Este capítulo 5 es, sin duda, el más complicado de este libro del profesor Dutheil. No es que sea incomprensible, aunque a veces lo parezca, sino que los conceptos y las ideas que en él se recogen son tan distintos a los que manejamos habitualmente que nos es muy complicado seguir el hilo.

Y sin embrago en esto radica, creo yo, su interés. Dutheil nos está queriendo hacer ver cuán grande es todavía nuestra ignorancia sobre el mundo y sobre nosotros mismos, pero a la vez nos promete un futuro maravilloso lleno de progreso y conocimiento.

Por esto, una vez superado este engorroso capítulo, un nuevo mundo aparecerá ante nosotros. Y en los capítulos siguientes nos hablará de la medicina actual, del cáncer, del SIDA, del estrés… de las “otras medicinas”… para hacernos comprender, al final, que la medicina que nos espera no es otra sino la “medicina de la conciencia”, basada en la búsqueda de la unidad del cuerpo y el espíritu.

Esta promesa bien vale un pequeño esfuerzo.

¡Buen día!

 

CAPÍTULO V

El retorno a una medicina holística a través del cuerpo eléctrico y la conciencia superluminosa

El conjunto formado por el soma y por el cuerpo eléctrico representa en el modelo de conciencia superluminosa resumido en el capítulo 4 lo que nosotros designamos con el nombre de holograma, que es a nuestro juicio una proyección subluminosa del campo de materia taquiónica superluminosa.

En “El hombre superluminoso” defendíamos la tesis según la cual el cuerpo del hombre, este cuerpo de carne que habitamos, podría no ser sino un holograma formado de partículas que van menos deprisa que la luz. Este holograma sería la proyección de nuestra conciencia, formada por su parte de partículas superluminosas. Nuestro cuerpo se mostraría vinculado a nuestra conciencia como una película proyectada puede estarlo a su proyector y al operador que manipula el proyector. El cerebro serviría entonces de filtro para la conciencia, que él reconstruiría según las coordenadas espacio-temporales de cuatro dimensiones. Él transformaría las informaciones que le ofrecería la conciencia y de ello resultaría un empobrecimiento de la significación del mensaje, pareciendo sin embargo necesario para nuestra supervivencia en este mundo.

Nos parece importante concretar ahora en qué condiciones se forma nuestro holograma-cuerpo físico. El capítulo anterior nos llevó a la conclusión de que existe en torno a este cuerpo físico un campo electromagnético que nosotros llamamos cuerpo eléctrico. Se trata por tanto de un tercer elemento que se interpone entre la conciencia superluminosa y el soma-holograma. La cifra tres es de una importancia primordial en todas las religiones y mitologías; nuestro modelo estaría por tanto de acuerdo con la tradición. Este cuerpo eléctrico serviría de intermediario, de mediador entre la conciencia y el soma. El papel de filtro que atribuíamos únicamente al cerebro en “El hombre superluminoso” podría ser atribuido al conjunto de este cuerpo eléctrico, focalizándose el campo electromagnético en puntos nodales –se puede establecer una correspondencia interesante con los chakras hindúes o los puntos de acupuntura chinos– y especialmente, al parecer, a nivel del cerebro.

En la medida de lo posible, debemos entrar ahora en el detalle de la formación de nuestro holograma-soma y de sus interacciones con el cuerpo eléctrico.

La formación de nuestro propio holograma

Nos gustaría en primer lugar hacer una observación general. David Böhm anticipa un orden implicado y un orden desplegado de la materia. En el orden implicado, el tiempo y el espacio no existen, mientras que sí aparecen en el orden desplegado. Si se llega al final de este razonamiento, cada partícula de materia del orden desplegado desaparecería en cada instante para reaparecer inmediatamente. Dicho de otro modo, se trataría de hologramas. David Böhm aludió por otra parte al holograma en su teoría.

Para Carl Pribram, el mundo físico es solo una apariencia holográfica. El universo fundamental se encuentra en lo que él llama «dominio de la frecuencia», que está formado únicamente por frecuencias, es decir por ondas. Según él, diferentes células del cerebro funcionan como analizador de frecuencias, para realizar lo que se llama un análisis matemático de Fourier. Hacer un análisis de Fourier remite a descomponer frecuencias complejas en frecuencias simples, que se convierten luego en objetos, en «realidad», en hologramas probablemente cuadridimensionales. El córtex, o tal vez la interfase conciencia-córtex (situándose la conciencia, en su teoría, en el campo de la frecuencia), es la que crea un sistema arbitrario de coordenadas espacio/tiempo que se corresponde con la métrica habitual subluminosa (del género tiempo) donde el tiempo fluye.

A propósito del campo de la frecuencia, Pribram escribe: «Éste último solo tiene relación con la densidad de los acontecimientos, y el espacio y el tiempo, al menos tal como los conocemos, se vienen abajo».

Nosotros hemos interpretado y concretado el modelo de Pribram sustituyendo el campo de la frecuencia por el espacio-tiempo superluminoso situado más allá de la barrera de la luz. En realidad, nuestro modelo es rigurosamente equivalente al de Pribram.

La holografía y la mecánica cuántica

Hablar de holograma para describir el mundo «objetivo» es emplear bajo otra forma un lenguaje que está implícito en la mecánica cuántica.

En efecto, ésta considera una función de onda psi, función de tiempo y de las tres coordinadas de espacio, para representar la onda asociada a una partícula. Pero no hay que olvidar que la partícula es una creación del experimentador por el hecho mismo de su experimentación. Algunos físicos piensan por otra parte que sin experiencia solo hay ondas, es decir frecuencias. La onda está representada por la función psi. Esta función puede desarrollarse en series de Fourier. Los diferentes términos de esta serie son funciones propias para las diferentes magnitudes físicas. A cada uno de estos valores propios le corresponde una cierta probabilidad de aparición de uno de estos valores.

Hacer un experimento cuántico consiste en hacer desaparecer la onda representada por la función psi y hacer aparecer una sola función propia con valores propios, magnitudes físicas que serán conocidas cuando se ha hecho el experimento. Es al conjunto de estos valores propios y magnitudes físicas a lo que se llamará «partículas».

Se ve que la primera realidad es puramente ondulatoria, lo que nos lleva al campo de la frecuencia de Pribram.

Hablar de la velocidad de estas ondas ¿tiene un sentido al margen de todo experimento sobre un objeto cuántico, puesto que solo existe sistema de coordenadas cuando hay un observador?

La operación que consiste en hacer aparecer la partícula se llama «colapso de psi», dicho de otro modo, un hundimiento de la función de onda. El concepto de partícula es por tanto totalmente artificial e incluso subjetivo.

La apertura de la holografía… gracias al láser

Volvamos a la holografía. Holografía viene del griego holos, que quiere decir «todo». Es una técnica puesta a punto en 1948 por el inglés D. D. Gabor, que permite el restablecimiento de imágenes en relieve a partir de una grabación en soporte fotográfico plano. Solo adquirió realmente su pleno desarrollo con la invención del láser.

El láser es una fuente de luz coherente. Se dice que dos fenómenos vibratorios son coherentes, cuando la diferencia de sus fases estimada en un punto del espacio por un receptor fotoeléctrico mantiene un valor constante a través del tiempo. De forma más sencilla, se sabe que la luz es emitida por los átomos. En general, en una fuente de luz los átomos no comienzan a vibrar al mismo tiempo. Estas diferencias de tiempo son las que se llaman diferencias de fase. En este caso, la luz no es coherente.

El láser posee una doble coherencia: una coherencia espacial (que designa una fuente de luz puntual o cuasi-puntual, es decir que se acerca a un punto) y una coherencia temporal (la fuente es monocromática: solo admite un solo color o una sola longitud de onda).

 La palabra laser (Light Amplifier by Stimulated Emission of Radiation) designa una fuente de luz que realiza, en un medio material, un fenómeno de amplificación de la luz por emisión estimulada. La emisión estimulada fue reivindicada por Einstein a partir de 1917: la amplificación de la luz se produce en una cavidad especular resonante, en la que la luz realiza idas y venidas; se amplía la luz mediante una fuente exterior de energía, una bomba.

El láser pudo utilizarse desde 1960. El holograma se desarrolló entonces plenamente.

La creación de un holograma por el láser

Para registrar en una placa fotográfica el patrón de interferencia de un objeto, hay que formar con la ayuda de una lama separadora dos haces salidos de la misma fuente láser. El primer haz ilumina al objeto, que envía hacia la placa la luz emitida, mientras que el segundo haz ilumina directamente la placa. Ésta registra durante el tiempo de exposición las franjas de interferencia de estos dos haces de luz. Si se quita el objeto para poner luego en su lugar la placa después del desarrollo y si se ilumina después de nuevo con la ayuda del segundo haz, la luz difractada por las franjas de interferencia, que forman una microred, da una imagen virtual idéntica al objeto. En efecto, cada punto del objeto que ha difundido la luz del primer haz durante el registro es devuelta a su posición exacta en el espacio. Un observador ve así, a través del holograma, el objeto en tres dimensiones en su relieve total.

Ofrecemos aquí abajo tres figuras que permiten comprender mejor este fenómeno.

 

 

Sustituyamos el láser por el Campo L…

La teoría esquemática de la holografía recurre a las series de transformación de Fourier y a la transformada de Fourier. Se ve la analogía con la formación del holograma subluminoso. En realidad, es el campo de conciencia-materia taquiónica el que juega el papel del láser y el que «ilumina» la estructura taquiónica, esquema de interferencia neguentrópica[1] que encierra la información y la significación.

Pribram supone que es el córtex cerebral el que realiza la transformación y el análisis de Fourier. Para nosotros, sería más bien la interfase del córtex y de la conciencia superluminosa, es decir el cuerpo eléctrico o campo electromagnético, formado por fotones, el que aseguraría la operación bajo la dirección de la conciencia superluminosa.

Si retomamos la imagen de la película proyectada, podemos decir que nuestro cuerpo subluminoso –o soma– corresponde a la imagen percibida en la pantalla por el espectador, el cuerpo eléctrico fotónico (velocidad de la luz) al proyector, y la conciencia super-luminosa al operador que manipula el proyector.

El colapso de la psi

Entramos en el detalle de esta hipótesis, y para esto volvemos al fenómeno del colapso de la psi, dicho de otro modo a la reducción de la onda.

Durante la observación y la medida, se podría pensar que en el momento en que aparece la entidad «partícula», caracterizada por cierto número de magnitudes físicas de las que se han calculado antes las probabilidades de aparición (probabilidades medidas por funciones propias normalizadas), la onda desaparece.

Ahora bien, se sabe (Louis de Broglie) que hay una onda de fase asociada a la partícula cuya velocidad (velocidad de fase) es siempre superior a la velocidad de la luz en el vacío.

Aunque se haya interpretado Ψ [2]de manera puramente matemática (Copenague), estas ondas deben existir físicamente, puesto que interfieren y se las utiliza en el microscopio electrónico. Una cierta ambigüedad es admisible entre los físicos cuando se aborda este delicado problema.

Ahora bien, se han hecho recientes experimentos (1991) por los norteamericanos con el fin de verificar si existía una «onda guía» que oriente en cierto modo a la partícula. Aunque los resultados parecen desmentir la teoría de la onda guía, no por eso son menos sorprendentes.

Los norteamericanos utilizan un aparato que se parece a un interferómetro; incluye una fuente que puede producir fotones paso a paso. Un haz es dividido en dos haces. En uno de ellos se tiene la certeza de que se propaga una entidad individual y particular, el fotón, que lleva energía e impulso. Pero ¿ocurre algo en el segundo haz? Sí. Lo que circula por esta vía es una onda, que se llama «onda vacía» porque no traslada ninguna energía. Pero esta onda vacía produce efectos físicos[3].

Hay motivos por tanto para equiparar la onda vacía a la onda de fase. Louis de Broglie había examinado teóricamente este problema y defendía la idea de que la onda de fase trasportaba un poquito de energía.

Estos resultados obtenidos en el fotón pueden extenderse evidentemente a las partículas de materia como el electrón.

En estas condiciones, y en el caso de las partículas de «materia» se ve que existiría después del colapso de la psi y la aparición de la partícula, una onda de fase –la onda vacía– que va más rápida que la luz y que puede producir efectos; porque, aunque desprovista de  de energía, transportaría información. Por supuesto, el colapso de la psi es también real para los taquiones superluminosos[4]. Pero en este caso la velocidad de la onda de fase u onda vacía es inferior a la velocidad de la luz.

Por otra parte, hemos explicado que para un taquión la velocidad con relación al tiempo cinemático, en su referencial propio, es infinita. Pero el taquión tiene un tiempo propio que es espacial. Además, su impulso es igual a mc. Si con relación al tiempo cinemático su energía es nula, por el contrario no es nula con relación al tiempo propio pero igual a:

E = mc2 = hV

V = mc2

Se trata de una frecuencia puramente espacial. Como la onda tiene esta frecuencia se propaga menos deprisa que la luz, por tanto en nuestro espacio-tiempo.

Estas ondas especiales de velocidad inferior a la luz se corresponden tal vez con las frecuencias espaciales de que habla Pribram. En efecto, él escribe que determinados experimentos han demostrado que células especiales del córtex están especializadas en la recepción de esas frecuencias espaciales, por tanto de esas ondas de espacio.

Hay que observar por otra parte que  matemáticamente se puede obtener una frecuencia utilizando una transformada de Fourier, cosa que ocurre en el tratamiento de las imágenes.

En resumen, existirían entre el holograma subluminoso, el soma y sin duda el cuerpo eléctrico por una parte, y la estructura taquiónica, nuestra conciencia, por otra, interacciones en los dos sentidos.

La información, evidentemente muy atenuada, se propaga a partir de la conciencia superluminosa en un espacio-tiempo antrópico a través de las ondas de fase —u ondas vacías, u ondas espaciales— de velocidad inferior a la de la luz. Esta información llega por tanto directamente sobre el conjunto soma (cuerpo molecular) y el cuerpo eléctrico, garantizando éste último un papel de filtro puesto que está en la interfase de los dos conjuntos: subluminoso/superluminoso y conciencia/cuerpo.

Pero la información circula también en sentido contrario, en el sentido soma-cuerpo eléctrico/conciencia taquiónica, a través de ondas de fase, ondas vacías de velocidad superior a la luz.

La supresión de la «barrera»de la luz

Régis Dutheil ha publicado recientemente un artículo en la revista de física teórica “Annales de la Fondation de Broglie” cuyo título es: «Sobre un pseudo grupo de Lorentz relacionado con una topología en R8[5]

No se trata aquí de entrar en los detalles matemáticos. Digamos solamente que se puede demostrar que existe un segundo sistema de coordenadas –de cuatro coordenadas– que responden a una métrica completamente euclidiana. En este sistema, que responde a una segunda posibilidad de observación mediante un observador subluminoso, ya no existe discontinuidad para la velocidad de la luz: se pasa de forma continua de la velocidad cero a la velocidad infinita.

Pensamos que esta segunda posibilidad, que suprime en cierto modo la barrera de la luz, podría aplicarse en particular a las ondas. Ya no habría lugar para hacer distinción entre velocidad igual, inferior o superior a la de la luz. Estos resultados están de acuerdo con la idea de Pribram según la cual el sistema de coordenadas es creado de manera arbitraria por la interfase córtex/conciencia.

Los preones y el campo de la conciencia

Esta conclusión nos lleva naturalmente a hablar de los preones, micro-agujeros negros que podrían ser taquiónicos en su horizonte y constituirían entonces el campo de la conciencia.

El preón es un concepto introducido hace algunos años por el físico Salam. Para Salam, el preón resultaría ser el componente último de las partículas, suponiendo que toda partícula proceda del colapso de la psi. Los preones serían según él los constitutivos del electrón, del fotón, pero también de los quarks de la primera y segunda generación.

En un comunicado realizado en 1990[6], Régis Dutheil expuso un modelo de preón fundado en la relatividad general. Las ecuaciones de la relatividad general muestran, en efecto, que un centro gravitacional que tenga una pequeña masa, por ejemplo inferior a la del electrón, separa el espacio en dos regiones. Esta separación se hace a través de una esfera que tenga como centro el punto donde está la masa, y como radio un pequeñísimo radio que depende de la masa, por ejemplo para el electrón ese radio equivale a 10-53 cm. En el exterior de esta esfera el espacio-tiempo es subluminoso y el interior es superluminoso.

Además, en la cara externa de esta «película esférica», con relación al referencial propio de la masa, la velocidad es nula; en cambio, en la cara interna, es infinita. Por tanto el exterior es subluminoso y el interior superluminoso.

La topología, por su parte, demuestra que no hay discontinuidad entre la cara externa y la cara interna. Se puede también describir el modelo inverso en el que la cara externa es superluminosa y la cara interna es subluminosa. En este caso, nuestro cuerpo formado con moléculas, por tanto de átomos, de electrones, de protones, todos ellos formados por quarks, estaría en definitiva formado por preones. Por consiguiente, el espacio-tiempo super-luminoso, en el que nosotros situamos la conciencia materia, se encontraría a nivel de los preones.

Redefinir la enfermedad a partir del cuerpo eléctrico

Actualmente, la medicina considera la enfermedad como una perturbación molecular local.

Nosotros acabamos de explicar que existe, superpuesto a este cuerpo molecular, confundido con él, un cuerpo eléctrico. El campo eléctrico o más bien electromagnético de Burr es en cierto modo el resultado de ello.

Hay que tener actualmente presente el siguiente hecho: toda actividad celular, toda actividad de tejido, se convierte en manifestaciones eléctricas. Por ejemplo, la menor actividad del córtex es eléctrica.

Al conjunto de estas manifestaciones de la energía eléctrica, incluido el campo eléctrico de Burr, es a lo que nosotros llamamos cuerpo eléctrico.

El estudio del campo electromagnético de Burr demuestra sin duda alguna que todo desorden patológico, es decir visible a nivel molecular, se ve precedido –frecuentemente con mucho tiempo de antelación– de una modificación del cuerpo eléctrico.

De la medicina molecular a la medicina del cuerpo eléctrico

Nos parece por tanto que la etapa que debe suceder a la medicina molecular es una medicina que actúe sobre el cuerpo eléctrico, cuando hayamos aprendido a conocer en detalle sus componentes. En el capítulo 7, veremos que el camino ya ha sido iluminado, pero solo de manera empírica, sin plan de conjunto.

Sin embargo, este cuerpo eléctrico no es el último nivel sobre el que se pueda actuar. En nuestro modelo, suponemos –se trata evidentemente una hipótesis de trabajo– que hay interacciones constantes entre el cuerpo eléctrico y el campo de materia de conciencia superluminosa inherente a todo individuo.

Estas interacciones serían mantenidas –otra hipótesis de trabajo– por las ondas de fase de velocidad inferior y superior a la de la luz, y tal vez también directamente por las ondas electromagnéticas.

El objetivo siguiente sería por tanto poder actuar sobre esas interacciones, sobre esas ondas que transportan la información, tanto en el sentido cuerpo superluminoso/cuerpo eléctrico, como en sentido contrario. Esto exigiría evidentemente un conocimiento físico a la vez teórico y experimental de este campo de materia superluminosa, que aún estamos lejos de poseer. Aquí es donde intervendría una mecánica cuántica extendida al espacio-tiempo superluminoso.

Este tipo de acción tal vez esté aún lejano, pero pensamos que la comprensión del cuerpo eléctrico en todos sus componentes y su reequilibrio afectan en cambio al campo de próximo futuro. La medicina del cuerpo eléctrico sería la primera etapa de la medicina holística practicada intuitivamente por los antiguos. Pero lejos de ser una medicina intuitiva y empírica, sería «hiperracional», porque respondería a una hiperfísica.

Las medicina del futuro se construirá por tanto en dos etapas:

–En primer lugar, una medicina del cuerpo eléctrico, bastante cercana, que se corresponde con el cuerpo eléctrico;

– después, una medicina de la conciencia superluminosa.

Para visualizar mejor la imagen holística del hombre que se desprende de este ensayo, situémonos en el esquema que vamos a intentar trazar.

 

[1] . Neguentropía: Entropía negativa o factor de organización de los sistemas, que se opone a la entropía o tendencia natural a la desorganización. (NdT)

[2] . Indica la letra psi.

[3] . L.J. WANG, X.Y.ZOU & L. MANDEL, Phys. Lett. No 66 p. 111, 1991.

[4] . En el colapso de la psi taquiónica, dado que el tiempo propio ya no pasa, todos los valores propios de las magnitudes físicas son «actualizadas» y no ya una sola.

[5] . R. DUTHEIL, Les Annales de la Fondation de Broglie, nº 3, 1991.

[6] . R. DUTHEIL, «Préons, bradyons et tachyons», en Les Annales de la Fondation Louis de Broglie.