Fantástico tratado de medicina el que nos ofrece hoy el profesor Dutheil. Además, es un tratado actualizado, centrado en los temas más importantes: las infecciones, el cáncer, el SIDA, las alergias … el estrés.

En todo el texto, fácil de leer y de entender aunque se empleen en él algunos términos técnicos, sobrevuela la queja del autor sobre la cortedad de miras de la ciencia actual y la insuficiencia de nuestro conocimiento. Como él mismo dice hablando del cáncer: “…las palabras disimulan apenas nuestra ignorancia…”

Y en todo el texto flota también ese deseo que el profesor Dutheil siente por hacernos llegar cuanto antes a conocer otra medicina, una medicina distinta a la que aquí nos resume, una medicina que no olvide los “campos de información” de los que nos habló en los capítulos anteriores y que nuestra medicina actual ignora casi por completo.

Pero para llegar a eso deberemos esperar al siguiente capítulo, en el que nos empezará a hablar de “otras medicinas”, de la acupuntura, de la homeopatía, ..

Mientras tanto, empapémonos de ciencia, sí, pero no como meras esponjas, sino como seres pensantes que somos, tratando de conocer nuestra propia opinión sobre lo que leemos. ¿Lo conseguiremos?

CAPÍTULO VI

Balance sobre la medicina actual

 

No pretendemos en este capítulo dibujar un panorama completo de la medicina en 1992, ni por supuesto hacer un tratado de patología o de terapéutica.

Nuestro objetivo es dar una idea de las notables adquisiciones de la medicina desde hace cuarenta años. Por eso expondremos algunas ideas-fuerza sobre sus distintos sectores: infecciones bacteriológicas y arsenal antibiótico, enfermedades virales, enfermedades metabólicas y endocrinas, enfermedades cardiovasculares, oncología con el problema del cáncer y del SIDA, hematología, inmunología y la cuestión de la alergia.

Existen diversas maneras de clasificar las distintas enfermedades o síndromes. Desde 1930, es clásico distinguir las enfermedades orgánicas y las enfermedades funcionales.

Las enfermedades orgánicas

La enfermedad orgánica se caracteriza por una lesión, sea anatómica, sea anatomopatológica, es decir, visible solamente por el examen al microscopio de un corte de tejido que se supone patológico.

La anatomía patológica ha catalogado así a un gran número de categorías de lesiones que se manifiestan a nivel de los tejidos o de la célula.

Si le lesión anatómica es visible macroscópicamente, se tratará, por ejemplo, de un nicho, imagen radiológica de una úlcera del estómago, o de una laguna, imagen radiológica de un cáncer de estómago. Estas lesiones pueden ser irreversibles en la medida en que, incluso si hay curación, el tejido cicatrizado quedará esclerosado.

En ciertos casos, las lesiones serán reversibles y después de la curación se dirá que ha habido «restitutio ad integrum».

Las enfermedades funcionales

Las enfermedades funcionales se manifiestan a través de cierto número de trastornos experimentados por el sujeto, eventualmente con cambios de las constantes biológicas y de la tensión arterial (hipertensión). Pero, contrariamente a lo que se produce en las enfermedades orgánicas, es imposible poner en evidencia cualquier lesión anatómica, incluso con investigaciones minuciosas. Leer el resto de esta entrada »

Lee uno estas comunicaciones de Roland a su madre y no puede menos de preguntarse: ¿cómo es posible que nos las hayamos perdido hasta ahora? Y piensa uno en su propia experiencia comprende. ¡Nadie nos habló de esto! ¡Y nadie ayudó a nuestros educadores a descubrir estas perlas! ¡Lástima! Ahora no nos dicen nada las “prédicas” de los curas y nadie nos informa de esa nación que se llama Más allá y del “tren” que hay que coger.

Luego, cuando hemos descubierto a Pierre, a Roland, a Paqui, a Arnaud, hemos tenido que superar cierto apuro. Nos decían que era huir de la realidad. ¡Y esto mismo nos pasó con nuestros místicos. ¿Puede alguien explicar que no nos ayudasen, en España, a descubrir a santa Teresa y a san Juan de la Cruz? Lo malo es que nos quedamos entonces sin los místicos y ahora sin estos maravillosos “testigos crísticos”. ¡Condenados a ir al Tibet a buscar espiritualidad!

Y sin embargo, ¡cuánta luz en estos textos! Conozco a personas a quienes la pérdida de la presencia material del ser querido les está permitiendo, como a la madre de Roland, entrever los reflejos del «Reino». Conozco a personas que creen, como dice Roland, que los ángeles “van y vienen”, que “los efluvios del Cielo pasan sobre ellas”, “que tratan de callar para que hable “el Único”… Leed despacio estas comunicaciones de Roland. ¡Son fantásticas!

¡Buen día!

8 de julio de 1951. Noche.

Mamá, por encima de la tierra, los pájaros vuelan, por encima de tu espacio los ángeles van y vienen.

Está cerca el día en que todo para ti se va a aclarar. He tratado de atraerte hacia mí, pero no estabas sola; los lugares altos tienen una gran importancia para nuestras relaciones, en ellos me uno a ti más fácilmente.

Tengo que confesar que en la cima de un acantilado, me sentí literalmente como llevada, como desdoblada.

9 de julio de 1951.Aniversario del nacimiento de Roland.
Siete y media de la mañana, oído durante la misa.

En la sombra e incluso en la noche más profunda, reconoces una flor por su perfume.

Sin oírlas, ni verlas, reconoce en ti las llamadas del cielo.

9 de julio de 1951. Noche.

Mamá, tu jornada ha sido favorable y hemos podido hablarnos. Esta mañana has recibido a Dios, esta tarde has cogido flores y te has ocupado de los pájaros. Jornada al margen de toda servidumbre forzada, jornada limpia, los efluvios del cielo han pasado sobre ti como el agua de una fuente sobre arena fina.

¡Mi pobre mamá tan amable, pero tan lejos todavía de las grandes corrientes a las que me gustaría conducirla!

¡¡¡Habrían entrado en casa tantas flores, si yo hubiera estado vivo!!!

12 de julio de 1951.

Man, he podido encontrarte fuera de ti misma, y tirar de ti hacia «el Amado». Aspira a esfuerzos sobrehumanos para desprenderte de las cosas terrestres, no parcial, sino definitivamente. ¡Pobre mamá tan frágil!

13 de julio de 1951.

La verdadera meditación, la que está fuera del tiempo y del espacio, no tiene ni cara, ni palabras, ni color, ni peso; es ese flotar indefinido, perdido en el infinito. Está «más allá» donde el espíritu y lo físico se pierden y siguen corrientes ascendentes. Me gustaría verte entrar en el ciclo en el que todo está mudo, te hablaré de ello cuando me sea posible. Leer el resto de esta entrada »

Ayer asistí a la presentación de un libro de nuestra amiga Tinita, de Burgos, “Diario de una mujer madura”. ¡Curioso libro! Al escuchar la charla, tuve el privilegio de conocer la vida dura de esta gran mujer y el temple con que ha sabido siempre enfrentarse a ella.  

Pero lo que me encantó fue que suscitara el diálogo a través de unas preguntas interesantes y profundas: ¿Qué es lo más positivo que encuentras en tu vida? ¿Qué te gustaría hacer? ¿Cuál es tu mayor aspiración?… Como movido por un resorte, hize esta reflexión: «Todos los que aquí estamos somos mayores. Antes o después, viajaremos a un País que se llama “Más allá”. Habitualmente, cuando hacemos un viaje leemos antes cosas sobre el país, sus costumbres, su lengua, etc. ¿Por qué no nos informamos también de ese País al que todos viajaremos y que se llama: “Más allá”?»

Esta pequeña reflexión suscitó interés. Varios, siguiendo el juego, preguntaron: –¿Cómo saber de ese País? ¿Por qué no nos hablas tú de él, si sabes cómo es?…

Aquí, nos dice Jean Prieur varias cosas sobre ese País, comparado con este mundo. ¿Por qué no difundir lo que se nos dice sobre Ese más allá que nos espera? ¿Por qué no suscitar reuniones para informar sobre ese País al que iremos y que se llama «Más allá».

¡Buen día!

VI– EL ABISMO (inicio)

23. LOS PRÍNCIPES DE ESTE MUNDO

El infierno es la voluntad deliberada de hacer el mal, de rechazar las leyes de Dios y de separarse de El.  Su divisa podría ser esta frase oída: «Si Dios existiera, habría que suprimirlo».

El infierno comienza a nacer en la tierra, es mantenido y alimentado por la tierra: los diabólicos viven su mal a través de nosotros, extraen de nuestro mal fuerzas para su vida. Esto no es válido para todos los infernales, sino solo para los que están cercanos a nosotros.

Si nuestro planeta alimenta al infierno, éste le retribuye generosamente. Se lo devuelve en proyecciones; unas veces abstractas: filosofía y literatura de lo absurdo, espectáculos de crueldad y de basura; otras concretas: guerras, torturas, campos de concentración, violencias para el placer.

Los poderes del mal que están en los aires son tanto más activos como el hombre moderno, gigante técnico y enano espiritual, es metafísicamente más ignorante y más insuficiente. Las sociedades infernales conocen tiempos fantásticos en esta época hiperbólica, ingenuamente embriagada de sí misma.

Si la evolución en la tierra, luego en el Hades, ha sido negativa, si el hombre-espíritu, con pleno conocimiento de causa, se ha hundido en el mal, descenderá a esos lugares donde los crueles son perseguidos por visiones horribles.

Cuando las leyes del orden, los mandamientos divinos son violados, el sufrimiento surge inexorable. Su duración y su intensidad. Su duración y su intensidad son proporcionales a la violación de estas leyes. El castigo es inherente al acto malo, proviene de él, es inseparable de él. Procede de la violación de las leyes divinas de la misma manera que la felicidad resulta de la obediencia a esas leyes. Todos no son castigados de la misma manera, sino que en cada caso, como el sufrimiento procede del mal, es exactamente proporcional a él.

Existe una ley que es válida para todos los mundos espirituales: lo que rodea a un ser responde exactamente a su mental. Los habitantes de las tinieblas exteriores y del abismo viven así en esas cavernas, en esos agujeros, en esas cloacas, en medio de esas ciénagas y esas ruinas que vislumbraron los místicos. Leer el resto de esta entrada »

Una de las cosas que más me llamó la atención cuando comencé a traducir “Las cartas de Pierre” fue lo que dice sobre los animales. Sobre todo, lo que le dice a su madre el 11 de septiembre de 1919: «el simpático perrito… se encuentra ya a mi lado, todo contento». Se refiere a un perrito a cuya muerte había asistido junto a su madre y al que vuelve a encontrar al Otro lado cuando él muere.

Tengo que reconocer una cosa: ni en mi infancia ni en mi juventud conocí a nadie que me enseñara a amar a los animales. Todo lo contrario. Y es ahora Jean Prieur,en este capítulo de su libro “Ese Más allá que nos espera”, quién me llama a la atención sobre ello, sobre todo, por las oscuras y profundas razones filosóficas y religiosas a que se refiere. En este capítulo comprendo la equivocada influencia de Descartes y los cartesianos, sobre todo,del filósofo cristiano Maurice Blondel . Es como descubrir las raíces de una cara filosófica siniestra…

Pero la cara religiosa es aún más fea. Nunca me habían enseñado, con tanta claridad como en este capítulo, a criticar lo que había detrás de los sacrificios religiosos de animales, de los “chivos expiatorios”, de la iniciación desde niños a la crueldad con los animales… Por eso este hermoso capítulo de Prieur sobre el alma de los animales es como aire fresco…

¡Buen día!

V– ANINAL EST ANIMA

22. ANIMAL EST ANIMA

Si el hombre es un espíritu, no se sigue de ello que los animales sean criaturas sin importancia con los que uno puede permitirse todo. Tenemos deberes hacia ellos: si el hombre es nuestro prójimo más cercano, ellos son también nuestro prójimo. El mal causado a un animal, criatura esencialmente indefensa, es muy grave: habrá que dar cuenta de ello.

Hoy, y es uno de los aspectos positivos de nuestra época, que cuenta también con algunos otros, muchos se dan cuenta de la importancia del mundo de los animales. Conocemos ya suficientemente su anatomía y su fisiología (han sido perfectamente clasificados y catalogados en los dos últimos siglos) y, gracias al teleobjetivo, el cine permite conocerlos en su intimidad. Pero el aspecto psíquico y metafísico de su personalidad se nos escapa en gran parte.

Si el animal se encuentra, sobre todo en los países latinos, en una situación precaria, es por oscuras y profundas razones filosóficas y religiosas.

Veamos en primer lugar las razones filosóficas:

El gran maestro del pensamiento de la nación francesa fue hasta ahora Descartes, menos cartesiano sin embargo que los que se proclaman seguidores suyos. Descartes era la ley y los profetas… Ahora bien su teoría mecanicista reduce la actividad psicológica del animal a un automatismo de máquina: los animales serían solo mecanismos que actúan bajo el único impulso del instinto. Su existencia sería solo una sucesión de fenómenos fisicoquímicos.

En la línea de Descartes, el filósofo M. Blondel escribe: «El animal solo se pone en movimiento por incentivos que actúan sobre sus apetitos; sus sensaciones solo se relacionan con las necesidades orgánicas y se reducen a intereses limitados por las exigencias vitales de la especie». Todo el lado afectivo de la persona animal: amor, odio, envidia, agradecimiento, placer por los juegos, desaparece completamente. El animal solo se pone en movimiento por incentivos que actúan sobre sus apetitos; sus sensaciones solo se refieren a sus necesidades orgánicas… pero todo esto solo en parte los caracteriza y se aplicaría perfectamente a muchos humanos.

Los racionalistas reprochan por tanto al animal el que no pueda desprenderse de su fisiología, el verse privado rigurosamente de espiritualidad; pero esta espiritualidad, cuando la encuentran en el hombre los enfurece, la rechazan y la niegan.

Cuando un animal hace el sacrificio de su vida, dicen, el sacrificio solo existe en nuestro espíritu, el animal ignora la angustia que precede a la muerte; no comprende lo que significa la muerte.

Que los que defienden esto, que vayan a dar una vuelta por los mataderos. El animal presiente la muerte, la suya y la de los demás. Presiente la muerte, con frecuencia mejor que nosotros; la teme, exactamente igual que nosotros. Sabe, siente que es algo muy grave. Leer el resto de esta entrada »

Este capítulo 5 es, sin duda, el más complicado de este libro del profesor Dutheil. No es que sea incomprensible, aunque a veces lo parezca, sino que los conceptos y las ideas que en él se recogen son tan distintos a los que manejamos habitualmente que nos es muy complicado seguir el hilo.

Y sin embrago en esto radica, creo yo, su interés. Dutheil nos está queriendo hacer ver cuán grande es todavía nuestra ignorancia sobre el mundo y sobre nosotros mismos, pero a la vez nos promete un futuro maravilloso lleno de progreso y conocimiento.

Por esto, una vez superado este engorroso capítulo, un nuevo mundo aparecerá ante nosotros. Y en los capítulos siguientes nos hablará de la medicina actual, del cáncer, del SIDA, del estrés… de las “otras medicinas”… para hacernos comprender, al final, que la medicina que nos espera no es otra sino la “medicina de la conciencia”, basada en la búsqueda de la unidad del cuerpo y el espíritu.

Esta promesa bien vale un pequeño esfuerzo.

¡Buen día!

 

CAPÍTULO V

El retorno a una medicina holística a través del cuerpo eléctrico y la conciencia superluminosa

El conjunto formado por el soma y por el cuerpo eléctrico representa en el modelo de conciencia superluminosa resumido en el capítulo 4 lo que nosotros designamos con el nombre de holograma, que es a nuestro juicio una proyección subluminosa del campo de materia taquiónica superluminosa.

En “El hombre superluminoso” defendíamos la tesis según la cual el cuerpo del hombre, este cuerpo de carne que habitamos, podría no ser sino un holograma formado de partículas que van menos deprisa que la luz. Este holograma sería la proyección de nuestra conciencia, formada por su parte de partículas superluminosas. Nuestro cuerpo se mostraría vinculado a nuestra conciencia como una película proyectada puede estarlo a su proyector y al operador que manipula el proyector. El cerebro serviría entonces de filtro para la conciencia, que él reconstruiría según las coordenadas espacio-temporales de cuatro dimensiones. Él transformaría las informaciones que le ofrecería la conciencia y de ello resultaría un empobrecimiento de la significación del mensaje, pareciendo sin embargo necesario para nuestra supervivencia en este mundo.

Nos parece importante concretar ahora en qué condiciones se forma nuestro holograma-cuerpo físico. El capítulo anterior nos llevó a la conclusión de que existe en torno a este cuerpo físico un campo electromagnético que nosotros llamamos cuerpo eléctrico. Se trata por tanto de un tercer elemento que se interpone entre la conciencia superluminosa y el soma-holograma. La cifra tres es de una importancia primordial en todas las religiones y mitologías; nuestro modelo estaría por tanto de acuerdo con la tradición. Este cuerpo eléctrico serviría de intermediario, de mediador entre la conciencia y el soma. El papel de filtro que atribuíamos únicamente al cerebro en “El hombre superluminoso” podría ser atribuido al conjunto de este cuerpo eléctrico, focalizándose el campo electromagnético en puntos nodales –se puede establecer una correspondencia interesante con los chakras hindúes o los puntos de acupuntura chinos– y especialmente, al parecer, a nivel del cerebro.

En la medida de lo posible, debemos entrar ahora en el detalle de la formación de nuestro holograma-soma y de sus interacciones con el cuerpo eléctrico. Leer el resto de esta entrada »

Con estos cuatro últimos mensajes, termina el libro de Paqui “Encuentros celestes”.

Este libro es muy especial. He contado, por ejemplo, las veces que se repite en él la palabra amory son nada menos que 430. Pero esto es solo una pequeña señal, porque es toda esta selección de las 319 páginas de este libro, entre las 6000 que dictó Paqui, la que está impregnada de un amor tierno y sencillo.

Esto hace que a algunos, acostumbrados al leer un libro a buscar ideas profundas, les resulte difícil comprender estos “Encuentros celestes”. Sin embargo, es muy útil para hallar la pista de cómo empezar ya a vivir aquí lo que se vive Allá. «La religión celeste es el amor a todos», nos dice Paqui. Esto es lo que, a mi juicio, hay que comprender y tratar de hacer propio al leer este libro.

En este contexto amoroso, el libro intenta sobre todo una cosa: sembrar Esperanza en todos. Esperanza que, según Jean Prieur (“Ese más allá que nos espera”), se hallaba en la entraña del mensaje de Cristo centrado todo él en la vida eterna, aunque este mensaje se  viera luego tergiversado por los hombres: pensaron que hablar de la vida eterna era evadirse del mundo …

Desde esta perspectiva, sí es un libro fantástico.

¡Buen día!

PENTECOSTÉS 1944.

Rayo de nuestras esferas luminosas, sé para nuestros seres queridos de abajo la fuente de vida, mientras esperan la verdadera Vida, la que vivirán más tarde cuando sean liberados de las cadenas que los estorban y cortan con frecuencia su energía. Luz de luces, ilumina a mis queridos amigos.

¡Que el Espíritu de Dios penetre a la pobre humanidad que sufre con sus poderosos rayos de comprensión y de amor! Esta es la oración ferviente que sube de vuestros corazones en este día de Pentecostés. Porque el mundo está envuelto en tinieblas tan densas que os preguntáis cómo terminarán tales pruebas. La misma oración parece realmente impotente para dirigir la mano clemente de Dios, y vuestro ángel solo puede repetiros: Dios, nuestro Padre, es todo amor, justicia y misericordia. Fuerzas vivas, rayos luminosos y fuertes son enviados a la tierra. Pero los hombres no quieren ni verlos ni escucharlos; ellos solos son culpables y responsables de todos los males que ellos mismos se hacen. Su conciencia está tan oscurecida por sus pasiones que olvidan y desconocen el sentido y el por qué de la vida terrestre: de aquí vienen el desequilibrio, que nada podrá restablecer sin la voluntad de todos de vivir en el espíritu divino, el amor. Serán necesarios muchos sufrimientos y renuncias, pues los hombres no quieren comprender que, sin esta ley divina que rige toda la creación, no es posible la paz.

Vosotros, amigos queridos, que habéis tenido el privilegio de recibir un poco de esta luz, que sabéis que la vida espiritual es la vida real del hombre, mantened vuestra Fe, difundidla, buscad ayuda en nuestras esferas benditas donde Dios irradia luz y fuerzas vivas y donde nosotros aprendemos a encontrar la plenitud de la felicidad en la felicidad de todos.

Amar, renunciar a sí mismos, darse en caridad a todos, esta es la vida del Cielo, que puede ser también la de la tierra, como no dejamos de decíroslo, ¡comprendedlo! Esta es la meta que debéis alcanzar durante vuestro viaje terrestre. Qué importa si el viaje solo le aporta cansancio y dolor al peregrino, si el final es un resplandor en el que os sentiréis deslumbrados, maravillados.

Jesús vino a la tierra para anunciar la Buena Nueva. Adheríos a este pensamiento, difundidlo. Tened confianza en Aquel que lo puede todo. Que vuestros deberes de cada día concentren vuestros pensamientos dejando a vuestro espíritu su pan de vida, Cristo, Dios todo amor; después, poned vuestra mano en la gran Mano del Maestro y, suceda lo que suceda, cuando llegue la hora, estad seguros de seréis acogidos por El como sus hijos queridos. Leer el resto de esta entrada »

Estos dos capítulos nos abren a unos conocimientos que no podríamos obtener si no nos hubieran sido dados desde el Más allá por mensajeros crísticos: niños que se fueron pronto y que desde el otro lado nos han comunicado cómo viven. En estos capítulos se citan jóvenes franceses e ingleses.

Nos dicen que los que se fueron siendo aun niños crecen envueltos en el cariño de mujeres que hacen de madres… Se muestran en desacuerdo total con la estrategia de silencio con que rodearon su lecho de moribundo. Debería ser todo lo contrario, habría que hablarles de la resurrección que les espera.

La razón, según Prieur, es que el mensaje de Cristo está centrado en la vida eterna. Luego, los hombres lo fueron complicando …  hasta hubo teólogos que presentaron a Dios como un déspota e hicieron dudar de su justicia. Tanto lo complicaron, que un obispo protestante, entre otros, se rebeló contra esta concepción y escribió un libro magnífico: Dios no es así…

¡Buen día!

IV– ELMUNDO INTERMEDIO O HADES (final)

20. LOS NIÑOS EN LA OTRA VIDA

Como la otra vida es un proceso, los muy jóvenes continúan creciendo y desarrollándose. Viven la infancia y la adolescencia que no vivieron en la tierra y su crecimiento se continúa en un ambiente protegido. Sus instructores celestes ven el rostro del Padre. Reciben las lecciones indispensables para su progreso mental y espiritual, porque ellos, ellos también, tienen que librar el buen combate, triunfar de sus malas inclinaciones, disciplinar su naturaleza.

Los pequeños que no tuvieran ningún pariente en el más allá son tomados a su cargo por madres que se consagran enteramente a ellos y les dan todo el amor necesario. Allá arriba, como aquí abajo, el amor es indispensable para el crecimiento.

Ante al lecho de muerte de un niño es donde se plantean las verdaderas cuestiones. Una religión, una filosofía, que no tienen nada que decir sobre este punto, solo pueden callar sobre los demás.

Una muchacha muy joven, Jeanne, dictó esto: «Estoy muy contenta de no haber tenido tiempo de perder mi vida eterna en la tierra. No lloréis por los que mueren jóvenes; ellos son bienaventurados, están cerca de Dios.»

Y Roland, el 27 de noviembre de 1947, recuerda con serenidad su agonía del 2 de mayo de 1946: «Tú recuerdas mi sonrisa unas horas antes de mi vuelo, cuando Marguerite Maze me dijo: “Roland, te vas a reunir con los ángeles.”

«Los vivos no deberían tener miedo, en el momento de nuestra agonía, de hablarnos de nuestra futura morada: la de Dios; son las únicas palabras que pueden ayudarnos. Por temor a asustarnos, tratáis de ocultarnos la verdad, esa verdad que nosotros sentimos, porque la invasión del más allá se produce antes de los últimos latidos del corazón. Lo físico vive cierto tiempo sobre reflejos, y aunque parecemos estar ya en el tránsito, oímos. Es en ese momento, cuando, con toda dulzura, deberían hablarnos indefinidamente de Dios, y hacer en una elección de palabras divinas las más hermosas descripciones celestes. Esta es la razón de que sea un privilegio morir en compañía de los amigos de Dios.

«Di a los vivos que deben tener la valentía de hablar de la resurrección a los moribundos, tú no me hablaste suficientemente del cielo. ¡Qué error ocultarnos nuestra muerte! Esta estratagema solo os ilusiona a vosotros, porque nosotros sabemos la verdad; y cuando yo te dije: “¡Mamá, tengo que irme!” tú deberías haber dicho: “Oh, bienaventurado, Dios te invita!” Difunde la enseñanza que acabo de darte y ayudarás a las almas.» Leer el resto de esta entrada »

 ¡Realmente, parece que estuviéramos leyendo ciencia-ficción! Pero no por que se trate de historias increibles -aquí no hay criaturas extrañas, monstruos terroríficos ni mundos desconocidos-  sino porque lo que nos parece increible son las explicaciones dadas a lo más cercano a nosotros mismos: nuestro propio ser, nuestra propia conciencia.

Hablamos de “campos de  información que trascienden el tiempo y el espacio” ¡y lo dice un biólogo! Hablamos de “campos de vida” ¡y lo dice un profesor de Anatomía! Hablamos de “interacciones entre los campos de conciencia del médico y el enfermo” ¡y lo dice un físico! ¿No es del todo increible? ¡Campos, campos, campos! ¿Será esta la palabra que le descubrirá al ser humano su otra realidad? Aquí tenemos la oportunidad de aprender sobre ello.

Comprendo que estos textos son difíciles, que se manejan términos y conceptos que para muchos nos son desconocidos. Pero es tanto lo que en ellos se atisba que bien vale hacer el esfuerzo. Como muestra un botón: ese “campo vital”, uno de los dos componentes de cualquier estructura viva – el otro sería el cuerpo físico- que preexistiría en el óvulo no fecundado y persistiría un tiempo después de la muerte. ¿Hay quién dé más?

¡Buen día!

CAPÍTULO IV

Un nuevo modelo de conciencia para otra concepción del Universo

El panorama de la biología molecular que acabamos de esbozar muestra ya que el programa genético no puede explicarlo todo y que siguen existiendo muchos interrogantes.

Las incertidumbres de la embriología

En particular, si examinamos los datos ofrecidos por la embriología, constatamos que en ningún momento se interpreta la manera en que las células y los grupos de células que forman los tejidos se van colocando en el espacio en un punto determinado, que siempre es el mismo, para dar lugar a una forma que es también casi invariable en una especie dada. Como dice muy acertadamente Rupert Scheldrake en La Mémoire de l’Univers, las explicaciones anticipadas son más que hipotéticas: «Está claro que las influencias “modelizantes” de cualquier tipo se plasman en los  tejidos y órganos en desarrollo. Se tiene la costumbre de considerarlas como sistemas de información de posición, que dicen a las células donde están, y les permiten por tanto reaccionar de manera adecuada produciendo las proteínas buenas. ¿Cuál es la naturaleza de estas informaciones de posiciones?»

«La idea popular pretende que ellas son de naturaleza química, y dependen de gradientes de concentración de sustancias químicas específicas llamadas morfogenes. El descubrimiento e identificación de estos morfogenes hipotéticos no ha tenido éxito.»

Una puesta en cuestión del programa genético

Una segunda crítica grave que se puede hacer al programa genético reduccionista se apoya en la existencia en todo organismo vivo de lo que se llama la renovación del «turnover». Es un problema que se ha podido estudiar a fondo gracias al uso de isótopos radiactivos, o radioisótopos, y también de isótopos estables. Se ha observado que el conjunto de los átomos y de las moléculas, por tanto de las células y de los tejidos que constituyen un organismo, no son estables, sino que cada átomo, cada molécula, cada célula era sustituida por átomos, moléculas, células nuevas en algunos días o en varias decenas de días. Dicho de otro modo, todo átomo, toda molécula, toda célula tiene una «vida» que no va más allá de estos períodos. Por supuesto, la «vida media» no es la misma de un átomo a otro o de una molécula a otra, pero en fin de cuentas todo ocurre como si el organismo fuera destruido totalmente en algunas decenas de días, y luego sustituido por una estructura molecular y celular totalmente nueva. Leer el resto de esta entrada »

Para todos aquellos que pretendan seguir el discurso del profesor Dutheil, una advertencia: cada capítulo es imprescindible para poder entender los siguientes. Así que es preciso que sedimentemos bien todo lo que se nos dice. Esto puede parecer arduo, pero merecerá la pena.

Y entramos ya seriamente en materia. Medicina, química, física, biología, … un entramado al que empezamos a aproximarnos y que poco a poco nos dejará entrever el “quid” de la cuestión, que debemos buscar aquí tanto en las estructuras que se nos explican como en esa frase intrigante con que se cierra el capítulo:

“Cuestión esencial a la que los biólogos, por el momento, apenas han dado respuesta”.

Está claro que el profesor Dutheil está deseando poder darnos la suya.

¡Buen día!

CAPÍTULO III

La retirada de los límites de lo desconocido

La medicina en nuestros días es muy dependiente de los progresos de la química, de la física, pero también de la biología celular y molecular.

Al igual que la física trata de conocer los componentes últimos de la materia y se ve obligada a superar continuamente los límites de sus investigaciones, los médicos y los biólogos han investigado siempre cuál podía ser la realidad última del ser vivo, de la «materia humana».

A partir del siglo XIX, la biología, es decir la ciencia de lo que vive, ha hecho retroceder progresivamente los límites de lo desconocido. Si al principio del siglo XIX el tejido parecía constituir aún lo esencial de la materia viva, al final de ese mismo siglo ya solo era cuestión de la célula, esperando al siglo XX para la exploración de la molécula.

Los fisiólogos Henri Milne Edwards (1800-1885) y Theodore Schwann permitieron despejar el concepto de célula como unidad básica de todos los seres vivos. En 1855, Rudolph Virchow (1821-1902) funda la biología celular al publicar su Pathologie cellulaire, obra básica durante decenios para los médicos y los biólogos. Es en este libro donde afirma: «Omnis cellula a cellula», o dicho de otro modo, toda célula procede de una célula preexistente. Aforismo que recibió una confirmación entusiasta por parte de Pasteur demostrando en 1860 que la vida solo podía nacer de ella misma.

Es precisamente este aforismo el que  provoca muchos interrogantes sumamente fecundos para la investigación: en efecto, si la vida solo nace de ella misma, ¿qué hay en el origen de la primera célula? La biología ha tratado de responder a esta cuestión descomponiendo la célula en moléculas. Esta orientación actual de la biología no responde sin embargo de manera satisfactoria a todas las cuestiones y se hace necesario seguir otros caminos. François Jacob subrayó la importancia de esta teoría celular cuando declaró: «Con la teoría celular, la biología descansa en una nueva peana puesto que la unidad del mundo vivo se funda no ya en la esencia de los seres, sino en una comunidad de materiales, de composición, de reproducción. La calidad particular del ser vivo remite a su organización perfecta.»

Los logros de las investigaciones sobre la célula

Durante la segunda mitad del siglo XIX, el esfuerzo de los biólogos se centró en buena parte en la estructura de la célula. Nuevos métodos de coloración permitieron poner en evidencia el núcleo, la membrana, el citoplasma (fase líquida), el citoesqueleto (su armadura formada por filamentos semi-rígidos). Ramón y Cajal, a principios del siglo XX, marca el desenlace de esta tendencia exploradora de la célula. Leer el resto de esta entrada »

Si alguno le ocurre lo que a mí, que no había leído nada sobre el inicio de la medicina moderna, este capítulo le va a ser útil. La medicina moderna, dice el autor, comienza con el siglo XIX, y sus reglas las establecen dos franceses: François Magendie y su discípulo Claude Bernard.

Magendie no es solo el pionero de la fisiología y la patología, sino que funda también la farmacología experimental moderna. Llama la atención que la evolución iniciada por éste tarde un siglo en imponerse.

La moderna medicina es, en primer lugar, hospitalaria y luego se traslada al laboratorio

Lo que tal vez llame más la atención en este capítulo es lo que Dutheil dice al final y que le sirve para empalmar con la que llama medicina superluminosa: detrás de toda estructura y reacción química existen intercambio de electrones, relaciones intermoleculares que se relacionan casi siempre con la mecánica cuántica…

¡Buen día!

CAPÍTULO II

La evolución de la medicina moderna

 

Como hemos sugerido en el primer capítulo, una concepción muy antigua, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos de la Prehistoria, atribuye el estado de enfermedad, o más bien de hombre enfermo, a la influencia de entidades invisibles pero muy sustanciales, que se pueden calificar de espíritus, de almas. Este estado es tratado con prácticas mágicas destinadas a actuar sobre esas entidades misteriosas y por vía de consecuencias para echar el mal del cuerpo del hombre que sufre. El análisis de estas operaciones a la luz de la antropología demuestra que se trata, en la mayoría de los casos, de la construcción de un verdadero modelo analógico, a través del cual toda acción tiene una repercusión inmediata sobre el espíritu de que se trata.

Una concepción radicalmente distinta, introducida por los griegos, lleva al nacimiento de la medicina moderna y a nuestra noción de enfermedad. La observación científica hace aparecer la noción de síntoma, señal somática concreta que se encuentra casi idéntica en todos los individuos. Un conjunto de síntomas constituye una enfermedad o entidad nosológica, cuya evolución y pronóstico serán estadísticamente siempre idénticas.

Bioquímica, química física, biología molecular y genética permiten un conocimiento cada vez más profundo del cuerpo. La finalidad de esta obra no es negar los notables progresos de esta medicina científica ni los resultados conseguidos. Solo deseamos mostrar que esta medicina, por eficaz que sea, no resuelve el problema del estado de salud o de enfermedad. Hay que buscar en otra parte para encontrar una unidad perdida, ese «unus mundus» de Jung.

Este problema es el que queremos tratar de abordar empalmando, en cierta medida, con la concepción muy primitiva de la enfermedad. Pero antes necesitamos resituar la evolución y el progreso de la medicina moderna.

En el comienzo de la medicina…

Se puede fechar el nacimiento de la medicina propiamente moderna, regida por los principios todavía en vigor, desde principios del siglo XIX.

Se forja entre 1800 y 1850. Sus reglas esenciales son formuladas por François Magendie (1783-1855), el maestro de Claude Bernard. Este médico y fisiólogo estableció todas las ideas directrices de nuestra medicina actual. Leer el resto de esta entrada »

 

enero 2012
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