Algunos indicios que nos permiten afirmar que comunicaciones como las de este libro son posibles

Por Alfredo Camarero 

Antes de comenzar con la lectura del tercer tomo de las comunicaciones de Arnaud de Gourvennec, editadas todas  bajo el título común de “Hacia el sol de Dios”, me parece oportuno hacer una reflexión personal sobre por qué hacerlo y sobre la importancia que para mí tienen estos textos.

Conocí a Nicole Gourvennec en Madrid en los años 90. Era una mujer guapa, inteligente y llena de vida. Me llamó la atención una cosa: acababa de “perder” a su hijo hacía muy pocos años (Arnaud murió de accidente, a los 13 años, el 18 de octubre de 1989) y daba la impresión de que ya había vuelto a “recuperarlo”, aunque no físicamente, claro. Desde el año 1991, en efecto, según nos contó, Arnaud se comunicaba a través de su padre Paul y trasmitía mensajes hermosos de esperanza, para ellos y para todos los que habían perdido a un ser querido.

Por aquel entonces, yo ya estaba muy interesado por el tema de las posibles comunicaciones con los muertos, sobre todo a partir de mi traducción del primer tomo de “Los muertos nos hablan”, del P. François Brune. Por eso me encontraba en aquella agradable cena en la que, además de Nicole, estaban el P.Brune y otros dos italianos, padres de jóvenes fallecidos, que pertenecían al Movimiento de la Esperanza.

Por eso me llamaba la atención y me llenaba de gozo escuchar a aquella mujer valiente que hablaba de las comunicaciones de su hijo con absoluta naturalidad, a pesar de las reticencias de algunos. Lo que me intrigaba era pensar que todo aquello pudiera ser cierto. “¡Demasiado hermoso!”, me decía en el fondo. Conocía por el Credo y la Teología que existía una cosa que llamábamos «Comunión de los santos» y encajaba dentro de mi fe. Más aún, los que allí estábamos creíamos que los muertos se comunican: los italianos decían recibir mensajes de sus hijos muertos; el P. Brune daba muchos testimonios en su libro; pero había reticencias que quería despejar, para mí mismo y para los demás con quienes estaba ya entonces en contacto.

Necesitaba responder a ciertas preguntas que otros me planteaba y que yo mismo me hacía a veces: Las que llamamos “comunicaciones de los muertos” ¿no serán simples espejismos de unos padres angustiados que necesitan creer que sus hijos siguen vivos? ¿Qué condiciones se requieren para que ésta comunicación se de? ¿Por qué no reciben todos estas comunicaciones? Y, sobre todo, ¿cómo es posible la comunicación entre los muertos y nosotros, cuando los planos son tan distintos? ¿Existe algún indicio para que podamos sospechar siquiera que estudiar estas comunicaciones no es ridículo desde el punto de vista de la Física y de la Revelación cristiana?

Necesitaba, sobre todo, aclararme en dos puntos:

Uno, en qué consistía la unidad del Universo de la que habla la Física moderna y si ella nos da pie para creer que hay una comunicación entre sus distintos elementos.

Dos, si la Revelación cristiana nos permite también constatar la unidad del Todo y que existe también una comunicación entre los planos de “Aquí” y los de “Allá”.

Estos dos puntos nos permitirían comprender que lo que se dice en este libro no solo no es imposible que responda a una realidad, sino que tiene incluso su lógica a partir del ser del Universo y de las relaciones entre Aquí y Allá.

1 – La Física Cuántica

El año pasado, 2011, asistí a un curso de Física Cuántica (FC) que daba, en la Fundación Tomillo de Madrid, la profesora de la Universidad Complutense María Victoria Fonseca. Me encantó este curso. Me pareció alucinante.

La historia de la FC, nos decía la profesora Fonseca, comenzó en el año 1900, cuando los físicos comenzaron a estudiar la radiación de los cuerpos. Todos los cuerpos en el universo emiten y absorben continuamente energía electromagnética (EM). La radiación que emiten los cuerpos es una onda continua. El problema era que nadie había encontrado una fórmula matemática que se ajustase a ese comportamiento.

En el año 1900, Plank trata de encontrar la fórmula que explique la emisión de luz de los cuerpos calientes, por ejemplo en un horno. Lo que pensó –los átomos aún no habían sido descubiertos– es que las paredes del horno, como cualquier cuerpo, emiten radiación positiva o negativa. Esta fue su idea genial: los átomos de la cavidad están absorbiendo y emitiendo energía. La interacción entre materia-radiación  en los átomos suelta paquetes de energía a los que llamó “quantos de energía”. Esta idea es la que inició la FC.

La radiación emitida por un objeto es única, es como la huella dactilar de ese objeto. Es decir que, en la naturaleza, cada tipo de átomo tiene una “huella dactilar” única. Según esto, toda la materia tiene un campo de emisión propio. Somos iguales, pero distintos. Los chinos descubrieron, 3.000 años antes de Cristo, que cada órgano del hombre está relacionado con un determinado tipo de energía. Por ejemplo, cuando uno tiene mucha rabia, el hígado se ve afectado.

Plank fue el primero que formuló una hipótesis sobre la materia que parece increíble. En el año 1944 dijo: «Como resultado de mis investigaciones sobre el átomo, puedo decir lo siguiente: la materia no existe como tal. Toda materia se origina y existe solo por virtud de una fuerza que lleva a las partículas de ese átomo a vibrar. Los átomos, los protones, etc., esta unidos por interacción EM. Creemos que, detrás de esta fuerza está la existencia de una mente consciente e inteligente, porque, dentro de esa vibración EM, está la información, que modifica dónde tienen que colocarse los electrones en el átomo».

Según David BOHM, físico teórico estadounidense, hay una realidad no-local donde todas las cosas están implicadas en una realidad única, lo que él llama el orden implicado, en contraposición al orden explicado que constituye nuestra “realidad” diaria. Si esta teoría de David BOHM es correcta –decía la profesora Fonseca– significa que todas las cosas del universo están infinitamente interconecatadas. Todo interpenetra todo. Alguien le dijo a Bohm en un coloquio: «Lo que usted propone, si yo lo he entendido bien, es que su pensamiento forma parte de mi propia conciencia y se convierte por tanto en una parte de mi pensamiento, o lo cambia.» Y el profesor del Birbeck College de Londres, respondió: «Y viceversa».

Todos estos descubrimientos de la FC llevan poco a poco a una nueva percepción del universo. En el año 2000, un gran teólogo, François Brune, recogió de los físicos el modelo del mundo que algunos de ellos proponen: el mundo es como un gran holograma. Para explicar lo que es un holograma, pone un ejemplo sencillo: una diapositiva de La Gioconda. “Si cortáis la parte superior de la diapositiva y proyectáis solo la parte inferior, veréis solo en la pantalla las manos de Mona Lisa. A cada punto del cuadro le corresponde un lugar preciso de la diapositiva, solo uno. Pero con el holograma no sucede lo mismo… Después de fotografiar la imagen, se necesita un rayo láser para que ésta aparezca. Si partís en dos el holograma, cada mitad os devolverá toda la imagen… Esto quiere decir todos los puntos del holograma contienen la misma cosa”.

Otros físicos trabajan más bien con la noción de tiempo, como Oliver Costa de Beauregard: «Pasado, presente y futuro del universo existen a la vez, no ahora por supuesto, cosa que sería contradictoria». A propósito de este misterio del tiempo, es interesante constatar que, en las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM), en el momento en que se vuelve a ver y vivir toda la vida, pasado, presente y futuro existen a veces a la vez, lo cual no quiere decir ahora. «Todo se relaciona con todo, con discreción y sutileza», termina Beauregard. El esquema del holograma, por tanto, se aplicaría no solo a través del espacio, sino también a través del tiempo, a través de los siglos, a través de millones de años (holocrono).

Esto nos lleva a concluir que no es ridículo decir, en absoluto, que todo el Universo forma una gran unidad y que todo se comunica con todo. En el año 2010, publicó Leonardo Boff un artículo que titulaba “La materia no existe, todo es energía”. Decía Boff: “El camino de la ciencia ha hecho más o menos el siguiente recorrido: de la materia llegó al átomo, del átomo a las partículas subatómicas, de las partículas subatómicas a los paquetes de onda energética, de los paquetes de onda a las supercuerdas vibratorias en once dimensiones o más, representadas como música y color. Así un electrón vibra más o menos quinientos billones de veces por segundo. La vibración produce sonido y color. El universo sería por tanto como una sinfonía de sonidos y de colores. De las supercuerdas se llegó, finalmente, a la energía de fondo, al vacío cuántico.»

2 – La Revelación cristiana

Esta idea de que todo forma parte de una unidad y de que todo está conectado, la encontramos también en la Revelación cristiana, en la teología (especialmente en los Padres de la Iglesia y la teología ortodoxa) y en los místicos cristianos occidentales. En aras de la brevedad, aludo muy brevemente a cada uno de estos aspectos.

La idea de unidad se aplica en el Nuevo Testamento sobre todo a las personas y se hace normalmente a través de símbolos: “Yo soy la vid y vosotros los sarmientos” (Jn. 15, 5)… “Lo que hagáis a uno de estos pequeños, a mí me lo hacéis” (Mt. 25, 40) … «Yo les he dado a ellos la gloria que tú me diste a mí, de tal manera que todos puedan ser uno, como lo somos nosotros» (Jn. 17, 22).

Esto nos hace recordar lo que decían Max Planck y David Bohm y que hemos recordado anteriormente. Eso sí, con categorías distintas. El profesor Bohm pensaba que se daba una interconexión entre unos y otros. Jesús lleva esta interconexión a la categoría de identificación, especialmente con los que pasan hambre, con los enfermos, con los encarcelados, etc. «Tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber, estaba enfermo y me visitasteis, etc». San Pedro dice que “Dios nos ha otorgado todo lo necesario para que nos hagamos partícipes de la naturaleza divina” (2 Pe. 1, 1-21). La palabra “naturaleza” parece considerarse, en el contexto, como principio de acción, puesto que habla de que “Dios nos otorgó todo lo necesario para la vida y la religión”. San Pablo elogia la fe de los atenienses y les dice que pueden encontrar al “dios desconocido” a quien tienen dedicado un altar: «En realidad no está lejos de cada uno de nosotros, ya que en él vivimos, nos movemos y existimos» (Hech. 17, 28). Tal vez la mente “inteligente y consciente” que Planck decía creer que estaba detrás de la fuerza que lleva a vibrar a la materia, sea lo que aquí san Pablo llama Dios.

La teología cristiano-ortodoxa habla de la unidad, cuando se refiere a la función divinizadora del universo, resultado de la encarnación. San Gregorio Palamas dice: «Dios que lo trasciende todo… consiente en hacerse participable a nuestra inteligencia». Clemente de Alejandría: «El hombre es semejante a Dios, porque Dios es semejante al hombre»; San Gregorio de Nisa: «El hombre es el rostro humano de Dios». Las frases de los Padres son audaces en torno a esta deificación a que es llamado el hombre: «Dios se hace hombre, para que el hombre se haga Dios por la gracia y participe en la vida divina»; «El hombre debe unir la naturaleza creada y la energía divina increada»; «Yo soy hombre por naturaleza y Dios por gracia»; «El que participa en la energía divina se hace él mismo, en cierta manera, luz»; «”Mikrocosmos”, el hombre es también “mikroteos”».

Los místicos de Occidente abundan en la idea de la unión, expresada en términos de unión con Dios y de intercomunicación con Él y en Él, vaciándose de uno mismo.

San Juan de la Cruz:

«Para venir a gustarlo todo,
no quieras tener gusto en nada.
Para venir a poseerlo todo,
no quieras poseer algo en nada.
Para venir a serlo todo,
no quieras ser algo en nada».

Maestro Eckhart: “En ese ser de Dios en que Dios está por encima de todo ser y de toda distinción, yo era yo mismo, me quería a mí mismo, me conocía a mí mismo, quería crear al hombre que soy. Por eso soy la causa de mí mismo, ya que mi ser es eterno, pero no según mi devenir, que es temporal.”  (Beati pauperes espíritu).

La Eucaristía, analogía con el holograma: Hay una cierta analogía entre el holograma, a que antes se ha aludido, y uno de los misterios más profundos y entrañables del cristianismo: la Eucaristía. Todos los cristianos que comulgan saben perfectamente que el cuerpo de Cristo está en todas y cada una de las hostias consagradas. A veces ocurre que el sacerdote no ha calculado bien los que van a comulgar y se ve en la necesidad de romper las pocas hostias que quedan para dar la comunión a todos. Los trozos se hacen cada vez más pequeños, pero todos saben que han recibido el cuerpo de Cristo.

Conclusión

Lo que venimos diciendo es que todo forma una enorme unidad y que todo se comunica con todo, tanto en el orden físico como en lo más profundo del orden religioso.

Esto nos lleva a concluir que tal vez no sea ninguna extravagancia ni exageración admitir la posibilidad de la afirmación contundente a que se refería Nicole, la “mamina” de Arnaud, cuando nos decía, convencida, que su hijo se comunicaba a través de su padre Paul…

Soy consciente de la dificultad que supone para algunos admitir esta posibilidad, cuando saben que “la Revelación terminó con la muerte del último apóstol”. Solo que aquí no se trata, como ellos mismos saben, de “nuevas revelaciones”, sino de explicitación, de aplicación a un momento concreto de la gran Revelación hecha por Dios en Cristo. ¿Qué creyente puede atreverse a decir que esto no es posible, que Dios no puede enviar a “mensajeros” para que nos la recuerden?

Otra dificultad que se oye con frecuencia de labios de los “escépticos” es que no dicen nada nuevo. Creo que hay en esto un profundo error. ¿Nada nuevo, cuando explican las profundas consecuencias de la Encarnación de Cristo; cuando critican con fuerza el alejamiento e infidelidad de la Iglesia respecto a la misión que Cristo le encomendó; cuando ponen el acento en algo que todo creyente sabe que es esencial: la oración desde el corazón; y sobre todo, cuando tanto Pierre como Arnaud, como todos los mensajeros crísticos, insisten en explicarnos cómo profundizar en el amor?

En la Presentación de este tomo III de “Hacia el Sol de Dios”, dice Nicole algo muy importante sobre lo que son estos mensajes críticos: Nos llevan, dice, a la esencia: «una llamada, una actualización de la Palabra, es decir del TESTAMENTO DE AMOR de Dios ha ofrecido a los hombres: «Como una coral que remite continuamente al eco de Su Palabra –dice Arnaud–, Dios se descompone para nosotros y se compone en nosotros”». Y en otro texto, dice Arnaud: «Es el amor el que revela y no la inteligencia. En vuestro mundo desorientado, la única manera de encontrar el rumbo de la verdadera fe, es amar hasta la locura, pero “hasta la locura de Dios”, como niños poco “sabios”».

Los testigos de Jehová no admiten siquiera la posibilidad de estos mensajes. Todo es obra del Diablo, decía un amigo mío de esta confesión religiosa. Nicole alude acertadamente, sobre esto, a la necesidad del discernimiento de espíritus. «Como siempre, dice ella, “Es por los frutos como se conoce el árbol” y los frutos de “Hacia el Sol de Dios” son muy hermosos».

Comprendo la dificultad que supone, para algunos católicos, el que la Iglesia no dé su aprobación explícita, sin más, a las Comunicaciones del Más allá, como es el caso de este libro. Para algunos, sigue siendo válido lo que decía un profesor de historia de la Iglesia, en el Instituto Católico de París. «Vale más equivocarse con el Papa que tener razón frente a el»[1] Se llega así a una renuncia completa de la personalidad: no busquéis a Dios personalmente, la Iglesia-institución se encarga por vosotros. Lo único que tenéis que hacer es seguirla ciegamente, aunque esté bastante lejos del Evangelio.

Aun los que piensan así deberían comprender que ha habido un cambio en el modo de pensar de la Iglesia jerárquica en este punto. Valgan como ejemplos de ello el P. Gino Concetti, teólogo colaborador habitual de L’Osservatore Romano, quién en 1996 hacía una declaración importante a la agencia ANSA, la mayor agencia de noticias italiana, en la que el Vaticano abría la mano en torno a este tema[2], y el libro “A la escucha del más allá”, escrito por el P. Brune y por el científico Remy Chauvin[3].

Y dicho todo esto, solo me queda desear  que la lectura de este libro que ahora empezamos nos ayude a comprender cada vez más esa realidad única  y absoluta en la que la comunicación entre el Aquí y el Allá cobra todo su sentido. Que así sea.


[1] . Cristo y Karma, ¿La reconciliación? Editorial Luciérnaga, Barcelona, 2000, p. 41.

[2] . Ver la revista italiana “Gente”, nº 12 de diciembre de 1996, p. 6.

[3] . Cf. A la escucha del más allá. Aquí-Alla, nº 7.

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