Al terminar de traducir, siento la tentación de comentar algunas cosas que me llaman la atención. No lo hago, porque creo que lo más importante en estas cosas es hacer de ellas “temas” de oración. Escribo, pues, algunas cosas que me parecen de interés, y luego me olvido de ellas, es decir, no medito en ellas. ¡Silencio y a esperar!…

Hoy, percibo como una recomendación machacona de Roland: entusiasmo, aunque no utiliza esta palabra: «no estés apagada»; «ten la fiebre divina»; «mantente en estado de amor constante hacia Dios»; «no dejes que nada te distraiga»; «si me quieres, alégrate de mi muerte». Entusiasmado significa estar «inspirado por Dios». ¡Qué lejos encuentro a mi Iglesia de ser entusiasta! ¡Como si esto fuera algo infantil!

Y para vivir entusiasmados, hay que desprenderse de lo exterior: «tu doble ha estado abrumado por problemas exteriores»; «despréndete de las torpezas humanas»; «domínate»; «despréndete de ti misma, como un fruto cae de un árbol»; «que todo lo que es humano se detenga en torno a ti». Es lo del Sermón de la Montaña: «Bienaventurados los pobres de espíritu». Pobres: los que, sin ideas preconcebidas, buscan a Dios…

¡Buen día!

MARZO 1948

Martes, 2 de marzo de 1948. París.

Mamá, ven rápido; tu doble ha estado abrumado por los problemas exteriores. Es muy grave dejarse destruir.

La tempestad hace crecer el mar hasta hacer peligrar los barcos. Piensa que tus preocupaciones ponen en peligro nuestras relaciones, porque yo sólo puedo mantenerme en superficies llanas. Toma la decisión de no permitir que naufrague tu paz. Las gaviotas no cesan de dejarse mecer por aguas tranquilas. Piensa continuamente que floto sobre tu alma como sobre un lago. Mantente tranquila y cesará la tempestad. Tienes más fuerza de la que crees. Hazte ligera, y los golpes serán para los que viven a ras de tierra.

Esta mañana no acudiste a la cita de mi aniversario. La turbación da lugar a las peores distracciones. Te has equivocado de fechas; no sabías que era el 2 de marzo. ¡Mamá, qué inconsecuencia! No estabas en la cita de los ángeles. Date cuenta de cómo ha vuelto a dominarte lo humano; si tus alas fueran más sólidas, podrías volar mejor.

3 de marzo de 1948. París.

¡Mamá, no estés apagada! ¡Vamos! despréndete de tus torpezas humanas, trabaja más tu vida interior. La armonía se aprende lentamente: hay reglas, técnicas a adquirir antes de convertirse en compositor. Lo mismo ocurre con vuestra armonía interior; si no picoteas más las migajas del cielo, te vas a volver estéril. Ten cuidado: debes estar siempre en el ¡quién vive! Observo que estás dando vueltas. Mi pobre mamá, me veo obligado a dejarte, tengo que cumplir obligaciones celestes.

Jueves, 4 de marzo de 1948. Mitad de cuaresma. Media noche. París.

Mamá, domínate. Las manifestaciones nerviosas son como fermentaciones: manchan la pureza de nuestras vibraciones. Si estudiases química, verías las series de compuestos inferiores. Las debilidades son manifestaciones corporales. Inspírate en las flores; unidas a su raíz, florecen y dan olor sin un movimiento. La gran paz del alma debe parecerse a una flor que crece. Por encima de tu cuerpo, está el cielo; por encima de tu alma, está Dios. Cuando levantas los ojos, encuentras siempre el cielo; cuando rezas, debes encontrar la gracia. Haz que tus pensamientos se conviertan en rayos; si tratas de orientarlos hacia el reino celeste, llegarán al Altísimo. La luz de un faro puede trazar caminos luminosos en la sombra; a ti también te es posible hacer que brillen las capas de tinieblas que nos separan alimentando en ti un hogar celeste. Ten la fiebre divina.

Viernes, 5 de marzo de 1948. París.

Mamá, yo juego con tus sonrisas, sonríeme con tu alma. Nos separan grandes espacios blancos. Me encuentro muy poco a gusto para hablarte. Cae en torno a mí una nube de puntos luminosos; imagina una lluvia de lentejuelas…

Húndete en el sueño. Detén tus pensamientos; interrumpe la vida; despréndete de ti misma como un fruto cae de un árbol. Penetra en la sima de la noche. Es hora de que dejes de sentir. No puedo explicarte el motivo de esta orden (*); en resumen, que todo lo que es humano se detenga en torno a ti. Blanco, y siempre blanco. Los dedos de tu hijo acarician tus pestañas.

Duerme.

(*) La explicación me sería dada dos años después; figura en el tomo III.

Sábado, 6 de marzo de 1948.

Mamá, no te atormentes por mí. Heme aquí otra vez en el azul, y la resonancia de nuestras conversaciones va a recuperar toda su fuerza. Sensibiliza hasta el extremo tus pensamientos, para que susurren ante los menores roces del paraíso. El paraíso, ésta tu ciudad. Mantente en estado de amor constante hacia Dios; mira desde el lado de los ángeles; mantente en los caminos que suben al cielo; despójate cada vez más. Un apego humano que se rompe es lastre soltado; todo lazo terrestre es un peso; para alcanzar el azul, hay que tener una densidad sobrenatural.

Domingo, 7 de marzo de 1948.

Mamá, es muy difícil sensibilizar al alma. Desgraciadamente, los trastornos físicos son muchas veces una necesidad indispensable para que vuestra epidermis espiritual aparezca o se reafirme. Cuando hayáis adquirido una sensibilidad de ángel, los roces del más allá, por ligeros que sean, susurrarán en vosotros como la brisa en los árboles. Las hojas finas, ligeras, aunque estén en las ramas, mantienen en sus extremos suficiente sensibilidad para seguir las corrientes del viento. Si tu alma tendiese hacia Dios como miles de hojas hacia el cielo, sentirías en todos tus pensamientos el soplo divino, y te ondularías según la voluntad celeste.

Lunes, 8 de marzo de 1948. París. Media noche.

Mamá, no dejes que nada te distraiga. Estás retrocediendo. La elevada ciencia del cielo sólo viene a vosotros si estáis continuamente en estado de gestación celeste. Los resplandores sólo llegan a los extasiados. Tu vida interior se empobrece a medida que el tiempo te aleja de mi muerte; ten cuidado…

Saber encerrarte en los círculos divinos es un duro aprendizaje. Tenéis dos maneras de encontraros en el centro de vuestra propia fe: la primera es la renuncia y la paciencia. Para escalar los caminos verticales que llevan a las alturas limpias, es necesaria la paciencia.

La segunda es el golpe de un dolor que sólo podéis soportar con la ayuda de Dios; entonces os cubrís con una capa de piedad. Esos torbellinos sólo tienen valor si resisten al tiempo y se mantienen siempre en el mismo grado de elevación, con el mismo calor. Consumirse por Dios, es tener en sí una hoguera siempre incandescente. Que los que se han convertido bajo el peso de los golpes, tengan cuidado de que su fe no sea sólo una llamarada.

Martes, 9 de marzo de 1948. París.

Mamá, no es posible que mamá…

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— ¡Hay que aislarse! La paz debe encontrarse en ti. Haz que tu conciencia te devore. Las cosas de la tierra deben perderse en la tierra. De los corazones puros suben plumas de alegría.

— ¿Cómo estás, Roland?

— La primavera está en mí; mis alegrías son flores que crecen. Pero me gustaría verte.

Jueves, 11 de marzo de 1948. París.

Mamá, te habla tu hijo, escucha atentamente mi voz. Tu vida se va a hacer como un círculo; si pudieras formar como un arco iris, conseguirías lo que se va a producir en tu doble. Pero yo te hablo con fórmulas oscuras, y no puedes comprenderme (*). Desgraciadamente, nos vemos siempre obligados a ponernos a vuestra altura. Desde aquí, vuestra tierra nos parece un poco como una clase de párvulos; entre los hombres más evolucionados, alguno capta, de vez en cuando, algunas de nuestras vibraciones, por supuesto las más primitivas; entonces los demás gritan…

¡Mi pobre vieja mamá, si pudieras pasearte por mi magia! El jardín de los ángeles no puede ser imaginado por un cerebro humano. Si me quieres, alégrate de mi muerte

(*) Cuando vuelvo a leer mis pruebas, encuentro en mi correo un destacado estudio sobre el arco iris. Como no conozco a su autor, me veo obligada a decir que creo una vez más en la cercanía de los seres que se centran en los mismos problemas y en la certeza de que acaban encontrándose a través del espacio. Este estudio me era enviado de Ginebra.

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