Dice Paqui: un mundo nuevo debe nacer en la unión del espíritu de Dios, en la armonía del amor universal. Entretanto –dice también– el odio domina el mundo. Este lenguaje de Paqui nos puede parecer un poco demodé, pero es lo que dice un autor moderno, biólogo, con un lenguaje moderno, en La biología de la transformación.

Dice Lipton, en este libro, citando a Beyondananda: Cuando tu única intención es llegar a ser el número uno, tratarás todo y a todos los demás como si fueran el número dos. Lipton hace una reflexión sobre una percepción mítica del mundo en que actualmente nos movemos: es la percepción que nos llegó con el Darwinismo y que puede resumirse en la supervivencia de los más fuertes, de los más aptos. Esto nos ha llevado adonde ahora estamos: a un egoísmo frenético, a un mundo en que domina el odio (Paqui).

¿Cómo salir de esto? Paqui dice: el mundo nuevo debe nacer en la unión del espíritu de Dios. Lipton dice citando a Beyondananda: Todos somos uno con lo Único. El Universo nos tiene rodeados. ¡Más vale que nos rindamos!

Como puede suponerse, estas citas que hago de Lipton no son para ponerme galones. Son para animar a leer cosas que nos ayuden a comprender, en categorías actuales, lo que nos dicen Paqui y los Evangelios…

¡Buen día!

LA FALTA DE AMOR, VERDADERA MUERTE ESPIRITUAL
1941

Una luz pura te envuelve, un ambiente suave se desprende de ella: escribe, sin preocuparte de lo que trace tu mano, puesto que es Paqui quien te guía, quien os asegura una vez más la solidez de los hilos que os unen a nuestras esferas benditas, y que convierten a mis amigos privilegiados, en iluminados.

Para comunicar con vosotros, creéis que hacen falta muchas fuerzas. Es verdad, y nosotros las concentramos, nos unimos muchos para que nuestros pensamientos, que son vibraciones, atraviesen las capas terrestres y penetren en vosotros. Pero, os lo digo con seguridad, es necesario sobre todo amar mucho. Por el amor, se logra todo: lo imposible se hace posible, y esto es lo que los hombres comprenden tan mal; no tratan de conocer esta fuente divina y sacar de ella todos los beneficios. Y si vosotros habéis llegado a esta angustia, a este desastre desde el punto de vista humano: la guerra, es porque la humanidad no ha comprendido todavía la fuerza de luz y de verdad que es Dios en vosotros, Amor y Vida.

Queridos amigos de la pequeña flor de Jesús, que el amor penetre en vosotros y os eleve cada vez más. Comprended que el amor es el olvido de sí por el bien den todos; es la caridad completa, que no se ve, pero que brilla; es la necesidad de ver al semejante mejor que uno mismo, de ver todas las cosas, buenas y malas, a través de la luz de Dios; de dirigir todo hacia ese Dios de amor, de esperar todo, y de vivir para todos, esperando solo en Uno.

Fue por amor por lo que Cristo dejó el Cielo para mezclarse con los hombres, darles ejemplo, trazarles el camino de la vida. ¿Fue seguido, escuchado? ¡No, confesadlo! El amor puro es ese sentimiento maravilloso, el Cielo mismo en el alma, el don de sí sin esperar nada a cambio, que el hombre rechaza y no quiere aceptar porque está hecho de sacrificio, de desprendimiento, de renuncia al egoísmo, al orgullo, que son vuestros amos en la tierra y de los que sois los esclavos.  Queridos amigos, apartaos de la malvada multitud, tratad de comprender, de vivir iluminados por los rayos luminosos que Jesús ha dejado en su entorno: el amor hacia todos sus hermanos.

Ese prójimo, —diréis— ¿es suficientemente interesante, suficientemente comprensivo, para que encontremos en él la razón de nuestras renuncias? Respondo inmediatamente: ¡NO! ¡en letras mayúsculas! Os esperan decepciones, grandes decepciones; ¡pero qué importa! Habrá también excepciones, y esas excepciones os recompensarán al céntuplo por los sacrificios realizados, porque, por esas almas agradecidas y privilegiadas, vuestros corazones habrán recibido tanto que se abrirán cada vez más para distribuir ese botín de amor que es la clave de todas las alegrías: alegría inefable, alegría completa, que podéis disfrutar desde esta tierra. Creed a Paqui, y seréis felices en medio de vuestras pruebas, porque daréis alegría, frescura, cada uno en vuestra pequeña esfera. Sabed valorar que Dios solo pide a cada uno lo que puede dar. Pero que cada uno comprenda también que debe repartir lo poco que tiene, y que no debe dejar de hacerlo, porque, de todos esos fallos proviene ese inmenso caos, ese desequilibrio, cuyos efectos podéis valorar.

¡Morís por no saber amar! Pensad en la amplitud de esta frase. La catástrofe actual procede de esta falta de amor hacia todos, desde el grande hasta el pequeño. Es ese cada uno para sí, y este es el error de varios siglos. Mirad hacia atrás: ¡es imposible que no comprendáis! Un mundo nuevo debe nacer en la unión del espíritu de Dios, en la armonía del amor universal. Esta es la voluntad divina. No retraséis su hora. Poned cada uno vuestra piedra de sacrificio y de amor para su llegada. Rezad, amigos queridos, para que el amor abra las manos, abra los corazones, a fin de que los hombres se comprendan, se amen, y se tiendan manos fraternales.

Yo me inclino sobre vuestras almas para verter en ellas los fluidos radiantes, el amor que nosotros bebemos aquí para iluminaros, para fortaleceros. Es una inmensa alegría, una dulce misión para Paqui, ser a través de Jesús la pequeña golondrina, mensajera de la primavera eterna: el amor infinito de Dios. Y pensad que no he perdido ni una partícula de mi ternura. Mi mamá querida sabe bien que tiene siempre a su lado a su pequeña hija que la quiere tiernamente. Este es el gran misterio de amor, ese sublime misterio que comprenderéis un día, cuando nos encontremos en los invernaderos del jardín de Jesús, el verdadero campo de Dios en la luz y el amor. Amén.

POR DIOS EL AMOR TRIUNFARÁ DEL ODIO
1941

Vuestros corazones están oprimidos, y yo desearía, transmitiéndoos pensamientos de paz, deciros que no os dejéis invadir por las ondas confusas que os llegan un poco de todas partes, desde muy lejos y desde muy cerca. Vosotros solo podéis ver el lado doloroso de esas terribles pruebas: el reverso tan luminoso que explica todo está oculto para vosotros. ¡No temáis! La luz brilla en las tinieblas; Dios vigila, y estad seguros de que a la hora deseada su llama divina abrazará el Cielo de las almas.  Eso será más tarde, sin duda, y yo comprendo vuestras angustias humanas.

Estáis horrorizados, decís, de que la maldad, la crueldad, los rencores, las mentiras, el odio en definitiva dominen el mundo. No os perdáis en las aguas turbias que no reflejan el azul de los cielos adonde yo deseo arrastraros, incluso y sobre todo en los días oscuros que vivís y seguiréis viviendo. Comprended que hace falta amar mucho para no odiar nunca. Hay que tener a Dios dentro de sí, vivirlo, para perdonar y comprender en la verdad el sentido y la meta divina de la vida: el Amor universal. Del odio nace la turbación de los espíritus. ¡Cuántas ruinas materiales y espirituales  serán su obra malhechora! Los hombres, prisioneros de sus pasiones, comprenderán sus errores y elevarán entonces su mirada, cuando, torturados por sus faltas, hayan sufrido lo suficiente para entender la llamada de Dios. Todo sufrimiento lleva en sí sus frutos.

Mantened en vosotros mismos, queridos amigos, la dulce certeza de que el Amor triunfará y derribará a los discípulos de Satán, espíritus del mal por los que debéis rezar mucho para que la puerta del arrepentimiento se abra para ellos. La oración es una palanca más necesaria para los asesinos que para las víctimas. «Padre mío, perdónales», dijo Jesús, «porque no saben lo que hacen». Oración admirable, caridad adorable que ilumina nuestro camino.

Tened confianza, mis queridos amigos; almas llenas de luz y de caridad os protegen y la estrella del Cielo más luminosa, la Virgen María, nuestra Madre, todopoderosa sobre el corazón de Jesús, se inclinará sobre la tierra, la relacionará con las esferas celestes y será el vínculo entre Dios y sus hijos queridos.

Dios no abandona a sus criaturas, pero comprended que esas criaturas labran el mal por el que sufren, y que ellas solas son responsables de sus miserias. ¡Tantos elementos, tantas fuerzas desconocidas y lejanas son causas del desequilibrio mundial! Dejad que el tiempo corra, no os desaniméis ante todas las derrotas que constatéis a vuestro alrededor. Francia es como un planeta al que una nube oculta momentáneamente; esta nube derramará torrentes de agua: enfrentaos a la tormenta con fuerza, dejaos llevar por el Maestro, puesto que sabéis que, guiados por Sus manos divinas, no podéis zozobrar y que el sol volverá a brillar. Francia resurgirá cuando la armonía, la unión, reinen entre las almas y los espíritus de todos sus hijos en el amor universal que será su renacimiento.

No os quedéis en las cosas malas, en las indignidades morales; ¡ellas hacen mal! alejadlas y honrad todo aquello que pueda daros hermosas esperanzas; difundid con profusión esas esperanzas a vuestro alrededor, dad paquetes de esperanza, distribuid la cosecha que habréis venido a buscar junto a vuestro ángel, que se hará ayudar para daros en abundancia ese maná celeste, que vosotros distribuiréis de nuevo en torno a vosotros, y cuyo perfume guardaréis. ¡Sí, amad! ¡no juzguéis! y creed que si Dios, todo amor, permite que tantos sufrimientos se extiendan por la tierra, es porque el sufrimiento es redentor, porque para ella, para el alma, la única parte de nosotros que no perece, se aligera, y guarda de este sufrimiento comprendido una luz que solo la deja para dar lugar a otra aún más bella… Futuro espléndido, que resume todo lo que el paso doloroso prepara sobre la tierra; sublime certeza, este vínculo con el amor: Dios en nosotros, hogar luminoso que ilumina todas las alegrías del alma, las mejores, esas que no decepcionan porque permanecen, y crecen de nuevo al compás de nuestras evoluciones progresivas.

Decid conmigo con un fervor muy profundo: ¡Dios es bueno! Dios es justo, y quiero servirlo y amarlo hasta el último día de mi vida terrestre para vivir en El y en Su Amor la Vida Eterna. Amén.

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