas a quienes desean saber qué ha sido de su pequeño que nació muerto. Compasivo, ayuda a superar ese trance doloroso, ya de por sí un sufrimiento para quienes perdieron a la criatura involuntariamente; o con un remordimiento purificador si se acompaña del arrepentimiento, cuando la pérdida fue voluntaria. Porque, como leeremos en el texto que sigue, esos no nacidos nos hablan con afecto, no saben del rencor ni del odio. Ellos perdonan y nos aman.

Los jóvenes del Más allá, con su alegría, nos enseñan a sobrellevar la espera para el reencuentro.

¡Buen día!

CAPÍTULO VIII – LOS NIÑOS Y LOS JÓVENES

VIII.1 Como la mayor parte de las madres, Diane se inquieta por los hijos que fueron muy pronto proyectados al Más allá.

«¿No están afectados, asustados, lejos de la protección de sus padres? Esa nueva vida, de la cual no saben nada, ¿no va a parecerles como una pesadilla?»

“Tranquilícese,”-dice Georges Morrannier-“los niños están felices. Desde que llegan aquí, son inmediatamente puestos a cargo de los miembros de su familia, abuela o tía abuela y, en su ausencia, por extraños.

Al principio los dejamos siempre en manos femeninas, aunque no es necesario que la diferencia de vida les haga buscar a su madre. Existe, destaco, una gracia del astral para esos pequeños que llegan solos aquí. Se acostumbran en un instante, todo les parece natural, no se extrañan de nada.

Se diría que se acuerdan y que encuentran una vida conocida. La fuerza espiritual que nos dirige hace tan bien todo lo que prepara que no están asustados en ningún momento. Es increíble y aún me sorprende. Los niños mayores encuentran también siempre alguien para acogerles y explicarles lo que ha pasado, en la medida en que puedan comprender.

La dificultad comienza para los jóvenes que habían hecho proyectos en la Tierra, deben renunciar a ellos y adaptarse a otra vida.”

VIII.2 Marie: «Acabo de perder mi niñito de diez años, estoy desolada, loca de dolor. Me siento maldita. En mi angustia nadie me podrá consolar.»

¡Si! La misma George Sand. He aquí la carta tan sincera y calurosa que escribió a su amiga Mme Dorval, quien, como usted, se llamaba Marie y había visto morir a su pequeño Georges.

“Nohant, 16 de junio de 1848:

No podía creer esa horrorosa noticia que me habían dado como cierta y no osaba preguntarte, mi pobre querida Marie. Tu carta me parte el corazón. Si, comprendo tu desesperación y lloro contigo por ese hermoso niño bendito de Dios, que regresa a Él antes de haber conocido nuestra triste y horrorosa vida. ¡Él está feliz! Vivió solo cuidados, amor, caricias y alegría. No está en la tumbita donde vas a llorarle. Está en el seno de Dios. Cualquiera que sea su paraíso, está bien allí donde está, porque regresó como vino. ¡Estate tranquila por tu niño!

Es amado en otra parte en este momento, y el amor que tú le envías siempre, a pesar de la muerte, le acompaña y le protege en otra esfera de la existencia desde donde te ve y sonríe sin cesar… Dios es justo, Él no es en absoluto implacable y vindicativo como los hombres; Él ama, hasta que nos hace amantes…

No hay locura ni tontería al creer en una mejor vida dónde van aquellos que nos dejan y donde les encontraremos. Me sería imposible, en cuanto a mí, no creerlo; y los que he perdido y amado me esperan siempre bien vivos.

Si la muerte fuera algo absoluto, la vida no existiría…

Tu amiga George”

VIII.3 Daria: «La hija de mi mejor amiga partió… muerta por un coche hace dos meses. Se llamaba Severine y tenía diecisiete años. Severine tiene un hermanito, Romain, de trece años. He aquí lo que Romain acaba de confiar a su mamá:

“Esta noche estuve con Severine. Me pidió vestidos. Fui a su habitación para buscarle una falda y una camisa. No veía su cara, entonces tomé un pincel blanco y pintura blanca y pinté su cara. Hemos jugado al escondite toda la noche y nos hemos divertido”.

Mi amiga me dice que Romain estaba radiante por haber tenido ese sueño, pero que no estaba seguro de haberlo soñado. Gracias por responderme, ella lo está necesitando.

Personalmente, creo en el Más allá desde el suicidio de mi hermano René. Pero ¿cómo hacer para ayudar a alguien, cuando nosotros mismos no tenemos pruebas? »

El ensueño del joven Romain es atractivo. Séverine pide sus vestidos, de otra forma, le pide que piense en ella, que rece por ella, que el lazo de amor sea mantenido. El hecho del pincel mojado en la pintura blanca que hizo aparecer la cara de la joven niña significa que se encuentra en las esferas felices. Se deduce del sueño una impresión de alegría; Romain dijo que se rió mucho y que estaba encantado de haber tenido ese sueño; tenía tal intensidad, tal densidad, que la presencia de Séverine aparecía como real; vino en su cuerpo sutil, para visitar a su hermano pequeño.

En lo que concierne a René, No hay necesidad de pruebas para ayudar espiritualmente a un desaparecido. Por otra parte, hay pruebas, usted tiene una: el ensueño del joven Romain que, no habiendo leído ninguna obra sobre el Más allá, sería incapaz de inventar el testimonio que acaba de describir.

¡Muerto por un coche! ¡Cuántas veces he oído o leído esta frase! Me viene a la cabeza en cada ocasión que la tele nos muestra, con una música dulce y sobre un fondo de paisajes exóticos, unos amantes que se lanzan a toda velocidad en coches suicidas.

VIII.4 Denise: «La dolorosa historia siguiente, que confirma lo que usted dice sobre las apariciones objetivas a la cabecera de los moribundos, ha ocurrido en las proximidades de Liège, en un hogar de obreros agobiados por preocupaciones materiales debidas al paro del marido.

Una tarde de noviembre, Celine, su pequeña hija de cinco años, regresa del cole quejándose de fuertes dolores de cabeza. Su madre se alarma y la mete en la cama. Acaba por reconocer que unos bribones le golpearon repetidas veces la cabeza contra una pared “para hacer como en las películas de la tele”.

Apenas se acuesta cuando la sangre brota de su nariz y de sus orejas. Enloquecida, la madre se precipita sobre el teléfono y llama al médico, que promete ir de inmediato.

Céline declaró entonces muy apesadumbrada:

“Veo a mi hermana, está ahí, me hace señales”.

“Veamos -protesta la madre-, eso no es posible. Lo sabes bien…”(se sobreentiende que murió hace tres semanas).

“¡Sí! Te lo aseguro, está ahí, cerca de mí, me tiende la mano. Es necesario que yo la siga. ¡Adiós, mamá adiós!”»

Tras estos hechos, el médico llega y no puede más que constatar el fallecimiento»

¡Qué responsabilidad tienen los autores y los programadores de esas películas televisivas! Me quedo sin palabras ante esos crímenes cometidos por niños. Vea lo que ha pasado en Noruega donde una pequeña niña de la edad de Céline fue muerta por dos pilluelos un poco mayores que ella. Y, en Inglaterra, en las mismas circunstancias, el asesinato del pequeño James, ¡un bebé de dos años!

Ni la certeza de que la resurrección es inmediata y que nuestros seres queridos vienen a buscarnos quita nada al horror de esas lastimosas historias.

VIII.5 Géraldine: «Quisiera proteger a mis dos hijos pequeños (cinco y once años) de los azares, trampas, riegos que el “progreso” ha multiplicado. Tengo miedo de no poder estar a la altura de esta tarea agotadora.»

Este mensaje de Georges[1] responde a su angustia:

“Desde el nacimiento, hay que velar por el cumplimiento del destino, dejando una gran autonomía al niño, después al adulto. No pierda nunca de vista que la libertad juega un gran papel en la vida terrestre, como aquí. Los hombrecitos deben aprender a convertirse en adultos y eso no es fácil. Importa dejarles cometer errores. No se trata de “mimarles”, ni protegerles de todo. Deben aprender a vivir. Los guías intervienen solamente en los casos graves, para salvarles de la muerte si el destino lo exige.

Eso, sin embargo, necesita una gran atención por su parte, y se evita que tengan dos niños que vigilar al mismo tiempo.

Sucede muy a menudo que los niños de corta edad mueren, por enfermedad o por accidente, sin previsión del destino. En ese caso, muy doloroso, su guía recibe la orden de no intervenir. Por una razón o por otra, el Invisible decidió llamar a sus hijos.»

En principio, más allá de los siete años, los accidentes graves o las muertes estaban previstos.”

VIII.6 Stella: «Espero un hijo y tengo la intención de darle el nombre del que perdí. Se llamaba Marcel. Si el que debe nacer fuera niña, la llamaría Marcelle. Así tendría la impresión de haberlo reencontrado.»

No haga nada de eso. El segundo hijo tendría la impresión, qué digo, la certeza de ser querido en lugar del otro y no por él mismo. Se sentiría frustrado, humillado. Hay en esta situación dos casos célebres que fueron también dolorosos: Vincent Van Gogh y Salvador Dali. Los dos recibieron el nombre de un hermano muerto y los dos sufrieron mucho. Lo quisieron sus padres y les comprendemos. Dali declaró eso en una entrevista que publicaron en televisión con ocasión de su muerte. En cuanto al joven Vincent, podía leer cada día su nombre escrito en la tumba de un pequeño cementerio tras el templo, pues su padre era el pastor.

El caso se complica y se agrava cuando los padres perseveran en su dolor y pretenden idealizar el difunto en detrimento del «reemplazante». Cada niño es único, irremplazable y debe ser amado y apreciado por sí mismo.

VIII.7 Carine: «Creo en la otra vida y en la existencia de un mundo espiritual. Actualmente estoy encinta de cinco meses y hace algunos días intenté una experiencia de ouija. El vaso se movió poco, pero se movió. Los amigos me han dicho que desconfíe, porque eso podía ser peligroso para el bebé. Los malos espíritus podrían entrar en el feto ¿Es verdad?»

Sus amigos tienen razón y debe escucharlos. En efecto, un espíritu malvado puede infestar al niño por nacer. Renuncie al vaso y a todo ejercicio de ese género. Haría mejor en visitar lugares en calma: iglesias, conciertos de música clásica, bellos paisajes, galerías de pintura, a condición de evitar Picasso. Encuentre la armonía y la belleza. Las ideas y las emociones de la mujer encinta reaccionan en profundidad sobre el ser en formación. Debe pues velar porque esas ideas y sentimientos sean de buena calidad.

VIII.8 Dina: «Respecto al problema tan doloroso del aborto, ¿qué les ocurre a los pequeños seres que vivieron sólo muy poco tiempo en el seno de su madre y no han conocido un solo día terrestre?»

No tengo ideas especiales sobre la cuestión, pero pedí la respuesta a Jacqueline Montvic[2], quién, a continuación de un accidente fisiológico, pasó por esa prueba. Se dirige al niño que nunca nació:

“Mi pequeño misterio, éste es el nombre que mi ternura te da cuando me aflora tu recuerdo. Entre tus hermanos y hermanas, tuviste un lugar en mí durante ocho semanas solamente, hasta que una enfermedad deshizo nuestro acuerdo carnal. ¿Eres tú mi hijo? ¿O más bien mi hija?… ¡Misterio!, de todos modos, mi párvulo o mi pequeñito, mi miniatura, tú eres mi hijo. Apenas con forma y volumen, y por tanto realidad definitiva, ser humano desde el instante inicial. ¿Parecería que tú seas la promesa no tenida? ¿La esperanza saqueada? ¿El proyecto no acabado?… Pero nosotros no dependemos de la duración de nuestro trayecto terrestre, pronto o tarde interrumpido. No existe edad, ni estatura, ni situación ante la mirada del Señor, que bendice a cada uno de nosotros nombrándole desde su aurora. Cada uno es una persona única, una nota particular e irreemplazable de la armonía universal; su inocencia les conduce hacia Su misericordia.”

Hasta en su vejez, mi madre constantemente pensaba en su pequeña Denise, que no había vivido más que unos minutos.

VIII.9 Claudia: «Una de mis sobrinas, de once años de edad, ha aparecido durante una sesión de espiritismo y nos dijo que no era feliz donde se encontraba. ¿Cómo puedo hacer para ayudarla a encontrar la paz en el Más allá? Sus padres no creen en nada.»

Si su sobrina no parece dichosa, es porque se ve declarada muerta por sus padres, que no creen ni en el alma ni en su supervivencia. Posiblemente, también está descontenta por haber sido forzada a “descender”. Sería necesario saber en qué nivel espiritual estaban las personas que componían esa sesión. Pueden haberle pasado sus propios sentimientos e ideas, todo no forzosamente puro. Si eso es así, debe rezar por ella, hablarle de manera que esa niña del Más allá tenga en la Tierra un punto de apoyo afectuoso.

VIII.10 Elena: «Cediendo a las presiones de mi entorno, aborté a la edad de trece años. Desde entonces, sueño periódicamente con mi hijo. Le veo junto a un árbol en flor. Me hace reproches “Mamá, me has matado, ¿por qué? ¿por qué me has hecho esto?”

Para mí es terrible, tanto más cuanto que tuve otro sueño también trastornador: mi hijo corre hacia mí con los brazos tendidos; yo hago lo mismo, pero no llego a cogerlo y a abrazarlo. No encuentro más que el vacío.

He aquí la pregunta: ¿Cuando se aborta o le hacen una F.I.V.[3] (bebé probeta), los embriones siguen creciendo en el mundo espiritual? ¿Quién se ocupa? Estoy segura que muchas mujeres quisieran estar seguras. No me abandone, quisiera tanto saberlo.

P. S. En mis sueños, vi a mi hijo sucesivamente bebé, niño, adolescente. Siempre diferente y por lo tanto era siempre él. En lo sucesivo se presenta siempre como un hombre joven.»

En su post data, responde usted misma a su pregunta. Sí, los niños crecen en el Más allá y cuando usted, en su momento, llegue allí arriba, será un joven adulto quien irá a su reencuentro y podrá, por fin, tomarle en sus brazos. Eso que era imposible en su sueño.

Aquel a quien llama tan justamente hijo le ha perdonado ese gesto trágico que le impuso su familia. Al principio le hacía reproches; luego, a medida que crecía en el Más allá, comprendió su desamparo y la perdonó. Era muy joven, totalmente desamparada. Sin haberla conocido, él la ama, le llama mamá, se lanza a su encuentro.

Sus ensueños son extremadamente claros y explícitos. Por ejemplo, el hecho de que sea junto a un árbol en flor significa que está en una zona feliz de la otra vida. No menciona su nombre pero estoy seguro que le habrá dado uno. El nombre es la personalidad, la encarnación del amor, la presencia en el mundo. Él continúa interesándose por usted, por su hogar, por su segundo hijo (de siete años en el mto de su carta), en la niñita que le anuncia su nacimiento. Es un hijo mayor afectuoso, que se ocupa de sus hermanos y hermanas y, sobre todo, de su madre, con la cual hace tiempo se reconcilió.

VIII.11 Angéle: «Leo muchos libros que tienen relación con la otra vida y sobre todo los suyos. Siempre he sido bastante escéptica, pero la historia que mi hija me ha contado me inquieta en sumo grado. Haciendo una siestecita junto a su bebé, tuvo la impresión de ser observada, tanto de frente como de espalda y desde arriba. Tuvo la sensación de sentir un peso, como si alguien quisiera entrar en ella. Sintió mucho miedo y con gran esfuerzo consiguió hacer la señal de la cruz. En ese momento, con un prolongado grito, algo salió de su cuerpo. Se levantó de prisa y puso ese sello de protección sobre su bebé. Desde ese día, el fenómeno se produce de vez en cuando, pero cada vez es menos espectacular.

Mi hija vive en un edificio y el estudio pertenecía a mi tío, hoy fallecido, que poseía otro justo al lado. Los dos alojamientos no están separados más que por una puerta, hoy condenada. Ese hombre se decía mago, practicaba el desencantamiento y se ocupaba de las ciencias ocultas.

Ella tiene miedo de que queden restos de las prácticas malsanas y constata que. desde entonces, todo va al revés. Por ejemplo, discute sin parar con su marido; antes estaba gruesa y ahora está delgada, ansiosa y con gran nerviosismo. Gracias por ayudarme.»

Esa joven mujer tuvo una buena reacción en presencia de unas manifestaciones inquietantes: la señal de la cruz tanto sobre ella como sobre el hijo. Habría debido de acompañar con una enérgica oración y sin duda que lo hizo. Siempre ocurre que la entidad maléfica sale de pronto dando un gran grito, como en el Evangelio. Su hija ha practicado un exorcismo según las reglas y yo la felicito. ¡Que siga rezando y los hechos inquietantes acabarán por desaparecer!

La interpretación que ella dio es igualmente válida. Existen, en efecto, en esos lugares influencias maléficas, remanentes de magia negra de las que llegará a librarse haciendo llamadas a las fuerzas de la luz y haciendo la señal de la cruz (concentrando su pensamiento en lo que significa) sobre sí misma, sobre usted, su marido y su hijo.

Como ve, es bueno conocer esas cosas a fin de saber defenderse.

VIII.12 Carole: «¡Oh! ¡Creer en eso! Yo quisiera igualmente creer que mi hijo no está completamente perdido, que no está en la extinción absoluta. ¿Cree que Gille, mi hijito, puede verdaderamente estar en alguna parte? Desde su partida, pienso a menudo que me encontraría quizás menos desesperada si estuviera segura de que no se encuentra en la nada, como deja entender el neuropsiquiatra que me atiende. Me parece que sufriría menos si yo le supiera vivo en alguna parte, existiendo de otra manera, dichoso, aunque no sea conmigo.»

“¡Que sea feliz aunque sea sin mí!” No hay como el corazón de una madre para encontrar fórmula parecida. En general, se quiere que el otro sea feliz «a condición de que lo sea conmigo». Los psiquiatras hacen daños terribles. Uno de ellos afirmaba a una amiga en su caso, pero que no disfrutaba de su equilibrio psíquico: “Señora, de una vez por todas, dígase que su hijo está muerto y cese de pensarlo”. Usted, siendo profesora de lenguaje, habrá notado que empleaba el pronombre neutro «lo»[4], reservado para las cosas. Resultado: ella estaba madura para el suicidio y pude recogerla in extemis repitiéndole: “Philippe está viviendo, está en otra parte, existe de otra manera”. Son por otra parte sus propios términos, puesto que, en el fondo de usted misma, allí donde él puede hablarle, sabe que está viviendo.

Más tarde, hemos podido tener noticias de Philippe. Espero que las tenga también de Gilles.

VIII.13 Arsène: «Mi hija forma parte de una secta en la que la principal ocupación, por la tarde, es evocar a los muertos o más bien a un muerto, pues es siempre el mismo. Desde las diez a las doce de la noche, un fantasma aparece, no sobre una pantalla, como una imagen plana de cine o de televisión, sino en colores, en tres dimensiones, como una imagen con volumen dotada de movimiento, separada de todo soporte, de todo marco. Se puede dar la vuelta a su alrededor y es lo que hacen los miembros de la secta durante sus danzas rituales e invocaciones.

El fantasma en cuestión es el verdadero gurú de la comunidad. Es quien, cada tarde, da sus instrucciones para el día siguiente, instrucciones que conciernen sobre todo a las obras del castillo ruinoso, comprado por el jefe de la secta, en el cual vive bien.

El espíritu gurú pronuncia una especie de homilía donde repite sin cesar las palabras: armonía, amor, luz, sol, Acuario, nueva vida, nueva era; todo acompañado de felicitaciones para los “estajanovistas” y reprobaciones para los “avaros” que no han hecho todavía su acto de donación a la comunidad. Reprobaciones públicas igualmente para los “perezosos”. Mi hija forma parte de esos últimos, pues, de salud frágil, está agotada por la falta de sueño y, sobre todo, por los trabajos pesados que le han impuesto. La última vez que la vi tenía el aspecto de salir de un campo de concentración. Me declaró, sin embargo, que era muy feliz y a ningún precio quería salir de la comunidad, a la cual donó todo el dinero que poseía. ¿Qué hacer para sacarla de ese avispero?»

Espero por usted que sea menor, porque uno de los efectos depravados de la ley fijando la mayoría de edad a los dieciocho años es el desarmar a los padres en su caso. Sin embargo, existen asociaciones anti sectas que hacen un buen trabajo y a las cuales debe dirigirse. Pienso también que la policía o la gendarmería podrían ir y ver lo que pasa en ese campo de concentración. Asegurarse de que no hay barracas ni crematorios (aunque se mata allí a la gente poco a poco) sino solamente un castillo que su propietario está restaurando a costa de zombis felices, consintientes y sin duda drogados.

Lo que me dice del sujeto de la aparición bien materializada del gurú fantasma me prueba que se trata de una puesta técnica en escena y de una verdadera impostura: un cómplice del jefe de la secta ha sido grabado y filmado, y es presentado en un holograma. Girando a su alrededor tienen la ilusión de que está animado de movimiento; en cuanto a su voz, está registrada en banda magnética.

VIII.14 Miquette: «Mi hijo falleció en abril de 1992. Desde entonces, he intentado contactar con él, pero no obtengo nada. ¿Está enfadado conmigo? En febrero regresó a casa para quedarse allí dos semanas solamente; se hundía en la depresión, no pensando más que en el pasado. Yo le decía, siguiendo los consejos de nuestro médico de familia, que se despejara,se orientara hacia el presente y el futuro próximo, entonces él se enfadaba.

Después de su muerte, he descubierto la pequeña agenda que tenía como diario íntimo. Escribía respecto a mí: “hoy, madre fue verdaderamente mala conmigo.”

Ahora, siento haber reaccionado de ese modo.»

¿Qué otra cosa pudo hacer? Cese de culpabilizarse y de atormentarse; ya es suficientemente infeliz. Es extremadamente difícil atender a los depresivos. Rechazan todas las tentativas que se hacen para ayudarlos. No se sabe nunca por dónde cogerlos; están siempre en la situación del caballo que no quiere ni avanzar ni retroceder. ¿Se les debe socorrer o entrar en su juego? Usted adoptó la primera solución, pero la segunda posiblemente no habría tenido más éxito.

Y ahora, ¿cómo explicar su silencio post mortem? Hay cuatro respuestas posibles:

Él no puede, no tiene ningún don mediúmnico, no lo tenía antes y no lo ha adquirido en su nueva vida

Él no quiere, continúa estando enfadado, lo que me extrañaría porque, en la otra vida, se ve el fondo de los corazones y él se da cuenta de que usted no quería sino el bien para él

Él no ha recibido permiso divino para entrar en comunicación con los terrenales

El obstáculo puede venir de usted. Dice solamente: he probado a contactarle. Pero ¿mediante qué medios? No me los precisa. Si duda no ha encontrado la perla rara (tanto más rara puesto que vive en un pequeño pueblo): el médium que esté verdadera y realmente en contacto con el mundo de los espíritus.

VIII.15 Albane: «Mi joven vecina de rellano acaba de perder su niñito. ¿Qué actitud debo adoptar? ¿Es necesario hablarle del niño desaparecido o, al contrario, evitar el tema?»

Puede comenzar por ayudarle en los servicios materiales, hacerle trámites administrativos, recados, su cocina, ocuparse eventualmente de los otros niños y, si su apartamento lo permite, albergar uno o dos miembros de su familia.

Déjele hablar también el tiempo que ella quiera del niño desaparecido. Por su parte, evoque los recuerdos felices que tenga de él. Déjele desahogarse y llorar. En principio, no es bueno frenar las lágrimas.

Si, como sucede a menudo, ella se culpabiliza, insista sobre el hecho de que no tiene nada que reprocharse. Dígale, respecto del Otro lado, que el niño estará acogido por los miembros de su familia partidos antes que él o por entidades femeninas, pues es su misión.

Evite los consuelos ofensivos y el tono de conmiseración. No le diga: usted es joven, tendrá otro niño. Todo ser es único y reconocer el carácter de unicidad eso es amor.

VIII.16 Brigitte: «Hace tres años me hice abortar y es ahora cuando compruebo el horror de mi acto. Tanto más que las condiciones de las madres solteras de hoy no tienen nada que ver con las de hijas-madre de antes, rechazadas, despreciadas y deshonradas.

¡He visto latir el corazón de ese niño en la pantalla!¿está vivo en alguna parte? Y si vive, si él me encuentra allá, ¿querrá perdonarme por haberle matado? Y, admitiendo que él me perdone, Dios, en quien creo, ¿me perdonará Él también? ¿No me va a castigar? No consigo encontrar la calma.»

¡Usted aflora un problema muy doloroso. Cuando vio latir el corazón, ¿no comprendió que iba a matar a un ser que vivía nacido de su carne? Ahora, lo concreta con una lucidez por la que le felicito.

Puedo responder afirmativamente a su primera pregunta: sí, ese pequeño ser sobrevive en el Más allá; sí, continúa creciendo y evolucionando. Sí, usted le encontrará y le pedirá perdón.

En cuanto a su castigo, yo no sé, ¡es Dios quien decide! Su remordimiento, justificado, me parece ya un castigo.

VIII.17 Denis: «Desde la muerte de nuestro hermano más pequeño, parecemos no existir para nuestra madre. Se encierra en la habitación de Patrice, donde ha hecho una especie de santuario y donde sólo ella tiene derecho a entrar. Allí pasa su tiempo llorando, relee sus cuadernos y sus cartas y mira sus fotos a la luz de los cirios. Cada día se acerca al cementerio, donde se imagina tener un misterioso contacto con él. En cuanto a mis dos hermanas, a mi hermano mayor y a mí misma, tenemos la impresión de que no le interesamos. Nunca una pregunta sobre nuestra escolaridad, nuestra salud o distracciones (que a veces le parecen culpables); es la indiferencia más completa. ¿Cómo hacerle comprender que está en trance de destruir todo a su alrededor?»

No dice nada de su padre. Le correspondería a él hacerle recordar a la que os olvida sus deberes de madre y de esposa, pues tengo la impresión de que también él es negligente. Si no quiere o no puede intervenir, será preciso que se dirija a un amigo o a un miembro de la familia; si es usted o los otros hijos quien lo hace, ella les acusará de celos. Es necesario también explicarle que ese amor demasiado posesivo, demasiado exclusivo, solo puede perjudicar al joven desaparecido. Las visitas demasiado frecuentes al cementerio, la rumia solitaria del pasado, la habitación transformada en capilla ardiente reconducen desagradablemente el pensamiento de Patrice sobre esas ideas de muerte que debe olvidar. Él está en la luz, ¡que no se le haga volver a lo gris! Está en el espacio, ¡que no se le obligue a encerrarse en conceptos y en lugares que le constriñan! Sé que las intenciones de su madre no son malas, pero eso no es suficiente para obrar bien.

VIII.18 Doris: «Ahora sé que lo más doloroso que puede existir es la muerte de un hijo.

Morir, es tan natural como vivir y eso llega a todo el mundo. Pero morir con veinte años no está en el orden de la naturaleza. Es un misterio doloroso que desgarra el alma, el corazón y el vientre, os mata, os destroza.

¡Pero es así como esto ilumina también! No sé quién lo dijo (creo que Lamartine): “La desgracia abre el alma a luces que la prosperidad no percibe” ¡Eso es verdad! Había vivido hasta aquí una felicidad que no merecía, sin duda. Después, de golpe, viniendo de ninguna parte, un puñal me traspasa el corazón, mi hijo muere. Le diré que mi pena es indecible. Y no me concierne más que a mí. Pero tengo el gusto de decirle, a ustedes, lectores de Francia, que sois mis amigos desconocidos, los pensamientos que me deja esta tragedia.

Cuando se vive una felicidad tranquila y sin drama, se tiene la insolencia intelectual fácil; evacuamos fácilmente del alma la idea de Dios y nos creemos un espíritu fuerte cuando, so pretexto de franqueza, negamos hasta la hipótesis de otra vida después de nuestra muerte temporal. Pero cuando el destino viene a arrancaros un hijo de veinte años, es el corazón, con todo lo que contiene de amor, el que exige a la inteligencia que se abra a realidades más consoladoras que las insuficientes compasiones terrestres.»

Françoise, de Bélgica responde a Doris de Québec. Comienza por transmitirnos este bello y exacto pensamiento.

“La muerte no es la oscuridad, es la lámpara que se enciende porque el día comienza. Resucitar: resurgir: erguirse, levantarse.

Creo que mis dos hijos están levantados.

Creo que están ocultos a mis ojos; que viven otra vida; vida que no está fundida en el gran Todo, sino vida personal y consciente: la memoria queda, usted me ha hecho tomar consciencia. No existe el amor sin memoria; y después de nuestro tránsito, la fe y la esperanza cesan por causa de su inutilidad, el amor permanece. La vida después de la muerte será una vida llena de amor y de relaciones vividas sin falla.

Creo que mis hijos, hombres jóvenes en su plenitud, me acogerán cuando en mi día sea elevado.

Pues nuestra resurrección es inmediata, después que la muerte haya completado su trabajo, obra lenta, respetable, terrible…. Y portadora de vida.

Nuestro cuerpo espiritual, separado de nuestro cuerpo carnal, estará sometido a las leyes físicas, pero otras leyes que no conocemos, que no tendrán ya en cuenta el espacio y el tiempo.

Me uno a la corriente milenaria que, en todo tiempo y en cualquier lugar, mantuvieron hombres que afirmaban que la vida sigue más allá de la tumba. Mis dos hijos están viviendo”.

VIII.19 Rodolphe: «¿por qué las sectas tiene tantos adeptos? ¿Por qué el Más allá transmite tantas predicciones alarmantes?»

Es Georges Morrannier quien le va a responder:

“¿Por qué las sectas tienen tantos adeptos? Porque el sentido común no está al alcance de todos, porque el mundo moderno formó demasiados seres débiles que se dejan despersonalizar.

¿Por qué el Más allá transmite tantas predicciones alarmantes y ridículas? ¿Por qué dice usted que la Tierra será destruida dentro de poco, que vamos hacia calamidades espantosas, que la oscuridad va a expandirse por todas partes? Porque ese Más allá encuentra seres inmaduros para recibir tales tonterías. Se lo digo a menudo: ¡atención a los profetas de la desgracia, atención a los anuncios de catástrofes provenientes de desencarnados mal intencionados!

Nuestra Tierra no detuvo su girar y no es el año 2000 el que parará su movimiento o la reducirá a cenizas.

Muy pocos encarnados saben que el Apocalipsis de San Juan no es sinónimo de diversas calamidades, sino que es una revelación. “Apocalipsis” en griego significa revelación; revelación del mundo espiritual donde Juan fue proyectado.

Deben aprender a ser lógicos, mesurados, a tener confianza en Dios y en todos los guías que trabajan para Él y para ustedes”.

Dado que se sabe en este momento que Cristo nació entre el año 6 y el año 5 A.C., el año 2000 ya ha pasado, fue en 1994.

VIII.20 Marthe: «Una noche, mi hija Cynthia, de 11 años de edad, vio antes de dormirse una sombra blanca, sentada al pie de su cama y que le miraba. Cuando quiso atraparla (pensó que era su hermano muerto hace 3 años) su mano pasó a través. La sombra blanca se desplazó a la izquierda de la cama en la misma posición, siempre mirándola con interés, siempre manteniendo los brazos cruzados. A la mañana siguiente, Cynthia nos explicó su aventura, no parecía tener miedo. Hasta no parecía asombrada. »

El hecho de que Cynthia no esté asustada ni sorprendida prueba que la aparición blanca era amistosa y benéfica. Seguro que es su hermano quien vino a hacerle una afectuosa visita. Usted misma tuvo una buena actitud no censurando a su hija, evitando decirle: “Eso no existe, son imaginaciones”.

Cynthia también se comportó bien. Si hubiese manifestado temor, la forma blanca, que, le repito, es una aparición de amor, se habría disipado de pronto. Lo que hace tan escasas las manifestaciones es que nuestros desaparecidos tienen siempre temor de asustarnos.

VIII.21 Aimé: «En lugar de dormir, Jérémie, nuestro hijo pequeño de cuatro años, gorjea, canta, hace gracias, se mueve, ríe a carcajadas y se divierte con sus amigos imaginarios. En fin, después de varias horas, acaba por dormirse de veras y al despertar, cosa extraña, está de buen humor, nada de fatigado. Sin embargo mi mujer y yo nos inquietamos por su salud física y mental.»

No se inquieten ustedes.  Debido a su corta edad, Jérémie está aún en contacto con las zonas benéficas del mundo de los espíritus. Sus amigos imaginarios son simplemente niños del otro mundo que quieren divertirse y divertirle con toda inocencia. La alegría que experimenta durante y después de ese amable cencerreo nocturno prueba que todo es puro.


[1] Jeanne Morrannier recibió mensajes de su fallecido hijo Georges Morrannier. (NdT)

[2] Autora de libros de gran espiritualidad (NdT)

[3] Fecundación in vitro (NdT)

[4] En francés el autor utilizó “cessez d’y penser”, con el pronombre neutro “y”, término lingüístico sobre el cual hace su reflexión (NdT)

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