Lee uno estas comunicaciones de Roland a su madre y no puede menos de preguntarse: ¿cómo es posible que nos las hayamos perdido hasta ahora? Y piensa uno en su propia experiencia comprende. ¡Nadie nos habló de esto! ¡Y nadie ayudó a nuestros educadores a descubrir estas perlas! ¡Lástima! Ahora no nos dicen nada las “prédicas” de los curas y nadie nos informa de esa nación que se llama Más allá y del “tren” que hay que coger.
Luego, cuando hemos descubierto a Pierre, a Roland, a Paqui, a Arnaud, hemos tenido que superar cierto apuro. Nos decían que era huir de la realidad. ¡Y esto mismo nos pasó con nuestros místicos. ¿Puede alguien explicar que no nos ayudasen, en España, a descubrir a santa Teresa y a san Juan de la Cruz? Lo malo es que nos quedamos entonces sin los místicos y ahora sin estos maravillosos “testigos crísticos”. ¡Condenados a ir al Tibet a buscar espiritualidad!
Y sin embargo, ¡cuánta luz en estos textos! Conozco a personas a quienes la pérdida de la presencia material del ser querido les está permitiendo, como a la madre de Roland, entrever los reflejos del «Reino». Conozco a personas que creen, como dice Roland, que los ángeles “van y vienen”, que “los efluvios del Cielo pasan sobre ellas”, “que tratan de callar para que hable “el Único”… Leed despacio estas comunicaciones de Roland. ¡Son fantásticas!
¡Buen día!
8 de julio de 1951. Noche.
Mamá, por encima de la tierra, los pájaros vuelan, por encima de tu espacio los ángeles van y vienen.
Está cerca el día en que todo para ti se va a aclarar. He tratado de atraerte hacia mí, pero no estabas sola; los lugares altos tienen una gran importancia para nuestras relaciones, en ellos me uno a ti más fácilmente.
Tengo que confesar que en la cima de un acantilado, me sentí literalmente como llevada, como desdoblada.
9 de julio de 1951.Aniversario del nacimiento de Roland.
Siete y media de la mañana, oído durante la misa.
En la sombra e incluso en la noche más profunda, reconoces una flor por su perfume.
Sin oírlas, ni verlas, reconoce en ti las llamadas del cielo.
9 de julio de 1951. Noche.
Mamá, tu jornada ha sido favorable y hemos podido hablarnos. Esta mañana has recibido a Dios, esta tarde has cogido flores y te has ocupado de los pájaros. Jornada al margen de toda servidumbre forzada, jornada limpia, los efluvios del cielo han pasado sobre ti como el agua de una fuente sobre arena fina.
¡Mi pobre mamá tan amable, pero tan lejos todavía de las grandes corrientes a las que me gustaría conducirla!
¡¡¡Habrían entrado en casa tantas flores, si yo hubiera estado vivo!!!
12 de julio de 1951.
Man, he podido encontrarte fuera de ti misma, y tirar de ti hacia «el Amado». Aspira a esfuerzos sobrehumanos para desprenderte de las cosas terrestres, no parcial, sino definitivamente. ¡Pobre mamá tan frágil!
13 de julio de 1951.
La verdadera meditación, la que está fuera del tiempo y del espacio, no tiene ni cara, ni palabras, ni color, ni peso; es ese flotar indefinido, perdido en el infinito. Está «más allá» donde el espíritu y lo físico se pierden y siguen corrientes ascendentes. Me gustaría verte entrar en el ciclo en el que todo está mudo, te hablaré de ello cuando me sea posible.
Un monitor de natación explica perfectamente a su alumno los movimientos que debe hacer par sumergirse. En el momento de hacerlo, se calla.
Lo que se puede describir son los senderos que llevan a lo indecible, las ascensiones hasta las cimas más altas; pero allí donde termina la representación de la tierra, lo afectivo ya no puede continuar; es entonces cuando se desprende el espíritu, para ir allí donde ya no hay nada.
Mamá, yo aterrizaré contigo en los espacios donde tu rostro y el mío se borrarán, la pérdida de mi presencia material te ha permitido entrever ya los reflejos del «Reino». Vuelve a la soledad como un sabio a su laboratorio.
El buscador encuentra la veta de oro intercalada en la roca. Envueltos entre las penas, descubre los tesoros del «Conocimiento».
Para arrancar del subsuelo las riquezas, el hombre ha construido perforadoras, ¡qué no tendrá que crear para captar lo ininteligible!
13 de julio de 1951.
Man, hemos llegado tan lejos que habías superado la dimensión de las cosas de la tierra, ¡permanece en paz! Yo sé que es muy duro para ti renunciar a la música de los ángeles, pero allí donde está «el Único», todo debe callar, porque ya no hay ni inteligencia, ni forma, el amor Divino es mudo. Sigue meditando en el vacío.
14 de julio de 1951.
En realidad, tengo gran dificultad para mantenerte en las regiones elevadas adonde fuiste llevada por el camino de la tristeza; es porque en ti todo no está maduro todavía para la cosecha celeste. Lleva tu dolor con paciencia, tus frutos verdes acabarán madurando, puesto que tú reconoces, en conciencia, que no estás allí donde el sol invisible los volvería dorados.
De momento lo esencial no es ni tu trabajo, ni la meditación: estás en la prueba, en la división.
27 de julio de 1951.
Man, reconoce esto, la tierra de los hombres es como los hombres, engendra la injusticia; Dios a veces repara el mal, pero con mayor frecuencia deja que las cosas sigan según la ordenanza natural. Lo que es exterior al ser está sometido a las leyes exteriores. El perezoso puede encontrarse en la misma opulencia que el trabajador, y el que merece puede ser más maltratado que el libertino. No busquéis ninguna jerarquía noble allí donde el hombre es señor.
Pero existe un reino donde solo luce el sol para el que trabaja; ninguna recompensa para el tibio, solo es gratificado el peregrino que sufre. El ansioso encuentra el descanso mientras que el otro está sin sosiego.
Mientras haya tiempo prepara tu vida eterna, lo mismo que el campesino mete el grano en los graneros.
La ordenanza celeste no es muchas veces compatible con las ventajas humanas. Te quiero, mamá.
31 de julio de 1951.
Es muy importante seguir la etapa de las «señales», no hay que subestimarla so pretexto de que se supera, porque muchas veces es precursora de evoluciones más elevadas. Existen los que nunca la trascienden, pero los hay para quienes es un trampolín. Da gracias a Dios por haber tenido la gracia de penetrar en las regiones donde todo es silencio.
Tan pronto como nos unimos profundamente solo podemos callarnos, porque las palabras fallan.
Caminemos juntos allí donde ya no hay nada.
1 de agosto de 1951.
Si describieras lo que ves cuando estás en la entraña de la meditación, llamémoslo estado «segundo» para que comprendas, aún estarías en lo real.
Abísmate cada vez más en el seno de lo inefable.
Allí donde ya no hay nada, está Dios; de momento, el estado de vacío solo hace en ti breves apariciones, ¡¡¡más tarde, ya verás!!!
En el fondo de los nubarrones cierra los ojos… lo que yo te describo, son los contornos, las puertas, porque las palabras no pueden adentrarse en el interior de esas murallas.
Vete lo más que puedas más allá de los límites conducida por mí, la alegría volverá a apoderarse de ti, al «Señor» le gustan los rostros sonrientes. Juntos contemplaremos la obra del «Único» porque a El no le gusta ser desconocido; se preocupa mucho por el cosmos.
2 de agosto de 1951.
Después de la misa de aniversario de Roland.
Cuando el alma entra en su descanso, posee lo infinito. Los pequeños trozos de renuncias que tú aportas, todavía llenos de pasión, tienen más valor a los ojos de Dios que el seco desprendimiento. Tiene más mérito retirar un carbón ardiendo de una hoguera que esperar a tomarlo cuando solo es ceniza. Si vuestros instintos están muertos, poco cuentan vuestros méritos y vuestra virtud.
Man, habría que decirles a todos o más exactamente explicar…
Yo había tomado una pluma para escribir esta frase y Roland me dice: «Toma un lápiz pues la pluma me molesta.»
…que existe un reino latente donde el ser se pierde, no por egoísmo, sino por amor. Todo lo que se vive en complicidad con lo humano lleva en sí los límites de lo creado; solo más allá de estas fronteras, el espíritu se adentra en lo abstracto. Tu estado silencioso es el único que cuenta realmente.
En esas regiones donde ya nada es nada, filtra la luz de tu futuro; plegarse al orden humano es todavía una virtud cívica, un respeto a las leyes establecidas. El estado mudo no depende ya de los hombres sino de Dios, para ti es por tanto mucho más importante callarte, que hablar.
Para hacerte querer, sé buena, sé caritativa, sé sociable; no te gustaría que piensen de ti que eres egoísta; ¿pero no hay aquí también cierta vanidad, cierta necesidad de admiración del otro? Nada de lo que es inherente al hombre escapa a las influencias de abajo. Una decepción, una pena, el gusto de la consolación, el placer del intercambio, un amor, una amistad, tantos elementos sometidos al cuerpo. Allí donde está Dios, solo está «EL». El amor solo tiene valor en la medida que arrastra hacia la absorción universal, todo lo demás es juego de niños. Para distraerse, los pequeños juegan a canicas; para darse importancia, los mayores tratan de parecer más grandes.
Después de la misa.
Man, estarás segura de estar en el camino recto cuando ya solo tengas que pedir al Señor progresar en «El».
7 agosto de 1951.
Tú sabes, Man, que muchas veces, cuando das gracias a la gente más que razones, los das ánimos para hacer más, porque el ser humano desea por encima de todo creerse bueno.
8 de agosto de 1951.
¡Pobre mamá, te has creído fuerte, y te ves en la miseria porque te das cuenta de tu debilidad! Esta prueba no es inútil pues te sumerge en la humillación.
15 de agosto de 1951. Mañana.
Mamá, ¿no te llama la atención el hecho de que, en la naturaleza, nazcan tantas flores en forma de cáliz? ¡Es siempre en el centro de un corazón donde nace una corola, multiplicidad de envolturas necesarias para el grano! Para que ella germine, es necesario que mueran todas sus capas.
Cuido de ti incluso a través de la soledad que atravesamos.
Las palabras no tienen suficiente profundidad para que podamos unirnos a través de este vehículo; de aquí la necesidad para ti de hundirte cada vez más en las regiones mudas. La superación no se expresa, se «VIVE». Allí donde Dios reina, reina también el silencio.
15 de agosto de 1951. Noche.
Para el hombre, el instinto de conservación es una ley fundamental; pero para los que han visto existe otra regla, la del mantenimiento del alma por el progreso espiritual. Aptitud que se desarrolla más especialmente en la segunda mitad de la existencia.

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