Mejor no perderse en la belleza poética de estos escritos de Roland. Hay que ir a lo esencial: la fusión de la esencia, la sinfonía de la luz, el buscar el alma, el alcanzar el mismo peso en los valores de uno y otra, el buscar que la idea del Divino presida todas las acciones.

Para que Marcelle, su madre, pueda avanzar por esta senda difícil, Roland utiliza aquí dos cosas: una, la repercusión que tienen en el Otro lado las cosas buenas de aquí: los ramos de flores de su aniversario provoca en el cielo una fiesta de flores… otra, las señales que le envía: en estos mensajes llaman la atención cómo se sirve de humildes gorriones, en la estación de Lyon y en el Barco a Túnez…

Pero, para que no se pierda entre flores y músicas celestiales y se prepare a lo esencial con los pies en el suelo, la acompaña al desierto de Túnez y allí encuentra árabes con llagas purulentas, carcomidos de roña y de piojos. ¡El “infierno” de la purificación!…

¡Buen día!

18 de abril de 1950. Media noche.

Mamá, aunque separados de lugar, estamos unidos en «El Señor». Poco importa que tus paisajes no sean ya mis paisajes, ha habido fusión de nuestra esencia. Tus cimas son mi suelo y mis cimas son la tierra del «Altísimo».

Despójate del mal, como el animal pierde su vestimenta en cada estación. ¡Te quiero!

20 de abril de 1950. Doce y media de la  noche.

Al amanecer, el primer trino del pájaro debe resonar en tu corazón como una descarga de gong. La luz bebe la sombra, el alba emerge de las tinieblas, el sol aparece…

(Aquí, se ha interrumpido el mensaje).

21 de abril de 1950.

Mamá, uno se libera lentamente de la oscuridad, porque lo que en un alma no se ha clarificado por el  centro supremo, se detiene en la subida. Imagina una tempestad: todo se mezcla en ella, la luz, la sombra. Dios es el polo, pero a través de la inmensidad, el recorrido es más largo que la vida, es eterno.

22 de abril de 1950.

Despertada a las cinco de la mañana para escribir esto:

He aquí el primer acorde del día que nace; la sinfonía de la luz va a comenzar, ¡da gracias a Dios!

En lo alto de las ramas, los pájaros lanzan sus gritos para el saludo misterioso, son uno, son dos, se multiplica el arpegio; pedazo a pedazo, la noche se deshilacha y el horizonte se aclara; ¡espectáculo sagrado! Dios realiza su milagro: el día amanece, hay que rezar.

Un poco más tarde:

Las estrellas se han apagado para que solo el sol brille. Busca solamente tu alma.

Me he vuelto de dormir, he soñado que veía a Roland, pero su rostro lucía de manera tan intensa que yo me desvanecía.

Mamá, considera este sueño como un símbolo. Piensa que, cuando llegues aquí, tus valores tendrán que haber alcanzado el mismo peso que los míos; si no, uno de nosotros dos no soportará al otro.

En física, ocurre lo mismo: si luchan dos luchadores, el más débil se viene abajo.

En la vida futura, el progreso simultáneo de dos seres debe ser equilibrado por fuerzas psíquicas iguales; si no, se produce evanescencia de un lado.

23 de abril de 1950.

Man, cuando el animal viene al mundo, lleva consigo la totalidad de su inteligencia y parece que nunca podrá superar sus instintos.

El hombre, por el contrario, cuando nace, no sabe nada y debe adquirirlo todo; si es ayudado por una fuerza sobrenatural, llegará a la superación.

27 de abril de 1950.

Mamá, la idea del Divino no debe nunca abandonarte, a veces te gustaría saber si realmente progresas y no sabes dónde encontrar tus puntos de referencia.

Hasta qué punto, sin embargo, es fácil distinguir un camino que sube de un camino que baja. Para asegurarte del camino recorrido, verifica cada noche si la idea de Dios ha presidido tus acciones, poco importa que la necesidad te haya obligado a manejar la aguja o la pluma, la palabra o el silencio.

30 de abril de 1950.

Mamá, te rodeo con mis alas. Esta noche estás triste, porque estás en la ante-víspera del aniversario de mi vuelo; ¡ya pronto cuatro años desde la separación! Escucha esto con atención: rayos se acumulan para ti en un punto concreto del globo y vas a ir a su encuentro. Todo lo que rompe vuestras rutinas nos alegra; sea para caminar como peregrinos hacia tierras desconocidas o para sumiros en retiros austeros, el hecho de que rompáis vuestro automatismo diario es para nosotros un tema de gozo.

Nada es más contrario a nuestra influencia que la uniformidad de esas aguas dormidas en las que os estancáis. Vuestras espaldas, vuestra cabeza, vuestro entendimiento desaparecen bajo las densidades de la bruma refractaria a nuestras radiaciones.

Te espero en pleno sol, me gustaría recorrer contigo el universo, porque mis semillas crecen mejor, allí donde tú estás.

2 de mayo de 1950.

Cuatro años que ha no está aquí.

Mamá, relájate, yo he estado al lado de todas tus lágrimas y de todas vuestras sonrisas. En este día en que tantas madres te han enviado ramos de flores, hubo en nuestro cielo una fiesta de flores, una eclosión de dulzura en nuestros corazones.

Esta noche nos dormimos en el perfume de vuestro amor. Hace cuatro años, yo moría en mi cuerpo, para nacer en mi alma. Dios me apartó de la vida como esas lanillas de flores que se desprenden de su tallo para subir al azul, y tú has permanecido anclada en tus raíces. Pobre mamá, día a día, creas tus antenas; hazlas muy finas, oriéntalas sobre las olas de los días para que lleguen hasta nuestras regiones y que la brisa de los cielos las arranque de la tierra.

Duerme, yo iré al corazón de todas las que han venido a rezar contigo, todos  nosotros estábamos a vuestro alrededor.

6 de mayo de 1950.

Salida hacia Túnez. En el tren.

Tengo absoluta necesidad de hablarte, mamá, poco importa dónde estás, poco importa quién está a tu lado. Tengo que decirte que te tomo de la mano para este viaje. Ve al desierto como un peregrino, libre de toda atadura; hay que partir de uno mismo para no encontrar otra cosa que los fluidos de un presente ligero.

He hecho saludar tu partida a través de los pájaros.

¡En la estación de Lión, antes de salir el tren, algo muy extraño! En el compartimento, mi vecina se ocupaba en echar pan a los gorriones, la vía contigua estaba cubierta. Durante más de cincuenta metros, nos siguió esta escolta de gorriones. Era la primera vez que veía esto.

7 de mayo de 1950. En el barco.

Mamá, déjame decirte que estás progresando, porque ahora me llevas en tu alma como una madre lleva en brazos a su hijo; por dondequiera que estás, yo estoy, tu corazón es mi cuna; mi presencia es para ti tan real que, a veces, muestras una alegría por ciertas cosas, porque estás segura de que yo las hago contigo.

De vez en cuando, nuestros ritmos se funden, caminamos a la misma altura. Las lágrimas son una etapa, las sonrisas otra. A Dios le gustan también los rostros extasiados, los rostros transfigurados. Yo me convierto en tu compañero vivo, tú me arrastras a las tribulaciones como me tomabas de la mano cuando era niño.

Un poco más tarde, durante el día.

Piensa en mí, no siempre en la tristeza, sino en la alegría.

Aquí donde te encuentras sola entre el cielo y el mar, en este campo magnético que es el agua, nos unimos totalmente. Si los ambientes se componen, se construyen brizna a brizna, se marchitan también y, como las hojas, mueren; es necesario saber entonces separarse de ellos, libar otros pólenes, en otros lugares, en otras tierras; este es el gran privilegio de las vidas libres, de las vidas que siguen a Dios, como los pájaros siguen a las estaciones.

Justo en este momento, me parece percibir un pájaro que atraviesa el barco; temo ser víctima de mi imaginación. Pero un marinero se vuelve bruscamente como si hubiera observado también algo. Le pregunto si no me he equivocado, si hay un pájaro a bordo…«Es un bangalí, me responde, perdido sin duda, es muy raro, hará la travesía con nosotros…»

9 de mayo de 1950. Túnez.

Donde tú estés, yo te acompaño. Este viaje lo has emprendido para hacer que brillen ciertas verdades: yo quería sembrar en tierra africana.

Transciende la vida entera en un himno de amor.

Allí donde ames, yo estaré: allí donde murmures, no estaré; donde muestres amor, estaré; donde siembres tibieza, no estaré. Los ángeles solo se reúnen donde Dios es invitado.

9 de mayo de 1950. Noche. Túnez.

Delante del retrato de Roland, con luz brillante, se pone a brillar la forma de  un paso.

Dibujo.

10 de mayo de 1950. Túnez.

Moldea tu corazón en forma de cáliz, para recibir mis enseñanzas. Transmito a tu alma mi excedente de paraíso.

18 de mayo de 1950. Día de la Ascensión.

Si no unís todos vuestros actos al orden Divino, la vida es solo andar errantes.

El menor acontecimiento es querido por Dios, pero Su motivación mayor no siempre se percibe, de aquí el desánimo. Sin embargo, el todo se compone como un mosaico.

El avance espiritual lleva consigo también retrocesos, subidas y bajadas, ascensiones sin soportes, sin ayudas, con los brazos en cruz. Todo el equilibrio de vuestros cuerpos vacilantes está localizado en vuestro pensamiento, puesto que solo os guía vuestra fe. El asalto del Divino se hace en colinas sin parapetos.

21 de mayo de 1950. Djerba.

Mamá, hay que vivir siempre en la sintonía del canto más puro. Cuando os alejáis de esta armonía, os invade la «distorsión».

Para los que están cerca de los ángeles, la menor ruptura, la menor nota desafinada que se mezcla entre ellos y este plano, los lanza a la tribulación de las lágrimas. Fuerzas nocivas parecidas a anzuelos acechan a las almas errantes, y corrientes telúricas tratan de llevaros. De cada espíritu emanan vibraciones, se aglomeran en torno a vosotros y pueden, si son malas, afectar a vuestra paz.

Continuación del argumento:

En el Reino invisible, ¡cuántos imponderables pueden empujar en una u otra dirección! En realidad, disponéis de muy poco para dirigiros a los caminos que suben. Vuestro timón es tan frágil que se rompe indefinidamente; entonces os convertís en la proa de todo lo que no veis y que da vueltas en torno a vosotros.

El mal es astuto…

En cuanto a vosotros, nudos de fuerzas malditas pueden situarse en torno a vosotros hasta ahogaros. Como un ciego, déjate llevar por mí, sin tratar de comprender adonde te llevo.

Cuando la gente me ha preguntado: «¿Por qué vas a África?» he respondido: «No lo sé». Cuando me han preguntado: «¿Por qué vas a recorrer el Sáhara de Túnez en las peores condiciones?» he respondido: «No lo sé.» Y cuando en el desierto, estaba en un autobús atestado de árabes cubiertos de llagas purulentas, carcomidos de roña y de piojos, sufriendo con ellos bajo un sol abrasador, oyéndoles decir: «Estamos en el infierno», si me hubieran preguntado: «¿Por qué estás aquí?» habría respondido: «Para compartir sus sufrimientos».

He estado diecisiete horas sin comer, sin sentir hambre siquiera. En el corazón del desierto, fui apartada por uno de ellos y, muy rápidamente, todos se pusieron contra mí, el que hablaba francés me expresó su odio, con la espuma en los labios, me amenazó. Todos lo aprobaron. Se apoderaba de ellos una especie de fanatismo, el negro que conducía el coche parecía el peor y me temía que se deshicieran de mí abandonándome en las arenas, cuando de repente el que hablaba francés me dijo: «¿Eres creyente?» —«Sí», aseguré. Su actitud entonces cambió totalmente. Creo realmente que me salvé por mi respuesta.

2 de junio de 1950. Túnez (Escrito en la misa).

Recíbeme en tu corazón, como un canto de alondra y, en las ramas de tus pensamientos, déjame hacer mi nido.

4 de junio de 1950. Túnez.

Esto me llegó cuando caminaba. Saqué de mi bolso un lapicero y un papel y, apoyándome en la pared de una casa, escribí:

Obra siempre lo mejor que puedas, pero piensa que el grano solo germina donde sopla «el Espíritu». Vuestros esfuerzos solo llegan a la meta si Dios les da las alas.

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