Con estos cuatro últimos mensajes, termina el libro de Paqui “Encuentros celestes”.

Este libro es muy especial. He contado, por ejemplo, las veces que se repite en él la palabra amory son nada menos que 430. Pero esto es solo una pequeña señal, porque es toda esta selección de las 319 páginas de este libro, entre las 6000 que dictó Paqui, la que está impregnada de un amor tierno y sencillo.

Esto hace que a algunos, acostumbrados al leer un libro a buscar ideas profundas, les resulte difícil comprender estos “Encuentros celestes”. Sin embargo, es muy útil para hallar la pista de cómo empezar ya a vivir aquí lo que se vive Allá. «La religión celeste es el amor a todos», nos dice Paqui. Esto es lo que, a mi juicio, hay que comprender y tratar de hacer propio al leer este libro.

En este contexto amoroso, el libro intenta sobre todo una cosa: sembrar Esperanza en todos. Esperanza que, según Jean Prieur (“Ese más allá que nos espera”), se hallaba en la entraña del mensaje de Cristo centrado todo él en la vida eterna, aunque este mensaje se  viera luego tergiversado por los hombres: pensaron que hablar de la vida eterna era evadirse del mundo …

Desde esta perspectiva, sí es un libro fantástico.

¡Buen día!

PENTECOSTÉS 1944.

Rayo de nuestras esferas luminosas, sé para nuestros seres queridos de abajo la fuente de vida, mientras esperan la verdadera Vida, la que vivirán más tarde cuando sean liberados de las cadenas que los estorban y cortan con frecuencia su energía. Luz de luces, ilumina a mis queridos amigos.

¡Que el Espíritu de Dios penetre a la pobre humanidad que sufre con sus poderosos rayos de comprensión y de amor! Esta es la oración ferviente que sube de vuestros corazones en este día de Pentecostés. Porque el mundo está envuelto en tinieblas tan densas que os preguntáis cómo terminarán tales pruebas. La misma oración parece realmente impotente para dirigir la mano clemente de Dios, y vuestro ángel solo puede repetiros: Dios, nuestro Padre, es todo amor, justicia y misericordia. Fuerzas vivas, rayos luminosos y fuertes son enviados a la tierra. Pero los hombres no quieren ni verlos ni escucharlos; ellos solos son culpables y responsables de todos los males que ellos mismos se hacen. Su conciencia está tan oscurecida por sus pasiones que olvidan y desconocen el sentido y el por qué de la vida terrestre: de aquí vienen el desequilibrio, que nada podrá restablecer sin la voluntad de todos de vivir en el espíritu divino, el amor. Serán necesarios muchos sufrimientos y renuncias, pues los hombres no quieren comprender que, sin esta ley divina que rige toda la creación, no es posible la paz.

Vosotros, amigos queridos, que habéis tenido el privilegio de recibir un poco de esta luz, que sabéis que la vida espiritual es la vida real del hombre, mantened vuestra Fe, difundidla, buscad ayuda en nuestras esferas benditas donde Dios irradia luz y fuerzas vivas y donde nosotros aprendemos a encontrar la plenitud de la felicidad en la felicidad de todos.

Amar, renunciar a sí mismos, darse en caridad a todos, esta es la vida del Cielo, que puede ser también la de la tierra, como no dejamos de decíroslo, ¡comprendedlo! Esta es la meta que debéis alcanzar durante vuestro viaje terrestre. Qué importa si el viaje solo le aporta cansancio y dolor al peregrino, si el final es un resplandor en el que os sentiréis deslumbrados, maravillados.

Jesús vino a la tierra para anunciar la Buena Nueva. Adheríos a este pensamiento, difundidlo. Tened confianza en Aquel que lo puede todo. Que vuestros deberes de cada día concentren vuestros pensamientos dejando a vuestro espíritu su pan de vida, Cristo, Dios todo amor; después, poned vuestra mano en la gran Mano del Maestro y, suceda lo que suceda, cuando llegue la hora, estad seguros de seréis acogidos por El como sus hijos queridos.

Sí, en este día de Pentecostés, fiesta del Espíritu, pedid al Espíritu Santo que disipe las tinieblas, que ilumine al mundo, para que los hombres comprendan que el Amor Universal es la meta gloriosa de la creación, en la paz, la armonía y la felicidad de todos. Que el Espíritu Santo os ayude a comprender mejor la pequeñez de las cosas humanas, a las que vosotros os aferráis sin sacar nada de ellas, en detrimento de vuestra vida espiritual. Pedidle que fije en vuestras frentes la estrella luminosa que permita a vuestros corazones permanecer tranquilos, confiados, para que vuestros actos, vuestros gestos, sean útiles a la Causa divina, la única que vale la pena que atrape vuestros deseos.

Rezad, amigos queridos, sin cansaros, y esperad. Sobre todo, no juzguéis nada, ni a nadie, porque os es imposible abarcar el conjunto este caos universal, demasiado amplio y con causas demasiado lejanas que superan la inteligencia de los más inteligentes.

Alejados hacia una meta de ambición y de orgullo, los jefes de la tierra son como pobres corchos zarandeados, batidos por las olas furiosas. Compadeced a esos desgraciados, pero no tratéis de difundir un juicio sobre ellos. Nadie, excepto Dios, conoce la llegada al puerto. Las cadenas se rompen, los diques se abren, hay más boyas para los barcos que van a la deriva, pero la tempestad desatada hace su obra devastadora. Permaneced tranquilos, confiados. Poneos en manos de Dios en un abandono total, no dejando pasar nunca un acto de caridad y de bondad que esté al alcance de vuestra mano y de vuestro corazón sin responder a él plenamente.

Paqui os sostendrá siempre, y os ayudará a iluminar a los que no han recibido vuestros privilegios espirituales. Y puesto que sois amigos de Paqui, ayudadla con vuestra confianza, vuestra caridad y vuestra esperanza. Dejad la desesperación para los que no saben que, detrás de las tinieblas, brilla la más maravillosa claridad. Tenéis en vuestras manos una llama: hacerla más luminosa todavía acercándola a vuestros hermanos desgraciados que andan a tientas en la oscuridad y permanecen hundidos en su profunda tristeza sin haber sido visitados por un pequeño ángel del Señor.

Os amo, y el amor es Dios. Dios es todo amor. Soy vuestra y más que nunca pequeña flor que se alegra en el seno de Dios.

Paqui.

NUESTRA MORADA NO ES DE ESTE MUNDO
1944.

Tu imposibilidad absoluta de encontrar un tema antes de comenzar el mensaje es una prueba de que necesitas rezar, elevar tu alma antes de recibir la inspiración de nuestras esferas celestes, y de que la bondad de Dios es infinita.

Las enseñanzas no faltan; pero, como todo sentimiento es vibración, saco muchas veces de vuestros pensamientos preocupados los temas de nuestros encuentros, en estas horas de turbación en las que necesitáis más que nunca tranquilidad y confianza para cumplir bien vuestros deberes.

Vosotros veis solo los detalles inquietantes que parecen complicarse día a día. Abrid vuestras almas por encima de los sufrimientos, de las fealdades morales, del insaciable egoísmo que se adhiere a la vida material, y mantened vuestra Fe.  Poneos enteramente en manos del Divino Maestro, y estad seguros de que un día, los hilos enredados se soltarán en la claridad, en el triunfo del amor y del Espíritu sobre las obras malas.

Estáis en la cresta de los tiempos dolorosos: agarraos al salvavidas que está siempre a vuestro alcance y os conducirá directamente a la orilla bendita: me refiero a Nuestro Cristo, todo amor, verdad y justicia, que vino a la tierra a preparar la Cruz, como misionero del amor.

Sabéis que vuestra verdadera morada no es de este mundo. Decirlo, está bien; pero pensarlo, está mejor todavía, porque sentiréis sus eficaces beneficios. Vuestros corazones confiados estarán menos turbados por lo que puede o no puede suceder de malo, de peor, o de irreparable. Nada es irreparable, pues la misma muerte prepara para otra vida y otras tareas. Todo continúa; las nuevas generaciones vienen y ocupan el lugar de las que se desplazan —la palabra es adecuada, y os hará comprender la poca importancia que se debe dar a lo que vosotros llamáis: la muerte, y lo muy importante que es la vida espiritual eterna que vosotros preparáis con vuestra vida terrestre y temporal.

Muchos se hundirán antes de que se calme el huracán devastador. Orad por todos esos hermanos que conocerán antes que vosotros los misterios del más allá, la misericordia y la infinita justicia divinas. Pedid humildemente a Dios que perdone todas vuestras faltas, todas las faltas causas del desequilibrio mundial que acarrea tantos sufrimientos que os parecen injustos, pero que serán redentores porque Dios todo amor lo desea.

No desesperéis por el futuro. No os inquietéis más allá de un límite permitido a vuestros ojos ya iluminados; y estad seguros de que los que caen como mártires por una causa justa son almas privilegiadas, que llegan a la verdadera Patria con un grito de felicidad y de liberación. No lloréis por ellos; ¡no los compadezcáis! están inundados de la luz de la verdad que han tratado de defender en la tierra. Que vuestros lamentos, vuestras lágrimas, sean una plegaria que sube cerca del altar de Dios, para pedir que ilumine a los desgraciados ciegos por las pasiones humanas. Llegará su hora: ¡Dios permite que comprendan antes, y reconozcan que la violencia, el odio, el asesinato fratricida no pueden aportar nada para engrandecer una causa, cualquiera que sea! Ellos matan el cuerpo perecedero, pero no el espíritu, el alma que pertenece a Dios y cuya obra se continúa.

Rezad con fervor, queridos amigos. Yo os ayudaré y os sostendré. Pidamos a nuestro Padre que conceda a los humanos el equilibrio, la sabiduría, la razón; que comprendan por fin que el odio es obra de Satán, y facilita todos sus deseos de destrucción. Combatidlo por el amor: es la mejor de las armas. Servíos de él para todo y para todos en cada minuto de vuestra vida terrestre. La religión celeste es el amor a todos; es la palanca, el escudo que protege. Vuestra pequeña Paqui está en vela por vuestras almas, parcelas divinas que la maldad humana no debe alterar. Tranquilizad vuestras alarmas, que se calme vuestra indignación. Tened siempre en vuestros labios y en vuestros corazones la divina oración de Jesús: «Padre mío, perdónalos, no saben lo que hacen.» Comprended su grandeza, meditadla; sed generosos; amad, para perdonar.

Quiero ver a vuestros espíritus, liberados de todas las fealdades humanas, conocer la paz profunda que da el conocimiento de Dios, único que aporta la dulzura, la curación de los sufrimientos humanos y hace vislumbrar las delicias del Cielo. Terminemos con esta oración: ¡Señor, que se haga tu voluntad, y que llegue vuestro reino! Amén.

SOBRE LA SALIDA DE UN JOVEN ESPOSO
1944

Es todo un cortejo el que se une al zumbido de mis alas para venir a aportar la luz del ambiente en que vive el que lloráis. Alegraos, él está bien, y vuestras lágrimas, tan legítimas ante una separación tan cruel, se secarían si pudieseis verlo gozar de sus alegrías celestes.

Amigos, temo desconcertaros y haceros murmurar: «¿Y nosotros entonces? ¿cómo puede él ser feliz sin nosotros?» Por eso, os confirmo muy pronto que como ya no tiene su corazón de carne, ya no sufre por él, y que por el contrario, por su alma liberada, posee aún y mejor el contacto de los seres queridos que ha dejado en el valle oscuro, y que puede mejor que nunca rodearlos de su amor. ¿Cómo puede entonces estar triste?

El vacío que rompe el corazón de su amada, él no lo siente, porque ella está con él más cerca que nunca, os lo aseguro, en este presente que es para ella un llorado pasado. Ojalá pudierais comprender que los liberados de la prisión carnal os aman tanto, si no más, que cuando los acariciabais con sus sentidos humanos; que el contacto humano no les falte en absoluto, porque el contacto de sus «formas pensadas» es muy superior a lo que podéis sentir en la tierra. Los pensamientos son una fuerza poderosa, y los pensamientos de oración y de amor actúan tan positivamente como los gestos provocados por sentimientos de ternura.

Pero me gustaría más haceros comprender que si vuestros seres queridos son completamente felices, lo son también por vosotros, por vuestro amor y vuestra comprensión de la vida que no termina aquí abajo, puesto que la muerte es la continuación de la vida en una transformación espiritual maravillosa. Y su esfera, por bella que sea según el grado de evolución de su alma, les parecería menos luminosa, si su alegría y su felicidad celeste no fuera compartida por los seres amados que dejaron en la tierra.

Estar al servicio de Dios, gozar de las bellezas, de la dulzura de los parajes celestes, y no perder ninguno de los afectos que han quedado en la tierra, esta es la felicidad de lo que llamáis el Paraíso.

Amigos a los que amamos, estamos a vuestro lado, respondemos a vuestras llamadas, sentimos vuestras angustias, vemos vuestras zozobras, pero os decimos: ¡confianza, ánimo! Lo que vivís en el Tiempo, solo es una hora, y toda la eternidad feliz está delante vosotros. Ya sabéis que la puerta está abierta; vuestros ojos, por vuestro ángel, ya no tienen la venda que ciega. Os suplicamos que tengáis confianza en nuestras palabras: incluso mal traducidos, nuestros pensamientos penetran en vosotros, vosotros no podéis y no debéis dudar de esto; y cuando Paqui os dice que el que vosotros lloráis está en la luz, que su vuelo ha sido sublime, que nada lo ha detenido porque estaba preparado, que ha terminado su peregrinaje terrestre en un ideal de justicia y de paz, alegraos en el fondo de vuestra alma, mientras dejáis correr vuestras lágrimas.

Aquí, es tan hermoso, tan puro, tan ligero, tan armonioso, que me gustaría ser aún más instruida, más grande por la comprensión superior para hacerme comprender mejor y convenceros más. Pero, alabado sea Dios, percibimos ya que la amada cuyo corazón llora por la cruel separación es sostenida por la certeza del contacto del alma querida de aquél a quien ella llora, por la certeza de su amor transformado, pero cada vez mayor, más completo y muy tierno. Ella tendrá la fuerza para vivir; el ánimo ya lo tiene; la ayuda le será dada para seguir cumpliendo todos sus deberes. Sentid hasta qué punto está rodeada, después de semanas de angustia y de dolor. ¿Cómo podría tener tanta fuerza y paz ante un dolor tan grande, si no fuera ayudada desde arriba? Dad gracias a Dios, tened confianza.

Que esta palabra de confianza en vuestros corazones adquiera una significación divina, y entonces Paqui se sentirá arrobada, porque Paqui es vuestro ángel que os ama y os protege. Dios es bueno por permitir esta unión tan fecunda. Rezad, rezad con todo vuestro fervor: estaréis aún más cerca del ser querido que tanto echáis de menos en vuestros corazones humanos. La oración de abandono, la elevación de los corazones hacia Dios Todo Amor, ¡qué palanca, amigos queridos, de la que no debéis dejar de serviros! Rezad, rezad aún más en unión con vuestro amado. El os pide que le ayudéis con vuestras oraciones a abrir la puerta del arrepentimiento, y a obtener de Dios el perdón para todas las almas de los que hacen mal. Rezad, perdonad.

SOBRE LA SALIDA DE UNA MUCHACHA JOVEN
1947

Con una alegría particularmente intensa y dulce respondo a vuestra llamada. Acudo para ayudaros a socorrer a una mamá agobiada y ayudar a un papá a comprender aún mejor el por qué del sufrimiento, sus beneficios, y explicarles a los dos la felicidad de los que han dejado esta tierra de dolor y se han lanzado hacia las esferas puras y serenas.

Conocer a Dios, gozar de su punto de vista, oír las armonías divinas, dejar todo lo que no es perfecto, ponerse totalmente al servicio de Jesús, nuestro Maestro, nuestro hermano, y obedecerle con agrado: ¡qué alegría, qué placer!

Oh, creedme, no os rebeléis, bajad los ojos si aún no podéis ver la luz demasiado intensa, pero esperad, esperad, amigos a quienes veré un día tranquilos y llenos de una alegre esperanza; si, os lo digo la verdad, una alegre esperanza.

Paqui está aquí, ella os mira a todos, y qué bien veros tan atentos mientras el que escribe trasmite mis pensamientos que desearía fueran especialmente tiernos, cariñosos. Me gustaría que me siguierais bien. Yo fui también una niña pequeña feliz en la tierra, rodeada de un amor infinitamente profundo y de una ternura superior a todas; un amor materno, es decirlo todo, es la perla rara, y vosotros lo sabéis bien. Yo tenía todo lo que se puede pedir en la tierra, entendedme bien, madre dolorosa a la que tomo en mis alas de ángel, a la que deseo curar, y a la que veré sonreír a través de sus lágrimas. Se lo pido a Jesús y El me dice: ¡¡Sí!!

Tenía todo, os lo aseguro; pues bien al lado de lo que tengo en mi Cielo bendito, no tenía nada. Esto para que estéis seguros los dos de la inmensa felicidad de vuestra hija querida, recogida en capullo y llevada fragante y suave a los pies de Jesús Salvador. Tengo más y mejores cosas que en la tierra; mis misiones son admirables; mi vida es continua alegría, porque ya no tengo ese cuerpo pesado y que impide gustar de todo lo que es divino.

Mi felicidad no tiene ninguna sombra; soy armonía en la divina Armonía; no hay sonidos discordantes: todo es suave en este paraíso que conoce la que ha dejado el valle doloroso y que vosotros veréis como yo lo veo, sí, lo veo, y ella es ya un ángel con alas de oro, y sonríe con felicidad a sus queridos padres, más cerca de ella que nunca. Sí, estáis cerca de ella y ella está cerca de vosotros; el velo no es denso y yo lo tengo en mis manos; trataré de aligerarlo todavía porque deseo salvaros, haceros comprender que los desaparecidos están vivos, que no dejan a los seres queridos abandonados en la tierra, que el encuentro será fantástico el día en que los queridos probados, a su vez, dejen lo que los vuelve pesados. Entonces, esto será la felicidad; el encuentro llegará tanto más pronto cuanto que la hija querida, el ángel celeste, acudirá a abrazar en su corazón a sus dos seres amados.

No os desesperéis; rezad; trabajad; ayudad a los que no sienten la felicidad de conocer, de saber que la muerte no existe, que el vuelo es un arrobamiento, y que Dios es bueno, bueno, bueno y misericordioso.

Mamá querida os explicará tan bien como yo que con el deseo de conocer mejor el Cielo donde vive su hija, ella ha dorado ese Cielo, ha hecho crecer mis alas y me ha abierto el gran libro de la comprensión del que saco tanta felicidad, que yo me apresuro a derramar sobre los que Dios quiere confiarme. Haced como mi Mami de amor. Poneos los dos a los pies de Jesús, dejad que El vea vuestro inmenso dolor, ciertamente, pero también vuestro deseo de instruiros y de acercaros así a vuestra pequeña hija querida convertida en «hija de la luz». Este es su nombre, es hermoso, saboread su grandeza, y vuestra pequeña se sentirá en el arrobamiento. Ella os ama, os quiere mucho y de este amor vive, vive en Dios. Amén.

A todos, mis besos de ángel, mi sonrisa, mis rosas olorosas; que el perfume os cambie de opinión, os sostenga y os dé un sabor anticipado de este Cielo en el que nosotros estamos y al que vosotros vendréis.

¡Oh! os amo tan tiernamente, queridos míos. Soy Paqui, la flor de amor. ¡Hasta siempre! ánimo, confianza y fe.

Anuncios