No, no es fácil valorar la aportación de Paqui. ¿Quién se fija en una pequeña margarita de las muchas que abundan en el campo, en primavera? Pasas a su lado y es tan pequeña, que ni siquiera la miras. Luego, si te detienes y observas de cerca cada uno de sus pequeños pétalos, acaba pareciéndote graciosa.

Así me ocurre a mí con Paqui. Ella misma se considera una florecilla humilde. A los que estamos acostumbrados a valorar las grandes ideas que podemos encontrar en Pierre, en Jean Prieur, en un místico o un gran teólogo, no nos es fácil valorar lo que hay detrás del ingenuo de Paqui. Tendemos fácilmente a encasillarla.

Pero hay que ir más lejos. En estos dos relatos, por ejemplo, hay que hacer un alto y ver cómo se refiere al nacimiento y a la resurrección de Jesús. No hay que analizar lo que dice desde la razón únicamente. Hay que penetrar en sus sentimientos, en el amor con que dice las cosas, en las aplicaciones que hace…

Pocos autores como Paqui nos pueden ayudar a valorar eso que  todos somos conscientes que hay que poner de relieve: no quedarnos en la cáscara intelectual; adentrarse en el tipo de relación amorosa que propone hacia Dios; ver las aplicaciones que hace a nuestra vida…

¡Buen día!

AÑOS DE PRUEBAS

NAVIDAD, 1939

Dios permite esta noche a vuestro ángel ser el rayo de luz que llena vuestros corazones de confianza y de paz. Voy a intentar atraeros hacia mi Cielo, donde el amor de Jesús es la fuente divina pura y trasparente, donde se reflejan todas las esperanzas.

Que esta vigilia de Navidad, en la que nuestros corazones están llenos de angustia, sea más luminosa, más cercana aún al Niño-Dios que descendió a resguardarse en un miserable pesebre para cumplir su misión divina, nacer por amor a los hombres, vivir para amarlos y morir para que vivan eternamente en las esferas bienaventuradas reservadas a los hijos de Dios: llamada sublime a nuestras almas al agradecimiento y a la adoración eternas.

Comprendedlo aún mejor esta noche, vosotros que sufrís. Que este sufrimiento, para que sea redentor para todos, sea vivido no con una pena que vuelve sobre sí misma, sino con una pena que va hacia los otros. Arrodillaos humildemente ante el Niño Jesús, no para pedirle que cesen los combates y os dé la victoria, ¡no! Rezad por los culpables, por los responsables, vosotros cuyos ojos del alma están abiertos y para quienes el velo está en parte abierto a las verdades eternas. Pedid para que, a su vez, ellos sean iluminados; rezad con todo el fervor de vuestra alma; pedid que la estrella luminosa guíe e ilumine a los lobos rapaces que han desencadenado la tormenta. No juzguéis. Pero, cuanto más creáis que nada noble existe en su sed de dominación, más debéis pedir la ayuda y el perdón de Dios sobre ellos. Entended bien a Paqui cuando os dice: tened piedad de los miserables culpables, y pedid que la puerta del arrepentimiento se abra en ellos para que la justicia divina no los aplaste, si aún hay tiempo.

El ángel conoce los ambientes de horrorosos suplicios que crean las almas hundidas en la sombra del mal y que no podrían levantarse, si Dios, en su infinita misericordia, no enviase a sus ángeles, penetrados por la fuerza luminosa de amor de Jesús, a iluminarlos, a ayudarlos a comprender y a arrepentirse. ¡Ayudadnos con vuestras oraciones, queridos amigos de mi alma! Acto sublime de abnegación, de caridad, que yo os pido delante de la cuna de paja de Jesús, nuestro Salvador.

Pensad hasta qué punto hizo El también un sacrificio de amor puro, de abnegación, para revestir nuestra vieja ropa humana con el fin de estar más cerca de nosotros para socorrernos, amarnos, perdonar, y morir para que todos vivamos en el espíritu de Dios.

¡Oh, Dios mío, gracias! Paqui, con todo su cariño, con su amor por la humanidad, os abarca en un gesto de oración y de amor a todos sus hermanos que sufren en este valle de lágrimas, a todos, incluso a los peores, y os pide, Señor, que sigáis haciendo milagros como durante vuestra vida terrestre. ¡Haced ver a los ciegos, oír a los sordos, caminar a los paralíticos! Os pido milagros, oh Jesús del portal, rayos de luz y de amor para todos los humanos, todos amados de Paqui, que desea, lo mismo que la gran Hermana del Cielo, hacer bien en la tierra, y vivir allá arriba dando alegría abajo.

Jesús escuchará la oración de su ángel. Yo llevo y Le ofrezco todas vuestras lágrimas, vuestras esperanzas, vuestros miedos, para verlos florecer y transformarse en alegrías, en certezas en la misericordia y la justicia divinas. Este es el regalo de Navidad del pequeño ángel con las alas empolvadas de luz.

Os envuelvo y os protejo como a pequeños pollitos confiados a mí. Jesús vela por vosotros y os sonríe, queridos amigos.  Esta noche, me siento aún más cerca de vuestras almas inquietas, piadosas y fervientes; nada nos separa. Es también el regalo de Jesús a su ángel: El permite que ella se deslice por vuestro suelo permaneciendo cerca de El. Decid y repetid conmigo: ¡Gracias, oh mi Jesús tan adorablemente bueno!

¡Ánimo y confianza! suceda lo que suceda. La florecilla del Señor deshoja sobre vuestras almas todos los pétalos de rosas de su Paraíso florecido, y os envuelve en los dulces perfumes del Cielo. Feliz Navidad, a través de Jesús, en Jesús, que nos ha dado todas las esperanzas de vida y de amor.

Paqui.

PASCUA 1940

¡Pascua! Fiesta de alegría y de esperanza para todos. Comprended su alcance para la tierra. Jesús resucitó después de haber sufrido, después de su gran sacrificio, después de depositarlo en la tumba. Resucitó de entre los muertos, y habló a sus discípulos. Pocos creyeron, pocos se aprovecharon de la verdad que les fue revelada, pocos comprenden aún, desgraciadamente. No seáis del número de los insensatos; creed, alegraos, haced fuerte vuestra fe.

Vivís horas de oscuridad. No permanezcáis, espiritualmente, bajo la piedra pesada, en el oscuro sepulcro, rodeados del sudario. ¡Salid de él! tenéis todos los medios; sois los dueños de vuestro destino, vuestros dueños, los dueños de vuestra alma, de vuestros pensamientos. Desprendeos de todo lo que os aplasta y os mantiene en la tumba. Llamad a vuestros ángeles, ellos son legión, y solo piden venir a vosotros para ayudaros a desprenderos de vuestras ataduras. Con antorchas en las manos, os conducirán hacia la inmensa felicidad de los iluminados. Pedid con confianza ayuda espiritual, y la recibiréis más allá de vuestras esperanzas.

¡Qué lástima constatar que esos pobres hombres se arrastran por el fango sin hacer el menor gesto para elevarse hacia la luz! ¡No comprenden que solo Dios, todo luz, todo amor, puede tenderles la escala de verdad que los saque del lodazal donde se estancan tan lamentablemente en la miseria y la mentira! ¡Pero rezad, rezad por tanto! elevad vuestras almas por encima de toda materia, dirigidlas con fervor hacia Dios justo y todo amor. El os ayudará, si vosotros lo deseáis, pero, lo vuelvo a repetir una vez más, hay que desearlo. Nada se hace solo, el esfuerzo es indispensable. Si comprendierais bien vuestros deberes, vuestra razón de ser, y si vuestros actos fueran dictados por la razón, todo iría mejor, las ruedas que ruedan tan mal volverían a engranarse con normalidad.

¡Oh! amigos que habéis recibido luz de nuestras esferas benditas, vivid en el espíritu de Dios, vida y amor. Sed resucitados, y, como Jesús, salid de la tumba para nunca volver a descender a ella. ¿Me comprendéis? Vuestro despojo podrá un día pedir la sepultura, pero solo será el desecho de vosotros mismos: ¡eso no tiene ninguna importancia! Es a vuestra alma a la que hablo, es a vuestra alma a la que apelo cuando os digo: ¡Resucitad! ¡salid vosotros mismos de la tumba oscura en la que estáis encerrados! venid a Dios, vuestro Padre, vuestra luz, vuestra vida.

La tierra está llena de esos desgraciados enterrados por ellos mismos. ¡Qué hay que decir, qué hay que hacer para que comprenda y vivan por fin! Sed nuestros mensajeros fieles, haced comprender a vuestro alrededor la necesidad de vivir en espíritu de Dios que nos ha llenado de todos sus dones. Decidlo bien alto, para que los hombres se agiten menos y vivan mejor.

Pascua nos recuerda todo lo que Dios, todo amor, se ha sacrificado para salvarnos. Jesús, amor, quiso nacer, vivir, sufrir y morir para trazarnos el camino de la vida, para hacernos comprender que el Padre vive en nosotros y nos ama. ¡Que su santa voluntad sea comprendida y seguida!

Alegrémonos con las Santas Mujeres, y contemos muy alto en torno a nosotros el gran milagro de este día. Vivid en su luz. Estad alegres, amigos, incluso en las horas duras, puesto que conocéis su meta sagrada. Cumplid con calma y serenidad todos vuestros deberes: Dios hará lo demás, no os atormentéis. El es el Gran Guía; pero recordad que no estáis esclavizados, que sois libres de seguir o guiaros por vuestros propios medios; libres de seguir el camino de Cristo o de apartaros de él. Vigilad para que vuestra llama no se apague.

Los hombres huyen de todo lo que pueda difundir, intensificar en ellos la luz divina que los molesta… pero se hará más deslumbrante porque, os lo digo de verdad, llegará el día en que la tierra y el Cielo se comprendan y se fundan en la misma comunión de amor. Rezad, en unión con los ángeles que sirven Dios, que llegue Su reino, reino de amor universal.

A vosotros, a mí, a todos, Dios nos hace oír sus armonías celestes; y yo, vuestra pequeña Paqui, con su permiso divino, os rodeo de todos estos sonidos divinos, para ayudaros a vivir alegres, confiados en el espíritu de vuestro Dios todo amor. Amén.

Anuncios