El Guía Verro se comunica con Frederic desde hace un mes. Lo hace a través de una médium. Frederic es un hombre enfermo, pero apegado a sus negocios. ¿En qué temas insiste el Guía Verro, al mes de comenzar a comunicarse, para llevarle consuelo espiritual? Frederic debía estar espiritualmente preparado, porque le habla de elevar las vibraciones para encontrar al Divino, de buscar el sentido de la vida…

Algunos días, Frederic hace preguntas. A través de ellas, vemos qué le interesa. Vale la pena leer las preguntas y las profundas respuestas. He aquí algunas preguntas del día 27 en que Verro le habló de Israel. ─¿Cómo puede Israel defenderse si no es por las armas? ─¿Son necesarias las guerras para la evolución humana? ─¿Tienen razón los objetores de conciencia? ─¿Puedes describirme el Más allá? Hay preguntas también los días 28 y 30.

Este libro resulta sorprendente, tanto por la profundidad de lo que en él se dice, como por la “modernidad” y el modo de enfocar los temas. Si uno se da cuenta, Verro trata casi siempre de responder al cómo, no teoriza de forma abstracta. Responde desde vivencias que suscitan gran interés. ¡Y lo hace con un amor inmenso!…

¡Buena lectura y buen día!

23 de abril de 1955

Yo estoy con vosotros y tenéis que saber que, cuando me llamáis, mi inmenso amor os envuelve. Tenéis que sentirlo y vibrar al unísono, porque es esto lo que se llama la unión con las Fuerzas divinas; poder, por un esfuerzo de voluntad que resulta pronto más fácil, elevar las vibraciones de su alma hasta ese nivel en que ella encuentra al Divino.

Ésta es la verdadera meta: poder, en cualquier lugar y en cualquier momento, entrar dentro de sí mismo, en su casa interior, cerrar las contraventanas a la vida exterior y entrar, en sí, en contacto con el Divino.

La manera más eficaz de comunicar con el Divino, es entrar en primer lugar dentro de sí, sentir allí al Divino, entreabrir el Loto Sagrado donde se mantiene el germen de Vida, y, cuando se ha encontrado a Dios dentro de sí, poder volver a llevarlo a su verdadero origen poniéndolo en contacto con el Dios cósmico. Esto es la Comunión, y esto es lo que tenéis que descubrir y sentir.

Tenéis que rezar desde el fondo de vosotros mismos hacia el exterior, desde el fondo de vuestro ser hacia el Ser supremo, y sólo por este camino podréis llegar a la unión que deseáis.

Es también posible llegar a esta unión por otros caminos, pero es mucho más largo porque hay que hacer callar, en ese momento, al mental que trabaja siempre de manera desordenada y frívola. Sin embargo, el camino más fecundo es hacerlo callar haciendo brotar directamente al Divino que anega en su eclosión todo lo que no es Él.

¡Pero qué difícil es este descubrimiento del Dios interior! Es lo primero a lo que hay que dedicarse. Evidentemente, hay que meditar, pero podéis meditar años y no sentir nada. Creo que es necesario, ante todo, amar, porque el Amor es el camino real que conduce al Divino. Hay que amar y olvidar todo lo demás en este amor. Hay que dejar a un lado todo lo que no es la adoración mística e incomprensible que os deja justamente sentir y percibir al Divino en vosotros. Hay que sentir vibrar este amor hasta que la alegría os inunde, identificaros con esta alegría y con este amor, hasta tal punto que sólo seáis amor y alegría, y que el amor y la alegría sean vosotros mismos.

Cuando tengáis este sentimiento de que estáis identificados con este amor, habréis encontrado a Dios en vosotros porque seréis como Dios: Amor.

He aquí explicada un poco, así lo espero, la difícil búsqueda del Divino en sí. Encontrarlo sigue siendo la herencia de los que buscan y se fían de la estrella que Dios, en Su amor, puso en su ser en lo más profundo de sí mismos.

Os amo y os bendigo.

Vuestro Guía.

Cuando sientes el amor, haces que hable el Divino en ti. Te he explicado que es esta chispa divina que cada ser lleva en sí la que, cuando descubre el Divino, le hace sentir ese amor incomprensible desde el punto de vista mental, puesto que es un impulso no razonado, intuitivo, en el que no participa el cerebro, pues el cerebro humano jamás puede amar lo que no tiene forma ni nombre, y por esto las almas de menor edad necesitan todavía de un Dios en forma humana con características físicas para que sea comprensible para ellas.

24 de abril de 1955

He seguido el consejo del Guía, y Su mensaje me ha hecho comprender el error que cometía en mis meditaciones diarias.

Yo pensaba en Dios. Rezaba pidiendo una respuesta, después esperaba pasivamente en la mayor calma posible, pero no veía nada, ningún consuelo.

Hoy he tratado de amar sin razonar, de amar a mi Guía, Amigo sin rostro que personifica para mí las fuerzas espirituales, y un impulso irresistible me ha hecho lanzar hacia Dios.

He tendido hacia Él mis brazos como un niño lo haría hacia su Padre, y este amor me ha levantado y me ha vuelto a dar fuerzas. He llorado de alegría y ha llegado la respuesta. Me han rodeado grandes corrientes; mi cuerpo estaba bañado de efluvios de amor y de fuerza. Nadaba en el agua pura de la paz y mi corazón cantaba de alegría.

He comprendido bruscamente lo que quiere decir “elevar sus vibraciones”. En el impulso de amor, todo el ser se tensa, se lanza, se hace más ligero, se eleva. Como el pájaro en su vuelo deja la tierra, el alma en el amor hacia Dios abandona lo terrestre y toma contacto con el plano espiritual.

Me alegra ver que Frédéric trata de aplicar las lecciones que Yo dicto, pero tengo que deciros que no basta con venir por la tarde a escuchar mi enseñanza y obrar durante la jornada como si nada hubiera cambiado en vuestra vida.

Tenéis que dejar lejos, detrás de vosotros, el nerviosismo, las disputas, los temores y las mezquindades. Vosotros valéis más que eso. Pasáis por senderos demasiado radiantes para seguir rebajándoos a lo que es el destino de los demás mortales.

¡Oh! Yo sé que es muy duro y que el hombre viejo, del que hablo tantas veces, es un enemigo tenaz que no quiere capitular, pero os lo suplico, amigos míos, haced que enseñe la oreja lo menos posible.

Cuando sentís que se apodera de vosotros el nerviosismo, haced una respiración profunda murmurando: «Dios mío.» Esta palabra, como por milagro, os volverá a sumergir en las vibraciones donde sólo podréis sentir lo que es Paz, Calma y Armonía. Porque es la armonía la que debéis poner en vuestra vida: armonía entre vuestra vida material y vuestra vida espiritual, para que ésta última transforme a la otra y haga de ella algo hermoso.

Si sólo pensáis en el Divino por la tarde, hacéis como los demás humanos que sólo piensan en Dios en la misa y que, el resto del tiempo, vuelven a caer en su mezquindad.

Es necesario que esta llama de amor que os ilumina por la tarde, mantenga su fuerza a lo largo del día; sin esto, ningún trabajo fructuoso es posible, y la evolución será muy larga. Ahora bien, no es esto no lo que queremos, ¿verdad? Nosotros queremos que lo antes posible suene la hora en que seáis vosotros vivos ejemplos de vuestra fe del Dios en vosotros, y ¿creéis que conseguir esto no exige un esfuerzo?

Los escollos de la duda, del desánimo y de la tristeza son los que destruyen siempre vuestra paz; y contra estos enemigos, sólo hay un arma: el Amor divino que os hará vibrar, que os elevará fuera de vosotros mismos y anulará vuestras flaquezas.

Vosotros sois los Heraldos de Dios; no lo olvidéis nunca. Tenéis que proclamar la Magnificencia del mundo. Tenéis que estar vestidos de Luz y de azul, y no con el triste hábito de las decepciones y de las penas.

Recordad, mis amigos muy queridos, que las Fuerzas divinas os piden transformar vuestra vida hasta en los mínimos detalles, llevar a todos los rincones de vuestro ser el plumero diligente que limpie las escorias y permita a la joya de vuestra alma brillar en todo su resplandor.

25 abril de 1955

Mis queridos hijos, Yo no quiero cansar al médium con un largo mensaje. Quiero simplemente dirigiros esta tarde mi saludo fraternal y amoroso.

Que la alegría permanezca en vosotros y el que el amor llene vuestro corazón como una copa a rebosar.

¡Que la alegría fluya de vosotros en grandes oleadas e inunde a su paso a los demás! ¡Que la paz corone vuestra frente! ¡Y que vuestros ojos de carne sepan ver, más allá de las apariencias, el verdadero sentido de la vida!

Estos son los votos que formulo por vosotros, y estoy seguro de que pronto serán escuchados.

Vais por el camino real, en el que, una vez que habéis comenzado, os dais cuenta de que la cosecha crece a cada paso.

Podéis estar contentos, habéis hecho la buena elección. Qué os importan vuestras luchas, vuestras recaídas, vuestros esfuerzos, cuando a lo lejos brilla la Estrella que os indica la llegada al abra, la Estrella que os lleva a toda la alegría del mundo y que, pronto, como niños maravillados, beberéis en esta fuente de Bienaventuranza.

¡Ánimo! ¡Confianza, Alegría, Paz y Luz!

Vuestro Guía os bendice.

26 de abril de 1955

Cuando, en el silencio de esta noche tranquila, vuestros pensamientos suben hacia mí, Yo sé que me esperáis y conecto mis antenas radiantes con vosotros. Actúo sobre el mental de mi médium y mi pensamiento es trasladado por ella al papel, con las palabras que saco de su vocabulario. Necesito por tanto, para poderme expresar, un médium que posea el conocimiento literario, científico y oculto suficiente para poder ser mi intérprete consciente. En efecto, es una gran dificultad para el espíritu tener a su disposición un instrumento imperfecto, y por eso estamos muy contentos cuando encontramos un médium que reúne todas estas condiciones.

Es necesario que el médium mantenga una total neutralidad de pensamiento y transcriba únicamente las palabras que oye sin pretender añadir a ellas las que forma su cerebro.

La mediumnidad es un don y de este tema quiero hablaros esta tarde.

Los médiums han existido en todas las épocas y han sido siempre los intérpretes del Más allá. Los antiguos veneraban a los médiums; los consideraban como privilegiados que, conversando con los dioses, seguían ciegamente sus consejos.

¡Inútil recordaros Delfos, donde la Pitonisa, inspirada, entregaba los oráculos, y las druidesas que influían con sus profecías en la actividad de sus hermanos!

El mundo ha sido guiado siempre por médiums. Todos los iniciados, los profetas, los fundadores de religiones, los grandes sabios han sido médiums. Toda gran acción o toda gran obra es inspirada, más o menos, por médiums conscientes o no de su don.

Como sabéis, sólo al final del silo XIX se manifestó al gran público la mediumnidad a través de hechos clamorosos. Hasta entonces, los médiums eran acusados frecuentemente de brujería y quemados. ¡Cuántos inocentes perecieron víctimas de su don! Afortunadamente, después de las experiencias bien conocidas de las hermanas Fox, los médiums y el espiritismo en general fueron conocidos por el gran público, y esto porque el Más allá había recibido el permiso divino de ayudar lo más posible a los humanos, a fin de adelantar su evolución y la venida de la nueva era.

Desde entonces, los médiums se han multiplicado, y esto no sucede sin una razón mayor. En efecto, es hora de establecer un puente entre los dos mundos. Es hora de que el miedo a la muerte desaparezca. Es hora de que los humanos vean simplemente en la vida y en la muerte dos estados distintos de la continuidad de la vida. En este trabajo, los médiums son nuestros grandes aliados. Ellos son el vínculo sutil entre los dos mundos. Sin ellos, no podría establecerse el contacto.

Habéis pensado, amigos míos, en la predicción de Cristo cuando decía: «Entonces, el Espíritu soplará, las hijas tendrán sueños y los hombres profetizarán»; ese tiempo ha llegado, y ciertamente para una gran obra puesto que los médiums surgen por todas partes y nos sirven de intérpretes.

Pero, lo repito una vez más, los médiums sólo son realmente útiles si captan las grandes voces del Más allá. Hacer del espiritismo un entretenimiento de salón es un sacrilegio. La mediumnidad es un sacerdocio y se debe dedicar a ella el mismo respeto que a las cosas santas. Hacer de este don, bendito entre todos, un comercio lucrativo es una deshonra, y el golpe de rechazo llega pronto o tarde. Todas las mediumnidades, que Yo no quiero enumerar aquí, porque vosotros las conocéis bien, son útiles si se practican con veneración y conciencia; son peligrosas, si son tomadas como pasatiempo o fuente de ingresos.

Por tanto, resumiendo esta charla un poco deshilvanada, porque el tema es demasiado amplio, hay que hacer de la mediumnidad algo grande, si no se atraen grandes reacciones de rechazo.

Vuestro Guía

27 de abril de 1955

Yo estoy con vosotros y asisto a vuestros hechos y movimientos.

Omnipresente, puedo acechar vuestras menores acciones, y aunque no esté efectivamente junto a vosotros, conocer vuestras emociones y vuestras reacciones.

Soy como una gran sombra que envuelvo a mis protegidos y los sigue paso a paso. Por eso no tenéis que extrañaros de verme tan al corriente de vuestra vida.

He asistido a la reunión en la que estabais esta tarde, y he comprendido el malestar de Frederic. Ese malestar es completamente normal y demuestra que la sabiduría habita en su corazón. Hay que subir siempre una corriente, no detenerla nunca, ni ralentizarla, y esos humanos, cuya meta es muy noble, han elegido un camino equivocado para llegar ella.

No es despertando cierta forma de Judaísmo como Israel cumplirá su misión. Es reuniendo en un inmenso haz de Luz las enseñanzas de todos los grandes iniciados y de todos los enviados de Dios, que se han sucedido en la tierra, como llegará mejor a arrastrar hacia El a las almas que buscan.

Hacer una síntesis de todas las religiones y de todas las enseñanzas que se han transmitido a los hombres, y extraer los grandes principios de esta síntesis, éste es el buen trabajo, ésta la verdadera misión. ¿Por qué atarse a una figura humana y hacer de ella un ideal? Hay que identificar una obra y extraer de ella su espíritu.

«Conoceréis el árbol por sus frutos.» Si, a través de cualquier religión, un hombre ha aportado algo a sus semejantes, hay que adoptar la Idea, pero no al hombre. ¡Los hombres pasan, las ideas permanecen!…

De todas las ideas llegadas de todas partes a lo largo de los siglos, hay que formar una gran idea, mies fecunda, homenaje a Dios y cosecha para los hombres. Yen esta cosecha, hay que espigar lecciones de Amor, de Esperanza, de verdadero sentido de la vida, de acción de la Bondad y la Belleza. ¡Ésta es la misión de los hombres de buena voluntad! Y si Israel quiere hacer obra de Renovación, es necesario que deje a un lado los caminos trillados y se lance justamente a esa recopilación de todas las enseñanzas; que reúna detrás de su bandera a todas las almas que se adhieren al Bien; que revele a las masas lo Verdadero y lo Hermoso, pero que deje en la sombra los nombres de los hombres y los hechos concretos de su historia. Para que se cumpla su misión, debe hacerse internacional, es decir más allá de religiones y fronteras, de patrimonios y de costumbres: tener como patria el universo, y como Padre a Dios. El único título al que puede aspirar para esta misión, ¿no se funda en aquella Alianza que, en un tiempo muy lejano, Dios le otorgó como al pueblo más evolucionado que vivió en la tierra en aquel momento? ¡Ojalá hubiera continuado esta evolución al ritmo que Dios quería, en lugar de vagar por los caminos de la palabra fácil y no de la acción! Si Israel quiere hacer su papel, es necesario que trabaje a marchas forzadas y que su evolución sea rápida, aunque los medios de proselitismo deben cambiar. E Israel sólo puede mantener su misión embarcándose de nuevo en el universalismo.

Si las Fuerzas espirituales han vuelto a dar un país a Israel, es para que de su suelo, impregnado de vibraciones santas, pueda surgir un ser excepcional. Pero ¿cómo encarnarse tal ser, destinado a salvar al mundo, el Mesías tan esperado, en una tierra donde, en lugar de rendir homenaje a lo espiritual, los ciudadanos se hunden en el peor materialismo, en el odio y en la guerra?

Israel deberá cambiar completamente sus concepciones, volver a Dios en la tierra de sus ancestros, o bien dejará escapar, una vez más, la hora de su destino.

¿De qué otra manera, si no es por las armas, puede defenderse Israel frente a sus vecinos que quieren atacarlo?

—Yo sólo puedo recordarte la actitud de Gandhi, su política de no-violencia y sus resultados. ¡Has visto lo que consiguió obtener!

Si Israel, por su actitud moral, fuerza el respeto de sus vecinos, afluirán hacia él las ayudas materiales, tanto como las espirituales.

Grandes leyes rigen el universo y son más fuertes que todas las obras humanas. El amor es más fuerte que el odio y ésta es una verdad que se demostrará un día por la ciencia.

¿Cómo se suceden los acontecimientos históricos?

—Aquí interviene la ley kármica de acción y reacción, y las víctimas son los desdichados pueblos.

Por supuesto, la Alemania hitleriana era una cosa horrible que había que combatir, pero la Alemania hitleriana era la reacción a la mala paz de 1918, lo mismo que la guerra de 1914-1918 era la consecuencia de la mala política mundial.

Todo se encadena y las faltas se pagan, de generación en generación, de reencarnación en reencarnación.

¿Son necesarias las guerras para la evolución de los humanos y del mundo?

—Las guerras no son necesarias. ¡Tu pregunta es horrible!

Son el resultado de la mala conducta de los humanos, porque el día que el amor haya vencido al odio, ya no habrá más guerras.

Ellas aportan sufrimientos, pero los sufrimientos de este tipo no contribuyen a la evolución.

Si en lo que piensas es en un progreso técnico y científico, éste no justifica la pérdida inútil de tantas vidas humanas.

¿Tienen razón lo objetores de conciencia?

—Tienen razón, pero el problema es complejo y la solución no está ahí, porque, mientras haya guerras, habrá víctimas, y rechazar la defensa de su país es permitir a veces que haya todavía más víctimas.

El problema es realmente muy complejo y comprendo tu confusión. Invierte el problema negando la guerra y haciendo todo lo posible para que nunca haya más. Si cada ser humano hiciera su pequeño trabajo espiritual, la cuestión de la objeción de conciencia desparecería, ya no habría ejército ni guerra.

¿Puedes describir la vida en el Más allá?

—¡La Vida en el Más allá! La conocéis por vuestros libros.

Releed un libro que trate de este tema y pedidme aclaraciones. Lo haré con gusto. Yo no me fijo en la forma, sino en el espíritu; os hablaré de estados, pero no de hechos.

Los hechos le fueron comunicados a Allan Kardec. Releed sus libros.

En cuanto a mí, os hablaré de los estados de conciencia y de la búsqueda en el Más allá, como en la tierra, del Divino. Ésta es mi misión: elevar vuestras almas y hacerlas vibrar como cristal.

Vuestro Guía.

29 de abril de 1955

Después de la maravillosa comunión, me creía invulnerable; ¡estaba convencido de poder contactar todos los días con el Divino. ¡Lástima! ¡Qué decepción!

Al día siguiente, no pude tener el impulso necesario. Mi mental, a pesar de mí, anda vagando, las preocupaciones materiales recuperan su ronda infernal y la maravillosa paz me ha sido denegada.

El suplicio es grande. Mi alma, que ha gustado de un inolvidable contacto, aspira a recuperar las vibraciones que emanan de él y le dan la alegría.

¡Me ahogo! ¡Después de haber sentido esos efluvios, ese maravilloso baño en el que estaba sumergido todo mi ser, después de haber sido como un pájaro, ligero y feliz, qué dura y pesada me parece la tierra!

Yo estoy cerca de vosotros, hijos míos queridos, y no creáis que vuestras caídas me decepcionan. Son normales y necesarias para llegar a ser lo que deseáis. Si no tuvierais recaídas, os dormiríais en vuestros laureles y no querríais hacer esfuerzos para subir un escalón.

Cuando os empuja el aguijón del sufrimiento, os obligáis a este esfuerzo, y esto os hace avanzar en el camino de la evolución. Siempre ocurre así: el que se detiene, sufre el contragolpe y se ve obligado a continuar o la reacción de rechazo es terrible.

Por tanto, amigos míos, continuad vuestro trabajo sin desánimo y con paciencia. Un día os sentiréis con suficientes fuerzas para ser invulnerables, pero, hasta ese día bendito, será necesario sufrir mucho, porque cuanto más duro es el camino, más hermosa es la recompensa, y al mirar el camino recorrido, cuando lleguéis al final, podréis apreciar mejor vuestra felicidad.

¿Creéis que hay algún ser humano que se comprometería en el camino espiritual si no fuera empujado por algo más fuerte que él, por su alma que conoce el camino a recorrer y que lo arrastra, a pesar de él, por los caminos de Luz? Hasta las almas más elevadas han sentido este combate: la dualidad entre lo espiritual y lo material, y la elección a realizar de la que os he hablado.

¿Creéis que el humano, entregado a su ser de carne, se comprometería en este camino donde tendrá que dejar todo lo que da valor a su vida material y donde debe llegar desnudo y despojado de lo que en él no es puro espíritu? ¿Se decidiría el hombre por propia voluntad a hacer de su vida la obra consagrada al bien de los demás? El ser de carne es egoísta y, si no oyera dentro de sí la Voz elevada, jamás tendría ánimo para iniciar esta obra y tomarla como meta.

¡Ni un solo ser habría en la tierra dispuesto a despojarse de la materia, para lograr hacer vivir en sí al Espíritu, de modo que la existencia del Divino quede así demostrada! Por eso significa tanto que millares de almas, en el mundo, abandonen su egoísmo para difundir el altruismo y la bondad. ¿Lo hacen por la hipotética recompensa de un eventual paraíso futuro? No, no razonan y se dejan llevar por lo que constituye la verdadera grandeza del hombre: el Espíritu en él.

Para estas almas, no obrar así sería peor que la muerte por asfixia, porque no dejarían desarrollarse lo que constituye la verdadera razón de su venida a la tierra: dejarían perecer su alma.

Para vosotros, amigos míos, ha hablado vuestra alma. Os ha empujado, casi a vuestro pesar, por este camino. No podéis abandonar, y tenéis que luchar contra viento y marea. Pero, llegados a la cima, ¡qué hermosa será la vida cuando, una vez dominado vuestro mental, cambiado vuestro carácter y vuestra alma triunfante, oigáis cantar en vosotros la voz del Eterno!

Vuestro Guía.

¿Consiste mi destino en llegar a Dios?

—¿Qué haces con el libre albedrío?

No hables del destino: no existe en lo que se refiere a la evolución espiritual y sólo depende de ti el llegues allí o no.

Dios, aunque todo lo sabe y todo lo puede, no puede hacer nada por la realización de un alma. Nosotros sólo podemos ayudarte, y prometemos hacerlo.

¿Elegí yo mi grado de evolución antes de reencarnarme?

—En absoluto. Elegiste tu destino según el karma que tenías que sufrir, pero no el grado de tu evolución. Y los que predican que no se puede superar cierto estadio de evolución en una vida, están en el error.

Un alma que sigue el camino espiritual puede avanzar muy deprisa o muy despacio, según su propia voluntad, con toda la bendición de las fuerzas invisibles que, en el fondo, sólo os piden buena voluntad.

Tengo la impresión de que no avanzo en absoluto por el camino espiritual.

—¡Veamos, querido, reflexiona tú mismo! ¡Piensa que no hace un mes, eras un desgraciado hundido en los peores tormentos de la neurastenia, con un cerebro incapaz de pensar, un organismo incapaz de desintoxicarse, y un mental en el que las ideas negras y sin fundamento, te impedían ver la verdadera vida y la felicidad!

Mira hoy, a pesar de los momentos de desánimo que te asaltan, tu cuerpo vibra al unísono con las Fuerzas divinas: sientes sus efluvios, puedes perderte cuando lo deseas en ese océano de paz que te proporciona una breve oración; puedes mantener tu calma en medio de los fracasos.

¡Oh! sí… Has cambiado, ¿y te atreves a decir que te estancas en el mismo lugar? Dices eso porque, esta noche, después de una larga jornada, tienes una postura un poco triste, ¿no es verdad? Y en esos momentos, pierdes la noción del tiempo y de la realidad objetiva.

Estoy muy contento contigo, pero, cuando sientas llegar un mal estado de alma, reza. Es la mejor ayuda. Cierra los ojos, olvida la vida terrestre y ven con nosotros, a través del pensamiento, al Reino de la felicidad y de la paz. Reza y ponte en contacto con Dios: volverás contento y desaparecerán las preocupaciones; sobre todo, no te sientas continuamente responsable de la suerte de los tuyos, y no te consideres indigno de ser cabeza de familia. ¿No crees que Dios es el Padre de todos y que, lo mismo que tú te preocupas por la suerte de tus hijos, Él se preocupa de la suerte de todos vosotros y vela sobre vosotros?

Haz bien tu trabajo y deja, con toda serenidad, que Dios haga lo demás.

¿Es necesario elevar uno mismo sus vibraciones para alcanzar los efluvios espirituales?

—Por supuesto, hijo mío.

Cuando elevas tus vibraciones hacia mí, Yo tengo el canal necesario para derramar mis efluvios. Y esto es lo que hago con tanta alegría cuando, al elevar tus vibraciones, me permites hacer esto.

Si tus vibraciones no se elevan, no puedo hacer nada; no puedo enviar sobre vosotros mis efluvios si no hay una confluencia donde podamos reunirnos.

Tú no puedes reunirte conmigo si no haces el esfuerzo de elevarte, porque éste es el trabajo. Cuanto más permaneces en vibraciones elevadas, más te cargas de efluvios espirituales y más evolucionas.

En el fondo, la evolución es un fenómeno vibratorio, puesto que el alma es vibración.

¿Por qué siguen siendo penosos los despertares?

—Porque el mental está entregado a sí mismo antes que tu alma pueda reaccionar. Hay que llegar a que el mental se convierta en el súbdito del alma y no en su amo. Y en este momento, en ti hay lucha: el alma quiere dominar al mental y éste se defiende.

La mejor arma y la más rápida es el amor hacia lo Divino. Desde la mañana, vibrar de amor hacia nosotros, y un solo impulso de amor vencerá al mental.

¿Juega la educación un papel fundamental en la evolución de un alma?

—La educación no es, en el fondo, gran cosa. Puede aplicarse a los principios fundamentales de la vida en sociedad, como la obediencia, el respeto a los padres y la actitud en su propio ambiente. Puede cambiar un carácter, reprimir defectos superficiales. No puede cambiar el alma ni el fondo del ser.

Me refiero, por supuesto, a la educación puramente material, que inculca reglas de trato social.

Cada ser aporta en sí el grado de evolución de su alma, el principal rasgo que ella poseía en la vida anterior y que el alma reencarnada tiene justamente la misión de cambiar.

Es pues importante tomar toda alma de niño en particular. No se pueden aplicar estrictamente a todos los mismos principios de educación; hay que saber adaptarlos en cada caso particular.

30 de abril de 1955

Hoy me es difícil dictar un mensaje largo, porque la médium está cansada y si no quiere perder demasiada fuerza vital, es necesario que capte mis mensajes en estado de perfecta salud.

Evidentemente, las noches sin dormir son nefastas, porque durante el sueño, mientras el alma anda vagando, el cuerpo se carga de fuerzas vitales. ¿Qué es pues esa fuerza vital de la que tanto se habla y de la que los humanos ignoran casi todo?

Vuestra alma, que sostiene el cuerpo —ése que es un compuesto de células materiales—, es una contingente amalgama de células eléctricas que vibran en circuito cerrado, al mismo ritmo que vibra en el Cosmos la divina energía generadora de vida.

Esta energía divina es la que desprende, en filamentos eléctricos, imperceptibles rayos que penetran en todos los seres vivos y les dan la vida.

Esta energía es la que se llama energía vital o fuerza vital. Ella baña todo el horizonte y, sin ella, no habría seres animados, porque es más necesaria que el aire. Mientras el aire alimenta los pulmones materiales, la fuerza vital alimenta y mantiene el peri-espíritu que sostiene el cuerpo.

Las radiaciones de los demás astros llegan también hasta vosotros, pero no hay que confundirlos con los rayos de fuerza y de vida.

Las radiaciones que emanan de los astros y los fluidos en los que vivís son absolutamente otra cosa; influyen en vuestra vida, en vuestro humor y, a veces, en vuestro destino, pero no son la Vida misma; porque verdaderamente, ésta es la fuerza vital: la vida que mantiene en vosotros vuestro Padre divino y que Él os da enviándoos una ínfima parte de Sí mismo, que sirve para mantener vuestro espíritu y vuestro peri-espíritu.

Para el cuerpo material el alimento material, y para el cuerpo espiritual el alimento espiritual.

Por otra parte, el mismo aire contiene esta Energía que está en todo y que se llama Prana.

He aquí, amigos míos, rápidamente explicada, esta cuestión bastante difícil de definir con palabras humanas. Espero que os haya mostrado, una vez más, hasta qué punto está Dios cerca de vosotros e íntimamente unido a vuestro ser.

Vuestro Guía

¿Qué es la electricidad?

—La electricidad es una corriente derivada de esta energía cósmica y que los hombres han sabido captar, dirigir y canalizar para sus necesidades. Ella no es la energía misma, sino, si se me permite la expresión, el resultado material y tangible de esta energía. Es la energía imponderable transformada en corriente eléctrica.

¿Cómo se recargan los cuerpos durante el sueño?

—Durante el sueño, el cuerpo detiene su dinamo y el alma, liberada, se recarga en el Cosmos, el cerebro y los nervios materiales pueden recibir, a través del descanso, una nueva recarga.

Los acumuladores son el cerebro, el bulbo, el cerebelo, la médula espinal, así como todos los chakras, y los nervios son los hilos eléctricos que distribuyen esta energía.

¡Qué maravilla este cuerpo humano! ¡Y qué prueba de la Divina Inteligencia!

Los médicos sólo ven el cuerpo material, pero los sabios hindúes han llegado a verlo en su totalidad y como en transparencia.

El mejor medio de recarga se da en la meditación porque, entonces, el alma se eleva y alcanza las esferas superiores donde encuentra, no sólo la Fuerza, sino también el Amor, la Alegría y la Paz. El alma llega así a recargarse en la corriente divina total, en lugar de contentarse con radiaciones puramente —si se me permite la expresión— impersonales (es difícil explicar esto, pero espero que me comprendáis). Las radiaciones de energía vital son agentes sin personalidad, es decir que no pueden hacer vibrar; ellas recargan simplemente. Pero cuando atravesáis ese plano, por decirlo así, material del mundo espiritual, llegáis al plano donde todo vibra y emite ondas de amor y de vida, y esto es lo que se capta por la meditación.

Meditación, plegaria o llamada a la Fuerza divina son casi lo mismo, sólo que, por la meditación, se permanece más tiempo en contacto.

Os recomiendo muy de veras la meditación: ella os ayudará mucho en vuestra evolución.

Haced una simple cosa, y esto será una buena meditación. Llamadme, pensad en mí, pensad que formo parte de las Fuerzas divinas y que, amándome a mí, amáis al Divino. Lanzad hacia mí vuestro amor, sentid el mío. Pensad que las Fuerzas divinas están ahí, cerca de vosotros, amándoos y pensando en vosotros. Después de estas reflexiones, tendréis un sentimiento de amor. Analizad este sentimiento, hacedlo penetrar en vosotros, sentid al Divino y sentid la alegría que os inunda.

Permaneced así con los ojos cerrados diez minutos al día, veréis vuestros progresos, porque los efluvios divinos que hayáis logrado captar os seguirán toda la jornada.

Vuestro Guía.

 

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