Taller 4: El Vuelo de la mariposa.Encarnita, Granada. EMOCIONES Y SENTIMIENTOS EN EL VUELO DE LA MARIPOSAAntes que nada quiero agradecer a José Luís, Ana Mª, Alfredo, a mis sobrinos (incluyo a su novia Ani)  a mis tres hijos (incluyendo a la novia de Juancar)  su amor y energía positiva  en este maravilloso Vuelo. Un abrazo de inmenso cariño a todos.Escribo mis emociones porque siento muy dentro de mi corazón la impresión que el Corazón de Jesús y
la Virgen deseaban que las transmitiera. Es como si no debiera callar el Amor sentido y debiera compartirlo con los demás.
No he vuelto a oír el Vuelo para saborearlo, para que sean los sentimientos primeros los que más hablen y porque sé que habrá lágrimas de alegría al evocarlo directamente.El primer encuentro fue con un caballo blanco, que me llenaba de amor. ¡Cómo no! Era el abuelo Miguel, que se marchó cuando yo tenía 8 años y que marcó de una forma increíble nuestra infancia. Me llevó hasta mis padres y hermanos (cinco de ellos los conocía por primera vez) abuelos, tíos y una inmensa cantidad de gente, entre la que había amigos y otros completamente desconocidos para mí.Vi a la madre de Alfredo, no conocía su imagen, ni como es, tampoco sé como es el rostro de Alfredo, solo conozco su cariño y su voz…. Lo abrazaba con ese amor de madre difícil de explicar….Al no comprender la respuesta a una pregunta que hizo Pablo (mi sobrino) a su padre,  vi de pronto a mi sobrino de pequeño acostado en una cama, donde su padre lo miraba con amor, sentado a su lado. Yo necesito señas o palabras para torpes (mi madre se ríe con ello) y no terminé por comprender lo que me decía mi hermano. Después, pensándolo o al menos así lo creo,  debía de aplicar el apelativo que tantas veces le he dicho a mi hija de pequeña “Elenuca” a Pablo (Pabluco). Pero ya digo que necesito el cucharón de Cartuja para enterarme de ciertas cosas a la primera….Decir Emoción, Amor es no decir casi nada ante el encuentro de Jesús y
la Virgen…. El calor de Amor que desprenden y que uno siente físicamente es indescriptible, y (al igual que digo al principio), como un deseo de Ellos que lo contemos, que compartamos el encuentro, como un maravilloso regalo a todo aquel que quiera oírlo. Allí nada te dicen de hacer u obligar hacerlo, nada más lejos de ello.
 Los tenía enfrente, a mi derecha, Jesús y a la izquierda
la Virgen, más baja de estatura Un detalle es que Jesús tenía a su madre a su derecha.
La Virgen llevaba un vestido blanco resplandeciente y un manto celeste pastel muy claro envuelto en tanta Luz que a veces lo confundía. Jesús era todo Luz, pero se que llevaba un manto blanco que se mezclaba con esa Luz.
Veía a todas las personas envueltas de Luz, una Luz y calor de Amor. No puedo decir como iban vestidos, si llevaban trajes o falda Tan solo vi a una persona vestida. Una señora con el pelo blanco y recogido como en un moño bajo, estaba vestida de gris y llevaba un mandilón o delantal sin peto, atado a la cintura,  de cuadros finitos grises y  la raya blanca. No se quién puede ser, por un momento pensé que podía ser mi abuela (la madre de mi padre) pero su cara no me era conocida (tengo fotos de ella) y pienso que me habría dicho que era mi abuela…. Me emocionó ver a  Elena  (la hija de Jose y Ana) besar y abrazar a sus padres. A José Luís lo vi a mi izquierda (los veía de frente) Ana Mª a mi derecha y ella besaba y abrazaba primero a su madre mientras apoyaba la mano en el hombro de su padre, desprendía Amor por ellos y una mirada pícara, como esperando que su padre le dijera algo….Vi como mi madre besaba a Jose, con amor y agradecimiento, correspondiendo al que le dan a su hija, él sabe como la sintió….Visité un jardín precioso, (el más bello de la tierra es una mera y  pálida copia) y vi a mis queridos animales que están allí, perros (la primera fue Morita que venía corriendo) un Perico, dos canarios, una jaca…… Aún siento el tacto suave de seda y terciopelo de mi ramo de rosas blancas.¿Regresé con pena de dejar aquello? Pues si, creo que lloraba, pero mi madre dijo que tenía que volver. Sé que es del 14, pero es una pena alegre, donde te vienes con la convicción de que ellos están siempre a nuestro lado, que su amor es aún  mayor y más perfecto que el de aquí, y que ellos están acostumbrados a vernos y abrazarnos, que tan sólo nosotros hemos de recorrer un camino hasta el día del encuentro.Me llamó poderosamente la atención la velocidad de pensamiento allí y comprendo muy bien ahora lo que se quiere decir con ello.Si cuando vuelva a oír el Vuelo surge algo más, lo contaré, deseo compartir con todos esta maravillosa experiencia que cada uno personalmente debería tener y conocer lo que nos aguarda en el futuro, el día que Dios nos llame. Es triste no poderlos abrazar a diario o verlos, pero puedo asegurar que son felices. También ayuda el Vuelo a coger con garbo nuestra Cruz en la vida, a llevarla con un poco más de alegría y dar o compartir con los demás el amor que llevamos en el corazón.   José Luís, Madrid.Otra experiencia de El vuelo de la mariposa. Como siempre os digo llamarlo prueba, evidencia o conjetura, ¡como queráis! Pero ir guardándolas en una carpeta y las vais analizando, ¿vale? Una cosa más; todas y cada una de las experiencias las tengo grabadas, por lo que no quito ni pongo nada más que lo que sucede en cada una de ellas.El vuelo lo hacía una chica de 18 años. Era su segunda o tercera experiencia. No estábamos en su casa, sino en la de una señora cuyo hijo también había fallecido.Estaba conectando con varias personas -unas más cercanas que otras-, cuando a la señora de la casa se le ocurrió preguntar por la niña de otra amiga que también está en el Más allá. Cuando esa niña llegó, la chica la describió perfectamente, como después pudo y pudimos comprobar al ver su fotografía en el ordenador de la señora de la casa. Como sabéis, eso ya ha sucedido en varias ocasiones. Pero no es esto lo que os quiero contar, sino algo más que ocurrió también mientras conectábamos con la niña: Resulta que nada más conectar con ella sonó el teléfono. ¿Casualmente? era la madre de la niña. He de advertir que probablemente esta mujer no había llamado a esa casa más de tres o cuatro veces.Pues bien; pusimos el auricular a la chica que hacía el vuelo, y de esta manera pudo la madre hablar con su hija a través de ella. También esto ya lo hemos hecho varias veces, pero en este caso, sucedió algo especial: Mientras la chica hablaba “veía” cómo la niña abrazaba a su madre. Las “veía” con tanta claridad que, del mismo modo que describió a la niña, lo hizo con la madre. Ni que decir tiene que jamás las había visto. Dos días después –estando yo presente-, esta madre viajó hasta la casa de su amiga, pues vivía en otra provincia. Cuando llegó, llamamos por teléfono a la chica que había hecho el vuelo. ¡Teníais que haber visto la expresión de su cara cuando vio a esta madre! Jejeje… Pero no fue solamente la impresión del primer momento, sino que durante todo el tiempo que estuvieron juntas, pude observar cómo la muchacha miraba estupefacta a la mujer una y otra vez, sin poder dar crédito: ¡También ella, era la señora a la que había visto cómo su hija del Cielo la abrazaba durante la experiencia de su vuelo! Taller 5: Al dictado de los espíritus.Alfredo, Madrid. La «voz interior» en santa Teresa.Acabo de leer un libro interesante: TERESA DE JESÚS [José María Javierre, Ed. Síqueme]. Ciñéndome a este libro, voy a citar brevemente  algunas de las veces que se alude en él a la «voz interior» que oye santa Teresa en momentos importantes de su vida. Me parece que es un argumento válido a favor de ese “Dictado de los espíritus” que lleva por título este Taller. En el caso de santa Teresa, se trata de la voz de Dios. En este Taller, no se especifica de qué espíritus se trata; sabemos por la fe que los de “aquí” y los de “allá” formamos lo que se llama la Comunión de los santos, y que ellos, según ésta, influyen en nosotros y nosotros en ellos. Aquí, se cita en qué contexto recibe madre Teresa la “voz interior” y qué es lo que ésta le dice. Entre paréntesis, citaré la página del libro  de Javierre y la parte de la página a que me refiero (a.b.c), por ejemplo, p. 190c.De entrada, hay algo importante que destaca, con razón, el autor: en el Tercer abecedario del P. Osuna, aprende Teresa a mirar «amorosamente» hacia adentro, y entrevé, con asombro, que tiene las raíces de su ser afincadas en una presencia sobrenatural permanente: Dios habita en ella, Dios está, Dios espera…(p. 190c). Es la oración que entonces llaman «de recogimiento». Esto es fundamental: nadie puede «oír voces interiores», si no aprende a «mirar hacia dentro». Este aprendizaje le lleva a oír esas voces en momentos importantes de su vida. Tomo algunos  de los que cita el autor.Los fenómenos que se producen en santa Teresa traen de cabeza a algunos de sus confesores, entre ellos, al jesuita P. Baltasar Álvarez que le manda rendir exámenes minuciosos «a cara descubierta»… Al orar, escucha Teresa unas palabras, «percibidas dentro», que «entiéndense muy más claro que si se oyesen». Le dice que esté tranquila, pues teniendo maestro letrado y no callándole nada «ningún daño puede venir» (p. 282a)El P. Álvarez le manda algo que puede parecernos incomprensible: debe renunciar a la oración. Teresa queda ese día hundida. La voz interior le da un encargo dirigido al confesor: «Me pareció se había enojado (Jesucristo); díjome que le dijese que ya aquello era tiranía». Le impone también abstenerse de la lectura de libros espirituales. La voz interior le consuela: «Me dijo el Señor: no tengas pena que yo te daré libro vivo.»  De momento, no entiende el sentido de la frase. Luego, sí: «Su Majestad, dice, ha sido el libro verdadero adonde he visto las verdades.» (p. 282b).Su sobrinita María Ocampo sugiere en una pequeña tertulia: -Señora tía, podríamos fundar un monasterio pequeñito. A Teresa, le parece un desatino proyectar otro monasterio. Pero la voz interior la empuja: «Mandóme mucho su majestad lo procurase con todas mis fuerzas». El susto le crece a doña Teresa; las voces van saliendo al encuentro de sus recelos, casi contestan uno a uno los inconvenientes que ella se propone a sí misma. Hasta parece que le diseñan las líneas del «pequeño convento»… La voz le apremia: «Que dijese a mi confesor esto que me mandaba; y que le rogara él no fuese contra ello ni me lo estorbase». Ella a veces no se siente muy segura. Las voces interiores le animan, pero ve con claridad los problemas. Consulta con varones en cuya santidad confía: fray Pedro Alcántara y el P. Francisco de Borja la estimulan. A Teresa no le sorprenden estas contestaciones afirmativas; ella está segura de la verdad de sus voces interiores (p. 298ab, 299b).En abril de 1561, hacen rector de los jesuitas al P. Gaspar de Salazar, un toledano de 32 años, «aplicado a la vida interior» que tiene en gran estima a la carmelita. Sugiere al confesor Baltasar Álvarez deje a doña Teresa los horizontes abiertos. Teresa nota el comienzo de una nueva etapa distinta. La voz interior le urge de nuevo: «Comenzó el Señor a tornarme a apretar que tornase a tratar el negocio del monasterio y que dijese a mi confesor y a este rector muchas razones y cosas para que no me lo estorbasen.» (p. 302a)El concejo de Ávila decide liquidar el convento para evitar cargar con la nueva obligación de evitar que las monjas se mueran de hambre, dado que el convento de San José ha quedado establecido sin renta de capital. El corregidor halla un pretexto jurídico para intervenir: la casa donde está instalado el convento de san José está gravada por un tributo perpetuo al ayuntamiento. Se presenta en el convento con un piquete de corchetes. Madre Teresa recibe la noticia en su retiro de la Encarnación y teme si se había de deshacer el convento. «Estando  bien fatigada, me dijo el Señor: “¿No sabes que soy poderoso? ¿de qué temes?”; y me aseguró que no se desharía. Con esto quedé muy consolada.» (p. 323c)En 1566 les visita un misionero venido de las Indias, Fray Alonso Maldonado. Les habla a las monjas de la falta de misioneros en América. A madre Teresa se le rompe el alma y pide al Señor le de «medio como poder ganar algún alma para su servicio». La turbación le dura varios días. La noche de uno de estos inquietos días a raíz de visitarlas fray Alonso, Teresa, «estando en oración», percibe la presencia íntima del Señor que «mostrándome mucho amor, a manera de quererme consolar, me dijo: espera un poco, hija, y verás cosas grandes». Teresa no sabe qué cosas, pero presiente aventuras (p. 359a).Los mercaderes toledanos, descendientes de conversos, quieren ayudar por una parte a la madre a fundar un monasterio en Toledo y, por otra, son prácticos y piensan aprovechar la fundación del monasterio para elevarse un paso en la escala social. ¿Cómo? Poniendo en las cláusulas de la donación el requisito de ser enterrados en el monasterio. Doña Luisa, amiga de Teresa, le pone en alerta: no basta que los donantes sean hidalgos y ricos; si les falta linaje, el enterramiento pondría baldón al monasterio. En sus ratos de oración, a solas con Dios, medita estos lances y oye la voz interior: «Mucho te desatinará [te hará cometer desatinos], hija, si miras las leyes del mundo; pon los ojos en mí, pobre y despreciado por él. ¿Por ventura serán los grandes del mundo grandes delante de mí; o habéis vosotras de ser estimadas por linajes, o por virtudes?» (p. 415a).Al dominico P. Yanguas, confesor de madre Teresa en Segovia, le confió una respuesta de Cristo; ella le dijo al Señor en la oración cuánta envidia le daba María Magdalena; y oyó la voz interior: «Hija, a ésta tuve por amiga viviendo en la tierra, y a ti te tengo por amiga ahora estando en el cielo.» (p. 491c). Madre Teresa duda si fundar nuevo convento en Sevilla o Madrid. El padre Gracián desea que vaya a Sevilla; ella prefiere hacerlo en Madrid. Gracián le sugiere llevar el dilema a su oración: Sevilla o Madrid. La voz interior contestó a madre Teresa: Madrid. Pero Gracián, con autoridad en la provincia, resolvió por Sevilla. “Yo le dije fuese a fundar en Sevilla –dice el P. Gracián, y sin réplica ninguna se aderezaron carros para caminar allá”. Teresa escuchó su voz interior: «Bien hiciste en obedecer; mas costará grandísimos trabajos.» (p. 505b). Su hermano Lorenzo viene enfermo de América. Ella lo recibecon tanta alegría que siente escrúpulos, recordando un precepto escrito en las Constituciones de su Reforma: «De tratar mucho con deudos se desvíen lo más que pudieran». Oyó la voz interior: «No, hija, que vuestros institutos no son de ir sino conforme a mi ley.» (p. 520c).En Sevilla, los carmelitas calzados organizan un tumulto muy serio. Fray Jerónimo Gracián asegura que libró la vida gracias a las oraciones de madre Teresa. Ella tenía a las monjas en oración, y oyó su voz interior: «mujer de poca fe, sosiégate, que muy bien se va haciendo» (p. 523b).Madre piensa en el futuro de los descalzos. Crecerán, brillarán. Ella desea verlos ejemplares, fervorosos. A solas en una de las ermititas de su huerta de san José, madre Teresa oye de la voz interior cuatro avisos para sus frailes: que los superiores estén unidos; que haya pocos frailes en cada convento; que sólo traten seglares para bien de las almas; que enseñen más con obras que con palabras (p. 567c).En Villanueva de la Jara, junto a la ermita de santa Ana, hay un beaterío de once mujeres encerradas «con recogimiento y santidad», que tienen al pueblo emocionado. Deciden las beatas pedir a madre Teresa que les acepte en su orden. Ella ve imposible sostener allí un monasterio. Sería un desatino. Pero este asunto se le cuela en sus pensamientos durante sus horas de diálogo con Dios. Una mañana entendió recomendaciones de la voz interior a favor de las beatas de Jara: «Teresa, con pobres pecadores fundé yo mi iglesia» (575b).A madre Teresa le asalta una duda: le parece un contrasentido dedicarse a fundar conventos donde encerrar, clausuradas, a monjas contemplativas, mientras a ella le faltan meses para correr re una ciudad a otra. Entonces, hace ya diez años, la voz interior disipó sus dudas: «Mientras se vive, no está la ganancia en procurar gozarme más, sino en hacer mi voluntad» (p. 584c).Opuso Teresa el escrúpulo de la recomendación de san Pablo, constantemente recordado entonces por los predicadores: “Apréciame a mí que, pues san Pablo dice del encerramiento de las mujeres, que ésta sería la voluntad de Dios”. Le sonó dentro la voz amiga, no sin cierto matiz irónico: «Diles que no se sigan por una sola parte de la Escritura, que miren otras, y que si podrán por ventura atarme las manos.» (p. 585a).¡Invierno en Burgos! En la oración meditaba si, camino de Burgos, le fallarían las fuerzas, tal vez podría enviar otra monja como fundadora; y oyó la voz amiga: «No hagas caso de esos fríos, que yo soy la verdadera calor… y no dejes de ir en persona» (p. 607a).En Burgos, el arzobispo les pone continuas pegas para fundar. El padre Gracián se hartó y decidió una huida táctica, aun a costa de abandonar a la Madre. Esto le dolió seriamente a Madre. Quedaba sola, desamparada. Oyó la voz interior: «Ahora, Teresa, ten fuerte» (p. 614a).En Burgos, quieren comprar una casa para la fundación. La casa tiene varios pretendientes. Madre Teresa se asusta por las cantidades que pedían. Le dicen que por 1.300 escudos que piden la casa es una ganga. Será ganga, pero ¿de dónde saldrán? La voz interior le reprende: «¿En dineros te detienes?»  (p. 616a).

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