Me llama siempre la atención el modo de hablar de Paqui. Es tierna, delicada, sencilla. En estas dos comunicaciones, repite varias palabras: dulzura, oración, resurrección. Pero es su suavidad en el modo de hablar lo que más se nota en sus escritos.

En la primera comunicación, habla del Cielo en que vive. ¿Cómo es ese Cielo del que apenas nos hablaban cuando hacíamos Ejercicios Espirituales? La actividad que más destaca es su trabajo de evolución en el amor. Para describir las esferas celestes, utiliza la palabra vibración. Esta palabra la utilizarían los físicos cuánticos, pero no hablarían de un acuerdo de sensaciones unidas a los colores que dan la certeza de que el amor es la fuerza de vida de la creación entera. Se vislumbra algo, pero poco, porque las palabras se quedan cortas…

En cuando a la Resurrección, de que habla la segunda comunicación, dice algo muy importante, que coincide con lo que comenta Jean Prieur después de estudiar este tema en muchos mensajes del Más allá: la resurrección de Jesús el tercer día será también la nuestra. No esperamos al final de los tiempos para resucitar. Ocurre inmediatamente después de morir. Por eso veneramos a los santos ya, antes del fin de los tiempos…

¡Buen día!

PROGRESO ESPIRITUAL POR EL DON DE SÍ MISMO
1943

Qué dulce me resulta venir a aseguraros que la morada de Jesús será vuestra morada, cuando hayáis hecho los esfuerzos necesarios durante vuestro viaje terrestre, para avanzar en vuestra evolución, en vuestra elevación hacia el camino divino. Sabed superar sin temor lo que retrasa vuestra comprensión espiritual, porque cuando los ojos del alma se abren, el progreso continúa. El alma es tan feliz de sentirse aliviada que ya no se detiene y trabaja para librarse completamente de todos los errores que la mantienen atada. Pensad que, incluso durante  una corta vida, el  alma puede hacerse luminosa si  no deja escapar ninguna llamada para elevarse, a través del olvido de sí misma y de la entrega a la voluntad divina. Llega ya entonces a la hora de partir tan desprendida, tan dispuesta a hacer un rápido viaje a las esferas de luz, que es para ella una felicidad inefable el separarse del cuerpo que la ponía trabas, que la retenía prisionera.

Vivís en una sociedad, en un mundo, que no piensa, o que ignora la meta sagrada a la que está destinado. Pero vosotros, los amigos de Paqui, que habéis tenido la tranquilidad de ser iluminados, de vislumbrar los designios de Dios para vuestras almas, partículas divinas que deben unirse a El, vosotros sabéis que todo se gana con perseverancia, y que debéis tener siempre suficiente dominio sobre vuestras almas, para deteneros al borde del pozo y miraros en el agua clara sin ruborizarse por ello. Vosotros sabéis que entregaros, que olvidaros en el sacrificio de vosotros mismos es un acto que os acerca a Dios. La misión que nos ha encomendado nuestro Maestro es iluminaros, ayudaros a llevar vuestra cruz para hacer, como Jesús, el sacrificio de vosotros mismos en el amor y en la renuncia.

Aquí, en nuestras esferas celestes, hacemos también lo que podemos llamar con vosotros ese gran trabajo de evolución en el amor por todos. Pero estamos en la luz, comprendemos y es admirable. Me gustaría poder describiros lo que ocurre en torno a nosotros cuando nos reunimos para hacer brillar nuestros pensamientos de amor, pero las palabras son pobres. Aquí, todo es vibración: es una eclosión de luces, de flores olorosas, una armonía divina, un acorde perfecto de sensaciones que se unen a los colores y nos dan la certeza de que el amor es la fuerza de vida de la creación entera. Es un canto de acciones de gracias hacia Dios, nuestra Luz, nuestra Alegría.

Es tan dulce para mí hablaros de mi Cielo, de la misericordia divina que me ha permitido ser la mensajera de Jesús, privilegio que nos une antes de la hora. Me gustaría que vosotros sintierais la dulzura, que ella os de alas para elevaros por encima de la materia pesada que os aplasta, que comprendierais sobre todo a la humanidad que sufre tal como es: miserable, ciega, abatida, y que vosotros la ayudéis con vuestras oraciones, con vuestro amor, a levantarse.  ¡Pobres hombres, se diría que están vestidos de plomo, atados al suelo con cadenas de presidiario, con esposas en las manos! ¡con qué facilidad sin embargo podrían librarse de sus trabas si quisieran elevar los ojos y oír la voz misericordiosa de Dios que los llama al amor!

Unámonos para que nuestra cadena se establezca radiante entre y ellos a través de vosotros, queridos amigos. Nosotros os cargaremos con fluidos fuertes, vosotros sacaréis de ellos fuerzas vivas que distribuiréis por vuestra parte para el bien y el consuelo de los que sufren en las tinieblas. Así es como construimos nuestras cadenas de amor, consoladoras, liberadoras. ¡Amar! esta es la única meta en el Cielo, no hay otras: es Dios en todos y todos en Dios. Ayudadnos, elevad vuestra alma, amad y sonreíd a la vida entregándoos a todos los que sufren. No juzguéis los crímenes por los que lo hombres se hacen culpables los unos hacia los otros, en eso no podéis nada; rezad por ellos, pedid a Dios que los ilumine, que los ayude a bien morir. Porque la muerte es una resurrección y muchos serán elegidos por la grandeza del humilde sacrificio de su vida por un ideal verdadero o falso, pero para ellos verdadero don de sí mismos.

Esperad en la calma de vuestras almas el final de esa pesadilla. Para la tierra, es un cataclismo doloroso pero necesario, como lo que vosotros llamáis la muerte. Cada ser nace, vive, muere. En este momento la tierra muere, pero yo os digo en verdad, que para renacer, y esto es lo que hay que recordar.

Os estrecho en mi alma; sentid el cariño de vuestro ángel que os rodea a todos y a todas. Nuestra cadena es larga, pero la vamos a doblar por el amor, para nuestra alegría y para la gloria de Dios. Amén.

PASCUA 1943.

¡Orad sin cansaros! Elevad vuestra alma, vuestros pensamientos, cada vez más arriba. Es por la oración, por la elevación del alma hacia Dios, como recibiréis las fuerzas vivas, la luz que elevará vuestro espíritu hacia la comprensión, y recordad que comprender es ya aceptar.

Que este día de Pascua sea para vosotros una luz, una promesa realizada de vida eterna, la que Jesús todo amor dio al mundo con su resurrección, triunfo de la vida espiritual sobre la muerte que destruye el cuerpo perecedero, pero no puede tocar el alma inmortal. Subid por el camino cubierto de espinas y de costumbres inveteradas; dejad que se hagan pedazos todas las cosas materiales en torno a vosotros; pero que vuestra alma, cuyos ojos están fijos más arriba, trate de descubrir la estrella brillante, y vosotros la percibiréis para guiaros por encima de todas las borrascas, incluso las más violentas. Elevad hacia Dios vuestros corazones confiados y agradecidos, y recitad con un fervor lleno de fe y de esperanza esta oración de ofrenda:

Dios, Jesús, en estos tiempos de angustia y de pruebas cruciales, queremos seguir el camino de abnegación que Tú mismo seguiste; seguir el ejemplo de todos los sacrificios que no dudaste en realizar para la redención de la humanidad. Tú eras inocente, pero voluntaria víctima expiatoria, el cordero sin mancha inmolado por nuestra salvación. Tu resurrección el tercer día será también la nuestra; pero, como no somos corderos sin mancha, solo seremos regenerados cuando hayamos expiado nuestras faltas, arrancado de nuestros corazones la cizaña que los goces egoístas han sembrado en ella, y cuando avancemos realmente por el camino de amor que Tú nos has trazado. Ayúdanos, Señor, a llegar a esto.

Mostrad con vuestro ejemplo, mis queridos amigos, la voluntad de caridad y de sumisión de los que, para seguir a su Maestro, renuncian a sí mismos y cargan cada día con su cruz. Aceptad esos días de tristezas, de angustias y de humillaciones con valor enfrentándoos con la realidad. Vuestros corazones están turbados y pedís en vano comprender el misterio de iniquidades que aplastan al mundo. Cada uno de vosotros lo ha creado con sus faltas al amor. No tratéis de hacer el examen de conciencia del vecino: el vuestro es suficiente para haceros comprender una parte del problema que se plantea. Y si, a vuestro lado, el orgullo, la codicia y el egoísmo realizan un juego peligroso, veréis hundirse todas esas ambiciones egoístas contrarias a la inmortal caridad que debe unir a todos los hombres y gobernar al mundo en la Paz divina.

El equilibrio roto os ha lanzado por el camino trillado del que solo podéis salir victoriosos por la transformación de cada uno de vosotros en el espíritu divino, fuente de Vida: el amor, en fin, que con su llama vencerá al odio. De momento, os encontráis ante una destrucción general y, sin poder hacer de ello un análisis exacto, sentís que algo inmenso se prepara por el sufrimiento de todos los pueblos que sangran y lloran. No busquéis el por qué, él supera con mucho lo que pueden concebir vuestros cerebros limitados. Los propios instrumentos están desbordados, arrastrados por torrentes tumultuosos, y van mucho más allá de lo que habían previsto. A ellos el comprender que si su equilibrio no se estabiliza, se vendrán abajo, más miserables que nunca.

Lo que debe retener vuestros pensamientos, amigos queridos, es que todo sufrimiento bien comprendido, bien dirigido, es redentor, y lleva magníficos frutos de luz —rayo de Vida que  fortalecerá vuestras almas. —Pensad también que la piedra del sepulcro que os aplasta en estos tiempos dolorosos será levantada un día. Después de un coma en las tinieblas, los hombres, ayudados por las fuerzas divinas, levantarán la piedra que los aplasta. Es muy pesada para remover, pero os aseguro que el amor que llenará vuestros corazones la volverá ligera, y que estaréis dispuestos para la resurrección. Vosotros conservaréis en vosotros los beneficios de vuestra sepultura y miraréis con alegría el sudario, testigo de vuestros sufrimientos, de vuestras lágrimas y de vuestra sangre derramada papara la victoria sobre vosotros mismos.

¡Ánimo y confianza! Compadeceos de todos los que sufren; rezad por ellos: todos son hermanos vuestros, ¿entendéis? todos hermanos vuestros. Donde quiera que se encuentren, se consideran víctimas y son sobre todo ignorantes. Por eso hay que rezar mucho para que la luz los ilumine, para que sus ojos vean, para que sus oídos oigan la verdad divina.

Dios es el único refugio; pedidle; decidle: es a Ti, Padre, a quien pedimos la clarividencia, la caridad para todos; y si, como Jesús, elevando nuestros ojos angustiados hacia Tu luz, nos permitimos decirte: Padre, aparta de nosotros este cáliz, añadimos también rápidamente: ¡Que se haga Tu voluntad para que Tu reino llegue por fin!

Digamos: ¡Aleluya! ¡Aleluya! pues estamos seguros de que llegará el día de la Resurrección. Yo digo: nosotros, para demostraros que rezamos con vosotros con todo nuestro amor, y que veremos juntos el ramo maravilloso formado con tantos sufrimientos aceptados, con esa entrega de sí mismos, con ese amor que vosotros tendréis por todos vuestros hermanos desgraciados, amigos y enemigos, por los cuales hay que rezar mucho.

Felices Pascuas en Jesús, queridos míos. Escuchad a Paqui, escuchadnos bien, porque si nosotros os pedimos confianza, es porque Jesús ha puesto en la bolsa de oro de sus ángeles la condecoración de tres colores simbólicos para que no se marchite nunca. Y después, no olvidéis que María, la divina Madre, es la estrella luminosa que os guiará y os protegerá. Amén.

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