Esta es la última entrega de un libro sorprendente y original.  En su último capítulo el profesor Schiebeler reúne las experiencias vividas por los médiums y en la Consideración final pone el acento en lo esencial en los grupos de ayuda a los espíritus.

El interés de este capítulo se centra en las respuestas que dan los médiums desde su propia experiencia a preguntas sobre lo que ellos sienten durante las sesiones, sobre si se sienten inspirados, sobre si su experiencia les ha llevado a comprender mejor algunas de las verdades del cristianismo.

La Consideración final es muy importante, sobre todo ahora que algunos vamos a formar un grupo de oración que no excluye ayudar a espíritus despistados. A través de varios casos, muestra el peligro de ser “contaminados” por ellos y el remedio: ¡nada de curiosidad; el remedio es la oración!

¡Buen día!

CAPÍTULO 38

EXPERIENCIAS VIVIDAS POR LOS MÉDIUMS

Al principio fue el interés por lo extraordinario lo que motivó a los miembros del grupo mediúmnico. Se reunieron en 1973, al principio sin el autor de este libro. Se ejercitaron con los habituales golpes en la mesa, pidiendo a cualquier espíritu responder sí o no. Los participantes que manifestaron dones de médiums, pasaron pronto a la utilización de la tablilla, después a la escritura automática y, llegando al siguiente estadio, sumidos en un estado de semi-trance, hablaron de forma mediúmnica. Se anunciaron entonces los espíritus más diversos; entre ellos, parientes de los participantes que habían fallecido antes. Fue entonces cuando aparecieron las perturbaciones provocadas por espíritus inferiores que atormentaban a los médiums, incluso fuera de las reuniones. Llegados a este punto, el Señor A. me llamó un día por teléfono. Me describió la situación y me preguntó qué se podría hacer. Le dije que yo quería asistir para dar luego consejos. Les aconsejé dar a estas reuniones un cariz religioso, introducir en ellas oraciones fijas, comenzar y terminar las sesiones con música religiosa. Al cabo de cierto tiempo, yo mismo participé regularmente en las reuniones. Así fue cómo se desarrolló nuestra actividad, —a saber, aportar la salvación a las almas de los difuntos— a la que me he referido en los capítulos anteriores.

Es necesario también que los propios médiums tomen la palabra y nos hablen de sus experiencias. He aquí lo que la Sra. A. escribió a este respecto:

«Es posible que al leer este libro, algún lector se haga preguntas relativas a los médiums. Por ejemplo, esta: “¿Qué siente un médium durante una reunión de mediación?”, o bien: “¿Qué les mueve a abrirse a los espíritus del más allá, por no decir a entregarse incluso a ellos?” Porque eso es exactamente lo que ocurre durante una sesión.

«Me gustaría comenzar por el punto que me parece más importante y que se llama la confianza. Esta confianza absoluta es el postulado que hace que uno pueda colocarse, como médium, sentado tranquilo, relajado y a la espera de las cosas que van a suceder. La confianza no aparecía en los encuentros desde los primeros momentos. Se fue desarrollando a lo largo de veinte años de intercambios con nuestros interlocutores del más allá. Poco a poco, ellos se fueron hicieron un poco como amigos que nos acompañan un momento, en el camino terrestre.

«Nos informaron de que podíamos abrirnos a ellos, de que teníamos antenas conectadas con el mundo del más allá y de que podíamos también asegurar nuestra propia protección. Es especialmente importante aprender a recibir una protección, pero aprender también que somos absolutamente capaces de protegernos por nosotros mismos. Con demasiada frecuencia, tenemos que recibir sensaciones desagradables, incluso dolorosas.

«Toda la infelicidad y la pena, pero también los sufrimientos físicos de los seres desencarnados son trasladados a nosotros. No sólo hay que resistir, sino sobre todo hay que cooperar poniendo en funcionamiento sus propias fuerzas físicas y psíquicas. Porque esos seres desconcertados no logran resolver sus dificultades; como consecuencia, un contacto con un cuerpo humano puede resultarles muy provechoso. Para nosotros, médiums, el envite es por tanto relativamente importante, pero no implica riesgo alguno para nosotros. Porque nuestros interlocutores del más allá se ocupan mucho de nosotros y nos prestan una gran atención en el momento en que se agotan nuestras energías. Y entonces están atentos siempre para que el ser en dificultad abandone de nuevo el cuerpo del médium, en el momento oportuno.

«Es en ese momento cuando sentimos los médiums cuán grandes y poderosas fuerzas actúan sobre uno. La energía así utilizada es no sólo sustituida, sino también recargada positivamente y multiplicada varias veces. Después de cada sesión, yo me siento fortalecida y reconfortada, pero, al mismo tiempo, como el que vuelve de un largo viaje, enriquecida con muchas experiencias nuevas. Además, no siempre son seres enfermos, agresivos o malvados los que vienen a encontrarse con nosotros y necesitan de nuestra ayuda; sino, muchas veces, seres que llegan de esferas muy elevadas. Ellos no se contentan con hablarte de sus experiencias, sino que permiten al médium respirar el aire de esas otras esferas. Durante el tiempo que permanecen en mí, puedo tomar parte en sus experiencias, al menos, por alusión; y esto me lleva a un sentimiento muy fuerte de sentirme llena.

«No debo olvidar referirme a que nuestro círculo necesita con frecuencia enorme perseverancia y paciencia. Porque puede suceder, sinceramente, que permanezcamos sentados, esperando durante mucho tiempo a que se anuncien nuestros amigos del más allá; y a veces, sucede que no ocurre absolutamente nada. Nosotros lo aceptamos, simplemente. Las razones pueden relacionarse con nuestro grupo, bien porque no nos hayamos encontrado desde hace mucho tiempo, bien porque nos encontremos demasiado nerviosos o no acertemos a desprendernos suficientemente de lo cotidiano. Las razones pueden también relacionarse con los espíritus del más allá, bien porque están expuestos a fuertes ataques o bien porque no están presentes en absoluto. Nunca tenemos la garantía, a priori, de que todo va a ir sobre ruedas.

«A pesar de esto, todos sabemos que seguiremos reuniéndonos porque cada uno de nosotros puede confirmar que esta colaboración con nuestros interlocutores del más allá ha cambiado nuestra manera de vivir, en muchos campos. Vivimos de manera más consciente; sabemos por experiencia cuál es el poder de la oración, y, sobre todo, ya no tenemos miedo a la muerte. Hemos aprendido que la muerte sólo es el paso hacia un mundo nuevo, donde nos esperan nuevas oportunidades y nuevas posibilidades para continuar nuestra evolución».

Esta es la declaración escrita presentada por la Sra. A. El 25 de junio de 1993, pregunté también de palabra a la Sra. A. y al Sr. B. a propósito de su experiencia.

Schiebeler: «Señor B., dígame, ¿qué ocurre en usted, interiormente, durante una sesión? ¿Qué sucede cuando se encuentra sentado y se prepara interiormente para lo que va a suceder y cómo vive el momento en que cae en trance parcial?»

Sr. B.: «Voy a describir cómo ha ocurrido esta tarde. Cuando vuelvo a casa, terminada la semana de trabajo, me preparo interiormente para la reunión de la tarde. No realizo ya ningún trabajo penoso y me esfuerzo por mantener la paz interior. Aunque antes no estaba muy contento, me alegro de encontrar en torno a mí a los demás participantes y supero todo lo que me disgusta. Me encuentro interiormente absolutamente disponible. Hoy, he empezado por escuchar las palabras de introducción y luego las oraciones del comienzo, he rezado en silencio una oración. Y siento muy pronto —esto ha sucedido también hoy— si están o no presentes los espíritus. Ellos se incorporan a mí, están ya incluso realmente en mí, y Nepomuk toma posesión de mí. No puedo explicarlo de otro modo. Siento también si se trata de otro distinto de Nepomuk. Cuando es Nepomuk, tengo un sentimiento de felicidad que me aporta paz. Si me hubiera llegado un espíritu maligno, me habría sentido hoy muy pronto bloqueado. Puedo percibir si se trata de un espíritu del bien o de un espíritu del mal. Esta es la primera etapa».

Sra. A.: «Yo me preparo de la misma manera que el Sr. B.; a mí tampoco me apetece esto en un primer momento. Pero cuando todos juntos nos encontramos sentados, desaparece esta sensación de desagrado. Cuando los espíritus están aquí, me siento pesada, infinitamente pesada, y ya no soy totalmente dueña de mi cuerpo. Y siento descender a mí, con gran fuerza, una verdadera nube de energía».

Schiebeler: «¿Lo sienten en forma de calor?».

Sra. A.: «No, yo no lo siento como fuente de calor. Es más bien algo pesado; eso penetra realmente en mí y se pone a trabajar en mí; de parte a parte, en cada parte de mi cuerpo. Así es como reconozco siempre si se trata de nuestros espíritus controladores; porque se trata de una onda de energía muy especial que me inunda. Después de este trabajo preparatorio, cuando penetran en mí otros espíritus, se da una percepción completamente distinta, una cierta inseguridad, una resistencia, un trabajo difícil, pero no esa maravillosa onda de energía que comienza a volcarse en mí y se apodera totalmente de mí. A través de ella siento su presencia. Puedo fiarme de ella. Es la señal de reconocimiento».

Sr. B.: «Esto es interesante. En mí, es completamente distinto. Yo no siento en absoluto esa impresión de que se vierta en mí, de que se vierta en mí con todo su peso. En cambio, me siento completamente libre en mi cabeza, completamente ligero; tan ligero que siento inmediatamente si el espíritu que viene a mí es bueno o malo. Antes, no era capaz de establecer la diferencia».

Sra. A.: «En mi caso, es exactamente lo contrario. Yo me siento pesada, y tú te sientes ligero. Para ti, todo ocurre más bien en la cabeza, y, en mí, si tengo en cuenta las impresiones recibidas, es en la parte superior del vientre. Es completamente típico. En esto, se nota que tú eres un hombre y yo una mujer».

Sr. B.: «Mi espíritu se siente totalmente libre, incluso de las preocupaciones diarias. Entonces dejo que los espíritus vengan a mí y vocalizo lo que ellos me transmiten. Son ellos los que hablan por mi boca. No son mis propios pensamientos. Yo ya no veo nada en torno a mí. Todo ha desaparecido. Sin embargo, no he caído en el trance total. Si se abriera la puerta, yo lo notaría; pero estos incidentes ya no me molestan, en estos momentos. Antes, un hecho así me habría molestado mucho. Pero, hoy, me siento tan absorbido por los espíritus que ninguna otra cosa puede molestarme».

Schiebeler: «Cuando hablan, ¿tienen la impresión de que esos pensamientos les son inspirados por ellos y de que ustedes lo reproducen, o bien que su boca habla espontáneamente?».

Sr. B.: «Habla espontáneamente. Antes, para mí se trataba de grabar sus pensamientos. Pero el camino era más largo, en primer lugar inspirar, después traducir y finalmente expresarlo. Hoy ya no procedo de esta manera. Los espíritus se expresan por mi boca y, al hacerlo, quedan fuera mis propios pensamientos».

Sr. A.: «Lo mismo me sucede a mí. Lo que yo digo no pasa por mi cerebro, a no ser que me bloquee. Entonces, se acabó. Si no, mi cerebro no interviene».

Schiebeler: «En los primeros tiempos, sucedía que un ser espiritual tomaba posesión de ustedes y no sin dificultad podían rechazarlo.

Sr. B.: «Es cierto, antes las cosas ocurrían así».

Schiebeler: «¿Piensan que podrían hoy desalojarlos?».

Sra. A.: «En eso, hoy estoy casi segura de ser capaz. Hoy tengo otros medios y otras estrategias para actuar. Esto es lo que he aprendido en este intervalo».

Schiebeler: «Y ¿en qué consisten esos medios y esas estrategias?».

Sra. A.: «Es la capacidad que tengo de envolverme en una cápsula protectora, en una cierta bola de energía. Lo consigo gracias a la ayuda de los demás; pero también lo he aprendido por mí misma. No tengo absolutamente nada que temer».

Schiebeler: «¿Y visualizan esa cápsula a través del pensamiento?».

Frau A.: «Yo la visualizo y ella está ahí, con toda su fuerza. por eso no temo que pueda ocurrirme nada. Por otra parte, todo era distinto anteriormente. Me faltaba todavía seguridad. Para mí, era como una tierra a explorar y era necesario en primer lugar ponerme al corriente. No llegaba todavía a distinguir lo que penetraba en mí y qué uso tenía que hacer de ello».

Sr. B.: «Cierto que yo no siento la presencia de ninguna envoltura protectora; pero sé que allí hay una protección y que está destinada a mi. Cuando llega un espíritu que yo no quiero, se opera inmediatamente en mí un bloqueo, a modo de protección tanto que, hoy el espíritu ya no puede instalarse en mí. Yo no estoy tan desconectado, por eso soy capaz de sentir si una cosa es o no correcta. Además, tengo una gran confianza en nuestros espíritus de control».

Sra. A.: «Esto es especialmente importante. Esto es lo que se necesita, si no, no podríamos encontrarnos juntos en una reunión».

Schiebeler: «¿Qué es lo que les ha permitido adquirir esta confianza?».

Sra. A.: «Se ha ido desarrollando a través del tiempo, gracias a las experiencias y a los acontecimientos que hemos conocido».

Schiebeler: «¿Podrían añadir algo esencial sobre el tema?».

Sr. B.: «Yo siento la necesidad de mantener el contacto establecido con los espíritus, incluso si un día tuviéramos que ir a vivir a otro lugar. No es indispensable que tenga lugar en este círculo. Recupero el contacto incluso por la tarde, en el momento de acostarme, mientras incluyo a los espíritus del más allá en mi oración y pido a Dios que todo vaya para ellos lo mejor posible. Entonces, tengo con ellos una relación sin problema. A través de los años, ha nacido una verdadera amistad hacia ellos. Si tuviera que interrumpir esta relación, lo consideraría como “un abandono”. Antiguamente, en cambio, queríamos abandonar. Cierto que a veces me llega este sentimiento, también hoy. Pero resultó importante que usted apareciera en aquel momento, si no, habíamos abandonado».

Sra. A.: «Es importante tener un fiel acompañante. Si tú ya no estuvieras, nos seguiríamos reuniendo, tal vez no de forma tan regular, porque tú eres la fuerza dinámica. Pero la necesidad se hará sentir siempre. En cierta manera, se ha convertido en una parte de nuestra vida y esto nos ha aportado enormemente».

Sr. B.: «Cuando, durante las vacaciones, no nos reunimos desde hace algún tiempo, yo me alegro pensando que volveremos a tener una comunicación directa con los espíritus; porque, por la tarde, en la cama, el contacto no es tan directo. Siento en mí la necesidad de volver a establecer el contacto. Siempre he sido creyente, desde los trece años, aunque no iba regularmente a la iglesia. Siempre he rezado, en cualquier situación, la oración me ha dado siempre fuerza».

Sra. A.: «Esto también es válido para mí. La oración aporta una fuerza enorme. Siempre he sido una cristiana convencida, ahora, vivo simplemente todo esto de una manera más consciente».

Schiebeler: «¿Llegarían a decir, tal vez, que muchas de las enseñanzas propuestas en el cristianismo, o contenidas en los relatos bíblicos relativos, por ejemplo, a la ascensión de Cristo, —que es dejada de lado ampliamente por los teólogos actuales— que esas enseñanzas, se han hecho más comprensibles para ustedes?».

Sra. A.: «Y ellos oyeron voces o bien el Espíritu Santo descendió sobre ellos: ahora, comprendemos mejor, es verdad. Llegamos a explicar mejor estos fenómenos. Incluso cuando en el momento de la Eucaristía, se ofrece el cuerpo de Cristo, en realidad, no se trata de otra cosa sino de la fuerza y la energía infinita del amor que nos es dado y que proviene igualmente del cáliz. Hemos aprendido todas estas cosas gracias a nuestra actividad de médium, porque la Iglesia no lo enseña de esta manera. Este vínculo que aquí hemos tejido, profundiza mi fe y me lleva a una creencia verdadera. Esta es mi experiencia personal.

Consideración final

Puede que al leer este libro y respondiendo a una disposición interior, sienta alguno el deseo de establecer, por su parte, una comunicación con el mundo del más allá.

Tengo que advertiros que un intento así no está exento de peligros. Si no se toman medidas de precaución, es como si alguien deja su puerta abierta en plena noche y grita: «¡Ea, entrad todos!». El que entonces llega puede ser alguien indeseable y, en algunas circunstancias, ni siquiera querrá marcharse voluntariamente. A más de uno le ha sucedido que ha sido robado o asesinado por gente desconocida a la que había permitido entrar en su casa sin discernimiento. Esto es más o menos lo que puede suceder al que entra en contacto con el más allá, de una forma indiscriminada. En mis obras anteriores: La Vie après la mort terrestre (Cap. 6) y Der Mensch und seine Bindung an Gott («El hombre y lo que le relaciona con Dios»), he descrito los horrores que pueden producirse en ocasiones así. Tomo del profesor americano Hans Holzer (nacido en 1920), investigador en parapsicología, el ejemplo que sigue a continuación. Después de describir de dos casos, he aquí lo que escribe en su libro: Das Übersinnliche ist greifbar («Lo sobrenatural se deja aprehender»):

«Hace poco tiempo, conocí un caso mucho más serio, para el que no veía ninguna solución optimista. Se trata de la esposa del director de una editorial muy conocida. Ella escribía, pintaba, era muy hermosa, llena de vialidad y muy apreciada en la sociedad. No padecía ningún mal físico, cuando comenzaron los acontecimientos. Por otra parte, bebía de vez en cuando un vaso, a veces dos; pero no era alcohólica y no sufría depresión. No tenía ningún problema y no se interesaba en absoluto por el ocultismo, al que consideraba contrario a la fe.

«Un día, se encontraba en la casa de campo de un pariente que pasaba su tiempo libre haciendo girar las mesas. Ella era de natural afable y se avino a participar, no por curiosidad sino por agradar a sus huéspedes. Una amiga de la dueña de la casa estaba también presente y hacía de dama de compañía.

«Apenas la Sra. K. había puesto las manos sobre la mesa, encontró el asunto más bien molesto y se levantó. Después, trajeron la plancheta de la oui-ja y la Sra. K. se unió al grupo. La plancha pareció concentrarse especialmente en la Sra. K.; tanto que cogió miedo y quiso parar; pero la dueña de la casa la convenció para tomar papel y lápiz y escribir al dictado del espíritu.

«La Sra. K. lo consideraba imposible y fue invadida absolutamente cuando el lápiz corrió completamente solo sobre el papel y garabateó algo que parecía ser un rostro gesticulante, tal vez el de un joven loco. Alrededor de dibujo, se podía leer: “Yo maté a la que quiero”. La palabra “maté” fue escrita con tal fuerza, que el papel estaba desgarrado en aquel lugar. Fue entonces cuando la Sra. K. se levantó súbitamente, lanzó un grito salvaje que llenó de angustia a todos los asistentes y cayó en el mismo momento en un trance tan profundo que, durante un buen rato, pareció no seguir en su estado normal. A partir de entonces, se sintió profundamente conmovida por su primera experiencia de posesión.

«Desde entonces, ya no sentía tanto escepticismo y juró no volver a provocar a aquel mundo subterráneo. Pero la puerta que había abierto, ya no quería cerrarse. Ella fue el instrumento de toda una serie de personalidades desencarnadas, que la utilizaban como médium para expresarse de nuevo, después de largos años de olvido y decepción.

«Había soldados, el arquitecto de la casa, un gentilhombre que vivió en el siglo XVIII, y el asesino violento que la había abierto al mundo psíquico. Él había sido pintor y comenzó a dominar de tal manera a la Sra. K. que la manera de ser de esta mujer, normalmente tan amable, fue dominada por la de aquel hombre joven, tan lleno de violencia y de tosquedad. No podía coger con la mano un pincel, sin caer bajo su influencia.

«Después, le llegó el turno a una antigua muchacha brutal que le hizo sufrir muchas ofensas. Muy preocupado, su marido le hizo pasar por un examen completo y la diagnosticaron un excelente estado de salud, tanto en el plano psíquico como en el mental. No se encontró ninguna explicación a lo que le sucedía. Psiquiatras, que tenían en consideración la parapsicología, trataron de ayudarla… pero en vano.

«Cuando yo la conocí, traté de animar a la entidad intrusa para que abandonase el espíritu de la Sra. K. Pero es inútil discutir con un loco y el combate fue muy violento. Duró meses y sólo una hipnosis intensiva y profunda permitió ponerla bajo control, hasta cierto punto.

«Tuvo que vivir, personalmente, algunas decepciones; escribía y pintaba muy bien, pero no había publicado ni vendido nada todavía. La decepción la llevó a un sentimiento de autodestrucción y al abuso del alcohol. Fue entonces cuando se hizo cada vez más difícil arrojar de ella y de su espíritu a las entidades extrañas. Poco a poco, la fascinó esta nueva disposición y pasó mucho tiempo desarrollando sus talentos de médium. En lugar de cerrar la puerta de su espíritu, la abrió de par en par para recibir a todas las personalidades que deseaban escribir a través de su mano.

«Comenzó a languidecer y, a pesar de los cuidados, su estado de salud no mejoró. Su cuerpo tenía ya lesiones. Fueron muchos los que trataron de ayudarla y de echar a los espíritus extraños que la dominaban. Actualmente, la Sra. K. es una inválida que ya no puede esperar una mejoría sensible en su estado de salud. Yo he conseguido algunos resultados durante algún tiempo; pero cuando ella no ha querido ya defenderse, todo cuidado era inútil.

«Todas esas entidades extrañas eran atraídas por la Sra. K. porque ella era médium. La naturaleza la había colmado, pero ella no sabía —y sigue sin aprenderlo— cómo controlar esos tipos de invasiones de manera que no puedan perjudicarle.

«Se ha observado el caso de personas que parecen de buena salud y que, de pronto, pierden la cabeza o matan a familiares cercanos. La mayoría de las veces, no consiguen justificar su acción. A partir de un momento concreto, no se acuerdan de nada; tienen ante sus ojos un cristal esmerilado, para emplear una fórmula gráfica. ¿Tal vez otra personalidad había utilizado su cuerpo y cometido esos asesinatos espantosos? ¿Tal vez un desencarnado, lleno de maldad, había desencadenado toda su ira rechazada y su hostilidad a través de un hombre que entraba a la casa, agotado por una larga jornada de trabajo? Ningún tribunal aceptará estas explicaciones, y sin embargo podrán ser ciertas. Estos hechos pueden producirse también muchas veces bajo los efectos del alcohol. Cuando la persona está bebida, el vínculo entre consciente e inconsciente se hace más tenue y le resulta entonces fácil a una personalidad espiritual hacerse prisionero de un espíritu extraño. Igualmente, bajo los efectos de la droga, se debilita el consciente; o también, con la toma de medicamentos, de drogas alucinógenas, de opiáceos o de barbitúricos.

«Sin embargo, estos fenómenos terribles no habrían sucedido si las “víctimas” no hubieran tenido una predisposición a la mediumnidad. En estos casos, ser médium es más bien una maldición que una gracia, porque los interesados no saben cómo comportarse. La mejor manera de protegerse es, justamente, conocer las capacidades humanas y comprender mejor la dualidad del mundo, que es a la vez espíritu y materia».

Esta era la exposición del profesor Holzer. Quisiera añadir también que, para asegurarse una mejor protección, debe conocerse el sentido oculto de la religión y el vínculo que nos une a Dios.

En Holzer, no se habla en absoluto de la oración dirigida a Dios para conseguir su protección, sino de la hipnosis y de buenos consejos. Sin duda alguna, esto no ha sido suficiente.

No considerar nunca la comunicación con el más allá como un juego de sociedad, la satisfacción de un gusto por lo sentimental o como un juego de niños. Esto es sin embargo lo que pensaba mucha gente en torno a los años 1900, cuando, por ejemplo, practicaban la tiptología [1], o también, hoy en día, en muchas escuelas, cuando los alumnos practican la escritura de la tablilla. Revistas dedicadas a la juventud dan, a ese respecto, las instrucciones necesarias y explican cómo se puede entrar en comunicación con el más allá a través de los “péndulos”, de las mesas giratorias y de la escritura mediúmnica. Es posible que, en algunos casos, esto se haga sin peligro y se desarrolle sin consecuencias perjudiciales, bien porque ello no funcione por falta de mediumnidad, o bien porque el aburrimiento se hace presente y no se continúa. Puede suceder también que se comiencen a oír voces que ya no se pueden cortar, en una especie de posesión, al exterior o dentro de uno mismo, y cuyas consecuencias son terribles. Las víctimas pueden encontrarse entonces en la consulta de los psiquiatras mucho antes de lo que habrían deseado.

Cito el siguiente ejemplo: finales de octubre de 1987, cuatro señoras y un señor trataron de verme. Habían leído en un número antiguo (septiembre de 1984) de Bravo, revista para los jóvenes, las explicaciones detalladas que permiten establecer un contacto con el más allá. Ellos se dijeron: «Seguro que nosotros podremos conseguir lo que consiguen los muchos. De hecho, consiguieron muy pronto levantar una pequeña mesita colocando sobre ella sus manos. Sucedió que tres de las cuatro señoras poseían dones mediúmnicos y sobre todo la Sra. D. Ella oyó voces y se inició enseguida en la escritura mediúmnica. Tenía que transmitir los mensajes más diversos, en particular, los de un ser espiritual que decía ser la madre difunta de una de las otras tres señoras. La entidad dijo que había sido envenenada. La garrafa que contenía el veneno que le había sido administrado, se encontraba todavía en su ataúd. Dijo que era necesario abrir el ataúd, recoger la garrafa de veneno, y, además, encargar decir misas. En realidad, la madre había muerto de muerte natural.

El estado de salud de la Sra. D. así como su sorprendente comportamiento se agravaron de tal manera, en tan poco tiempo, que su marido y su madre la hicieron hospitalizar en un centro psiquiátrico. Allí, la Sra. D. fue tratada de alopatía [2], cuyos efectos secundarios fueron muy desagradables. Para poder dejar este centro, dijo que ya no oía voces. En realidad, seguía oyéndolas e incluso después de su salida del hospital psiquiátrico, continuó en contacto con los seres del más allá. Para poder «conversar» con ellos, tenía que responderles hablando de forma normal o en voz baja. Para que los miembros de su familia no lo notasen, tuvo que aprender a hablar sin mover los labios, siguiendo en esto las instrucciones de los espíritus posesores. Cuando me visitó, la Sra. D. me contó que pasaba, cada día, dos horas hablando con los espíritus.

A su juicio, no tenía nada que ver con espíritus burlones, sino con espíritus dispuestos a ayudar a los demás. Pero había recibido como directrices no leer ya la Biblia. Los espíritus querían indicarle más tarde, lo que es verdad en la Biblia y lo que no lo es. La Sra. D. no pensó que esta orden tuviera un aspecto siniestro y se mostró totalmente confiada en relación a sus espíritus. Las primeras órdenes estúpidas que recibió no habían despertado en ella la menor sospecha. Ella no siguió mi consejo, cuando le dije que interrumpiera todo contacto con sus espíritus, cualesquiera que fueran, y resistirse a toda comunicación y a toda orden. En cambio, obedeció a la prohibición dada por sus espíritus de tratar de verme otra vez. Temo que a largo plazo la Sra. D. evolucione de forma negativa.

El siguiente ejemplo está sacado de un libro que se titula Geister Glaube («¿Hay que creer en la existencia de los espíritus?»). Esta es la pregunta que plantea un muchacho de 15 años:

«Desde que prestamos juramento a los espíritus, tengo miedo. Tengo un gran problema, que no consigo resolver yo solo. Muchas veces, con los chicos de mi cuadrilla, hacemos juramento delante de los espíritus (nos comunicamos con los espíritus inquietos por medio de vasos, de mesas, etc.). Al principio, yo y mis amigos tomamos esto como un pasatiempo, como una broma. Pero, poco a poco, siento realmente miedo. Siento realmente que me siguen; incluso en mi habitación, acaban de producirse recientemente cosas muy misteriosas.

«La música aumenta o disminuye completamente sola; la luz de una lámpara se enciende de pronto; y cuando estoy solo y cambio vasos de sitio, el vaso se mueve continuamente, y a propósito, en dirección a mí en lugar de dirigirse a la tablilla y a su alfabeto. Al final, ya no me siento seguro. Dígame, por favor, cómo puede usted explicar todo esto» (Günter, 15 años, Flensburg).

De la misma manera, si uno pasa su tiempo grabando en cintas magnetofónicas voces paranormales (o estableciendo cualquier contacto con el más allá), se puede llegar a un fenómeno de posesión al interior o al exterior de sí mismo. Pienso ahora en casos trágicos que conozco personalmente, y en uno de ellos en particular, en el que una señora que contaba con un fuerte poder mediúmnico perdió totalmente el sentido de la realidad y se hundió en la locura. Otra señora, a quien conozco personalmente, Hildegard Gesbert (seudónimo), ha escrito una obra sobre las terribles experiencias que acompañaron sus intentos de grabaciones de voces en cinta magnética. El libro se titula Püfer die Geister, Erlebnisbericht über Jenseitskontakte («Controlad a los espíritus, o el relato de mi contacto con el más allá»). He aquí lo que escribe en su libro:

«Hace muchos años, me enteré con alegría de que era posible comunicar oralmente con los difuntos, a través de un magnetofón. Comencé a practicar en noviembre de 1983. Cuando comencé, carecía de todo sentido crítico y actuaba con total buena fe. Grabé muy pronto las primeras voces. Salté de alegría y practiqué con desmesura este ejercicio de grabación de voces del más allá. Casi diariamente, permanecía sentada delante del aparato, durante todas mis horas libres y llamaba permanentemente sobre todo a mi padre. Ciertamente, yo no lo había conocido, porque había muerto en mi más tierna infancia. Pero a pesar de ello, había guardado una relación profunda con él».

Al principio, estos ensayos parecieron ser muy fructuosos. Pero, más tarde, la Sra. Gesbert no conseguía librarse de los espíritus a quienes invocaba. Muy pronto, ya no oyó las voces a través del magnetofón, sino directamente por encima de su cerebro o procedentes de fuentes domésticas que provocaban ruido como aspiradores o agua corriente. Estas voces no dependían ya de su voluntad; se anunciaban como de Dios; daban consignas idiotas y agotadoras, y provocaban noches sin dormir. La Sra. Gesbert pasó por un infierno, en el que conoció los peores tormentos de alma y de cuerpo. La última posibilidad de recibir ayuda era la estancia en un centro especializado. Se la diagnosticó una esquizofrenia y le prescribieron la medicación correspondiente.

Es verdad que el tratamiento psicoterapéutico atenuaba de forma pasajera los síntomas de posesión, pero llevó consigo efectos secundarios de suma gravedad. He aquí lo que ella escribe: «Al observar de cerca, me preguntaba con frecuencia lo que había sido más terrible, el infierno psicológico provocado por los espíritus, o los efectos secundarios sobre lo físico provocados por una terapéutica pretendidamente psíquica, que tuvo en mí un efecto desastroso. Si los sufrimientos psíquicos superaban ya los límites de lo tolerable, ¿qué decir entonces de las consecuencias del tratamiento? Éste me llevaba al colmo más absoluto de mis torturas. Para terminar, recurrí a la oración y pedí a Dios que me protegiera de los demonios y me librara de sus tormentos nocturnos».

Y añade: «Dado que en las noches que siguieron y hasta el día de hoy, ninguna entidad negativa me ha vuelto a visitar, cada vez soy más consciente; y tengo la absoluta convicción de que el poder de la oración me ha protegido frente a los horribles tormentos causados por los seres del mal. Al mismo tiempo, se despertaba en mí la necesidad de atraer la atención de mis semejantes sobre el poder de la oración».

Es realmente espantoso cuando se firman pactos en debida forma con el enemigo de Dios, con Satán, el príncipe de los que están muertos espiritualmente, el príncipe de los espíritus que abandonaron a Dios. En todas las épocas, se han conocido cosas semejantes. El profeta Isaías ponía ya en guardia a los judíos, hacia el 730 antes de Jesucristo. En nombre de Dios, quería apartarles de sus artimañas y esto es lo que les hizo saber:

«Por eso, escuchad la palabra de Yavé, hombres insolentes, gobernantes de este pueblo que está en Jerusalén. Vosotros habéis dicho: “Hemos cerrado una alianza con la muerte; hemos hecho un pacto con el shéol. En cuanto al azote que amenaza, no nos afectará, porque hemos hecho de la mentira nuestro refugio, y nos hemos escondido en la falsedad”. Por eso, así habla el Señor Yavé: “¡He aquí que yo pondré en Sión una piedra, una piedra de granito, piedra angular, preciosa, piedra de cimentación bien asentada: el que se apoye en ella, no se tambaleará. Y tomaré el derecho como norma y la justicia como medida. Pero el granizo echará abajo el refugio de mentira y las aguas inundarán el escondite; vuestra alianza con la muerte quedará rota, vuestro pacto con el shéol no se mantendrá!”» (Isaías 28, 24-28).

Ya Moisés había recibido de Dios esta misión: «No os dirijáis a los espíritus de los muertos, o hacia los espíritus de los adivinos; no los busquéis, para que no os manchéis con su contacto. Yo soy vuestro Señor y vuestro Dios» (Levítico 19, 31). Y Moisés añade: «Si alguien se dirige a los espíritus de los muertos o a los espíritus de los adivinos, y se confía a ellos, entonces yo apartaré mi rostro de ese hombre; lo exterminaré arrancándolo de en medio de mi pueblo» (Levítico 20, 6).

Más de 3000 años después, estas exhortaciones no han perdido nada de su significado y siguen siendo válidas cuando quiere establecerse un contacto con el mundo de los espíritus alejado de Dios u opuestos a Dios. A pesar de esto, muchas personas realizan, también hoy, pactos solemnes con el diablo, lo eligen como dios y le dirigen oraciones. Se les llama seguidores del Satanismo.

Se puede decir, en resumen, que no hay que llamar, por una razón trivial, a un difunto cualquiera a la hora que nos conviene, utilizando algún procedimiento para establecer un contacto con el mundo del más allá. Y cuando hay médiums que sostienen que pueden hacerlo, o bien juegan con la credulidad de la gente, o trabajan en equipo con espíritus burlones y mentirosos.

El que se atreve a ponerse en relación con el más allá a pesar de todos los posibles peligros, movido por la pasión de las investigaciones o por la búsqueda de la verdad en el plano religioso, sólo debería dedicarse a ello con la condición de tener objetivos serios y no materiales, de contar con sólidas bases religiosas y de pedir permanentemente a Dios que le conceda su protección. El anciano sacerdote católico Johannes Greber recibió a este respecto la siguiente enseñanza del más allá: «La formación de los médiums es un tema importante y sagrado. Por eso deberíais rezar mucho por ellos en vuestras asambleas y pedir a Dios que les conceda fuerza y apoyo, para que todo suceda según la voluntad de Dios. Que los médiums se conviertan en instrumentos al servicio del Bien y que permanezcan fieles a Dios».

Por otra parte, el que se proponga comunicarse de manera mediúmnica, debería desarrollar una gran prudencia y no debería dejarse transformar en servidor incondicional de entidades del más allá que se jactan de ser Dios, Jesucristo o cualquier personalidad célebre. Hay que someter a estas entidades a severos exámenes y desecharlas a la menor sospecha. Además, se deberían acoger con el mayor escepticismo todas las declaraciones que anuncien que el fin del mundo está cerca. Luego, solamente, el que busca podrá esperar conseguir un gran provecho espiritual de sus comunicaciones con el más allá y desarrollar en sí mismo una relación cada vez más profunda con Dios y con Cristo, así como una mayor confianza en ellos. Entonces, su vida fluirá por senderos tranquilos y cualquier golpe de suerte no conseguirá inquietarle ni hacerle hundir en la desesperación. Le será posible ofrecer su ayuda a otros hombres o a espíritus desgraciados que andan vagando por el más allá. Los ayudará en su angustia y su miseria, y les aportará consuelo y esperanza. El que busca con estas disposiciones de espíritu, se esforzará desde ahora, en la tierra, por modelar su vida de tal manera que nada juegue en su contra después de la muerte.

Para muchos, estos sabios consejos llegan demasiado tarde. Se han hundido ya en el fondo del pozo. ¿Cómo pueden salir de él?

Si piensas que tú mismo estás poseído o acosado, pero te sucede, aunque sólo sea incidentalmente, que puedes pensar con claridad, que no encuentras ninguna ayuda en tu médico o en un sacerdote, entonces deja de lado todas tus actividades de magia o de parapsicología y tus intentos de grabación. No vayas tampoco a cualquier oscuro deshace-hechizos u otras personas dudosas que se proponen ayudarte con su magia. Si eres fumador, bebedor, drogado o jugador, trata de librarte lo antes posible de estas dependencias. Si no lo consigues, no te extrañes, por favor, si todos los demás esfuerzos resultan inútiles. Las coacciones de todo tipo son puntos de anclaje para el mundo de los espíritus inferiores.

De todas formas, introduce orden en tu relacón con Dios. Reflexiona en todas tus faltas pasadas y pide a Dios que te perdone. De ti solo depende el pedir ayuda, dirigiéndote a Dios y a Jesucristo de manera clara y decidida. Pide continuamente la ayuda de los dos, suplicándolos, y ponte bajo su protección. Por la noche, lee regularmente un pasaje de la Biblia. En tu oración, reza también por los espíritus que te oprimen para que tomen conciencia de que se portan mal y de que, por estos actos, se excluyen de la gracia divina. Pide que los ángeles de Dios te protejan y que procuren hacer comprender a los espíritus obsesivos el carácter delictivo de sus maniobras. Todas las mañanas, con tus allegados —o completamente solo si no tienes familia contigo— di en voz alta la siguiente oración:

Bendición de la mañana

Te doy gracias, Padre del Cielo, por haberme librado de todo mal y de todo peligro durante esta noche, te pido que te dignes protegerme de todo pecado y de todo mal durante este día, para que mis actos y mi vida te sean agradables. En tus manos, pongo mi cuerpo, mi alma y todo lo que tengo. Que tus ángeles bienhechores me acompañen para que el enemigo malhechor no tenga sobre mí ningún poder. Amén.

No se te ocurra pensar que vas a lograr ayuda y protección sin implicarte personalmente con mucha seriedad. A través de un cambio real en tu vida, muéstrate digno de recibir un apoyo.

Si no eres tú el que estás poseído o acosado sino un pariente cercano o un amigo, que ya no puede tomar conciencia de su situación, entonces recita tú mismo la plegaria en su lugar e imponle las manos al mismo tiempo.

He aquí la oración que te propongo. Se recomienda recitarla varias veces seguidas, mientras se colocan las manos en la cabeza del paciente (puede recitarse para uno mismo, pasando de la segunda persona la primera):

Que la fuerza de Dios penetre en ti.
Que ella sea el Amor que caliente tu alma.
Que ella sea la Alegría que llene tu corazón.
Que ella sea la Salud que cure tu cuerpo.

Que la Luz de Dios penetre en ti.
Que ella ilumine tu alma y llene tu corazón.
Que ella te ofrezca como regalo una firme esperanza y confianza.

Que Dios te envuelva bajo su protección,
Y te libre todas de las influencias del mal.
Que Dios te conceda la fuerza para cambiar tu vida,
Y te dé la paciencia para soportar tu destino.

Que Dios esté a tu lado en la miseria y en la tristeza.
Que Dios te ayude a soportar todo el peso de la vida.
Que Dios conceda su ayuda a todos los espíritus que te obsesionan,
Y les haga comprender que deben pedir perdón.

Sin embargo, que todo se realice según el plan
que Dios considere bueno para ti.

Amén

Para terminar recita el Padre Nuestro. Cuando el interesado recita en voz alta esta oración, con vistas a su propia curación, sería necesario que terminase siempre con esta frase:

Me opongo a todos los enemigos de Dios y a todas sus obras.
Prometo solemnemente seguir a Jesucristo, el hijo de Dios
me pongo bajo su protección.

Ahora, si alguien piensa que, de todas maneras, él no puede creer en Dios o en Jesucristo y no se fía de la eficacia de la oración, entonces, que continúe prisionero de su terapéutica con pretensiones psíquicas y que siga soportando los ataques y las amenazas de los espíritus del más allá. Encontrará ejemplos impresionantes relacionados con este tema en mis obras La Vie après la mort terrestre y Der Mensch und seine Bindung an Gott (“El hombre y el vínculo que le une con Dios”).

En Alemania y en el mundo entero, existen grupos, más o menos importantes, en los que se manifiestan el mismo Dios, o Jesucristo, la Virgen María o un Arcángel en persona. Tratan de impresionar al auditorio lleno de respeto a la escucha de conferencias llenas de unción. La mayoría de las veces, se anuncia también de antemano una catástrofe cercana, que destrozará al mundo entero, de la que se salvarán únicamente los creyentes. Eventualmente, serán evacuados a planetas lejanos a través de naves espaciales extraterrestres. Estas comunicaciones son tan inverosímiles que cualquier oyente dotado de espíritu crítico descubre fácilmente el carácter dudoso de estas revelaciones. Pero, debido al origen pretendidamente elevado, debido a promesas y a amenazas recibidas del más allá, muchas personas se dejan manejar a su antojo y dan crédito a todo.

Sin embargo si uno no se deja acaparar por espíritus embusteros, si puede librase o mantenerse alejado de todas las influencias nefastas llegadas del más allá, se consigue entonces establecer con Dios y con Cristo una relación verdaderamente profunda. A partir de entonces, la vida de un hombre se desarrollará en la armonía, la confianza y la paz.

NOTAS

[1] Tiptología: Estudio de los supuestos movimientos de las mesas, al conjuro de los golpes llamadores de ciertos individuos, que profesan la metapsíquica u ocultismo (NdT).

[2] Alopatía: Sistema de antídotos, que aplica a la enfermedad remedios contrarios a las causas que la engendraron: es lo inverso de la homeopatía (NdT).

 

(EN LA CONTRAPORTADA DEL LIBRO)

La colección «Dos Mundos» reúne documentos originales que tratan de formas de existencia invisibles, con un interés especial por todas las interacciones entre nuestro plano de existencia y el mundo espiritual.

Este libro está basado en largos años de exploración de las condiciones de la vida después de la muerte.

El autor ha reunido una serie de casos representativos entre las numerosas comunicaciones que ha establecido con traspasados en un grupo de oración que incluía varios médiums. El trabajo de este grupo se dirige a ayudar a los desencarnados en dificultad, así como a los mortales sometidos eventualmente a su influencia.

El Más allá, en efecto, no es todo Luz y Amor. Son muchos los difuntos que, por no saber evolucionar en la Tierra, habitan zonas de tinieblas o de violencia, reflejos de su estado espiritual. Los antiguos tenían conciencia de esto y se preocupaban de aliviar a estas almas errantes y de evitar que, por su vinculación a la Tierra, infectaran a los vivos. La ignorancia que se ha generalizado sobre estos temas no hace sino agravar la confusión de los traspasados que se niegan a veces, obstinadamente, a admitir que han «muerto»y rechazan la ayuda que se les envía desde las esferas superiores.

Corresponde por tanto a los humanos de esta Tierra favorecer la salvación de estas almas en pena, y a esta tarea contribuye activamente el profesor Schiebeler. «Pero, añade él, es grande el riesgo de ponerse en contacto con entidades malvadas; por eso desearía poner en guardia al que utilizara a la ligera estas prácticas espiritas».

El profesor Werner Schiebeler nació en Brême en 1923. Doctor en Ciencias, fue profesor de física y de electrónica en la escuela de ingenieros. Paralelamente, enseñó desde 1969 parapsicología y psicofísica. Ha escrito varios libros y ha hecho dos películas sobre el tema.

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