Al comenzar a leer estas nuevas comunicaciones de Roland me doy cuenta de que dice cosas que, de una u otra manera, he leído en él o en san Juan de la Cruz o en cualquier otro místico y me pregunto: ¿más de lo mismo? Tenemos ya el curso 2009-10 a la vuelta de la esquina y me pregunto: ¿será más de lo mismo?

Me da la impresión de que la vida se convierte en más de lo mismo cuando se mira sólo desde un discurso, desde una lógica. Lees una novela. Habla de viajes a Nueva York y a otros lugares. Y acabas diciendo: más de lo mismo. Pero un día te decides a hacer tú mismo esos viajes. Vives tu propia experiencia, y ya no es para ti es más de lo mismo.

Si lees estas comunicaciones como una experiencia personal que vive Roland y a la que invita a su madre, las cosas cambian. Como si la experiencia-vida introdujera una verdadera novedad. Las comunicaciones de Roland y de otros y nuestras reuniones del próximo curso dejarán de ser más de lo mismo si introducimos lo que hace nuevas todas las cosas: ¡la vida de cada uno! ¿Seremos capaces?

¡Buen día!

A pesar de las dudas interiores que he tenido que superar para publicar este tercer libro de mensajes, he terminado preguntándome, después de años de reflexión, si este rechazo no era una falta de valentía, un abandono. Drama de conciencia que sólo pudo resolverse por un nuevo testimonio de fidelidad a la memoria de mi hijo.

Dedico estas páginas a todas y todos los que han perdido un hijo, y que no dejan de proclamar su fe en Dios y en la supervivencia.

M.J.

1949

1º de enero de 1949.

Mamá, otro año que comienza, y porque no estoy ahí, estás desesperada. Me gustaría esta noche ser muy dulce…

Si estuvieras más atenta, sentirías la unción de mi presencia; ella de llenaría más que toda vida en común.

Compartir los bienes de la tierra, no es tan divertido como para uno no pueda consolarse de haberlos perdido. Cuánto más grandes son las dulzuras que os vienen del cielo. La conquista de tu paraíso interior debe alegrarte mil veces más que las pequeñas alegría que pudieras esperar de tu hijo; porque la vida humana es poco en comparación con la vida celeste.

Alégrate de llevar en tu alma el hambre y la sed del cielo.

2 de enero de 1949.

Dais más de vosotros mismos en el sufrimiento que en la alegría.  Es por tanto en la pena como os acercáis más a Dios. Porque Dios os quiere totalmente, es necesario que os impregnéis totalmente de la idea divina.

Si piensas que Dios está en todas las cosas, no harás ya actos exteriores o interiores a ti, pues tu centro se reformará por todas partes.

Los ejercicios religiosos son una disciplina necesaria, rompen vuestras rutinas y constituyen el impuesto del cuerpo a Dios. Es muy positivo que vuestros compromisos concretos tengan que ceder el paso ante vuestras obligaciones espirituales.

2 de enero de 1949.

Mamá, reflexiona: sólo el espíritu puede captar la idea de Dios; tienes que darle por tanto todos tus cuidados. Entrena tu pensamiento en evocar «al Eterno», como un corredor entrena sus músculos.

No permanezcas acurrucada en el interior de tu colmena, porque hay jugos por toda la tierra. El aire está lleno de polen psíquico. En vuestras antenas está el captarlo.

Mamá, toco ligeramente tus pestañas.

3 de enero de 1949.

Mamá, ¡me gustaría tanto ayudarte! Te veo como pecio azotado por los fluidos como un navío por la tempestad. Las olas se amontonan por todas partes para romperse en tu paz. En estos días trastornados por el viento, me cuesta mucho mantenerte en la cresta de una onda armoniosa. El amarre celeste está roto, de aquí proceden esas vacilaciones. Aspiro al buen tiempo para tomar de nuevo los remos.

¿Cómo estás, Roland?

― Tengo todo un revestimiento de fluido, una especia de vellón.

¡Ah! si pudierais saber a lo que esto responde, si pudierais forjar en torno a vosotros armaduras de ondas, seríais impermeables a las corrientes destructoras.

Mamá, refúgiate en la naturaleza, allí estarás mejor protegida. Camina sobre el suelo desnudo, es un rito necesario. Huye de las ciudades en las que la tierra queda aprisionada bajo el asfalto. Busca las alamedas, las pequeñas sendas, te recargarás, sin darte cuenta, de elementos puros.

Estás en plena batalla, acribillada por fuerzas perturbadoras; si fuera posible fotografiar lo invisible, se te vería rodeada de flechas.

6 de enero de 1949. Epifanía.

¡Mira en tu calendario la fecha en la que me has escuchado por última vez, y cúbrete el rostro!

Tu duda aparta tus fuentes, ellas ya no te satisfacen. ¿Por qué? Porque jamás estáis suficientemente penetrados de la idea de Dos.

Buscar a Dios es andar caminos sin comienzo ni fin; es avanzar al margen de las percepciones sensibles; es dirigirse hacia el centro.

Pobre mamá, estás cansada de dar vueltas en los círculos de tus aptitudes, estás cansada de no poder sobreponerte. Das vueltas como un prisionero en su celda, sin percibir nunca que la estrella que luce tiene su tragaluz. Piensas que estás agotada, y te desesperas. Da vueltas, da vueltas sin cansarte: la rueda del molino no debe nunca pararse; enfréntate a tus defectos, a tus debilidades; deja de buscar las «señales», vendrán a ti con toda naturalidad si eres digna de recibirlas. Los intercambios o, más exactamente, las llamadas exigen una contrapartida; poneos en estado de gracia antes de venir a pedir el cielo. No bastan las oraciones. Formad vuestras escudillas con vuestras propias manos. Si vuestra alma no ha recuperado sus harapos, ¿con qué derecho nos invitaríais? Ninguno de nosotros se molesta para satisfacer vuestras curiosidades. Para que el nacimiento de las fuentes sea cristalino, hay que observar un método de vida, si no, sois atraídos hacia vibraciones interiores.

Ahora, ya estás advertida, cuídate.

7 de enero de 1949. Mediodía.

Tus enriquecimientos son como colores que atraen mi visión. Cuantos más esfuerzos haces para cercarte a Dios, más resplandece el interior de tu «yo».

Observa el nácar. Posee una infinidad de matices pero, para verlos, tienes que colocarlo en la confluencia de ciertos rayos. Lo mismo ocurre con tu alma; de ti depende el orientarla bien.

Entre nosotros, las vibraciones se ven. Nuestras coronas no están hechas ni de flores ni de oro, sino con nuestras luces.

Despréndete de tus deseos terrestres.

8 de enero de 1949.

Mamá, llevas en tu frente la antena celeste. Sé precavida, está atenta, porque la menor imperfección puede romper ese frágil elemento. ¡Es necesario tanto amor para que Dios no os abandone!

Ama a los justos, perdona a los injustos, ayuda a los malos; tus aliados no están en la tierra, sino en el cielo.

8 de enero de 1949.

La concentración es el acto más difícil de realizar, pero el más noble. Es raro que vosotros la alcancéis. Y sólo en ese momento, sin embargo, es cuando abandonáis vuestra envoltura para superaros a vosotros mismos.

Imagina una flor. Sus pétalos son de carne; sólo su perfume es inmaterial. ¿Y de qué se componen esos efluvios? De tierra, de agua, de estiércol. Lo mismo ocurre con tu alma: todas sus raíces se hunden en tu cuerpo, y sus aromas adornan con perlas al final de las raicillas. Es necesario por tanto afinar la materia para que las aspiraciones se purifiquen. Antes de hablar, antes de moveros, antes de callaros, deberíais deciros siempre: «Esta palabra, este movimiento, este silencio ¿pueden convertirse en perfume?» Así, sólo seríais portadores de esencias raras, y nos sería más fácil descansar en vosotros.

Mamá, hazte jazmín y madreselva, hazte campo de tomillo y de margaritas.

9 de enero de 1949. Mediodía.

El agua se hace estrella, cuando pasa por el eje de una estrella.
El agua se hace nube, cuando dormita bajo una nube.
El agua se hace luna, cuando duerme bajo la luna.
El alma se hace divina, cuando descansa de cara a lo divino.

9 de enero de 1949. Por la tarde.

Mamá tienes que trabajar más para desprenderte de tu universo. Llegar al «Divino» es entrar en la nada, que no es otra cosa que la renuncia, el olvido total de lo creado. Tu memoria debe disminuir hasta la supresión. Todo lo que has visto, oído, pensado, amado, deberá abandonarte. El mundo, como si tú no hubieras participado nunca en sus dones, entrará en su propia muerte. La efervescencia de lo absoluto trabajará tu espíritu; imágenes fluidas, trasparentes, desconocidas, brotarán en ti; serás como un desierto donde ya no reconocerás nada.

10 de enero de 1949.

Imagínate el pensamiento como compuesto de mil millones de pequeñas burbujas que se empujan en la atmósfera: esos pensamientos creadores son aquellos cuya composición es dinámica para atravesar la capa aislante que los separa de su objetivo. Pensamientos encerrados en vosotros como el agua en un recipiente, que sólo entra en ebullición si el fuego está incandescente, las burbujas entonces se multiplican hasta el infinito.

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