Siempre la misma aspiración: entrar en las esferas blancas, de donde poder sacar las fuerzas necesarias para no dejarse arrastrar a acciones dudosas o perjudiciales.

Para ello: Lograr los beneficios de la meditación, adentrándose en el jardín secreto donde descansar…

Dejar que la luz nos penetre y nos ayude a aceptar las cruces en el cumplimiento de nuestras obligaciones ordinarias…

Pedir a Dios que escuche nuestras aspiraciones puras, ponernos enteramente en sus manos…

¡Buen día!

III – LAS VIRTUDES (5)

BENEFICIOS DE LA MEDITACIÓN

Los humanos no se recogen lo suficiente, y la meditación, por corta que sea, los elevaría sin embargo y los sumergiría en los planos más luminosos en los que podrían sacar las fuerzas necesarias para luchar y no dejarse arrastrar a acciones dudosas y perjudiciales, que hacen pesado su corazón con penas y remordimientos.

Tu visión de esta noche te ha llevado a esferas muy blancas en las que sólo veías fluidos limpios y flores de un blanco único y trasparente. Estas esferas tan puras son esas a las que nosotros venimos a refrescarnos, a recuperar fuerzas después de haberlas dejado junto a seres que las necesitaban especialmente y a los que nos sentimos felices de ayudar con nuestras luces.

En la tierra deberíais adentraros también con la mayor frecuencia posible en vuestro jardín secreto, tomar allí el descanso, las fuerzas necesarias para hacer menos dolorosos los contactos de la vida diaria, menos duras y más claras las mil preocupaciones. Observad estas preocupaciones, qué importancia permitís que tengan en vuestros hogares, qué honor las concedéis; ¡son reinas! Sin exagerar ni en uno ni en otro sentido, lo que sería una falta de equilibrio, no os dejéis invadir por esas pequeñas naderías que os abruman, por esos pequeños monigotes que obstruyen la belleza de vuestra tarea. Dad a las cosas el valor que tienen, no más. Luchad, por supuesto, en los momentos difíciles, pero no construyáis quiméricas montañas cuando los deliciosos valles son suficientes para alegrar el camino.

La vida tiene, sí, momentos crueles, necesarios, indispensables, puesto que es por el sufrimiento, desgraciadamente, como el alma se eleva y comprende. Pero gozad plenamente de las horas dulces, necesarias también, puesto que Dios las envía… Muchos seres, diréis, no conocen esas horas. ¿Qué sabéis vosotros? Y además, si tenéis razón, pensad que esos atormentados, que esos desgraciados trabajan y mejoran. Nadie conoce el pacto establecido entre el alma y Dios, y no podemos juzgar. Lo que podemos afirmar es que Dios, siendo infinitamente bueno, infinitamente justo, no puede sin motivo abrumar a su criatura, inclinarla bajo un yugo injusto e inútil. Los dramas, las catástrofes tienen un desenlace que nosotros sólo raramente conocemos, pero siempre es justo y para el bien de las almas. Recordad que todo se paga, tanto el bien como el mal.

Agarraos a todo lo que es hermoso, puro; amad la verdad, huid de inútiles rodeos; sed el agua clara y limpia y no el agua turbia y corrompida, e inclinaos sólo sobre lo feo, lo malo, lo impuro para transformarlo, para apartarlo. Esto es útil, es una tarea admirable que Jesús vino a enseñaros; agradezcámosle por las gracias que hemos recibido, pero no juzguéis a los que están en la ignorancia o que no quieren ver. Dios solo juzgará. Recemos por nuestros hermanos aún en la oscuridad.

Dios mío, os hago una llamada ferviente por todos los que sufren, por los que están en las tinieblas y buscan el camino luminoso que los llevará hacia vos. Enviad a vuestros ángeles, a vuestros mensajeros: ellos mostrarán el camino, calmarán sus angustias y darán la esperanza a todos esos desgraciados perdidos. Os lo pido, Señor, con todo mi corazón enamorado de todo lo que viene de vos; es un impulso de Fe que atraviesa el espacio y viene a interceder por todos los que no creen en vos. Son desgraciados, iluminadlos, que mi oración caiga sobre ellos y los refresque; ¡toda mi alma está a vuestros pies, y os pide piedad, misericordia! Alejad las tinieblas, abrid vuestro Cielo, Jesús lo pidió muriendo en la Cruz para que las almas vivan eternamente. ¡Así sea!

Paqui.

GRANDEZA DEL TRABAJO DIARIO

No todas las almas tienen una gran misión que cumplir en la tierra, pero cada una tiene su tarea en el trabajo diario y debe tener la resignación, la paciencia, el ánimo para realizara bien. No penséis que sólo las que tienen misiones a la vista y realizan grandes cosas aparentes avanzan más deprisa que las laboriosas hormigas. No, basta el deber; la elevación del alma, la manera de realizar las pequeñas naderías, producen más frutos que la realización de un trabajo, por grande que sea, si no viene acompañado por esa oscura labor del alma hacia nuestras esferas llenas de fuerza y de luz. Que el tallo de vuestras almas se eleve para sacar de ellas el alimento necesario y sólo descender fortalecido, más dispuesto a cumplir la tarea que os ha sido asignada.

Los designios de Dios son claros en lo que se refiere al camino a recorrer; está trazado en su conjunto: más arriba, cada vez más arriba; más claro, cada vez más claro. Y no penséis que esa meta es imposible de alcanzar; no os preocupéis si la vida diaria se las ingenia para apartaros del camino: basta el pensamiento más pequeño bien dirigido.

Querer, esta es la llave que os abrirá todas las cerraduras. Querer ser mejor, querer entregarse a ello, querer ofrecer al Bien los pequeños hechos y gestos, querer evitar cualquier pena incluso ligera a los que os rodean, rezar cada vez con más fervor sin desesperarse por la momentánea distracción, perseverar en la bondad, en la caridad, en la indulgencia hacia vuestros semejantes… Adentraos en vuestro jardín secreto cuando la vida ordinaria os ofrezca una duda, un sufrimiento, una decepción amarga; vosotros sois vuestros propios sanadores de vuestra alma, sed si es preciso cirujanos conscientes de la decisión que habéis de tomar. Os he dicho muchas veces que la voluntad de vencer los propios defectos con esfuerzos diarios abría al alma grandes horizontes.

Recordad la palabra de Jesús: «Habrá en el cielo más espacio, más alegría por un pecador arrepentido, por uno solo, que por justos que permanecen fieles sin haber tenido que luchar.»

En resumen, vivid vuestra vida con calma, con confianza; no busquéis las complicaciones que hacen daño a la armonía de vuestras almas. Que la luz os penetre y os ayude a llevar a cabo la aceptación de todas vuestras cruces en el cumplimiento de vuestras tareas ordinarias. Dejad que vuestros seres queridos de lo alto os abran los ojos para hacer que penetre en ellos el espíritu de verdad y de luz, y creed en la vida intensa del más allá en el amor de todo lo que es puro. Por nada del mundo querrían vuestros seres queridos volver a descender a la materia; ese mundo ya no los interesa; sólo vuestras almas forman parte de nuestros contactos, pero como ellas no son terrestres, no debéis extrañaros de nuestros silencios sobre lo que vosotros creéis que son los hechos importantes de la vida. La vida del alma sola nos queda en el pensamiento, y me gustaría que oyerais nuestra llamada tierna y fuerte cuando os vemos hundiros en la materialidad únicamente, sin pensar en levantar los ojos hacia mayor claridad, hacia mayor luz.

Queridos amigos, supliquemos a Dios que nos envíe ondas de esa claridad celeste y divina para que la extendamos sobre esta humanidad que sufre y tiene dolor, porque, todavía en las tinieblas, no ve nada y no sabe nada.

Estrella luminosa, estrella de Dios que siguieron los Magos, da al mundo tu luminosa claridad y sé la guía que muestre el camino a los hombres de buena voluntad. Amén.

Paqui.

NO JUZGUÉIS

Si deseas aplicar las palabras de Jesús, comprender su verdadero sentido: «Sé sólo juez de ti mismo», sé si puedes un juez severo para ti, pero cuando se trata de juzgar al prójimo, sé muy prudente en tu veredicto y, mejor aún, considérate incompetente.

Criticáis con demasiada frecuencia, juzgáis con demasiada severidad y a veces injustamente, y esto es un hábito nefasto. Desde la niñez, hay que hacer comprender al niño que no debe decir cualquier cosa cuando la afirmación pretende ser un juicio sobre las personas que le rodean o incluso le instruyen. Demasiados padres escuchan al hijo complacidos cuando critica a tontas y a locas al maestro o educador. No vejéis a ese pequeño orador, pero explicadle que no debe juzgar, que él no sabe, que las apariencias son muchas veces falsas, exageradas; en fin, abrid su corazón a la indulgencia. Los niños no conocen la generosidad de la indulgencia; hay que abrir ese pequeño corazón dispuesto a censurar, a etiquetar, a criticar. La tarea es muchas veces difícil, pero, dejando a un lado algunas raras excepciones, el resultado raramente es negativo; el pequeño cerebro graba, el corazón se abre y hace nacer esa hermosa flor olorosa, esa cualidad que tanto escasea en los hombres, la generosidad, y que se debe sembrar en el corazón del niño.

Ved vosotros mismos hasta qué punto os es difícil permanecer neutros, no ir más allá del justo plano; se muestran las uñas, como en los pequeños, y hacen sangrar conscientemente, y esto es más grave: hacer conscientemente daño a su prójimo con la actitud, los actos y los dichos. Procurad no ser de estos; ¡sed más bien arañados que arañadores!

La oración, la meditación son indispensables y son una fuerza incalculable para la evolución del alma. Pero los esfuerzos sobre uno mismo, las victorias conseguidas sobre los defectos que pueden dañar en algo al prójimo, son de gran valor a los ojos de Dios, y consideradas como fervientes plegarias. Rezar es elevar el alma hacia Dios, implorar su gracia, reconocer su bondad, pedirle que escuche nuestras aspiraciones puras, ponernos totalmente en sus manos, no tener otra voluntad que la suya, y muchas otras peticiones de las que el ego quede excluido al igual que todo sentimiento personal.

Pensad que cuando lucháis contra vuestros defectos, contra vuestras imperfecciones, contra vuestras taras incluso, hacéis una oración tan eficaz como cuando eleváis vuestra alma a través de pensamientos o palabras.

Haced con frecuencia vuestro acto de contrición después de vuestro examen de conciencia, después haced un acto de fe y de esperanza. Pedid luego ejercitar la caridad en todas sus formas; la caridad que consiste en callarse para no molestar no es la más fácil de aplicar por la naturaleza humana. Sed caritativos con el que cae en el mal; sed caritativos con el que sufre por su falta o por la fatalidad; sed caritativos con los que no lo son, sin herirlos; sed caritativos en vuestros juicios en general, sentiréis así una dulzura infinita.

Sed caritativos; esforzaos por ser buenos, justos, y seréis entonces realmente generosos, podréis esperar para vosotros mismos la gran generosidad de Dios, cuando llegue el momento… No juzguéis, para no ser juzgados…

Paqui.

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