Lo confieso. Tiendo a votar siempre a los mismos, a esperar que otros resuelvan mis problemas, a mantener siempre la misma opinión y a vanagloriarme de que no cambio, aunque los demás cambien. Lo grave es que formo parte de una institución, la Iglesia, que tiene como lema: Nihil innovetur, y que me mete el miedo en el cuerpo cuando me aventuro a creer en la evolución en el Más allá y en el modo de entender la Biblia…

Esto me lleva a no comprender casi nada de lo que dicen mensajeros crísticos como Arnaud. Apenas entendí aquello que decía Bob Dylan: la respuesta está en el viento… ¡Cómo voy a entender lo que dice Arnaud sobre dejarse empujar y de abandonarse al Viento de Dios! Me es más fácil sumarme, creyendo que soy muy racional y realista, a los ataques contra los mensajes de que habla también Arnaud.

Desde esta perspectiva de “racionalidad” ¡cómo voy a entender lo que Arnaud dice sobre la «ciencia sin conciencia»! Si fuera sensible a lo espiritual, o sólo a la moral, o al menos a la sensiblería, rechazaría la matanza de animales para poder sobrevivir. Pero me temo que, como él dice, eso supone admitir que lo que dice el Génesis pertenece a «un tiempo caduco de las primeras edades de la humanidad», ¡y eso tal vez es demasiado!

¡Buen día!

3/03/91, 8:30h

EL VIENTO DE DIOS

Mi Papá,

El viento de Dios os empuja sin bruquedad allí donde la Esperanza encuentra sus aguas tranquilas, la Fe sus certezas, el Amor su culminación.

Viento constante, envolvente e impetuoso, el viento de Dios no rompe ni destroza. ¡No sopla el frío después del calor, porque si siembra en los corazones, no es para recoger la tempestad, y si es locura, es la locura del amor! ¡Su cosecha es la conversión!

Cuando se alcanzan la orilla del Reino del Eterno, este viento nos envuelve en la ternura. ¡Nada puede cortar el viento de Dios, ni la vida, ni la muerte! ¡Pero, a veces, el hombre de la tierra, piel demasiado dura, narices cerradas, oídos taponados, no lo siente, no lo oye!

Sin embargo vino Jesús, el Hijo del Viento, y, como un marino experimentado, nos mostró cómo navegar en medio del viento, viento delante, viento detrás, de lado, etc. Nos enseñó cómo tener el viento en popa del alma para hinchar mejor nuestro corazón al Viento de Dios y dejarnos caminar hacia el viento del amor al prójimo. Con su Palabra, hizo que se abrieran las ventanas de nuestra inteligencia para que el Viento del Espíritu se precipite.

Gracias, Dios mío, por tu Viento tan puro!

Abadonaos por tanto al Viento de Dios, dejaos llevar por su fuerza, mecer por su Amor y elevar un día hasta su Cara, allí donde el viento se hace inmovilidad en el movimiento de vuestro ser consumado.

Mis Padres queridos, siempre hay un viento bueno que me lleva a vosotros para abrazaros entre caricias llenas de ternura.

Arnaud.

6/03/91, 7:30h

LOS ATAQUES CONTRA LOS MENSAJES

Queridos míos,

Siglo tras siglo, generación tras generación, los hombres ─¡y a veces las Iglesias!─ al enterrar a los muertos, enterraron su espíritu vivo. No quisieron hablar de resurrección, excepto de la de Cristo y, a lo sumo de la nuestra, pero una lejanía tan inconcreta como incierta. Así, con los pies clavados en la tierra, con la cabeza ocupada, resulta más fácil la vida, la buena vida, como el deudor cuyo vencimiento está aún lejano…

¡Queridos míos, esto se continúa más de lo que vosotros creéis! Veréis, mis mensajes sufrirán la misma suerte que los demás:

Mientras las almas puras dirán exactamente lo contrario, los incrédulos [dictado así] enarbolarán los textos que los apoyan y razonarán así a partir de ellos: «¡Esto huele demasiado a la tierra! ¡Si no es él, es por tanto su padre!» ¡Pero a la tierra, yo la he amado y la amo! ¡Dios también, mucho antes que nosotros! La tierra tiene hermosos caminos, olores y colores que nos encantan. ¿No se ve el Cielo desde ella? ¿No llueven sobre ella migas de estrellas cuando brilla el amor entre los hombres?

¡No os podéis imaginar lo que irán buscando y lo que buscan ya!

¡Por ejemplo, que al contrario que Penélope, tú, mi Mamina querida, tejes por la noche la tela de mis mensajes para desatarla a los ojos de los hombres durante el día [dictado así]! La mentira consentida es uno de los mayores pecados.

¡Y esa llamada al subconsciente! ¡¡¡Cuántas cosas metéis en esta palabra!!!

Como el desaparecido sólo deja su recuerdo en el espíritu de los que lo han amado, es su subconsciente ─palabra y concepto útiles─ el que, en ciertos casos se expresaría … ¡Como si la emisora de radio avalase al que emite!

Así todo queda entre «hombres» [dictadas comillas] y el ser espiritual (¡vivo pero molesto!) es evacuado.

¡Pues sí, desgraciadamente, para algunos, lo sublime, la llamada de lo celestial es indigesta, pero dirán, al mismo tiempo, que mis mensajes de cada día expresan demasiado «lo humano»!

¡¡¡Oiréis y leeréis todo y lo contrario de todo!!!

Mis Padres queridos, sólo recuerdo esto para preveniros, para prepararos. No tenéis que polemizar, pero sufriréis por ello, es humano…

Os abrazo.

Arnaud.

11/03/91, 7:45h

«CIENCIA SIN CONCIENCIA…»

Queridos míos,

El hombre de vuestro siglo siente el peligro mortal que acecha a su alma. Pero, precisamente porque quiere ignorar esto, lo que siente es la muerte, la sensación de un peligro que acecha ¿qué?

¡No lo sabe o más bien no lo quiere saber! ¡Como su ser profundo, el espiritual ─¡por muy dormido que esté!─ percibe sin embargo estas llamadas, «hace» preparativos morales, como se «hacen» preparativos sanitarios contra un virus desconocido, mientras se ignora si atacará al hígado, a los riñones, a los nervios, etc. Finalmente, sois muy moralizadores, es decir sin inspiración, porque la moral sólo ha sido siempre el residuo de ideas más elevadas, el depósito que queda cuando el agua del Espíritu se ha retirado.

Así, en los países ricos, jamás habéis prestado tanta atención a los animales, pero juzgad vosotros mismos cuál es vuestro comportamiento a este respecto: vuestro perro o vuestro gato gozan de todos los miramientos posibles: alimento, comodidades, salud, etc. ¡mientras devoráis con vuestros dientes de lobo un cordero que yace en vuestro plato!

Si fuerais lógicos en relación a la espiritualidad o sólo a la moral o incluso ─¡desciendo más todavía!─ a la sensiblería, rechazaríais esta carnicería inútil. Y no vayáis a buscar en el Génesis para justificar esta práctica de matanza de animales para vivir.

¡Es un tiempo caduco el de las primeras edades de la humanidad! Gracias a vuestra ciencia, contáis ampliamente con medios para satisfacer vuestras necesidades alimenticias sin recurrir a la cría intensiva y a la matanza de bueyes, cerdos, pollos, etc.

Estáis por tanto muy retrasados con relación a vuestra ciencia. Vuestra conciencia espiritual se arrastra por detrás de vuestra ciencia, a miles de años de ella y, si no tenéis cuidado, la fosa que se ha abierto será un día el abismo en el que os precipitaréis, convertidos en ciegos.

«Yo soy la Luz y la Vida.» ¡Vosotros sólo creéis en la luz que emana de vuestras células grises y en la vida de vuestros miembros!

Recurrid a la Luz superior que hace vivir de una manera trascendente.

Mis Padres queridos, mi Mamina, ¡pasad ese cabo de mis quince años ─¡terrestres!─ como un simple cabo de la tierra en el mar de nuestro amor eterno.

Os quiero.

Arnaud.

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