Lo de que el orgullo y el egoísmo son fuentes de todos los males es algo más que una afirmación hiperbólica. Bruce H. Lipton , en su libro “La biología de la transformación”, habla del lado oscuro de la empresa Enron con motivo de la crisis que atenaza hoy al mundo. Su presidente ejecutivo, Jeffrey Skilling, pregonaba que su libro favorito era “El gen egoísta”… La presión del proceso de selección que realizaba dio lugar a un ambiente despiadado en el que todo valía, y en el que tu mejor amigo podía convertirse en tu peor enemigo. Era el darwinismo social aplicado despiadadamente a la empresa. La caída de Enron –dice Lipton– supuso una llamada de atención sobre la inviabilidad de las ganancias individuales a corto plazo.

Lo que Paqui propone a través de sus mensajes es lo contrario: la colaboración de todos. Lipton propone como nuevo paradigma básico para nuestra civilización lo que él llama holismo: saquemos el máximo partido a la vida llevando la mejor vida posible, tanto para nosotros como para los demás. Paqui utiliza otro lenguaje, pero coincide en que hay que trabajar todos para todos. Y da un paso más: Dios en todos y todos en Dios…

¡Buen día!

EL ORGULLO Y EL EGOÍSMO,
FUENTES DE TODOS LOS MALES
JUNIO DE 1941

Yo os uno en mi cariño y soy feliz viniendo a vosotros, queridos amigos, para envolveros en rayos de amor de nuestras esferas celestes. Os siento tan profundamente unidos al pequeño ángel del Señor que me gustaría haceros comprender, a través de vuestras angustias, de vuestros sufrimientos, el valor de la vida terrestre que prepara la evolución de la humanidad para el reino de la verdad, de la luz y del amor.

Sí, tened una confianza absoluta en el Padre celestial. Su misericordia es infinita; El no castiga; no quiere el castigo; pero deja a cada uno su libre albedrío, la disposición de sí mismo. Porque El nos ama, El es infinitamente justo, y me gustaría que os convencierais esta noche, después de la lectura de este mensaje, de que no es Dios el que crea el sufrimiento, que es el mismo hombre el que lo provoca con sus errores, con su incomprensión del sentido de la vida. Dios no es el padre enojado, como os lo presentan, a la hora del castigo: El es, por el contrario, todo amor, y nos llama hacia El, fuente de vida y de felicidad eterna.

El orgullo, el egoísmo, reinan como señores tiranos en la tierra: de aquí el desequilibrio que produce todas las catástrofes por las que sufre el mundo en este momento. Nosotros sabemos que los tiempos actuales preparan una humanidad más evolucionada, más espiritualizada; pero la evolución no se hace en los días de boato, como sabéis; es por el dolor como un alma se engrandece, es por el dolor como un alma se purifica, se aligera, comprende, y se desprende de la materia. Que este tiempo de pruebas os haga meditar y sentir el por qué de la vida terrestre. Subid con confianza la escalera de la verdad, que es dolorosa, y de la que cada escalón es una prueba a superar. Este es el momento para todos de pasar de las tinieblas a la luz.

Sed, amigos queridos que estáis iluminados por los rayos de nuestras esferas luminosas, seres de luz. Sed buenos; sed justos, sed perseverantes en la caridad, y sobre todo indulgentes con vuestros hermanos miserables. Esta palabra no es demasiado fuerte: ¡los hombres son miserables! No quieren hacer ningún esfuerzo espiritual, ningún sacrificio, para vencer su naturaleza egoísta; se cierran en sí mismos con dos llaves y se ahogan en la cárcel en que se han encerrado y de la que echan muy lejos la llave, como para no poder abrir su prisión.

¡No seáis así! Cuando vuestros corazones estén cargados, levantad los ojos con confianza: nosotros responderemos a vuestras llamadas, la fuente divina que está en vosotros se manifestará en fuerzas bienhechoras, y estaréis más animados para continuar el camino pedregoso de la vida. Iré más lejos: aunque la sangre fluya de vuestras heridas, bendeciréis este sufrimiento, porque comprenderéis hasta qué punto él os ayuda a avanzar hacia la luz que brilla al final del camino.

¡Creed a Paqui! No debéis ser ciegos inconscientes; ascendéis hacia la luz espléndida del amor; la gustáis incluso antes de la hora de los elegidos, queridos amigos de mi alma. También os suplicamos que trabajéis con nosotros en la cosecha terrestre; haced que germinen espigas doradas en medio de la cizaña; engrandeced la cadena de amor. ¡Paqui está tan contenta cuando engancha un alma a su cinturón de ángel! ¡es tan hermoso cuando el ángel pasa y cuando Jesús sonríe al surco luminoso que ella arrastra consigo!

Os mantengo a todos, a todas, en mis alas doradas. Vosotros formáis parte de mis misiones, y a mí me gustan todas las que Jesús me confía. ¡Salvar a un alma que llama, iluminar a un ser en el momento de la partida, arrastrar a aquellas que, sin ayuda, no encontrarían el verdadero camino, son misiones tan dulces, tan consoladoras! Creed que muchas almas piden ayuda y son salvadas. ¡Dios es tan bueno! vosotros no podéis comprenderlo en la tierra porque no se sabe enseñar al hijo que él es hijo de Dios, y su hijo tiernamente amado; que tiene en El un Padre, infinitamente bueno, en el que siempre debe apoyarse. ¡Cuántos errores se cometen! ¡qué velo espeso oscurece la luz de amor que es Dios en nosotros!

Me gusta hablaros de Dios, de su maravillosa obra de amor, de su infinita misericordia, del gran futuro, el único que cuenta para el espíritu eterno. Os llevo en mis alas para que sintáis los efluvios divinos del Paraíso donde vive vuestro ángel: captad sus armonías, y gustad los olores del Jardín de Dios donde solo se respira el amor. Las palabras son demasiado pobres para expresar la alegría y la felicidad de amar que hacen nuestro Cielo. Más tarde, vosotros las viviréis, esas palabras ya no las diréis más, sentiréis las maravillas. Que vuestros corazones permanezcan confiados, alegres. Yo os amo, y vuestro ángel va de vosotros a Dios y de Dios a vosotros para irradiar su amor. Amén.

15 DE AGOSTO 1941

Desearía que en este día de fiesta aniversario vuestros pensamientos, vuestras oraciones, suban agradecidos y confiados hacia la Virgen María, nuestra Madre, la Madre de nuestro Salvador, que sufrió todos los dolores, y que, después de vivir en la tierra años infinitamente dolorosos pero tan fecundos para la humanidad entera, partió, ella también, a la ciudad de la felicidad eterna para unirse a su Hijo querido en Su verdadero esplendor.

A través de María, que vuestros corazones se abran a esta necesidad suprema del sufrimiento redentor. Pero, como la Virgen María y santa Magdalena que oraban y lloraban al pie de la cruz y no podían retirar los clavos de la carne del Cristo amado, ni suprimir Su dolor, vosotros no podéis suprimir el sufrimiento que oprime a la humanidad, sufrimiento indispensable par el rescate de las almas, vosotros lo comprenderéis más tarde.

Creed que todo lo que es pasajero en la tierra, termina, para entrar en lo infinito, la luz y la apoteosis en la unión en Dios. Meditad estas admirables esperanzas, por encima del sufrimiento, elevaos hacia la verdad: Dios en todos, y todos en Dios.

Aquí, en nuestras esferas celestes, todos juntos pertenecemos a Dios y, en Dios, por Jesús y María, pertenecemos a los demás, ¡es admirable! Amad, y vivid en la alegría de amar y de creer. Que María sea vuestra estrella, ella os guiará en estas horas de pruebas incontables que amenazan al mundo, y hará descender a vuestros corazones un océano de paz, de suavidad y de calma, haciéndoos comprender lo que es la vida más dolorosa con relación a la eternidad.

No desesperéis nunca, tened confianza. Dios, la misericordia infinita, da a cada uno las fuerzas necesarias. Su mano nos lleva hasta el final del sacrificio, hasta el minuto mismo exacto que podemos aguantar. De este minuto de prueba consentida brota el encuentro de Cristo en nosotros, luz deslumbrante que ilumina los más profundos, los más crueles sufrimientos, gracia divina incomparable que nos pone agradecidos de rodillas al pie de la cruz. Mi mamá querida os dirá muy alto que su inmenso dolor fue iluminado por este encuentro del Señor en su alma, y que su cruz tan pesada se convirtió en la luz que inundó su corazón de esperanza y de amor.

Amigos queridos, habéis recibido fuerzas espirituales suficientemente poderosas para poneros con confianza en las Manos del Señor, y para mirar con calma y ánimo lo que vosotros llamáis el futuro. Fuerzas inmensas os rodean y están a vuestro alcance para elevaros por encima de los negocios terrestres y de todas las pruebas que comportan —necesarias para toda evolución, lo repito. —Si esas pruebas os parecen demasiado pesadas, como al viajero al terminar la jornada, descargad la alforja y esperad a la próxima salida del sol. Esto, por supuesto, con la idea de no abandonar la carga, sino con la voluntad de reponer fuerzas y volver a cargarlo con confianza, rogando a Dios, a la Virgen María y a los santos del reino celeste que os ayuden a levantarlo, a no dejaros solos. Los Santos son grandes Gracias de Dios en la humanidad; tienen un inmenso poder, y si comprendierais esta fuerza de amor, diríais: Dios mío, vuestra obra es perfecta, os amor, tengo confianza en vuestra misericordia divina.

Sí, Dios es todo amor, y tiene una compasión inmensa hacia los pecadores. Como El, sed con ellos indulgentes, no juzguéis, y rezad por todos vuestros hermanos, culpables o inocentes. Amar, amar como un Cielo estrellado en el que se multiplican las estrellas luminosas, esta es la misión de Paqui, de sus amigos, en el corazón de Jesús, por el corazón de María, nuestra Madre de todos.

Amor maternal, don divino, el más hermoso, el más completo que Dios ha creado… Mientras permanezca en la tierra y en el Cielo un Amor Maternal, Satán será vencido y todas las esperanzas florecerán. Amén.

Madre misericordiosa, permite a tus hijos dejarse conducir en el camino que los llevará hacia la luz desbordante de la que les habla la pequeña mensajera de las alas de oro. Madre, tú que sufriste sin pronunciar nunca una queja, una palabra amarga, que aceptaste todo tu largo martirio sin pedir nada, enséñanos a obrar como tú. Haznos humildes, confiados en la justicia y la misericordia divinas, para que Dios nos conceda Su Paz en la luz y en el amor.

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