Ayer asistí a la presentación de un libro de nuestra amiga Tinita, de Burgos, “Diario de una mujer madura”. ¡Curioso libro! Al escuchar la charla, tuve el privilegio de conocer la vida dura de esta gran mujer y el temple con que ha sabido siempre enfrentarse a ella.
Pero lo que me encantó fue que suscitara el diálogo a través de unas preguntas interesantes y profundas: ¿Qué es lo más positivo que encuentras en tu vida? ¿Qué te gustaría hacer? ¿Cuál es tu mayor aspiración?… Como movido por un resorte, hize esta reflexión: «Todos los que aquí estamos somos mayores. Antes o después, viajaremos a un País que se llama “Más allá”. Habitualmente, cuando hacemos un viaje leemos antes cosas sobre el país, sus costumbres, su lengua, etc. ¿Por qué no nos informamos también de ese País al que todos viajaremos y que se llama: “Más allá”?»
Esta pequeña reflexión suscitó interés. Varios, siguiendo el juego, preguntaron: –¿Cómo saber de ese País? ¿Por qué no nos hablas tú de él, si sabes cómo es?…
Aquí, nos dice Jean Prieur varias cosas sobre ese País, comparado con este mundo. ¿Por qué no difundir lo que se nos dice sobre Ese más allá que nos espera? ¿Por qué no suscitar reuniones para informar sobre ese País al que iremos y que se llama «Más allá».
¡Buen día!
VI– EL ABISMO (inicio)
23. LOS PRÍNCIPES DE ESTE MUNDO
El infierno es la voluntad deliberada de hacer el mal, de rechazar las leyes de Dios y de separarse de El. Su divisa podría ser esta frase oída: «Si Dios existiera, habría que suprimirlo».
El infierno comienza a nacer en la tierra, es mantenido y alimentado por la tierra: los diabólicos viven su mal a través de nosotros, extraen de nuestro mal fuerzas para su vida. Esto no es válido para todos los infernales, sino solo para los que están cercanos a nosotros.
Si nuestro planeta alimenta al infierno, éste le retribuye generosamente. Se lo devuelve en proyecciones; unas veces abstractas: filosofía y literatura de lo absurdo, espectáculos de crueldad y de basura; otras concretas: guerras, torturas, campos de concentración, violencias para el placer.
Los poderes del mal que están en los aires son tanto más activos como el hombre moderno, gigante técnico y enano espiritual, es metafísicamente más ignorante y más insuficiente. Las sociedades infernales conocen tiempos fantásticos en esta época hiperbólica, ingenuamente embriagada de sí misma.
Si la evolución en la tierra, luego en el Hades, ha sido negativa, si el hombre-espíritu, con pleno conocimiento de causa, se ha hundido en el mal, descenderá a esos lugares donde los crueles son perseguidos por visiones horribles.
Cuando las leyes del orden, los mandamientos divinos son violados, el sufrimiento surge inexorable. Su duración y su intensidad. Su duración y su intensidad son proporcionales a la violación de estas leyes. El castigo es inherente al acto malo, proviene de él, es inseparable de él. Procede de la violación de las leyes divinas de la misma manera que la felicidad resulta de la obediencia a esas leyes. Todos no son castigados de la misma manera, sino que en cada caso, como el sufrimiento procede del mal, es exactamente proporcional a él.
Existe una ley que es válida para todos los mundos espirituales: lo que rodea a un ser responde exactamente a su mental. Los habitantes de las tinieblas exteriores y del abismo viven así en esas cavernas, en esos agujeros, en esas cloacas, en medio de esas ciénagas y esas ruinas que vislumbraron los místicos.
Los que optaron por el mal se han vuelto monstruosos porque cada uno es la forma de su propia maldad. Su necesidad de hacer daño con palabras o con actos, su envidia, su crueldad crean espectros que pueblan su ambiente, dan vueltas en torno a ellos y los horrorizan. Como sus sentidos son más sutiles que los nuestros, sus sufrimientos, al igual que su poder y su perversidad crecen en proporción.
No hay que esperar que los jóvenes mensajeros nos informen sobre los infiernos, ellos solo los conocen de oídas. Por otra parte, para hacerse una idea de esas zonas, tampoco se necesita gran imaginación, no es cuestión de recurrir a los círculos subterráneos de Dante, basta con releer la historia, acordarse… puesto que este planeta es una de las estancias más bajas del universo.
No busquemos bajo la tierra lo que está encima, no busquemos en otra parte lo que está en medio de nosotros. El mundo tal como lo conocemos, tanto por la historia como por la actualidad, nos da una primera impresión bastante concreta del Abismo. En este texto, «mundo» se toma en el sentido de grandes colectividades humanas: sociedades, partidos, naciones, imperios. Reservamos el nombre de «Cosmos» al universo físico tal como salió del pensamiento del Creador.
El cosmos (nomos) está determinado por la armonía, lo mismo que el mundo está determinado por el desorden (anomia). El hombre puede elegir entre la armonía y el desorden. Es libre.
Dios gobierna totalmente el cosmos, accidentalmente al hombre, jamás gobierna al mundo. El dios de este mundo es Satán: Cristo y los suyos no ha dejado de repetirlo.
En el cosmos, nada es feo, sucio, ridículo, absurdo. Lo feo, lo sucio, lo ridículo, lo absurdo son fenómenos sociales y su reino es de este mundo. El cosmos es ciclo, número, ritmo, ley, estilo, medida, pensamientos es decir logos. «Al principio estaba el Logos, y todo fue hecho por El. Al principio, estaba el Espíritu».
Aunque, en estos últimos años, se ha intentado convencernos de lo contrario, hay entre el campo del mundo y el del espíritu una antinomia difícilmente reducible.
El mundo repite estas palabras mágicas: rendimiento, reivindicación, vulgarización, publicidad, velocidad.
El Espíritu responde: gratuidad, aceptación, secreto, silencio, lentitud. El Espíritu habla casi siempre el lenguaje del cosmos.
El mundo continúa: inédito, inaudito, moderno, joven, futuro, actual, nuevo, nunca visto, sensacional, original…
El Espíritu responde: tradicional, permanente, original.
El mundo aspira a la unidad, sueña con imperios donde los hombres en las ciudades sean mudos, parecidos e indiferentes, como los mejillones en las rocas. Quiere ser el único que reine en los corazones y los continentes, es siempre totalitario. El pide también un solo pastor, un solo rebaño. Pero la unidad del mundo es uniformidad.
El Espíritu es unidad, uni-diversidad. En él, todas las esferas de nuestro espíritu vibran al unísono.
El mundo es división: la política rechaza la ética, la ética rechaza la estética, la ciencia ignora el arte y se ríe de la tradición esotérica que se lo devuelve también; la religión, que desconfiaba del arte y de la ciencia, desconfía también del esoterismo.
El mismo caos se encuentra en el interior de cada hombre cuyas cuatro fuerzas: afectiva, espiritual, intelectual y carnal («con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu pensamiento, con toda tu fuerza»), no dejan de combatirse.
El mundo dice: ley del número, mayoría aplastante, manifestación monstruo, gran concentración, unión de las federaciones de asociaciones; ligas, grupos, comités, partidos, sociedades, compañías, cárteles, venid todos, entrad todos…
El Espíritu dice: ley de números sagrados, todos inferiores a 12. Tú, sígueme. Allí donde algunos…
La palabra predilecta del mundo es: masa. El diccionario, biblia del mundo, concreta: masa: conjunto compacto e informe. Milagro de nuestra lengua: ¿qué palabra responde mejor a la realidad que evoca? Masa: pesadez, densidad, inercia. Masa: una cosa informe, amorfa, enorme, bruta, desorganizada.
Sin embargo, las montañas, es decir las masas, todavía podrían ser trasladadas por la creencia.
El mundo nos impone una máscara, un prototipo, la confección.
El Espíritu nos propone nuestros rostro, nuestro arquetipo, nuestra perfección.
El mundo dice: hombre estándar.
El Espíritu dice: vocaciones diversas, tantas vocaciones como hombres.
Los héroes del mundo son boxeadores, criminales, actores, sádicos, cantantes, políticos inscritos en el libro de oro de la ignominia, escritores en el galimatías estercolero.
El héroe del Espíritu es Cristo. Entre Barrabás y Cristo, el mundo hace cada día su elección.
El mundo dice: hay que aullar como los lobos, babear como los sapos, morder como los perros, rebuznar como los burros, gesticular como los monos, en resumen, hacer el bestia con las bestias humanas.
El Espíritu dice: Hay que hablar según tu corazón (y esto es peligroso) porque tu corazón es mi templo.
El mundo no hace nada gratis. En todo momento, presenta la cuenta. El mundo alquila y vende. El mundo «hace dinero» lo mismo que «hace» niños, lo mismo que «hace» el amor.
El Espíritu dice también: no es bueno que el hombre esté solo. Tampoco es bueno que el hombre viva en rebaño. Entre la soledad y la multitud, igualmente peligrosas, están los dos o tres que se reúnen en Su nombre.
El mundo habla como la prostituta que pesca, o como el charlatán sobre el tablado de la barraca forastera.
El Espíritu dice: puerta estrecha, grano de mostaza, sal, levadura, pocos elegidos.
Pocos elegidos no significan pocas plazas sino pocas candidaturas.

1 Comentario
Feed de los comentarios de este artículo
enero 26, 2012 a 8:05 pm
Gloria
Me encantó este artículo, el que tenga ojos que vea… y el que tenga inteligencia que lo piense …