¿Qué dirán estas dos comunicaciones de Paqui a esa señora de Argentina que perdió a su marido, con el que compartía todo, y que sufre en la soledad, viendo cómo la marginan los antiguos amigos de su marido? ¿Y a esa otra madre de Cáceres, horrorosamente angustiada por la pérdida de su hijo de apenas 20 años? ¿Y a ese amigo mío al que, desde hace un tiempo, todo cree salirle mal…?

¿Comprenderán que, en esos momentos malos, Jesús está a la puerta y les hace la “llamada irresistible” a que alude Paqui? Seamos sinceros, es muy difícil percibir esa llamada de Jesús: «¡Ven!» ¡El ruido interior no nos la deja oír! ¡Pero, a veces, ocurre! ¡En medio de esa angustia y soledad puede uno ver a Jesús hundido y solo!

Y si eso ocurre, si se ve uno hundido como Él en Getsemaní, puede que sienta una fuerza interior que le haga decir con Él: «Padre, si es posible pase de mí este cáliz…». ¡Puede suceder! Pero se requiere una condición: ¡dar paso a la fuerza de Dios en nosotros! La llamada irresistible, de la que habla Paqui, y la fuerza de Dios llega por muchos caminos…

¡Buen día!

LA LLAMADA IRRESISTIBLE DE JESÚS
27 DE JUNIO DE 1943.

Jesús me ha dicho: «¡Ven!» y yo me he lanzado. Imposible resistir a su llamada: cuando se oye a Jesús decir con cariño: ¡Ven! ¿quién no acudirá a postrarse con amor a Sus pies? —¿Dejar todo, abandonar todo lo que se ama en la tierra? diréis. Sí, y yo no lamento nada, porque no he perdido nada respondiendo a la dulce llamada del maestro. Nada es abandonado de lo que constituye la alegría del alma que persigue otra felicidad contando siempre con la primera. ¿He perdido yo a mi Mami querida  y a todos los que amaba? ¿He abandonado a esta tierna mamá? —¡No! es más mía que nunca, ella lo sabe, y sin embargo yo vivo para Jesús, en Jesús; estoy a su servicio, forma parte de su milicia sagrada y no tengo suficiente con todo lo que vibra en mí para expresarle mi inmensa gratitud y mi amor infinito.

Compadecer a los que se transforman para vivir en espíritu, ¡qué error! ¡Comprended más bien de una vez por todas que la muerte no existe! Los que parten a la ciudad bendita viven una vida activa y luminosa, siguen siendo ellos mismos, más ellos mismos en la verdad, pues están liberados de su prisión carnal.

Que vuestros corazones se sientan hundidos por la separación, es legítimo. ¿Pero decís de un ser amado que parte para un viaje lejano que está muerto? Lamentáis su marcha porque perdéis su contacto humano, pero no estáis desesperados. Considerad las salidas hacia la Patria celeste como un viaje lejano que os asegura la felicidad del ser querido del que sois separados, y no veáis solo el desecho humano que depositáis en la tierra y al que dais demasiada importancia. ¿No deja el viajero sus viejos vestidos para llevar solo lo que ha preparado para su desplazamiento, dejando tras él todo lo que ya no le es útil? Comprended, amigos queridos, que nosotros, viajeros celestes, somos seres vivos muy activos que trabajamos al servicio de Dios, en las moradas preparadas por nosotros, y que nuestra felicidad es tan grade por entrar en la luz que no podemos lamentar nada de lo que hemos dejado en la tierra, pues que poseemos lo mejor, es decir el alma de nuestros seres amados.

Hay que compadecerse y rezar mucho por ellos, esos que todavía no comprenden, quiero decir las almas pesadas que andan errantes sin encontrar la luz divina. Ellos no son abandonados, porque los ayudamos con todo nuestro poder a desprenderse de las sombras que los acompañan; y cuando vemos descender sobre ellos los rayos luminosos, el Cielo está de fiesta, y los himnos de gratitud suben hacia ese Padre misericordioso que nos permite librar a las almas que sufren.

Rezad también vosotros, queridos míos, para que la luz inunde las almas de las esferas de espera, purgatorio que es un estado de alma, sufrimientos que preparan una evolución para el espíritu que comprende lo que necesita conseguir con su arrepentimiento, su amor, su confianza, y lo obtiene siempre, porque Dios no condena a su criatura, a su hijo pródigo.

Queridos míos, os dejo una estela luminosa, un perfume sutil de todas las flores que me rodean. La luz celeste es tan intensa que el mismo sol de la tierra es pálido ante esta luminosidad divina. Yo os acurruco en los pliegues de mi vestido de ángel. No temáis ningún obstáculo. Os llevaré de luz en luz, y le es dulce a vuestro ángel daros esta seguridad, queridos elegidos antes de la hora. Os amo con todo mi corazón de pequeño ángel al servicio de Jesús, nuestro dulce y divino Maestro.

Paqui.

LA FUERZA DE DIOS EN NOSOTROS
1943.

Aunque esté en la sombra de la muerte, ¿qué temeré si estoy en Dios?

Sí, tened confianza, lo que hagáis, donde vayáis, realizad con serenidad lo que creáis que tenéis que comenzar. Valientemente, con seguridad, caminad con confianza hacia vuestros deberes, diciéndoos siempre: Dios está conmigo, por tanto nada tengo que temer con El, soy una Fuerza.

Bien, diréis, pero en nuestra época de trastornos, de guerras fratricidas, que llevan consigo tantas catástrofes, muchos de los que son golpeados, anonadados, se han ido o se han quedado donde el deber los llamaba. —¡Sin duda, pero ellos no han sido vencidos! no los compadezcáis, han seguido siendo Fuerzas puesto que se han ido con Dios y se han encontrado con Dios, apoyados, ayudados con su invariable amor.

Me gustaría que comprendierais que, suceda lo que suceda, estéis seguros de no zozobrar nunca y de llegar al puerto si tenéis confianza en Aquel que no abandona nunca a sus hijos. Para ello, hay que elevarse por encima del ser mortal, darse cuenta de la fuerza de la Vida, de la fuente divina, que es Dios en nosotros y nos permite permanecer en la paz, vencer nuestras debilidades, nuestras rebeldías contra todos los sufrimientos y las angustias de la vida humana. Comprended que no hay prueba que no sea una advertencia, una llamada al conocimiento de la vida real que está en nosotros: el Amor Dios.

Los tiempos se han cumplido; las Escrituras se realizan, y si vuestros corazones  sangran por todo el mal que parece extenderse cada vez más sobre la tierra, que vuestras almas permanezcan en paz: ellas son partículas divinas y conocerán a su tiempo el esplendor de la verdadera vida en la luz y la felicidad del amor universal.

¿Vuestras vidas terrestres? ¡unas horas! ¡nada! indispensables, sin embargo, para vuestra evolución. Dicho esto, disfrutad ampliamente de todas las alegrías que Dios pone en vuestras manos. Todo lo que es hermoso, puro, debe alegrar vuestros ojos y vuestros corazones, y todo lo que es feo debe ser objeto de vuestros asiduos y luminosos cuidados, si tenéis la posibilidad de transformarlo. Las cosas de la tierra son efímeras y, mientras se guarda el recuerdo, el perfume de los goces pasajeros, tenéis que saber desprenderos de ellos, aspirando ardientemente, por el contrario, a las riquezas de la vida espiritual, la única que permanece, dispuestos siempre a ver apagarse vuestra lámpara terrestre. La llama divina que está en vosotros adquirirá entonces todo su resplandor y os conducirá hacia vuestro nuevo camino.

No os turbéis por los acontecimientos que se desarrollan y no os rebeléis contra las pruebas preparatorias para la obra de Dios… ella es inmensa, y el Alba se eleva para que el sol divino ilumine al mundo. Pero Dios deja libres a los hombres para elegir los medios para salir del camino trillado y ascender a las cimas. Estos pobres humanos se arrastran, se destrozan, porque no quieren comprender las leyes divinas del amor. Comprendido esto, el Universo se vería transfigurado, los ojos verían, los oídos oirían.

Esta luz, velada por la ceguera de los hombres, deslumbrará al mundo, pero más tarde, mucho más tarde, por desgracia. Podéis daros cuenta, por lo que veis en torno a vosotros, de lo lejos que estáis de la meta suprema de la creación: uno por todos, todos en uno, en el amor universal. Los monigotes que se agitan y tiran de las cuerdas del drama que vivís son ciegos e ignorantes, si no son discípulos del mal; y los que son los actores ejecutan los movimientos sin entender nada de ello. Caos, miserias, sufrimientos, angustias de todo tipo se desprenden de ello: frutos maravillosos para muchos, porque lo que vosotros llamáis sufrimiento puede traducirse: redención. Y los señalados para sufrir en estos tiempos de renovación del mundo se elevan y escalan  aprovechando esto mismo la escalera de Verdad que los llevará más rápido hacia la meta final: Dios. Todo esto parece tal vez muy difícil de comprender: no juzguéis, no temáis, Dios está con vosotros si lo deseáis.

Yo os sigo, os amo, y mis alas son para vosotros un dulce abrigo, permitido por Jesús. ¿Qué podría yo deciros mejor y más tierno? ¿Cuáles son las palabras que podrían traducir más a fondo mi pensamiento, que deciros: Yo soy todo amor y, de este amor, vosotros formáis parte? Cuando pronuncio esta palabra luminosa es todo un mundo el que se agita y vosotros sois de ese mundo, puesto que yo os amo. ¡Oh sí, yo os amo! a través de mi Mamina, nuestros corazones laten al unísono, Dios es el gran balancín.

Termino con la frase del principio: ¡Tened confianza! Poned esta palabra en todos vuestros proyectos, vuestros actos, vuestros pensamientos, y actuad con la otra gran palabra grabada en lo más profundo de vuestros corazones: amor. Que él llene vuestra vida y se extienda a todo lo que vive y puede sentir sus beneficios.

Yo os digo: hasta siempre. Os cubro con las flores que Jesús quiere darme, y voy a hacer provisión de alegrías celestes para difundirlas sobre la tierra con la ayuda y la protección de Aquel da y que ama a todos sus hijos. Amén.

Paqui.

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