Leo en Roland: «La faz del mundo cambiaría si los hombres creyeran en la supervivencia» (27/02/a). Oigo a un creyente: “¡Qué dices, tío, todos los cristianos creemos en la supervivencia!” Debe ser que los años me hacen perder el equilibrio, porque me da la impresión de que tiene razón Roland. ¿De qué fe se trata?

A veces, da la sensación de que los cristianos creemos todo lo que nos echen. Decimos creer, ¿cómo no? en la resurrección de los muertos, pero no nos preguntamos ni cuándo, ni cómo, ni en qué nos apoyamos. Creemos también que resucitaremos con los mismos cuerpos y almas que tuvimos, pero no investigamos lo que quiere decir san Pablo con lo del cuerpo espiritual (I Cor. 15, 44). ¿No irán por ahí los tiros?

Por eso agradezco cuando uno me envía una crítica por algo que digo y con lo que no está de acuerdo. Por ejemplo, cuando decía el otro día que lo de la predestinación de santo Tomás me parecía una barbaridad, mi amigo Enrique, de Madrid, reaccionaba así: «Hombre, Alfredo, decir que Sto Tomás ha dicho una barbaridad teológica es muy fuerte, ¡es un doctor de la Iglesia!» Sí, señor, cuando no se está de acuerdo, hay que decirlo, como Enrique, y, cuando uno cree en el Más allá, hay que decirlo también.

¡Buen día!

13 de febrero de 1950.

Date cuenta de que el hombre está obsesionado por lo que es, es decir que su propia personalidad lo ciega hasta el punto de que la refleja en todo. Si solo piensa en el cielo, ve al cielo por todas partes; si solo piensa en el infierno, ve al infierno por todas partes; el ladrón cree ser robado, el hombre honesto cree en la honestidad, mientras el astuto ve astucias por doquier.

Si interpones, entre el mundo y tu alma, un tamiz de seda fina, tu vida interior se verá protegida y los pólenes del cielo caerán sobre ti.

16 de febrero de 1950.

El ser humano solo puede esperar la gracia en proporción a lo que es, ¿cómo recibiría más allá de sí mismo? Si tu campo es muy pequeño, lo olores del majuelo que crece más lejos no llegarán a ti.

Ensancha la tierra hasta el infinito, para que contenga en su amplitud bosques olorosos.

Si tus actos germinan en el orden universal, darán frutos.

18 de febrero de 1950.

Se acerca el día en que tu universo será solo arrobamiento. Como una abeja, libarás los dones de Dios. Impregna tu alma de cielo y de estrellas, cierra tus alas sobre los rayos del sol.

Me voy, estás demasiado cansada. Duerme.

Puesto que todo viene del «Altísimo», el éxito no es nunca recompensa de un esfuerzo, sino don del Señor.

El fracaso tiene tanta importancia como el éxito, puesto que solo es válido el trabajo. Poco importa que caiga la rama en el momento en que piensas cogerla, pues la rama está en las manos de Dios. Solo cuentan los pasos que hayáis dado para llegar a ella.

Atravesad los bosques y las selvas, atravesad los espacios sin fin y los desiertos sin límite, para que os acerquéis a caminos celestes.

No os alegréis nunca por un resultado adquirido, toda cosa poseída está muerta. Solo el movimiento es la vida.

Consuela a los débiles, a los desgraciados, a los desafortunados que siempre se creen pequeños entre los que han triunfado. Consuela a los que fracasan y piensan retroceder porque ellos van por caminos que se alargan a medida que tienen dificultad. Ellos están ya en los caminos de la renuncia.

Cuando las ventajas humanas se hayan retirado de vuestros caminos, es que habéis logrado espacios que ya no son de vuestro mundo.

Mamá, en ninguna acción busques el fruto. Si actúas por el resultado, eso significa que predominan en ti los valores humanos. La acción no debe ser sino un entrenamiento en el que se afilen vuestros espolones. Sufrid por las arenas de vuestro planeta, para que en el día de vuestra muerte avancéis con más libertad por las arenas del cielo. Lo que importa en la lucha, no son ni la victoria, ni el fracaso, sino la continuidad.

24 de febrero de 1950.

Desde el comienzo del mundo y desde su nacimiento, todo les es dado a los animales, nunca van más allá de lo que fue previsto para ellos. Un pájaro siempre construye su nido de la misma manera, una serpiente pica hoy a su víctima como la picaba en la época prehistórica; esto demuestra que el animal escapa totalmente al principio evolutivo y que es prisionero de las corrientes ocultas de las que le es imposible desprenderse.

26 de febrero de 1950.

Ya no podía esperar más para hablarte. Heme aquí perplejo sobre cómo aconsejarte, pareces haber tomado la dirección de tu vida al margen de mis enseñanzas. ¿Debo alegrarme por lo que te sucede? Pobre Man que ha vivido al margen de la mirada de Dios. Sin la gracia, no podéis nada, sois presa de las fuerzas malas; ellas os envuelven, os rodean. Acabas de desplazarte al fondo de las tinieblas. Levántate, Man, centra tus pensamientos en los hilos de la Virgen que yo hago flotar en torno a tu fe, toma esos vehículos aéreos para volar hasta mí.

Yo acaricio tu alma con mis miradas, desgrana tus plegarias en el umbral de mi recuerdo.

27 de febrero de 1950. Mañana.

La faz del mundo cambiaría si los hombres creyeran en la supervivencia. Dedícate por tanto a dar certeza de nuestra comunicación del uno con el otro. Cuanto más crea la gente que no se rompen los lazos entre vivos y muertos, menos negarán la realidad del alma. Nuestra experiencia es un camino que da vueltas para repatriar espíritus hacia Dios.

La subida del camino hacia el cielo ya se ha comenzado cuando el entendimiento humano admite la posibilidad de una posible comunicación con una plano superior.

El hecho de que el hombre reconozca que sus muertos no lo abandonan, significa que cree en la vida eterna.

27 de febrero de 1950. Noche.

Para progresar espiritualmente, hay que trasvasar el «ego». Esta depuración es difícil, porque vuestros espíritus después de las horas de lucha siguen aún excitados por los tormentos del combate, y las agitaciones del esfuerzo tienen su prolongación hasta en vuestra vida interior.

Cuando se trata de vuestros asuntos humanos, la acción no se detiene en el momento en que termina, solapadamente, en los subterráneos de vosotros mismos, sigue actuando, pasa y vuelve a pasar por vuestros cerebros como cortejos de termitas.

¡Oh! tristeza de las existencias pobladas de un ir y venir al nivel del suelo.

2 de marzo de 1950.

Tres años y diez meses que Roland ya no está aquí.

Va a ser necesario que cambies mucho tu actitud para distinguir la menor sonoridad que me es propia; cuanto más me elevo, más se alarga nuestro vínculo, más tienes que afinarte.

2 de marzo de 1950, al salir de la capilla de Roland.

Me siento al borde de tu corazón, miro las gotas de rocío de tu alma, ellas hacen brillar mi cielo.

4 de marzo de 1950.

Los hombres quieren a toda costa limitarse a las cosas de la tierra y no ver más allá. La ciencia, aunque supervisa y hasta cierto punto trasciende su positivismo, los da seguridad porque fija sus raíces en el suelo. ¡Qué difícil vencer vuestra ventaja!

Los individuos son como una amplia siembra que no fuera nunca tocada por el sol.

4 de marzo de 1950. Noche.

Es una respuesta a una pregunta planteada.

El miedo alimenta el fuego de las fuerzas oscuras; está segura de que el desorden no triunfará.

La huelga es un medio falso para defender causas justas.

6 de marzo de 1950.

Mamá. Ante todo piensa que aunque la acción no hay que rechazarla, incluso en una vida espiritual, solo debe practicarse con un espíritu libre, es decir que no hay que adherirse a los frutos del esfuerzo.

Actuar, es evolucionar entre los factores humanos, es luchar contra la materia, mantened por tanto siempre en el fondo de vosotros un desprendimiento suficientemente grande para deciros en todo momento: estoy dispuesto, por amor de Dios, a renunciar al éxito.

8 de marzo de 1950.

Mamá, el nacimiento mortal es generador de inmortalidad. Vosotros que tenéis la fe, no maldigáis la vida: ella inicia el periplo que os llevará hasta Dios.

¿Querellas? ¿Amargura? Olvidad todo eso puesto que los guijarros se convertirán en piedras preciosas y las espinas en rosas. Los que a lo largo del camino solo hayan recogido golpes, en el cielo recogerán caricias.

8 de marzo de 1950. Noche.

Man, solo puede apagar la sed el que tiene sed, solo puede encontrar a Dios el que lo busca.

Me alegra que te hayas visto proyectada a otro mundo, un mundo yuxtapuesto al tuyo y que tú ni siquiera sospechas. ¡Oh, extraordinaria inconsciencia humana!

Debido a este sol de primavera, estabas sentada fuera cuando yo te he forzado a mirar al cielo, al cielo y a la vida vibrante de todos los pájaros en los árboles. Entonces, se abrió ante ti un universo nuevo, un universo que hasta ahora ni siquiera habías visto.

Entre las filigranas de las ramas todavía desnudas, juegan bandadas de pájaros, se arrullan corazones unidos por el amor; gorriones y palomas torcaces rompen en parejas el espacio, volando en zigs-zags… cuerpos se acercan y se alejan; los machos hacen su elección y las hembras se espantan. Escaramuzas de querer y de rechazo. El cielo está surcado de parejas que se persiguen en vuelo rápido, se lanzan directamente al azul y se dejan caer en picado hasta el suelo, después se elevan hasta el éter color malva, sin siquiera rozarse.

Como si un pequeño bancal de tierra fuera su morada, vuelven siempre a él: residencia sin muros, sin barrotes, sin techo, pero que sin embargo parece ser su puerto de atraque. En lo alto de un haya, se acerca tan rápido un macho a su amada que, por un instante, ha podido creer que la había vencido… Ilusión. Más rápida que él, ella se ha ocultado, pero rápidamente agotada, cae junto a un césped; bajo sus plumas, ¿está su pequeño cerebro al límite de sus fuerzas? Se arrastra por el bosquecillo; sus ojos miran de nuevo el cielo, ¿va a intentar el blanco limpio de una nube baja? El macho ahora se precipita y la alcanza al borde del camino. Cuatro alas se confunden, dan vueltas, un velo de arena las envuelve, se separan. Sobre una raíz, de ellos se asoma, y quita con el extremo de su pico un poco de sangre que corre por su pata.

Si yo no hubiera forzado tu atención, te sentirías tal vez muerta ignorando todas las existencias que te rozan, que pasan delante de tus ojos, que oyes, y que cantan para aliviarte. Pobres ciegos que vais a lo largo de tantos reinos sin percibirlos. ¿Cómo escuchar a vuestros muertos, cómo verlos?

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