Este envío se integra en la segunda parte del libro del P. François: Los milagros y otros prodigios. Entre los prodigios, se incluye en este envío dos fenómenos que, por los argumentos que da, no proceden de Dios, sino del Diablo: el de determinados estigmas y el de ciertas apariciones. Ambos fenómenos los estudia a través de casos concretos.

En el caso de los estigmas, cita un caso significativo: el de Giorgio Bongiovanni, un curiosos siciliano a quien el P. Brune conoció en Italia durante algunos congresos. Además de lo anecdótico que supone este caso, hay algo en él importante: señala por qué suscita reticencias en François. La razón fundamental es la «nueva teología» que defiende G. Bongiovanni, que no es otra que la de la Nueva Era.

En cuanto a las apariciones que no vienen de Dios, el caso es espectacular y a alguno, como a mí, le llamará la atención. Se trata del caso de Medjugorje, en Mostar [donde están las tropas españolas], Bosnia-Herzegovina. El 30 de junio de 1981, la Virgen María se aparece a unos adolescentes en este pueblo. Este caso es muy llamativo porque, según el autor, fueron engañados algunos teólogos, obispos y cardenales. Es muy importante la argumentación que da a partir de aquellos de Jesús: «Por sus frutos los conoceréis»…

¡Buen día!

SEGUNDA PARTE: “FALSOS Y VERDADEROS MILAGROS” (continuación)

II – Prodigios y demonios (inicio)

Estigmas que no vienen de Dios

Un caso completamente especial es el de Giorgio Bongiovanni, nacido el 5 de septiembre de 1963 en Floridia, Sicilia. A los trece años conoció a un tal Eugenio Siragusa, muy conocido de los ufólogos que lo consideran generalmente como un iluminado. El 5 de abril de 1989, Giorgio tuvo una visión de «la Santísima Virgen» que le dijo que había sido elegido para una misión muy importante. Le dió una cita en Fátima y allí, el 2 de septiembre del mismo año, le concedió el don de los estigmas en las manos y lo encargó revelar al mundo el tercer secreto de Fátima. Giorgio tuvo después otras apariciones de «Jesús» y de la «Santísima Virgen»; recibió así, sucesivamente, los estigmas de los pies, del costado, e incluso una gran cruz sangrante en la frente. Estas llegas fueron examinadas muchas veces por los mejores especialistas, en diversos países, y presentan las características habituales: ningún procedimiento médico puede cerrarlas, no aparece ninguna infección, aun cuando Giorgio no toma ninguna precaución especial. Todas estas llagas, muy espectaculares, sangran con dolor, al menos una vez al día. Se analiza la sangre que fluye de las llagas. Se coagula rápidamente, en treinta segundos más o menos. Se tomaron también muestras de sangre directamente en las venas de Giorgio. Es la misma sangre y, sin embargo, de forma totalmente inexplicable, se coagula normalmente, entre cinco y siete minutos. Se hacen exámenes psicológicos en varias ocasiones. Todos confirman el perfecto equilibrio del joven, afable, modesto, abierto, espontáneo, respondiendo perfectamente a la impresión que yo mismo pude sacar cuando lo conocí, en dos ocasiones, durante congresos en Italia.

¿De dónde vienen entonces mis reticencias?

Del mensaje que Giorgio hace llegar a todas partes del mundo y de la lenta evolución de este mensaje. Resumamos en primer lugar lo que, en este mensaje, no me produce ninguna molestia en absoluto. El habría recibido directamente de la Santísima Virgen la misión de revelar al mundo el famoso tercer mensaje de Fátima que los papas debían dar a conocer en 1960, cosa que no hicieron. En realidad, una parte de él ya se conoce indirectamente desde hace tiempo, al menos desde 1963, a través de una indiscreción del diario alemán Neues Europa. Se trataría de una advertencia a toda la humanidad, de una llamada para que cambiemos de actitud; entre nosotros, poniendo fin a las guerras; hacia la naturaleza, tratando de no masacrarla como hacemos actualmente. Esto, evidentemente, no es lo que podría molestarme.

Giorgio nos anuncia también que la crisis que atraviesa la Iglesia se va a agravar aún más. Los cardenales y los obispos se levantarán unos contra otros. Vendrán grandes cambios. Esto tampoco me choca en absoluto. No es necesario ser profeta para comprender que la Iglesia católica, en su forma actual, se enfrenta a un callejón sin salida. Será necesaria una renovación radical y dolorosa. Las críticas muy violentas que Goirgio Bongiovanni hace por otra parte, personalmente, a la Iglesia católica, tampoco me escandalizan. La mayoría, desgraciadamente, están perfectamente justificadas, aunque tenga a veces tendencia a la simplificación. Todo el bien que se hace en la Iglesia, y que él sin embargo se ve obligado a reconocer, no siempre se hace contra la jerarquía o al margen de ella. Las cosas son mucho más complejas.

Giorgio está encargado también de revelarnos una parte del secreto que aún no era conocido ni siquiera sospechado, ni siquiera a través del artículo de Neues Europa: el inicio de contactos directos con civilizaciones extraterrestres. Tal vez sorprenda aquí a mis lectores, pero tampoco esto sería suficiente para hacerme dudar del origen místico cristiano de los estigmas de Giorgio Bongiovanni. El fenómeno de los Objetos volantes no identificados (OVNI) es hoy incontestable. El problema sigue siendo saber de qué se trata.

Donde ya no puedo seguir a G. Bongiovanni, es cuando anuncia su «nueva teología». En los primeros tiempos, cuando yo lo conocí, explicaba muy bien que la Virgen le había aconsejado no adherirse a ninguna de las Iglesias cristianas existentes. Pero afirmaba claramente que, para él, Cristo era el Hijo de Dios, Dios él mismo, como lo afirman todos los credos comunes a los cristianos (1). Sin embargo, el discurso ha cambiado poco a poco. Hoy, Cristo sólo figura, con Krishna y Buda, entre los «seres descendidos de las estrellas o de mundos más evolucionados que el nuestro y que nosotros hemos divinizado (2) ». El discurso, siempre extenso, coincide totalmente con el de Nueva Era, con las mismas simplificaciones y la misma pretensión de salvar al mundo. El discurso suave y moderado, modesto incluso, de los primeros momentos, ha pasado a convertirse en una violenta indignación. Yo aceptaría incluso esta violencia, si, por otra parte, viera también en sus discursos el amor ardiente a Dios de los verdaderos místicos, de un Padre Pío o de una Natuzza Evolo, de la que hablaré más adelante. Desgraciadamente, lo único que encuentro es el discurso de los misioneros de los extraterrestres. Ellos son ya nuestros verdaderos maestros y nuestros modelos, y Giorgio es su profeta. Ellos tienen todas las cualidades, son nuestros salvadores y, apoyándose en ciertos estudios de casos de secuestros (3), Bongiovanni nos dice que todos son benevolentes respecto a nosotros.

Sin embargo, los hechos paranormales, extraordinarios, están ahí, son innegables. Esos estigmas existen. Cada uno puede constatarlos. De momento, son «científicamente» inexplicables y parecen haber llegado en el curso de apariciones o de visiones. Pero tengo la impresión de que esos estigmas, como todos esos mensajes, no vienen de Dios.

Añadamos también, sin entrar en los detalles, que otros casos similares fueron señalados en el pasado, estigmas médicamente auténticos pero que no venían tal vez o probablemente de Dios. Así, por ejemplo, los estigmas de Marie-Julie Jahenny, muerta en 1941, y cuyo valor propiamente religioso fue y sigue siendo muy discutido (4), o los de Palma María Matarelli que el papa Pío IX creía ser de origen francamente diabólico (5).>/p>

Apariciones que no vienen de Dios

En los cuentos, el mago malo hace aparecer castillos de ensueño y paisajes idílicos para arrastrar hacia ellos a los que quiere perder, poniéndolos a su servicio. Cuando llega la desilusión, muchas veces es ya demasiado tarde. Parece que en el mundo que, de momento, es nuestro mundo real, ocurre lo mismo. A los verdaderos milagros, las fuerzas del mal responden con los falsos milagros. A los verdaderos místicos, con los falsos místicos. A las verdaderas apariciones, con las falsas apariciones.

A este respecto, la triste historia de las «apariciones» de Medjugorje continuará siendo durante mucho tiempo uno de los mejores ejemplos de las maniobras de las fuerzas oscuras. Después del estudio minucioso y riguroso de Joachim Bouflet (6), la duda ya no me parece posible. No se trata sin embargo de un autor del que se pueda sospechar que está sistemáticamente contra lo sobrenatural. Cuenta ya en su haber con numerosos estudios sobre fenómenos físicos que suceden con frecuencia en la vida de los místicos, especialmente en los estigmatizados, y trabaja en conexión con el Vaticano para ciertos procesos de beatificación y de canonización.

Recuerdo brevemente de qué se trata. El 30 de junio de 1981, la Virgen María «se aparecía» a algunos adolescentes, en Yugoslavia, en la aldea de Medjugorje, hoy en Bosnia-Herzegovina. Y aunque luego han crecido los adolescentes, la Virgen continúa «apareciéndoseles», tanto si están aislados como en grupo.

El obispo de Mostar, de quien depende Medjugorje, el arzobispo de Zagrep, el conjunto de los obispos de Bosnia multiplicaron las advertencias de discreción y los avisos, pero en vano. Acuden multitudes, en peregrinaciones más o menos organizadas oficialmente, se forman grupos de oración, se fundan obras de caridad y, como dice el Padre Laurentin que ha seguido los acontecimientos desde hace años, no hay en el mundo actual ningún lugar donde se den tantas conversiones, confesiones, comuniones. Las cifras ofrecidas por el Padre Laurentin dan vértigo (7).

Que se pueda, y se deb incluso, juzgar al árbol por sus frutos, como dice el Padre Laurentin desde hace muchos años, yo no lo niego y Joachim Bouflet tampoco. Que todas las conversiones, vueltas a la fe y a la Iglesia que han tenido lugar sean obra del Espíritu Santo, no lo dudo. Dios actúa en el corazón de cada hombre y cuando los hombres vienen a Medjugorje buscando a Dios con un corazón sincero, no veo por qué no iba a responder a su búsqueda con amor. Aquí hay auténticos frutos de Espíritu Santo.

Pero no sólo están en Medjugorje los peregrinos, testigos, desde el exterior, de estas apariciones. Están también, en primer lugar, los «videntes» y los sacerdotes que se han propuesto como misión difundir el acontecimiento. Si las apariciones fueran auténticas, sus vidas deberían estar marcadas por esta manifestación de lo divino. Entiendo que esto no implica necesariamente que todos los «videntes» deben hacerse monjes o entrar en un convento como santa Bernadette o sor Lucía, la vidente de Fátima. Admito perfectamente que pueda entrar en el plan de Dios destacar por el contrario, en esta ocasión, la santidad del matrimonio cristiano bien vivido. Pero lo que me molesta es que, precisamente, se esté en Medjugorje muy lejos de esta santidad.

Uno de los franciscanos promotores de las apariciones, el Padre Jozo Zovko, fue objeto de tantas denuncias de mujeres de distintos países, por agresiones sexuales, que el obispo terminó desplazándolo. Otro, el Padre Tomislav Vlasic, unos años antes de las «apariciones», había embarazado a una religiosa y, lo que es mucho más grave, se había negado a reconocer la paternidad. La religiosa, para proteger el honor del Padre, había consentido en emigrar a Alemania. Lo que no impidió que éste, esta vez después de las apariciones, fundara en Italia, por expresa recomendación de la Santísima Virgen, una extraña comunidad mixta con otra religiosa, en una especie de matrimonio «místico». Si en esta ocasión no es la moralidad la que se encuentra directamente cuestionada, lo es al menos el equilibrio psicológico.

Que los «videntes» viajen a través del mundo entero para difundir los mensajes de la Santísima Virgen no me escandaliza realmente. Aunque le resulta difícil a uno ver a Bernadette o sor Lucía recorrer el mundo para dar a conocer mejor los mensajes recibidos. Pero que se enriquezcan, se hagan construir hoteles para albergar ellos mismos a los peregrinos y se den en definitiva bastante gran vida no me parece compatible con el cambio completo de valores que tenemos derecho a esperar de los que se han acercado a Dios.

Que su amor al Cielo no les haga olvidar su patria terrestre, a nadie se le ocurrirá reprochárselo. Pero que atribuyan a la Madre de Dios llamadas a la guerra contra los serbios o los musulmanes, esto es totalmente inadmisible.

Como dice, para resumir, Joachim Bouflet, «cómo admitir por parte de los visionarios, de los franciscanos y de sus seguidores esos frutos podridos que son la mentira llevada hasta la calumnia, la desobediencia pronto transformada en rebelión, la codicia y el espíritu de lucro, e incluso la lujuria, el adulterio [8] …» Estos también son «frutos» de apariciones. Pero frutos ciertamente de un árbol que no ha sido plantado por Dios.

Tal vez pudiera incluso pensarse que haya habido algo de verdad en todo este conjunto de visiones y mensajes. Estos niños y adolescentes habrían visto realmente algo que se habría manifestado regularmente. Habría que comparar entonces todas esas manifestaciones «sobrenaturales» de cantidad de mensajes que llegan en estos tiempos desde todas las partes del mundo y en todas las lenguas, por escritura automática o inspirada, por magnetofón u ordenador, y que se piensa proceden de la Santísima Virgen, de Cristo, del Espíritu Santo, ¡e incluso de Dios Padre! Pienso, por ejemplo, en los mensajes recibidos por Vassula Ryden, pero también en muchos otros, porque hoy nos sentimos inundados de ellos. Por todas partes se reciben. Por mi parte, reconozco de buen grado que los receptores de estos mensajes, siempre que he podido contactar con ellos, me han parecido totalmente sinceros. Pero no creo sin embargo, a la vista del contenido de estos mensajes, que la Madre de Dios o las personas de la Santísima Trinidad sean realmente los autores.

¿Entonces qué? A veces, tal vez, algún simple mortal pasado al más allá y bien intencionado. A veces, tal vez, otras entidades, menos bien intencionadas, como las que se manifestaron a Giorgio Bongiovanni.

Que Dios pueda no obstante sacar un bien de un mal, esto es algo ya visto con frecuencia en la historia de la humanidad. Y esto vale incluso para los falsos milagros. «Los ejemplos no son raros, dice Joachim Bouflet, de falsas apariciones y de falsos milagros que han estado en el origen de gracias de conversión para fieles de buena fe. La estatua sangrante de santa Ana, en Entrevaux, en 1953, suscitó vueltas a la fe y reconciliaciones en hogares desunidos, incluso se han señalado curaciones extraordinarias; sin embargo, era un fraude que su autor, Jean Salvade, confesó en 1959. Asimismo, las apariciones invocadas por Ghiaie di Bonate (Italia, 1944) estuvieron en el origen de gracias diversas cuya realidad admitía el ordinario del lugar (el obispo), aunque negó a los hechos todo origen sobrenatural… La misma conclusión podría aplicarse a Medjugorje. Todo el bien que allí se hace se produce como en paralelo con las apariciones, y sin relación de causalidad con ellas (9)

Medjugorje sería entonces el lugar de un inmenso combate. De una parte, las fuerzas del mal que tratarían de desacreditar todo lo sobrenatural. De otra, ¿las fuerzas de Dios que tratarían de utilizar para el bien las astucias del Maligno?

A pesar de todo, surge en medio de todo esto una terrible impresión de malestar. Que tantos teólogos curtidos y expertos en mística, que tantos obispos y cardenales, se hayan dejado engañar durante tantos años, y eso a pesar de las advertencias repetidas del obispo del lugar, ¡qué fantástica venganza de las fuerzas del mal! ¡Qué medio «maravilloso», si se puede decir, para desacreditar durante largo tiempo todo lo maravilloso!

NOTAS

(1) Ver Paola Giovetti, L’esperienza straordinaria di Giorgio Bongiovanni, segreti, stigmate, esseri di luce, Edizioni Mediterranee, Rome, 1997, p. 89-94.
(2) Ver la revista Terzo Millenio, número 6, noviembre de 1998, p. 67.
(3) John E. Mack, Dossier extraterrestre, l’ affaire des enlévements, Presses de la Cité, 1995.
(4) Pierre Roberdel, Marie-Julie Jahenny, la stigmatisée de Blain, Éditions Résiac, 1972.
(5) Herbert Thurston, Les phénomènes physiques du mysticisme, Éditions du Rocher, 1986, p. 105; o Joachim Bouflet, Encuclopédie des phénomènes extraordinaires dans la vie mystique, Éditions Fr.-X. de Guibert, 1992, p. 146.
(6) Joachim Boufet, Medjugorje ou la fabrication du surnaturel, Salvador, 1999.
(7) Ver, entre otros: René Laurentin, «Medjugorje, l’hostilité abonde, la Grâce surabunde», Dernières Nouvelles número 17, Éditions Fr.-X. de Guibert.
[8] Joachim Bouflet, op. cit., p. 228.
(9) Joachim Bouflet, op. cit., p. 230.

 

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