Personalmente, tengo que hacer un esfuerzo para adentrarme en estos mensajes de Paqui. Si me descuido, me lo pierdo todo. Es un modo de hablar que me resulta reiterativo y como que siempre dijera lo mismo. ¿Cómo sacar siempre algo útil?

Al que lo desee, le invito a leer las comucaciones y sacar una sola frase que sea para él significativa en el momento de leerla. ¡Aunque sea una frase marginal o accesoria! No importa. Nadie te va a juzgar porque te diga más una frase que otra.

Por ejemplo, en la primera de estas comunicaciones, que se titula La victoria sobre sí mismo, me dice bastante esta frase: Las grandes verdades os serán reveladas más tarde, mucho más tarde, cuando estéis preparados para comprenderlas. Esta frase me recuerda que soy incapaz de adentrarme, como algunos que conozco, en esa gran verdad del encuentro con los hermanos que se fueron, a través de la relajación por ejemplo…

En la comunicación de Navidad de 1942 hay otra frase que me llama la atención porque la Navidad se ha convertido entre nosotros en un cierto jolgorio: descartad los sonidos de cascabeles del mundo que solo os aportan odio, rencor y división

¡Buen día!

LA VICTORIA SOBRE UNO MISMO
1942

Completamente dorada por la luz de mi Cielo, respondo a vuestra ferviente llamada. Hoy, más y mejor que nunca, unámonos para implorar a Dios en primer lugar, porque vosotros sufrís, para que El os dé las fuerzas divinas que sostienen y consuelan, pero también para darle gracias. Porque, aunque vosotros no podáis comprenderlo, la cruz florece y dará los frutos por todos los sufrimientos aceptados. Estáis aún en el túnel oscuro y no podéis ver el panorama maravilloso que cegará vuestros ojos a la salida. Es tan hermoso lo que vemos aquí en el campo de las batallas espirituales, que me gustaría haceros vislumbrar su luz.

Los soldados de Cristo luchan con vosotros y triunfarán. La espiritualidad de Francia no se ha apagado. Oculta, volverá a aparecer; aplastada, se levantará para oír la voz de la esperanza divina que reanimará su alma. Orad, rechazando todo sentimiento que no sea de puro ideal, de patriotismo amplio, de amor universal. Comienza a amanecer, se rasga un gran velo oscuro y vais a ver mejor. No penséis, amigos, que os aporto un ramo de olivo sin espinas; horas difíciles sacudirán útilmente vuestros corazones, y sentiréis la angustia: por terrible que sea la hora que pasa, ¡no desesperéis! El trabajo por el Bien que vencerá al Mal se realiza, y, así como el sendero que se hace curvas no parece subir, el bien progresa a pesar de la mala voluntad y la incomprensión de los hombres.

Dejad que el tiempo haga su obra. Los pueblos solo sufren por sus propios errores. No tratéis de endosárselos a los vecinos, por culpables que sean, y comprended que la primera victoria a lograr, es sobre uno mismo, para arrastrar a los otros. No miréis hacia atrás: que vuestros ojos, por el contrario, miren fijamente a la estrella luminosa que Dios ofrece a vuestras miradas a través del sufrimiento del mundo. Orad con fervor; pedid que la claridad espiritual se haga más intensa, que ilumine las almas, dirija los corazones y consolide los pasos. Sed hijos de Luz y de Amor; orad con nosotros para que las conciencias se despierten, aunque sea en detrimento de la felicidad terrestre; orad para que el día siga al alba, para que brille el sol, para que vuestra noche se ilumine con los rayos divinos con el fin de que la tierra ya no conozca las tinieblas.

Desearía que mi pequeñez de ángel del Señor os haga entrever los sublimes designios de Dios para los que están en la tierra, realizando el viaje terrestre. Me gustaría que comprendierais que este viaje es una etapa entre las etapas, indispensable para llevaros, después de las evoluciones necesarias, hacia vuestra meta suprema: Dios Todo Amor. No blasfeméis ante las pruebas, os lo pido con todo mi cariño que os desea dóciles y sumisos a la voluntad divina. Las grandes verdades os serán reveladas más tarde, mucho más tarde, cuando estéis preparados para comprenderlas. Repetíos que solo veréis la verdadera luz cuando vuestros ojos de carne se cierren y permitan a los del alma recibir la claridad de los cielos. Asimilad en vosotros mismos este pensamiento: entonces os sentiréis serenos en todos los problemas que encontréis, porque sentiréis que no podéis desde aquí-abajo ver y comprender los designios del amor divino. No encerréis a vuestro espíritu en su propio egoísmo, en sus prejuicios, en sus lamentaciones; no os hagáis preguntas que os turben sin producir nada; sabed solamente que Dios es bueno, justo, y que no castiga; que El os espera, ansioso por vuestra vuelta hacia El que solo será aquí, si os abandonáis con confianza y amor a este Padre misericordioso, un suave despertar, un deslizamiento desde la tierra al Cielo, nuestra verdadera Patria.

Yo os sonrío, soy feliz de conversar con vuestras almas. Dios permite que yo os arrulle con mis pensamientos de amor, que os ate a mis alas para que sintáis la dulce protección: ¡Es tan bueno, tan misericordioso! Dadle gracias por permitir una unión tan alegre, hacedla fecunda y sed dignos de un amor tan grande. No os desaniméis, animad a los desanimados, sostened a los oprimidos y haced que pase a los corazones que sangran un poco del bálsamo que nosotros os distribuimos con tanta largueza y generosidad. Arrastrad a muchas almas: Yo desearía que se desplomasen bajo mi cadena, puesto que es de amor, y el amor es Dios en la unión del Cielo y de la tierra. Cuantos más os unáis, más fortificará Jesús mis alas para ataros y sosteneros. Mis amigos queridos, mis amados, ¡arriba los corazones! tened confianza. Que vuestros sufrimientos se transformen en profundas esperanzas, en cánticos de amor y de agradecimiento. Amén.

NAVIDAD 1942.

Que todas las campanas que anuncian la venida del Salvador vibren en vuestros oídos atentos. Descartad los sonidos de cascabeles del mundo que solo os aportan odio, rencor y división. ¡No juzguéis! No podéis hacerlo en absoluto, porque cada uno, en su falsa verdad, cree estar en la verdad. De aquí los grandes errores.

Pidamos con humildad a Jesús que nos guíe por el camino del amor que El vino a trazarnos: «Amaos los unos a los otros como Yo os he amado». Sed como El, humildes, caritativos, dulces y luminosos. Que esta última palabra mantenga vuestros pensamientos; meditadla, y, aunque viváis la hora actual en la más profunda de las simas, podréis cada uno vivir en luz e irradiarla en torno a vosotros.  Si sabéis pedir, y mantener en lo más profundo de vosotros mismos lo que el Cielo, en su misericordia, os aporta en este día maravilloso de la Navidad, comprenderéis y sentiréis las alegrías divinas que permanecen, ¡Que esto sea para vosotros un nuevo nacimiento!

No tratéis de comprender el por qué de los acontecimientos dolorosos que incendian y trastornan al mundo. Vosotros no podéis ser hoy uno de los magos, pues la estrella luminosa aún no ha venido a buscaros para llevaros al establo donde descansa el Pequeño Niño Todo Luz. Contentaos con tener la humildad, la dulzura de la pequeña oveja que, con su aliento calentaba al niño Jesús para que no tuviera frío. Preocupaos con amor de que Cristo no sienta jamás el frío del abandono y de la indiferencia.

Comprended el alcance de esto; dadle siempre el mejor sitio en vuestro corazón, y permaneced todos unidos en torno a Aquel que vino a la tierra a morir en ella para que los hombres vivan eternamente. También es necesario que todos nos sintamos vibrar, dispuestos a todos los sacrificios para consumar su obra divina. Seguidle a El que lo sufrió todo para que nuestras almas penetren para siempre en la luz. Todos en Uno, Uno en todos. Amigos queridos, os invito ante el más humilde de los pesebres en la morada de Cristo, reino de Dios en vosotros. Inclinad profundamente vuestras frentes, aceptad todos los sufrimientos necesarios para la rehabilitación espiritual de la humanidad. Pedid fervorosamente que Dios os abra las puertas del arrepentimiento y de la comprensión: Jesús Luz os abrirá con su pequeño dedo de niño; El os mostrará el Cielo, vuestra patria celeste, única que debe acaparar vuestros pensamientos. La de la tierra pasará, la otra será para la eternidad.

¡No penséis que Jesús, al descender sobre la tierra, no conocía el futuro de sufrimientos que pesaría sobre los hombres! El nos dio el ejemplo, trazó el camino a seguir para llevar la cruz: el amor, el único que da fortaleza.

Los tiempos tenían que llegar: ¡ya llegaron! Vividlos, amigos queridos, en la verdad y en la luz. De estos días desgraciados, Paqui os promete que saldrán resplandores espléndidos que se propagarán en ondas bienhechoras sobre este pobre mundo. El Niño Jesús os llama desde el portal; acudid a postraros humildemente, a adorarle y a darle gracias por su inmenso sacrificio que no puede resultar vano; y unid vuestros cantos de amor a nuestros cantos celestes para arrullar el sueño del Hijo de Dios.

Uníos a María, nuestra Madre divina, todo poderosa sobre el corazón de Jesús su Hijo divino, para que ella os proteja de las influencias del mal, y estéis alegres en la paz de vuestro corazón a pesar de la hora dolorosa, puesto que conocéis la meta luminosa de vuestro camino de cruz.

Yo estoy ahí, junto a vosotros. Pienso en todos, especialmente en los que sufren. Que ellos vivan en paz: son los más cercanos a Dios que los ama y los sostiene. Os siento muy unidos por la cadena de amor de Paqui; os quiero mucho, y os rodeo con  mis alas. Dios es bueno por permitir a su ángel ayudar y consolar a los que tienen fe en su misión. Os doy cita a todos y os quiero muy unidos cerca de mi Jesús. Voy a trabajar aún más para que sintáis cerca de vosotros a vuestra pequeña amiga celeste, y para que os apoyéis en su fuerza, para que, en la alegría suprema y en la renuncia completa a vosotros mismos, nos fundamos en la divinidad, meta suprema del alma evolucionada. ¡Ánimo, confianza! Que la alegría permanezca vuestros corazones. Os dejo, pero no me perdéis. Paqui permanece, y allí donde vosotros estéis ella está, y será siempre vuestra pequeña Paqui.

Mami querida, ¡feliz Navidad en Dios! A sus pies es donde nos sentimos más intensamente unidos para siempre por la eternidad. ¡Navidad! ¡fiesta de alegrías y de esperanzas, al lado de nuestro Jesús todo amor! y Paqui, su pequeña flor con los pétalos luminosos de rocío y con el corazón de oro, se aclara sobre tu alma para que ésta brille de felicidad y la difunda a su alrededor.

Paqui.

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