Seguro que en algún entierro os ha llamado la atención una fórmula que suele utilizarse en la liturgia de la Iglesia y que muy pocos comprenden. Es una fórmula tomada del Evangelio, en la que se dice que los muertos resucitarán al final de los tiempos. ¿Cómo hay que entender este final? Arnaud lo explica en la comunicación del 21/08/91. Pero no os perdáis lo que dice sobre el farfullar de algunos curas y el rechazo de predicaciones infantiles.

Creo que era Feuerbach el que decía que el hombre es lo que come. Pues parece que tiene su parte de razón. Aplicado a la Eucaristía, algunos resultan antropófagos. Hay que ver cómo afina Arnaud para explicar la Eucaristía uniendo dos polos insustituibles: El Verbo se hizo carne y aquello otro de san Juan: Mis palabras son Espíritu y Vida. No hay que perdérselo.

La alusión al Comunismo, no tiene desperdicio. Pero no perderse en lo superficial. Hay que ir al fondo. El sueño comunista fracasó porque carecía de una verdadera alma y porque, en realidad no era verdadero “sueño”, no porque todos los comunistas fueran malos. Esto puede chocar a más de uno: «hombres y mujeres comunistas, casi con la chispa de la fe, eran como santos». Como dice Arnaud: «Abandonad de una vez por todas todos los “ideologismos”».

¡Buen día!

21/08/91 7 h 30

EL FIN DE LOS TIEMPOS

«EL QUE COME MI CARNE Y BEBE MI SANGRE»

Papá, Mamina,

Vosotros no comprendéis bien ―y algunos no comprenden en absoluto― lo que significa la expresión: el fin de los tiempos. Como estáis demasiado habituados a contar en días, meses y años, valoráis el tiempo que os queda hasta vuestra muerte (no vosotros, queridos míos) y hacéis lo mismo con el fin de los tiempos, como si fuera un acontecimiento brutal, lejano, pero calculable (en miles de millones de años) e independiente de vuestra muerte terrestre.

¡No! El fin de los tiempos comienza tan pronto como uno despierta al Cielo porque deja la historia del mundo. ¿Dónde habéis visto que los actos de una misma obra de teatro se sucedan sin relación unos a otros, sin hilo conductor en la acción?

Nuestras dos vidas (terrestre y celeste) forman parte de un todo, representándose el segundo acto después del primero que fue el paso terrestre, y cuando terminen para todos los hombres los dos actos de esta obra de teatro, se cumplirá por tanto el fin de los tiempos, la historia del mundo habrá terminado. Esta será como un mantel ya inútil que se dobla después de la comida y esas migas que son los acontecimientos temporales serán tiradas con él.

En cuanto a vosotros, los comensales, vuestro ser se formará con lo que hayáis comido y bebido durante vuestra vida, con lo que Jesús llama «su carne y su sangre» y que tan mal se os presenta muchas veces por los sacerdotes, pastores y catequistas. Voy a aprovechar para hablaros de esto puesto que discutías recientemente entre vosotros sobre ello, queridos míos.

Estas palabras de Cristo: «El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la Vida Eterna» son tan importantes que sería mejor que los malos predicadores no tratasen de explicarlas. Cuántas risotadas ―¡oídas hasta en el Cielo!― sobre esos cristianos antropófagos… Con estas palabras deben relacionarse dos versículos del Evangelio de Juan, uno para prepararlas, otro para explicarlas.

Primer versículo: «El Verbo se hizo carne» (Jn. 1, 14) ¿No es Jesús el que toma cuerpo de hombre, con carne y sangre, para vivir mejor nuestra prueba terrestre? Así, en Jesucristo, la Palabra de Dios se hace historia de hombre. Por aquí es por donde hay que comenzar.

Luego, hay que citar el versículo que viene a completar el Evangelio y a aclararlo totalmente: «El Espíritu es el que hace vivir… Las palabras que os digo son Espíritu y son Vida (Jn. 6, 63).»

Es en espíritu como debéis comer y beber a Cristo entero, hombre y Dios inseparables, es vuestro espíritu el que será alimentado y él es el que es Vida.

El alimento material va al cuerpo perecedero, el alimento espiritual que es Cristo va al cuerpo espiritual, imperecedero.

Entonces, no aceptéis que vuestros sacerdotes farfullen cualquier cosa y preguntadles: si la fe cristiana no es espiritual, ¿qué es?

Rechazad las predicaciones y las enseñanzas infantiles, exigid más elevación de espíritu a vuestros pastores… (interrupción).

Un sermón debe ser una fuente de agua viva, si no, mejor no decir nada.

Mis queridos de siempre y para siempre.

Arnaud.

22/08/91 9 h (en la carretera)

NO LLORES LA FELICIDAD PERDIDA…

Mamina, pequeña silueta [1] que amo, no llores la felicidad perdida…

Toda felicidad terrestre es sólo un préstamo que un día termina, pero si es verdadero amor como el nuestro, es para mantenerse en las manos de Dios.

El es quien nos lo devolverá, más que intacto, claro como el cristal, nuevo como la mañana.

Verás, Mamina, nuestros ojos ya no se abandonarán [2]. Yo soy tu amor en el cielo.

Tu Arnaud.

28/08/91 7 h 15

LÍMITES DE LAS SOCIEDADES TERRESTRES

LOS PONTONEROS DEL CIELO

Papá,

Los sueños terrestres no tienen futuro, habéis tenido una vez más la experiencia con el viento que barre al comunismo, pero no convirtáis este fracaso de un modo de organización de la sociedad en una victoria del capitalismo. Este último no tiene en sí más espiritualidad que el primero aun cuando, gracias a su lógica de libertad individual que coincide con la lógica divina de amor, tiene la ventaja de permitiros pensar, por tanto de abriros al espíritu.

En este fracaso que agrada a muchos, hay que separar el grano bueno de la cizaña, porque no ha habido sólo cizaña: hombre y mujeres comunistas, casi con la chispa de la fe, eran como santos. Si hay una investigación histórica que hacer, es ésta, que es lo contario del triunfalismo.

En este viraje de la historia, vez el final de un sueño, falso por estar privado de una verdadera alma. Por otra parte, un sueño que no inscribe su trayectoria en el infinito, en lo eterno, ¿es realmente un sueño? ¿No es sólo un proyecto de dimensión terrestre y por tanto contingente? El sueño de vivir eternamente amando a Dios y a sus hermanos es más cierto que el más estudiado de vuestros proyectos de sociedad. Abandonad de una vez por todas los «ideologísmos»y seguid el proyecto de formar sociedades humanas terrestres, más justas, más generosas, sabiendo que sois incapaces de vivir el paraíso en la tierra.

Vuestra vida y la nuestra se engarzan en la Creación, en toda la Creación, tierra, cielo y cosmos incluidos, si no, falta a la vez el soporte vital y el punto de vista espiritual. Vuestro destino no se inscribe entre dos fechas lineales escritas en registros, en libros de historia o en lápidas sepulcrales, sino en la curva del espíritu. A lo largo de esta curva, la más trascendente posible, es como deben engancharse vuestras sociedades de amor y de fe, como se enganchan las vides a las laderas soleadas.

No omitáis nunca la fe en Dios, luz que ilumina toda acción humana, que la espiritualiza para que no se hunda en lo terrestre, ¡oh! demasiado terrestre, cambiad el orden de vuestros valores y poned las exigencias espirituales delante de las demás: posesiones materiales incluso irrisorias, placeres de los sentidos, supervivencia del cuerpo de carne, poderes, etc., sin suprimirlos sin embargo y sobre todo la consecución del conocimiento y la adquisición del saber.

Vuestros proyectos pacíficos y generosos se teñirán entonces de cielo y conseguiréis vuestro progreso hasta el Primer-Reino desde el que yo os hablo, guiado por mis maestros. Aquí, somos miles y miles de millones de seres, nosotros, vuestros queridos desaparecidos, vivos, más vivos que vosotros y formando la cadena redentora indispensable en el relevo de la vida eterna, porque vosotros no iréis directamente desde el mundo al Reino de los Cielos. En el crecimiento espiritual, no se queman etapas, excepto Cristo («Mi Reino no es de este mundo» [Jn. 18, 36]) y María.

Nosotros estamos aquí, nosotros, vuestros resucitados, para haceros lo inaccesible accesible, lo invisible visible y para unir el cielo y la tierra. Nosotros somos los pontoneros del cielo que ponemos en vuestra camino los primeros arcos del edificio indispensable para llegar hasta nosotros.

El encuentro con nosotros se producirá infaliblemente si vosotros lo queréis, pero preparadlo, anticipadlo con el poder del espíritu. Tened pensamientos elevados y hermosos, rezad y nos aportaréis esos materiales de eternidad, esos ladrillos espirituales que necesitamos.

Papá, mi Papá, envuelve a Mamina de amor, guárdala, cúrala de las mordeduras mezquinas de los demás, ¡tú puedes!

Arnaud que te ama.

25/09/91 15 h

JEAN PRIEUR [3]

P.: Arnaud, ¿eres tú?

A.: Sí. Jean ha entrado en contacto conmigo.

P.: ¿Qué Jean?

A.: Le Prieur.

P.: ¿Por qué Le Prieur?

A.: Es su apellido original

P.: ¿Por qué ha entrado en relación contigo?

A.: Con motivo del prefacio del libro. [4]

Encontrarás mi estilo en algunos pasajes, es intencionado. [5]

Abraza a Mamina.

31/08/91 7 h 15

Papá, escribe:

En el límite de vuestro entendimiento, el Universo se une con el Pensamiento, y como es el Pensamiento de Dios, el Universo es ilimitado.

El Universo es un dedo que Dios coloca sobre su frente.

Arnaud.

NOTAS

[1] Nicole: La víspera, al final de la tarde, me he visto sumida en tal ola de desesperación que me refugié en el fondo del jardín para evitar a Paul el espectáculo de mi pena.

Cuando comencé a sobreponerme, comenzaba a anochecer. Volví en seguida a casa, dándome cuenta de que él me buscaba. El distinguió mi silueta desde lejos y se dirigió hacia mí.

[2] Desde hace meses, cuando miro el gran retrato de  de Arnaud en el hall, tengo la impresión de su mirada choca con la mía y de que sus ojos me siguen. Me es difícil retirarme de este lugar y, a veces, me sucede volver sobre mis pasos para volver a encontrar el contacto con esa mirada tan viva.

[3] Jean Prieur: escribió la presentación de «Hacia el Sol de Dios» en agosto de 1991. escritor espiritualista, autor de más de una veintena de obras, entre ellas «Los testigos de la invisible» (Aquí-Allá)

[4] «Hacia el Sol de Dios», el primer tomo de los mensajes de Arnaud.

[5] Citas de extractos de los mensajes por Jean Prieur en la presentación.

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